El mal tiempo obliga a los montañeros del Atrafal a anticipar su vuelta a casa sin conseguir ninguna de las ascensiones que tenían planeadas para el mes de enero.
Humildad... ¿Qué otra actitud podría tener mayor sentido cuando uno aspira a invadir el terreno de los gigantes de roca y hielo?. No importa cuan cargada llevemos la mochila de ilusiones, reseñas, miedos o noches en blanco imaginando cómo será aquella arista espantosa; porque al llegar allí todo va a depender del capricho de la Montaña. Desde el momento en que pisamos su manto helado ya somos parte de su juego; inevitable, salvaje y divertido a la vez. A veces también cruel, pero siempre cargado de enseñanzas. Siempre invitando a la reflexión.
Aún así, como toda madre, la montaña nunca nos dejará marchar con las manos vacías. Bastará con observarla con ojos de niño, cambiar cuerdas y piolet por papel y lápiz, y la recompensa estará asegurada.