La esperanza está en nuestros actos
Introducción
La situación de calle es un problema complejo y multifacético que afecta a millones de personas en todo el mundo. Las causas que llevan a alguien a vivir en la calle son variadas y pueden incluir factores como la pobreza extrema, la falta de acceso a servicios de salud mental, la adicción, la violencia doméstica, y el desempleo. En muchos casos, las redes de apoyo familiar y social se rompen, dejando a las personas en una situación de vulnerabilidad total.
En algunos países o ciudades, la situación de calle es menos visible debido a políticas efectivas de inclusión social, viviendas accesibles, y servicios de apoyo robustos. Sin embargo, en otros lugares, la falta de recursos y de voluntad política para abordar el problema agrava la situación, dejando a muchas personas sin un lugar seguro donde vivir.
A pesar de la existencia de programas y ayudas gubernamentales, la burocracia y la falta de recursos a menudo ralentizan el proceso, dejando a las personas sin hogar en un estado de limbo. Es en este contexto que la solidaridad individual, como la que muestra mi vecino, se convierte en un rayo de esperanza para aquellos que han sido abandonados por el sistema.
Hoy acompañé a mi vecino a intentar resolver el complicado asunto en el que se involucró al ofrecer su ayuda a una mujer de 63 años en situación de calle, abandonada por su familia. Como bien saben, suelo acudir al gobierno para que tome cartas en estos asuntos, ya que es su deber ayudar a quienes han sido víctimas de un sistema que muchas veces los deja desamparados.
Hace algún tiempo, organicé a los vecinos del edificio y juntos acudimos a las oficinas del presidente para solicitar ayuda para una mujer de más de 90 años y su hijo con síndrome de Down, quienes vivían en la azotea. La señora, debido a su avanzada edad, se caía con frecuencia y quedaba allí hasta que alguien la auxiliaba. Afortunadamente, en ese caso la oficina del presidente actuó de manera rápida y eficiente, y lograron ingresarla a un hogar para adultos mayores. Poco después, la señora falleció, quizá al encontrar paz sabiendo que su hijo estaba bien cuidado en el hogar, donde lo apreciaban mucho por ser un hombre servicial y amable.
Posteriormente, la casa donde estaba Gonzalo, el hijo de la señora cerró, pero él fue trasladado a una hermosa residencia en Tepoztlán, con alberca y un equipo que lo cuida con esmero. Un final feliz para él. Sin embargo, la burocracia tiende a complicarse, y a menudo los responsables no logran que sus organismos funcionen al máximo. Frente a los problemas, muchos optan por cruzarse de brazos y decir 'hoy no se puede' debido a la falta de credenciales u otros obstáculos similares."
Mi vecino, comprometido con la ayuda a esta mujer, ya no puede dar marcha atrás porque la situación lo atormenta, impidiéndole dormir. Cada día, le lleva cobijas para que duerma, y luego las recoge para lavarlas. Al ver que su cabeza estaba herida por rascarse debido a los piojos, compró unas tijeras y le cortó los mechones donde se encontraban los nidos, para luego lavarle la cabeza con champú antipiojos.
Luego, la acompañó a sacar su acta de nacimiento, su CURP y su INE. Fue entonces cuando, conversando con él, le sugerí que se dirigiera a las oficinas del Bienestar, ya que había consultado con Gabo, un youtubero con conocimiento sobre el tema, y me confirmó que la directora del Bienestar había mencionado que efectivamente ayudan a las personas en situación de calle.
Llamé a mi amigo y hoy fuimos al supuesto módulo en la alcaldía Benito Juárez. Ya había considerado ir a la oficina central, pero pensé que nos mandarían a un módulo de cualquier manera. Cuando llegamos, resultó que no era una oficina del Bienestar, sino del INAPAM. Le sugerí a mi amigo que aprovecháramos para tramitarle la credencial del INAPAM, ya que ofrece ciertos beneficios. Nos dirigimos hacia donde nos indicaron le tramitarían la credencial, tomamos un taxi porque la mujer camina muy despacito tiene una embolia en la pierna, pero al llegar, nos informaron que no había credenciales disponibles y que no llegarían hasta octubre.
Y mientras tanto, les decimos para tratar de ablandar la piedra, la señora sigue en la calle. Nos enviaron a un servicio médico en la colonia Portales del Estado, y nos dieron información de un albergue en las cercanías de Benito Juárez e Iztacalco.
Ahora, todo esto parece estar bien, pero te dan información que no sabes si funcionará. Díganme, ¿en qué organismo médico del gobierno llegas y te atienden sin problemas? Y mientras tanto, ¿qué hace la persona en situación de calle? En este caso, mi amigo se ha dedicado a llevar a la señora a sacar sus documentos, pero ¿qué pasa con aquellos que no tienen a alguien que los ayude? Creo que el gobierno debería tener equipos dedicados a identificar y asistir a las personas en situación de calle. No es aceptable que tantas personas deambulen sin rumbo, y que no existan políticas claras para que la institución sea la que haga el esfuerzo de ir a ayudarlos; esa es su obligación.
Quedé con mi amigo de comunicarme con la oficina del Bienestar para ver si el martes logramos que le asignen un cuarto a esta señora. Algo que quiero añadir y de lo que me enteré y que me pareció muy positivo es que los taqueros le dan de comer a la señora. Me pareció un gesto justo, porque así es como deberíamos comportarnos como sociedad. Sin embargo, esto no sería necesario si los responsables de ciertas instituciones realmente reconocieran la urgencia de hacer algo por la gente en situación de calle y actuaran en consecuencia. Ellos tienen el poder y la responsabilidad de hacerlo. Pero, en lugar de actuar rápidamente, nos enfrentamos a meses de trámites y vueltas. Mientras tanto, mi amigo tendrá que soportar esa carga, porque, como él dice, 'si no lo hago, no puedo dormir'.
Así que, en esta ocasión, no soy la protagonista de este lío, pero estaba considerando hacer un video para ver si podemos encontrar más formas de ayudarla. Saludos, solo quería compartirles esta historia. ¡Hasta pronto!
CDMX, 15/08/2024