César COLOMA PORCARI
Presidente del Instituto Latinoamericano de Cultura y Desarrollo
La arquitectura neogótica, que floreció en los países anglosajones desde mediados del siglo XIX hasta principios del XX, ha dejado ejemplos notables, de gran calidad artística, como las grandes catedrales protestantes y edificios universitarios, en Norteamérica y aún Australia y Nueva Zelandia.
En ellos se luce la piedra labrada y el rojizo ladrillo, demostrando solidez y elegancia, y aún esbeltez, por las afiladas espiras de sus torres.
Lamentablemente, en el Perú no existe ningún ejemplo de arquitectura neogótica de carácter monumental, porque ésta se ejecutó principalmente en Lima, en donde se construía únicamente en adobe y quincha.
Una excepción es Arequipa, en donde existe una bella cárcel de piedra sillar y una iglesia de cemento y sillar, de estilo neogótico, ambas de principios del siglo XX.
Nos referimos a la iglesia de la Recoleta de Arequipa, la cual presenta dos etapas en su edificación, la primera, de 1909 a 1926, y la segunda y final, de 1936 a 1940.
La torre es el elemento arquitectónico más antiguo del templo y pertenece a la primera etapa de su construcción. Según lo registra fray Luis Arroyo, en su obra “La Recoleta de Arequipa” (Callao, Imprenta del Colegio Militar Leoncio Prado, 1951, página 44), se inició su edificación el 2 de abril de 1909, terminándose el primer cuerpo, de sillar, un año después. Luego se paralizaron los trabajos, reanudándose éstos en 1925 y concluyéndose la construcción de la torre recién el 4 de octubre de 1926, fecha en que fue inaugurada ésta.
Fray Luis afirma que “El primer cuerpo, en donde se hallan las campanas, está construido con piedra sillar y armadura metálica interior” y que “El segundo cuerpo es de cemento armado, y tiene un reloj de cuatro esferas traído de España”, y “remata en una cruz colocada a la altura de 33 metros”.
En la segunda etapa se construyó el cuerpo de la iglesia y se integró ésta a la torre, habiendo hecho los diseños el sacerdote y artista fray Alberto Gridilla, con planos del ingeniero don Luis Santisteban.
En el antiguo periódico “La Colmena”, Nº 938-939-940, de Arequipa, 27 de octubre de 1940, página 5, con el título de “Inauguración del nuevo templo de la Recoleta”, se señala que éste fue inaugurado el 14 de octubre de 1940, siendo padrino don Manuel Prado, Presidente de la República.
En el periódico mencionado se indica que “En menos de cuatro años, gracias a la nunca desmentida generosidad del pueblo de Arequipa (ya que las limosnas gruesas han sido muy pocas), han edificado un hermoso templo de tres naves, artístico y amplio y muy bien compartido”.
Recuerdan también que al Estado le cupo una parte muy importante en la financiación de la obra, y que “Es de justicia hacer notar que el gobierno del Mariscal don Oscar R. Benavides contribuyó con un magnífico donativo consistente en seiscientas barricas de cemento”.
Además, “Este monumento religioso hablará siempre muy alto de la habilidad del Rdo. P. Fr. Alberto Gridilla, que hizo los diseños (...) El mismo P. Gridilla dirigió los trabajos hasta que la fábrica estuvo muy adelantada”.
Comentan finalmente que “La inauguración de esta grandiosa iglesia tuvo lugar el lunes 14 de este mes, siendo esa solemnísima ceremonia uno de los números con que el Municipio de la ciudad ha festejado el IV Centenario de la fundación de Arequipa.
Hoy día, ni la fachada ni la torre del templo de la Recoleta de Arequipa llaman la atención por su belleza arquitectónica, ya que están cubiertas por infinitas capas de pintura que ocultan la reciedumbre de los materiales con los cuales fueron construidas: sillar y concreto armado. Ninguno de ellos requiere que lo cubran con colorines ni estuques.
Por ello, si se quiere que este ejemplo de arquitectura neogótica peruana (si bien es modesto, como ya lo dijimos, si lo comparamos con los de otros países), luzca de la manera que ese tipo de arquitectura exige, debería retirarse toda la cobertura impropia de un neogótico.
Y tampoco debemos olvidar que este sólido neogótico arequipeño es diferente del de Lima, que parece de juguete por lo deleznable (quincha, adobe y palos) y porque siempre hay que pintarlo de colores alegres.
Además, debemos recordar que el convento de la Recoleta, verdadera reliquia del arte colonial arequipeño, fue declarado monumento nacional por Resolución Suprema Nº 218, del 13 de marzo de 1964 (“Relación de monumentos históricos del Perú”, Lima, Centro Nacional de Información Cultural, 1999, página 13).
Esta declaración no incluye al templo neogótico, el cual, luego de un proceso de restauración y retiro total de revoques y pintura, podría merecer esa categoría, por ser uno de los pocos ejemplos de su estilo en el país.
(Publicado en "Arequipa al Día", Arequipa, viernes 19 de mayo de 2006, páginas 1, 3).