"Alla en el bajo, donde solo hay lomadas han arrancado el monte", casi con pena Javierito le contaba a José. "Sabe compadre la gente no tiene su maizal, todo lo compran en una casa grande. En vez de cambiarse las cosas, las anotan en un cuaderno. Nadie sabe como van sus cuentas. Lo cierto es que pasan los años y siempre están en deuda. Viven mal, muy mal, algunos tienen una huerta, y crian unos pollos tan flacos, que parecen palomas."
José le acerco un mate. Javierito lo saboreó despacio. "Que más has visto Javierito".
Este le devolvió el mate, se quedó pensando y dijo, "No viven bien José, dependen del dueño de la tierra, los curas andan rondando los rancherios, buscando hecharles agua por la cabeza. Pero lo peor, es que no se pueden ir de ahí, tienen hombres armados con rifles de chispa y unos perros carniceros, que parecen rabiosos".
José cebó otro mate, "Tomá Javierito, estás seguro que se han olvidado de como se cuida un maizal"
- "Te digo que sí, solo los viejjos lo añoran. La tarde antes de partir, uno me dijo: Si vuelve traigamé granos frescos, unos pocos choclos para hacer humita".
Los dos se quedaron callados. Como iban a hacer para contarle a los demás, noticias tan tristes. Como era posible que sus hermanos en el llano, se olvidaran del maizal.
©Mario Antonio Herrero Machado
A El Cabeza