Sobre la elección de la B o la V para la escritura del nombre de Vermudo hemos elegido la V por las siguientes razones: Según texto del Diario de León del 2 de Marzo de 1997: “… A muchos lectores de este periódico les extrañó que apareciera ahora escrito con V, cuando en la escuela lo habían estudiado con B. No se trataba de un gazapo. La evolución fue: Veremundus, Veremundo, Vermudo, Bermudo. Los historiadores hoy se decantan por escribir el nombre de este Rey, atravesado por las lanzas en la batalla de Tamarón, con V. Tal como aparecía en las crónicas. Con V de verdad. Y de vida. Y de vigor. Y de viento…”
Hijo de Alfonso V de León y Elvira Meléndez. Rey de León desde 1028 hasta su muerte en la Batalla de Tamarón. Último rey leonés de la dinastía Astur-Leonesa. En 1022 quedó huérfano de madre y en 1028 murió su padre. Durante su minoría de edad fue tutelado por su madrastra Urraca Garcés, hermana del rey Sancho el Mayor de Navarra. En 1035, contrajo matrimonio con una hija de éste, Jimena Sánchez (1012-1062).
Estos hechos convierten a Vermudo en Rey de León y dada su corta edad es Regente su madrastra Doña Urraca que a su vez era hermana del Rey de Navarra, Sancho el Mayor.
Según el libro de los Reyes de León: “…La minoría de edad de Alfonso y ahora la de su hijo, muestran la consolidación en la transmisión del poder regio de padres a hijos varones, ya que Vermudo tiene una hermana, Sancha, que es mayor que él. Sin embargo la tutoría la detentan las mujeres, Elvira junto con el conde gallego en el primer caso y ahora la madrastra Urraca, hermana de Sancho III de Navarra. Este hecho va a ser un condicionante muy importante para el desarrollo de la política de estos años, ya que los deseos expansionistas del rey navarro le van a permitir contar con personas adeptas dentro del propio reino leonés…”
Según la Historia Silense: “Vermudo, noble niño constituido en Rey, no fue visto sujeto a diversiones pueriles y lascivos deseos que en aquella edad suelen embargar, sino que empezó a regir las iglesias de Cristo desde el mismo inicio de su tierno reinado…”
Es un momento muy delicado. Según la Historia Silense: “…A la muerte de Alfonso V, se levantaron en el reino hombres perversos, ignorantes de la verdad, que robaron y enajenaron los bienes de la Iglesia, y los fieles del reino quedaron reducidos a la nada, por lo que unos a otros se mataban con la espada…” (Reyes de León de José Mª Fernández del Pozo).
Y Doña Urraca hace uso del poder de su familia.
Mientras Sancho el Mayor llega hasta Astorga, Vermudo marcha a Galicia a sofocar otras revueltas y mantener el orden en la parte occidental del reino. Y cuando la corte Navarra se retira de León vuelve a habitar la ciudad e incluso a extender su poder por las zonas orientales que habían estado más ocupadas por los navarros.
Según el libro Sancho III el Mayor de Gonzalo Martínez Díez: “…Todo apunta a que el joven monarca, de 17 años de edad por esas fechas, regresaba a la capital de su reino para hacerse cargo personalmente del gobierno del mismo. ¿Cómo fue ese regreso? Tampoco en este caso existe el más mínimo indicio de ningún enfrentamiento militar, ni de apartamiento o represalia contra ninguno de los magnates u obispos que habían reconocido la autoridad del Rey Sancho y colaborado con él durante los más de dos años que éste ejerció el poder en León. No es pues de desechar la hipótesis de que estemos ante un regreso pacífico, convenido y pactado entre ambos monarcas y los magnates y prelados del reino y de que en ese acuerdo se incluyera como prenda de paz un enlace matrimonial, el del Rey Vermudo con Jimena, hija de Sancho, a los que encontramos casados en febrero de 1035…” (De J. de Salazar Acha, Una hija desconocida de Sancho el Mayor, reina de León; Primer Congreso General de Historia de Navarra, en Príncipe de Viana 49 (1988) anejo 8 (pp 183-192). Aunque los historiadores no se ponen de acuerdo sobre si esta invasión del Rey Sancho había sido para proteger el reino de Vermudo o por ambiciones territoriales.
