No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente.
Virginia Woolf
¿Crees que la realidad puede cambiar el lenguaje o que es el lenguaje el que puede cambiar la realidad? ¿Y esa realidad a quién representa? Parece una pregunta difícil, y no sé si llegaremos a resolver este misterio.
Decía Ludwig Wittgenstein que los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo. Y, en efecto, nuestras palabras dicen mucho de nosotros mismos, por eso es importante elegirlas bien. Las palabras nos ayudan a configurar el pensamiento, necesitamos palabras para entender y nombrar lo que sentimos y percibimos. Ahora bien, ¿quién elige las palabras? ¿Quién decide qué vocablo es correcto y cuál no? En nuestro caso, el castellano, es la RAE, una institución con más de doscientos años de historia quién admite o discrimina cada vocablo, cada acepción. Esta institución contaba en 2016 con 44 académicos entre sus miembros, de los cuales solo 8 eran mujeres. Podría parecernos una muestra más de machismo, pero es todo un logro que ocho mujeres se sienten al mismo tiempo en esas reuniones tan selectas, puesto que hasta ese año (2016), solo once mujeres habían logrado un puesto en la Academia. Once mujeres frente a casi 500 hombres. Mujeres tan distinguidas como Emilia Pardo Bazán o María Moliner fueron rechazadas.
No podemos inventar un lenguaje, ni podemos discutir todas las decisiones de la RAE, son ellos y ellas quienes deciden qué es correcto y qué es incorrecto. Sería ridículo. En 2017, los miembros, de la RAE, admitieron taper, hasta entonces todos llevábamos al trabajo la comida y congelábamos en fiambreras.
Tal vez, en unos pocos años puedan plantearse los y las académicas si cabe representar en la realidad a las mujeres. Hasta entonces, lo que nos queda, es elegir cada palabra y convencer a la Academia de que la lengua está viva y también es femenina.
Nos hemos encontrado en Bachillerato, yo estaré aquí todavía unos años; vosotros y vosotras, sin embargo, pronto emprenderéis nuevos caminos. Os halláis al final de una etapa, tiempo para mirar hacia atrás, pero, sobre todo, para mirar hacia delante y tomar decisiones. Decidir qué tipo de profesional seréis, qué estudiaréis y qué clase de persona vais a ser, pero también, qué expresiones utilizaréis. Cada persona tiene su idiolecto, solo debemos de elegir un diccionario propio.