Así reza un viejo dicho popular que se aplica en este caso a lo sucedido con la Inspección Judicial practicada por el presidente de la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional, diputado Julio Moreno.
Desde que se iniciaron las denuncias contra Rosales, se han telegrafiado las posibles acciones que diversos entes públicos habrían de practicar en el caso, lo que de seguro, ha dado la oportunidad a Rosales para ocultar los bienes que posee para facilitar su defensa. Este hecho es reconocido en las declaraciones del Diputado Carlos Escarrá donde señala que era predecible la evasión de Rosales.
El solo hecho de que ningún tribunal le haya dictado una prohibición de salida del país el mismo día en que la Fiscal del Ministerio Público efectuara la acusación, ya es un una rémora que ese proceso judicial arrastra. En un país de fronteras abiertas como el nuestro, una medida como esta resulta inoperante si no se practica un auto de detención con prontitud y si no, preguntenselo a todos los militantes de la oposición radical que se encuentran en Miami, incluyendo, los presuntos autores intelectuales que participaron en el asesinato del Fiscal Anderson.
Quien les escribe no es abogado, pero tengo entendido que por razones constitucionales, en Venezuela no pueden realizarse juicios en ausencia, por lo que, si alguna nación llega a dar “asilo político” a este personaje, no le impedirá el manejo de sus bienes, esté donde esté. Esto contribuiría a que el país siga teniendo prófugos ricos o apoyados en el exterior y lo que es peor, a que nuestra gente siga pensando en la componenda y en los pactos secretos para preservar la libertad y los bienes mal habidos de los políticos, de oposición o del gobierno, que pudieran estar incursos en fechorías de la calaña de las que se le señalan a Rosales.
Este tipo de acción de justicia tal vez produce algunos dividendos políticos, pero no ayuda a solucionar el grave problema de la impunidad que tanto daño ha hecho y hace al Poder Judicial Venezolano y a la credibilidad del manejo probo de todas las Instituciones Públicas de nuestro país.
Una justicia tardía y lenta no es justicia. En la vida todo tiene sus lapsos y estos no deben extenderse mas allá de lo debido, pues si no, se pierde el efecto de lo que se persigue.