Se cumplió el refrán. Y es que han sido tres los asaltos necesarios para poder completar los 70 metros de la pared Aalos de Buñol (Valencia).
El pasado sábado Raúl Almonacid y Kico Luengo - del Club de montaña ATRAFAL - se encontraron por tercera vez al pie de la gran pared con la intención de volver a intentarlo. La mañana estaba tranquila, con buena temperatura y sin viento. Tras realizar unos estiramientos Kico comienza el primer largo. Arranca la vía con un paso de 6a sucio y expuesto. Después, un largo y divertido diedro (V) lo conduce hasta la primera reunión. Desde allí asegura a su compañero, que llega con mochila a la espalda. Dentro de ella: agua, algo de comida y material de clásica (para el tramo final de la pared).
Segundo largo: 6a+. Inicia la escalada Raúl justo en la vertical de la pequeña reunión. Durante los primeros metros, ante una caída Kico tendría poca escapatoria. “¡Si te caes, salta hacia la derecha!”. “Sí, sí, (es fácil decirlo)”, piensa Raúl. El paso clave de este largo se halla ligeramente descompuesto. Una roca, a mano izquierda, pide a gritos ser usada. Pero se mueve, la muy cabrona. Superado el paso, más arriba la vía se pone muy técnica. Arranca “la moto” en la pierna derecha de Raúl, y no hay forma de pararla. Su amigo lo alienta desde abajo. Mirada atrás, al último seguro - “(¡Coño, está muy lejos!)” - y una bocanada de miedo recorre su cuerpo casi arrancándolo de la pared. Por fin la siguiente chapa encadenada, y otra, y otra, y alcanzada la segunda reunión. Media hora más tarde allí se encuentra con Kico.
Preparan el último largo. Este no lo conocen, tan sólo saben que no está equipado. Repite Raúl de primero, ahora cargado con cintas, empotradotes y friends. Comienza con una travesía a izquierdas difícil de proteger. Escalada de adherencia con roca descompuesta para manos. En la mente de los escaladores, como un mantra, repitiéndose el mismo pensamiento “esto es clásica, aquí no está permitido caerse”. Poco a poco se introduce Raúl en la chimenea final, enredosa, entre vegetación. Y tras cuatro horas de escalada pone, por fin, el pie la cima. No hay celebraciones, hasta que llega Kico. Entonces sí: abrazo, bocata compartido y agua, que esa mañana les sabe a champán.
Enhorabuena, y hasta la próxima.