Las manos de Máximo Santino erán grandes, siempre estaban trabajando. tenía la costumbre de colgar todo de su ancho cinturón de cuero. "NO SE PUEDE ANDAR CON LAS MANOS EN LOS BOLSILLOS ESO ES DE HARAGAN", le decía a José, su nieto, cada vez que lo veía hurgando los bolsillos del pantalón.
José sobaba entre sus dedos unas bolitas de barro cocido, las conocía al tacto, todas parecían iguales. Uno de los juegos preferidos del niño, era sacar de su bolsillo una a una las bolitas y ordenarlas por tamaño. Sus pequeños amigos decían que era mago, nunca se equivocaba, las ponía de mayor a menor o a la inversa. Incluso los asombraba extrayendolas según su dibujo. "Ahora saco la del "ojito", ahora la "rayadita",ahora el "ratoncito", voy a dejar para el final la "bonita". Este truco llegó a ser conocido en toda la comarca. Muchos querían imitarlo, pero les faltaba el fino tacto de José, y por sobretodo, no amaban aquellas bolitas de barro cocido como lo hacia el niño.
Poco a poco se fue extendiendo la leyenda y se fue agrandando, decían que José leía los rostros con los ojos cerrados y con solo recorrerlos con sus dedos, podía ver el alma de cada uno. Otros más exagerados decían que de solo tocar una planta o un árbol sabía si estaba sano, si iba a dar mucho fruto. Los más fantasiosos decían haberlo visto recoger pepitas de oro en los arroyos, no con las manos sino con los dedos de los pies. Muchas abuelas aseguraban que cuando fuera grande sería un "mano santa", uno de esos que curan a los enfermos de solo tocarlos.
Así fue como José, fue conocido desde pequeño y su fama iba delante de él. En verdad era solo un niño que amaba sus bolitas de barro y sabía jugar muy bien con ellas.
©Mario Antonio Herrero Machado
A El Cabeza