17 de febrero de 2008. Sueños e ilusiones de cinco audaces montañeros; uñas cortadas; pies de gato lavados, impecables; veintitrés días de espera, cuerdas nuevas y más de 200 kilómetros de aproximación a la vía.
Con estos preliminares, el pasado domingo el club de montaña ATRAFAL se encontró, sin esperarlo, con su primera prueba de madurez. A pie de la gran pared sur del Peñagolosa, en medio de una fría y espesa niebla, Kico, José Manuel, Goofy, Spiri y Raúl debían elegir entre iniciar la ascensión de la seductora vía o renunciar al esperadísimo regalo preparado durante tan largo tiempo. Y el joven Club superó con nota este examen. Aceptar que la montaña no siempre se deja conquistar es una cualidad que debe poseer todo aquel que aspire a tener una larga vida alpinística. Después de todo el esfuerzo realizado para encontrarse el pasado domingo al pie de la gran clásica, tomar la difícil decisión de retirarse sin duda ha fortalecido a esta agrupación. El Club de montaña ATRAFAL hoy ya puede presumir de haber superado la durísima vía de “saber decir no”. Enhorabuena.