El nº 12 de los Reyes de la Monarquía Visigodo-Católica fue Wamba que reinó entre los años 672 y 680. Pese a rechazar el nombramiento debido a su avanzada edad, Wamba fue forzado por la nobleza a aceptar el trono en la localidad de Gertici o Gérticos (provincia de Valladolid), después llamada Wamba en su honor, el 21 de septiembre del año 672. Aquí fue donde murió su antecesor Recesvinto. Por iniciativa propia exigió ser coronado en Toledo el 20 de octubre del año 672. Fue el último rey que dio esplendor a los visigodos. Con su muerte comienza la decadencia. Su reinado no fue fácil, pues lo pasó casi enteramente sofocando las luchas internas de la nobleza contra la monarquía, los nobles entre sí, los católicos contra los arrianos y la población hispanorromana contra los visigodos. Además tuvo que sofocar una rebelión de los vascones, y en el 672 hubo de enfrentarse a un nuevo y desconocido peligro: la invasión de norteafricanos o árabes, que intentaron pasar a la Península por Algeciras, intento que fue rechazado por los visigodos. En la región de Septimania en la Galia (al sureste de la actual Francia) en el año 673 tuvo lugar una revuelta de algunos nobles visigodos encabezada por Ilderico, que se había proclamado rey. Wamba envió al duque Paulo para sofocarla, pero éste inició su propia rebelión en Narbona. Paulo reemplazó a Ilderico y se proclamó a su vez rey en Gerona. Ante la situación, Wamba, que se encontraba combatiendo a los vascones que invadían Cantabria, realiza una operación relámpago y los derrota. Acto seguido acudió al lugar de los hechos y tomó por las armas Tarragona, Barcelona y Narbona, dominando finalmente la sublevación y capturando a Paulo, que tuvo que desfilar por las calles de Toledo con una raspa de pescado en la cabeza. Estos sucesos dieron lugar a que Wamba reorganizara su ejército proclamando una ley que obligaba a los nobles y eclesiásticos (bajo pena de muerte, confiscación de bienes y exilio) a acudir con las tropas en caso de invasión o rebelión. Fue la llamada Ley militar, que suavizaría bastante su sucesor Ervigio.
Wamba convocó asimismo el XI Concilio de Toledo del año 675, en el que se dictaron medidas para corregir los abusos y vicios eclesiásticos. Se cree que el metropolitano de Toledo, Julián II, intervino en la conjura que acabó con el poder del rey Wamba. El rey fue engañado y narcotizado y una vez en ese estado, le tonsuraron, le vistieron con hábito de monje y sobre su cuerpo se trazó una cruz con ceniza. Cuando despertó de su letargo, ya era tarde para seguir reinando, pues se había convertido en un penitente público que no podía ocuparse de asuntos mundanos, un tonsurado que no podía reinar. Por lo que le obligaron a renunciar a la corona.
Después de estos sucesos, Wamba se retiró al monasterio de San Vicente en Pampliega (Burgos). Se conoce el lugar y tal vez se conserven algunos restos. Allí murió en el año 688. Su cuerpo quedó allí, en una sepultura que todavía está marcada con una cruz de hierro, hasta que Alfonso X lo mandó trasladar a Toledo, a la iglesia de Santa Leocadia. Otro noble llamado Ervigio (probable cabecilla de la conjura contra el rey) recibió la corona y la unción por parte del obispo Julián de Toledo. Historia de España de la Edad Media. Capítulo 2. La Monarquía Visigoda Católica (Isabel Falcón. Universidad de Zaragoza).