Zinman, Toby . “Esperando a Godot (gemido) otra vez” Conferencia dictada en la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires en octubre de 2015. Traducción de Cecilia Lasa. En línea: http://revistascientificas.filo.uba.ar/index.php/Beckettiana/article/viewFile/3764/3412
"Waiting for Godot es, puede decirse, la obra más influyente del siglo XX.El trabajo de Beckett nos da una mano, como señala Maddy Rooney. Cuando ella dice “¡Deme una mano!”, nos habla a todos nosotros. Y eso es lo que tieneWaiting forGodot: nos habla a todos. Se la ha citado indefinidamente, recreado, rediseñado, reproducido, en clave de parodia y reverencia. Probablemente, no existe día alguno en que en algún lugar del mundo no haya una producción de esta obra.
LeerGodotes, por mucho, una experiencia mucho más pura que verla, dado que cualqui- er producción tiende a ser interpretativa, donde alguien–un director con un alto con- cepto de sí, o una nación con alguna cuestióncandente– intenta decidir por nosotros qué significa la obra.
En lo que respecta a la obra, el ingenioso comentario de Vivien Mercier es suficiente: “no pasa nada— dos veces”. Dos hombres desgastados por el tiempo, amigos desde hace rato, se encuentran –¡otra vez! (gruñe)–parados en el medio de la nada –¿qué otro lugar puede ser?–, aburridos, esperando eternamente por algo que no sucede, alguien que no llega.
Vladimir, el indagador filosófico, está muy preocupado por la mente, mientras Estragon está muy preocupado por el cuerpo. Quizás juntos representan el hombre universal, la división cartesiana mente/cuerpo de pie, noción explorada por el drama- turgo irlandés contemporáneo Enda Walsh en su obra tan beckettiana, Penelope. Allí, un personaje comenta: “El día en que la cabeza y el cuerpo se separen será un día trágico para la persona”. Cualquier personaje de Beckett hace lo que todos nosotros hacemos: comer, dormir, soñar, discutir, maquillarse, charlar con un transeúnte, quejarse de la salud, hacer ejercicio, cantar canciones, contar historias, recordar, preguntarse si el dios al que le rezan les presta atención. La firma de la obra es la marca particular de un ingenio asombrado, el humor irónico llamado beckettiano. Esta cualidad hace que sea difícil de recrear, tanto como a Chejov,por lo que suele haber cierto efecto forzado en las reposiciones de Godot. Mi propia lectura de la obra se articula sobre una de las líneas iniciales: “La esperanza diferida enferma no sé qué, ¿quién dijo eso?”. La respuesta es la Biblia, Proverbios 13.12, para ser exacta, y toda la oración que no se puede recordar dice: “La esperanza diferida enferma el corazón, pero el deseo cumplido es un árbol de vida”. Y la línea ofrece una pista para otras dos formas teatrales en que la obra produce sentido: estructuray ambientación. Cuando se le preguntó a Beckett por qué Godot estaba divida en dos actos, dio esta famosa respuesta: “tres hubiese sido mucho y uno, muy poco”. Quiso decir que con un solo acto, no hubiese tenido sentido la repetición; con tres, dado que la cosa ya se había dicho en el segundo, otro acto más no tendría sentido al enfatizar lo que ya era obvio. La dualidad de la estructura encuentra su eco en el par Gogo y Didi –incluso se duplica la sílaba de sus nombres–, que se encuentra con otro par de personajes, más el par de chicos que son los mensajeros de Godot. A medida que la duplicación se replica, vemos las mismas líneas finales en los actos I y II: “Bueno, ¿vamos?”/“Sí, vamos”. Y las didascalias indican: “No se mueven. Telón”.La canción cruel sobre el perro da inicio al acto II y parece, con cada verso, terminar, solamente para comenzar otra vez, como la obra. En este pasillo de replicaciones, todo se pospone, especial- mente las conclusiones, las resoluciones, los finales.
La estructura revela cómo la esperanza es pospuesta al mismo tiempo que pospone. Las instrucciones de la ambientación parecen ofrecer la segunda parte de la cita de Proverbios, que Vladimir solo recuerda parcialmente: “La esperanza diferida enferma el corazón, pero el deseo cumplido es un árbol de vida”. Las didascalias del acto II especifican que el árbol pelado del acto I tiene ahora “4 o 5 hojas”, pero si este es el árbol de la vida que es la imagen del deseo, sentimos el completo despliegue de la ironía del diseño de escena, ya que hay mucho deseo pero poca satisfacción. Todo lo que hay es la espera, como dice Macbeth: “Mañana y mañana y mañana”. Estos pobres actores no hacen más que arrastrarse y el ritmo es muy lento.
Aquí vale la pena recordar un pasaje de Beckett sobre Proust: “No hay escape de las horas y los días. Ni tampoco de mañana ni del ayer, porque el ayer nos deformó. No es que estamos más cansados a causa del ayer, somos otros, ya no somos los mismos que antes de la calamidad del ayer”