“…Mas la “nuraica” muerte, que ninguno puede evitar entre los mortales, apoderándose de él, mientras el feroz García y Fernando más fuertemente se echan encima, le hirió al correr mismo del caballo, y cayendo en tierra muerto, siete de sus militares cruelmente acabaron sobre él. Cuyo cuerpo se entregó a la sepultura de los demás reyes en León”.
En el año 1997 se realizó un estudio Antropológico en el Panteón Real de San Isidoro de León, hallándose entre otros muchos restos, el esqueleto de un hombre joven que se atribuye al Rey Vermudo III el Mozo con una impresionante rotura de los huesos de su cara a la altura del ojo y pómulo derechos además de múltiples heridas en el vientre que se han podido describir por las huellas que dejaron en los huesos:
Rotura en la cadera de 23 por 5 mm. Post mortem de fuera hacia adentro.
2) Incisión en la cadera; muy estrecha, de 8 mm de longitud, recibida desde fuera, desde incisión 9. Perfora oblicuamente y levanta con formas características lengüetas de hueso.
3) Pinchazo en cadera, muy fino, de 5 mm. Inferior a medio milímetro que penetra.
4) En cadera, de 11 mm de longitud, levanta ambos márgenes, realizada por incisión-punción con cierta oblicuidad sobre el hueso.
5) En cadera, de 11 mm de longitud, perfora el hueso hasta marca 11.
6) En cadera. Incisión longitudinal de 17 mm, realizada por corte o resbalamiento, quizás en el mismo acto que la incisión nº 5.
7) En cadera. Incisión-punción de 8 mm de longitud.
8) En cadera. Exostosis (prominencia) irregular de 15 mm de diámetro mayor y 10 de menor granulosa que recuerda una exostosis tumoral con superficie rugosa. Se sobreeleva escasos 3 mm, el centro está excavado. Es el residuo de una herida anterior.
9) En cadera. Incisión de 10 mm.
10) En cadera. Plastón muy irregular consecuencia de herida contusa que alcanza de 3 a 4 cm2 inmediatamente por debajo de la incisión 9. Es el residuo de una herida anterior.
11) En cadera. Incisión de 11 mm.
Todas estas se justifican mediante incisiones de delante a atrás y desde el lado izquierdo de la pelvis. La que produce la 9, sale en la 2. La que entra en nº 5, sale en nº 11. Previamente hiere nº 6 y además se produce otro pinchazo en nº 7. La lesión nº 10 es anterior. Es una cicatriz por herida.
12) Incisión punzante que produce una pérdida de sustancia de 6 por 3 mm y un pequeño desgarro con levantamiento de hueso longitudinal de 10 mm. Se ha producido por incisión oblicua de delante a atrás, de izquierda a derecha y de abajo a arriba, en la cara anterior del fémur, sobre el arranque de la diáfisis.
13) Corte por golpe tangencial en la cara posterior interna del fémur que secciona parte del trocánter con una longitud de incisión de 17 mm y un arrancamiento de hueso romboidal de 10 mm por 16.
14) En el ojo derecho. Herida inciso-punzante de 47 mm de longitud con una capacidad de penetración en el nivel de la órbita de 3 a 4 cm que se habría producido por incisión-punción en la cara interna de la órbita derecha, desde delante y un poco a la izquierda del individuo. De este modo deja su impronta sobre el parietal y sobre el maxilar superior y rompe la pared comentada.
15) En cara. Incisión. Corte de 10 mm que secciona el borde inferior del hueso malar derecho.
16) Incisión de 10 mm que penetra oblicuamente de delante a atrás, de abajo a arriba y de izquierda a derecha sobre la cara anterior de la cabeza femoral derecha.
