una época dispuesta a transformar el amor, el sexo, la religión, el cuerpo, la política y el arte en una mercancía simple, técnica y barata, un producto sin riesgos, sin goces y sin trascendencias.
El autor de la nota escribió Houellebecq. Una experiencia sensible, editado este mes por Galerna
“Vivir sin leer es peligroso, obliga a conformarse con la vida, y uno puede sentir la tentación de correr riesgos.”
“Se puede vivir en el mundo sin comprenderlo, basta con que te proporcione alimentos, caricias y amor.”
“La cultura me parece una compensación necesaria ligada a la infelicidad de nuestras vidas.”
“El arte debería ser atractivo inmediatamente. Circula la idea de que debe hacerse un esfuerzo para captar la belleza, y no estoy nada de acuerdo.”
“El hombre no está hecho para aceptar la muerte: ni la suya ni la de los demás.”
“El mundo es igual a la suma de conocimientos que tenemos de él.”
“La ausencia del deseo de vivir no basta para tener deseos de morir.”
“El amor en el hombre no es más que agradecimiento por el placer que se le ha dado.”
LA NACION
En esta, su primera obra narrativa, Houellebecq se centra en un programador de computadoras sexualmente frustrado. La conquista amorosa es incorporada como un commodity más en la red de los consumos capitalistas y, en consecuencia, como una forma más de la jerarquía social. Gélida y sarcástica, la escritura del autor mezcla anécdotas narrativas mínimas con la reflexión sobre la miseria del mundo contemporáneo.
Su segunda novela se aprovecha de la ingenuidad moral de fin de siglo para asestarle un frío cross a la mandíbula. Las partículas elementales es, entre otras cosas, un canto de rechazo a la generación de los padres (que encuentran su síntesis en los ideales de mayo del 68). Los hermanos Bruno y Michel, abandonados por sus contraculturales progenitores, apenas se conocen, pero sus historias avanzan en paralelo, entre la angustia y el entumecimiento sentimental. Mucho más que las escenas orgiásticas, lo que causó escándalo en esta novela de tesis fue el tono antihumanístico, que en el epílogo roza el manifiesto: por él nos enteramos –en esa narración contada desde el futuro- que el científico Michel revolucionó la humanidad al modificarla genéticamente y quitarle para siempre el deseo.
No tuvo tanto éxito como su predecesora, Plataforma, en la que Houellebecq abordaba lateralmente el turismo sexual (y lanzaba algún controvertido apotegma sobre el islam), pero La posibilidad de una isla se cuenta entre las mejores novelas del francés. El tema es la clonación y la inteligencia artificial. La novela, como si reflejara esas duplicaciones, se vuelca a un juego de cajas chinas. Daniel, un provocador humorista, cuenta su vida a comienzos de nuestro siglo (sus relaciones sentimentales, sus vínculos con una secta), pero ese texto es a su vez comentado, en un futuro distante, por dos de sus clones (Daniel 24 y Daniel 25). Houellebecq toca casi todos sus temas preferidos (las relaciones entre sexos, las taras de la sociedad contemporánea), pero también muestra sus reflejos periodísticos: detrás de los Elohimitas, se esconden los raelianos, secta supuestamente clonadora que por aquel entonces había alcanzado las primeras planas de los diarios.
Ganadora del premio Goncourt, en 2010, la sexta novela de Houellebecq lleva su característica mirada analítica al mundo del arte. La novela relata con minucia la vida de Jed Martin, un artista que alcanza la fama con dos proyectos: fotografías de mapas de la célebre guía Michelin y pinturas hiperrealistas sobre oficios. El éxito profesional contrasta con su solitaria vida personal, en la que apenas se cuenta una fallida experiencia amorosa y una relación distante con su padre. En esta disección del mundo artístico contemporáneo, Houellebecq mismo aparece como personaje, retratado con tal impiedad, que el autor no se priva de destinarse la más sanguinaria de las suertes.
En su obra más reciente, Houellebecq apuntó directamente a la sensibilidad política y cultural de Francia en sus vertientes de izquierda y progresistas: en el año 2022, un nuevo partido islámico, liderado por el carismático Mohammed Ben Abbes, logra formar una coalición con los socialistas, temerosos de perder ante la derecha, y ganan las elecciones. Paso a paso y evitando toda confrontación violenta, el nuevo partido inicia una profunda islamización del país, que se extenderá a toda Europa. El protagonista es François, un amargo y solitario profesor de literatura que ante las tristes perspectivas de una vejez inminente comienza a coquetear con convertirse al islam y aceptar los beneficios que trae aparejada la nueva vida religiosa. El azar quiso que la novela tuviera fecha de publicación el 7 de enero de 2015, día en el que terroristas del extremismo islámico asesinaron a 12 personas en el semanario humorístico Charlie Hebdo. La infausta coincidencia le infundió un tinte trágico a esta historia, que no carece de una buena cuota de humor cínico en su afán de pintar la decadencia europea.
LA NACION