Los truenos quebraban la noche, el viento marcaba el compás, por fin la lluvia comenzó su baile, lento al principio, incansable al final. Luego cansados, el trueno, el viento y la lluvia se fueron a otro lugar.
Pepito sintió el fresco de la lluvia, casi sin darse cuenta se fue quedando dormido.
Era de noche, en la noche de sus sueños, sin luna y con mucha sed. Caminaba descalzo, iba acariciando las hierbas del costado del sendero. Les iba hablando, les decía algo sin sentido: "Han visto a Malu".
Después como suele pasar en los sueños, ya no caminaba en el sendero de piedras. Iba calzado sobre un ancho sendero liso y negro que olía a aceite quemado, en vez de cerros se insinuaban casas a los costados. Estas al principio aparecían cada tanto, después una casi pegada a la otra.
De golpe caminaba entre paredes, no eran de piedra como su casa, eran de chapas, cartones, maderas viejas, atadas con alambres, sostenidas unas con otras.
Comenzó a escuchar pequeños quejidos de niños hambrientos, profundos ronquidos de hombres cansados, entrecortadas respiraciones de madres apenadas.
Su corazón comenzó a latir muy fuerte, mientras caminaba por ese laberinto sin fin de pasadizos encontrados. Se sintió perdido, el olor de los cuerpos encimados lo fue invadiendo. Un sabor picante comenzó a quemarle la lengua, era el insoportable gusto del agua de "ramita parda", esa infusión que las viejas dan a los que pierden las ganas de vivir.
Empezó a traspirar y cada gota de sudor le picaba en la piel. Un tambor comenzó a retumbar en sus sienes.
Salió del sueño agitado y triste, con un nudo en la garganta, llorando como un niño con su juguete roto.
Con el sueño traspirando entre sus dedos, se toco el pecho para saber si estaba vivo. Adentro en su corazón estaban esos otros que dormían arracimados, entre latas, cartones y maderas.
Pepito con el aliento recobrado, se dijo: "¿Quienes serán estos que me están llamando?". La brisa fresca, le secó el sudor, se meció en su hamaca y el sueño lo llevó a su infancia.
©Mario Antonio Herrero Machado
A El Cabeza