La paradoja del abuelo.
Imagina que la ciencia logra hacer posible viajar en el tiempo, decides regresar varias décadas al pasado, mucho antes de que tú nacieras, y por alguna razón, terminas impidiendo que tu abuelo llegue a conocer a tu abuela. Si eso pasa nunca se conocen, si nunca se conocen, tu padre o tu madre jamás nace y si esa persona nunca nace, tú tampoco, pero entonces, ¿Quién fue el que viajó al pasado a impedir ese encuentro? si tú nunca existes ese viaje en el tiempo nunca pudo haber ocurrido, lo que significa que tu abuelo, sí conoció a tu abuela, lo que significa que si naciste, lo que te permite volver a viajar en el tiempo y volver a impedirlo , es un ciclo que se rompe a sí mismo, sin importar por donde lo mires y es una de las razones principales por las que muchos físicos creen que viajar al pasado, tal como lo imaginamos en las películas, simplemente no puede ser posible.
Aquiles y la tortuga.
Aquiles, el guerrero más veloz de toda Grecia, corre una carrera contra una tortuga, para que sea justo, la tortuga arranca con ventaja. La carrera empieza y Aquiles corre hasta el punto exacto donde estaba la tortuga al inicio, el problema es que en el tiempo que le tomó llegar ahí, la tortuga ya avanzó un poco más. Aquiles corre de nuevo hasta ese nuevo punto, pero otra vez la tortuga ya se movió, este proceso se repite una y otra vez infinitas veces y matemáticamente, siempre queda una distancia mínima entre ambos, según esta lógica, Aquiles nunca alcanzaría a la tortuga. En la realidad, por supuesto, la alcanza y la rebasa sin ningún problema.
Barbero de Rusell.
En un pueblo pequeño existe una única regla, hay un barbero que afeita a todos los hombres que no se afeitan a si mismos y únicamente a esos hombres. Es una regla simple, hasta que te haces una pregunta. ¿Quién afeita al barbero? Si el barbero se afeita a sí mismo, entonces se convierte en uno de los hombres que sí se afeitan solos y la regla dice que él no debería afeitar a esas personas. Pero si el barbero no se afeita a sí mismo, entonces cae exactamente en el grupo de hombres que la regla dice que él debe afeitar. No importa qué opción elijas, terminas contradiciendo la regla original.
Este problema propuesto por el filósofo y matemático Bertrand Russell, no es solo un juego de palabras, expuso una grieta real en los fundamentos de las matemáticas de su época y obligó a los matemáticos a replantear cómo se definen los conjuntos desde cero.
Barco de Teseo.
En la antigua Atenas, el barco del héroe Teseo se conservaba como monumento. Con el paso de los años, la madera se fue pudriendo, así que, cada tabla dañada se reemplazaba por una nueva, idéntica en forma, pero hecha de material distinto. Esto pasó una y otra vez durante décadas, hasta que llegó el punto, en que ya no quedaba ni una sola pieza del barco original, todo había sido reemplazado. La pregunta es: ¿Sigue siendo el mismo barco? Tiene la misma forma, la misma función, la misma historia asociada, pero ni un solo átomo original y hay una segunda vuelta de tuerca, todavía más incómoda. Si alguien hubiera ido guardando cada tabla vieja que se fue retirando y con esas piezas originales, armara otro barco completo. ¿Cual de los dos sería el verdadero barco de Teseo? Esto no se queda solo en un barco de museo, tu propio cuerpo también reemplaza la mayoría de sus células con los años, así que, la pregunta te toca más de cerca de lo que parece.
Paradoja del mentiroso.
Esta paradoja cabe en una sola frase y aún así lleva más de 2000 años sin resolverse del todo. Alguien dice: Esta frase que estoy diciendo ahora mismo es falsa, analizala con calma. Si la frase es verdadera, entonces lo que dice es cierto, pero lo que dice, es que ella misma es falsa, contradicción. Ahora pruéba lo contrario, si la frase es falsa, entonces lo que afirma no es cierto, lo que significaría que en realidad es verdadera, otra contradicción. La frase no puede ser verdadera ni falsa sin romperse a sí misma, y este problema tan simple ha obligado a filósofos y lógicos durante siglos a replantear cómo funciona el lenguaje cuando habla sobre sí mismo.
Paradoja del cumpleaños.
Imagina un salón con apenas 23 personas la intuición dice que la probabilidad de que dos de ellas compartan cumpleaños debería ser bajísima al final hay 365 días posibles en el año pero la realidad es que con solo 23 personas en ese salón la probabilidad de una coincidencia supera el 50%la clave está en que no estás comparando una sola fecha contra 23 personas, sino comparando a cada persona contra todas las demás al mismo tiempo con 23 personas existe más de 250 pares posibles de comparacióny basta con que uno solo de esos pares coincida para ganar la apuesta por eso esta paradoja se ha vuelto un truco clásico de fiestas y casi siempre funciona.
Gato de Schrödinger.
Metes a un gato dentro de una caja completamente sellada, junto a él va un mecanismo conectado a una partícula radiactiva con exactamente 50% de probabilidad de activarse en la próxima hora. Si se activa, libera un ve oneno, si no se activa, el gato queda perfectamente bien hasta aquí suena simple o el gato está vivo o está muerto y solo hace falta abrir la caja para saberlo, pero según las reglas de la mecánica cuántica, mientras la caja permanece cerrada, la partícula no está ni activada ni desactivada existe una mezcla de ambos estados a la vez y si el destino del gato depende directamente de esa partícula, entonces el gato también existe técnicamente era una mezcla de estar vivo y muerto al mismo tiempo, solo en el instante en que alguien abre la caja y observa el universo parece decidir cual de las dos posibilidades se vuelve real. Schrödinger propuso este experimento no para decir que esto realmente pasa con gatos, sino para mostrar lo absurdo que suena aplicar la física cuántica al mundo que podemos ver a simple vista.
Monty Hall.
Estás en un programa concursos frente a tres puertas detrás de una hay un coche nuevo, detrás de las otras dos nada, eliges una puerta, digamos la número uno, antes de abrirla, el presentador, que sabe exactamente dónde está el premio, abre una de las otras dos puertas y te muestra que está vacía, ahora te da la opción de quedarte con tu puerta original o cambiar a la que queda cerrada. la mayoría de la gente se queda con su elección inicial, pensando que ya da lo mismo. Están equivocados, cambiar de puerta duplica tus probabilidades de ganar de 33 % a 66 %. La razón es que el presentador nunca abre la puerta con el premio. Así que, su elección no es aleatoria está cargada de información que puedes aprovechar si cambias.