Sancho IV de Pamplona era hijo de García Sánchez III y Estefanía. Proclamado rey cuando solo contaba con catorce años, por la muerte de su padre en la Batalla de Atapuerca (“coronado en Atapuerca”). Una costumbre muy repetida era llevar a la guerra al sucesor, aunque fuera un niño; no para combatir, sino para evitar el vacío de poder que podía suponer la muerte del rey y la tentación del vencedor de proclamarse rey él mismo. Hasta los dieciocho años fue guiado por su madre. Durante su reinado, el reino de Navarra se había quedado sin fronteras comunes con el islam. Estaba completamente rodeado de tres reinos cristianos: Aragón, Castilla y Francia, mucho mayores que él; por lo que no había posibilidades de conquistar nuevas tierras y honores para repartirlos entre los nobles. Urdieron una conjura para acabar con su vida, en la que colaboraron sus propios familiares. Fue asesinado en Peñalén; cuando participaba en una cacería, su hermano Ramón le empujó, cayendo por un barranco (“despeñado en Peñalén”). El vacío de poder fue aprovechado por Alfonso VI de León que ocupó los actuales Rioja y País Vasco y Sancho Ramírez de Aragón fue proclamado también rey de Pamplona, permaneciendo esta situación hasta el año 1134 en que García Ramírez el Restaurador fue proclamado de nuevo rey de Pamplona. Para entonces, la hegemonía pamplonesa de los tiempos de Sancho III el Mayor se había desvanecido.