Las técnicas antropométricas revelan que las medidas de los huesos sugieren para la persona una estatura que puede variar entre 1,70 y 1,74 metros. Se considera de estatura elevada para la época. El sobrenombre de El Mozo se corresponde con la edad y estas medidas. Vermudo III era lo que se considera un buen mozo.
La acreditación de la autenticidad se ha producido gracias a la concurrencia de una serie de características personales entre las que se incluye la temprana edad de fallecimiento, con tan solo 19 años (cit. 47, noticia 2: Historia Silense, pág. 23) aunado a una muerte violenta en la Batalla de Tamarón, cuyas lesiones mortales de necesidad se describen anteriormente.
Ya lo anunciaban las crónicas, al referirse al monarca con el sobrenombre de El Mozo.
Prácticamente se ha podido armar todo su esqueleto.
Los rasgos morfológicos del cráneo denuncian su pertenencia a un sujeto masculino joven-adulto. De los dientes no hemos podido inferir información alguna, puesto que todas las piezas se habían caído post mortem, permaneciendo los alvéolos intactos como señuelo de que contaba con todos los dientes en vida. También presenta unas marcadas eminencias caninas. En la mandíbula, sólo conservaba in situ los cordales, el resto de las piezas dentarias había corrido la misma suerte que en el maxilar superior.
En esta inhumación en concreto, y al contrario de lo que ocurría en los casos anteriores al producirse el óbito, el cadáver inició los procesos naturales de putrefacción que le condujeron a una completa esqueletización del cuerpo, cuyos restos óseos no conservan prueba alguna de momificación. En general, esta situación de reducción esquelética suele acontecer en los individuos cuya causa de muerte se asocia con extensos focos de contusiones y heridas graves que facilitan la entrada de microorganismos patógenos, favoreciendo y acelerando la descomposición cadavérica…Dentro de las condiciones que modifican la evolución de la putrefacción, además de los factores que dependen del mismo sujeto, hay que tener en cuenta las del medio ambiente, ayudando en este caso la cálida temperatura estival a los procesos no conservativos del cadáver. Según recogen las crónicas, era verano, tal día como un 30 de Agosto de 1037 cuando fallecía el joven monarca en la Batalla de Tamarón (cit. 47, noticia 3: Obituarios medievales de la catedral de León, Herrero Jiménez).(Documentación proporcionada por el Dr. Francisco Etxeberria Gabilondo. Participante del estudio Antropológico en el Panteón Real de San Isidoro de León realizado en el año 1997 y liderado por la Dra. Mª Encina Prada Marcos).
Así lo dice el documento más antiguo que menciona el suceso; la Historia Silense: “Cuyo cuerpo se entregó a la sepultura de los demás reyes de León”, que se supone escrita entre 1109 y 1118. Tras la investigación realizada en el Panteón de los Reyes de San Isidoro de León en el año 1997, se da por hecho que es el sepulcro nº 6 de la primera orden, junto al Altar, comenzando en el lado de la Epístola hacia el Evangelio, donde se encuentran los restos del rey Vermudo III. Cerca del nº 3 que contiene los restos de su esposa Jimena, el 4 su padre Alfonso V, el 5 su madre Elvira, el 7 Sancho el Mayor, el 8 Fernando I y el 9 Doña Sancha su hermana, quien, como ya hemos dicho antes, “manda construir esta iglesia de piedra con su nuevo cementerio, donde mostró mucho interés en reunir a toda la familia”.
Nájera también reivindica que se encuentran en su localidad por la inscripción de una de las urnas del Panteón de los Reyes de Sta. Mª la Real. Pero estas fueron construidas en 1556, en estilo renacentista con cierto aire plateresco. Por lo que es difícil creer que en fecha tan tardía pudieran transportarse hasta allí los restos, sin que haya ninguna documentación donde aparezca de dónde procedían. Parece que se trataría de un cenotafio que en los casos de imposibilidad de recuperación de unos restos podía cumplir una misión. Pero no es este el caso.
ACTORES QUE HAN REPRESENTADO A VERMUDO III
Fernando Sendino (2 años)
Daniel Castrillo (10 años) (en 2020, vídeo)