Junípero se despertó. Fresco estaba aun su sueño. Que extraño pensó, nunca antes soñé así.
Recordaba los retazos, llegó tarde ese día a la oración de los frailes, se había detenido en la calle a auxiliar a un alcoholizado, con otro hombre lo pusieron sobre la vereda para que nadie lo pisara. Al entrar a la sal habían terminado la primera lectura.
Entonces el más anciano de los frailes le dijo: "Lee nuevamente este trozo Junípero". Leyó en voz muy alta: "Carta de Pedro a Pedro", que extraño esta carta no existe.
Un fraile dijo entonces: "Este hombre lee en voz demasiado alta, esta gritando, es preferible que lo lea para él.
Junípero en su sueño tuvo una extraña reacción, sin miedo cerró el libro y le dijo a los demás: "No estoy aquí entre ustedes para hacer negocios personales con Dios, he venido para compartir este mensaje y vivirlo todos juntos". Dicho esto vió que se retiraba de la sala apresuradamente, entonces despertó.
Todavía no había amanecido, encendió la vela, se estiró, respiró profundo y se dijo, no es más que un sueño, pero es mí sueño. Algo tengo que hacer, de su mesa de luz tomo La Biblia, la abrió al azar, en el salmo 104 al llegar al versículo cuarto, quedó helado. Decía así: "Usas como mensajeros a los vientos y a los relámpagos como ministros".
Sintió el trueno a lo lejos, se incorporó, una brisa le acarició la cara, vió sobre las montañas lejanas un enorme relámpago que atravesó el firmamento.
Conmovido volvió a la lectura: "Subieron a las montañas, bajaron los valles, hasta el lugar que les habías señalado: les fijaste un límite que no pasarán, ya no volverán a cubrir la tierra".
Recordó entonces la vieja historia de los que habían abandonado la planicie, para irse a vivir a las montañas; hacia ya varias generaciones.
Prosiguió leyendo: "Haces brotar fuentes en los valles y corren sus aguas por las quebradas".
Cerró el libro junto con sus ojos. Se tomó la frente con las manos, adentro escuchó una voz: "Deja todo lo que tienes y sígueme a la montaña allí brota un agua viva".
Esa mañana partió solo con lo puesto, después de hablar con el fraile superior.
Partió hacia las montañas, "El Volcán" había despertado, su corazón estaba caliente como la lava y sus ojos eran como fuegos en la noche.
1º de Mayo de 1999, 10.05 hs.
©Mario Antonio Herrero Machado