- Chicas, es la hora. Oskar nos estará esperando.- La líder de las rosas las despertó con la cara agotada de no descansar.
Las rosas llegaron con Oskar y su administrador a Auschwitz I. Entre la lluvia pudieron observar las extremas medidas de seguridad, garitas, perros, altas alambradas… Un soldado le dio el alto justo en la barrera de acceso. Sophie pudo leer justo a la entrada: "Arbeit macht frei” (“El trabajo os hará libres”). Esa frase comenzó a atormentarla.
- Halt! ¡Alto, identifíquense!- ordenó el soldado.
- Soy Oskar Schindler, vengo a ver al comandante Rudolf Höss, nos está esperando.
El pequeño autobús donde iban entró en el campo, pero se desvió rodeándolo hasta la casa del comandante. Esto incomodó a las chicas, ya que ellas esperaban ver a los prisioneros y poder localizar a la familia de Sophie. Pararon en la casa. En el vestíbulo, Anette empezó a observar a un hombre que estaba hablando con una señora, quizás la mujer del comandante. Algo le resultaba familiar en él. De repente, un flash la hizo recordar: la fiesta de Amsterdam, el doctor que se vanagloriaba de sus atrocidades: Josef Mengele.
En ese momento Anette se giró y fingió olvidar algo en el vehículo, momento que aprovechó para avisar a sus compañeras para que le siguieran. Ella les explicó quién era y que corrían el riesgo de ser desenmascaradas. La tensión duró minutos, mientras Oskar hablaba con él, hasta que Höss solicitó que le dejasen solo con Oskar. El comandante no quería que se supiera de sus negocios. Una vez que Mengele hubo abandonado la casa, las rosas empezaron a respirar más tranquilas.
-¡Rudolf!- Oskar le dio un fingido y amigable apretón de manos- tengo más negocios para ti, te cuento…
Tras quince minutos de conversación solos, Oskar invitó a Sophie a entrar en el despacho.
- Ella es mi cliente, necesita localizar a estas tres personas y estaría muy agradecida si trabajasen para mí…
- ¿Por qué tanto interés por esos judíos?- le inquirió desconfiado Rudolf.
Sophie consiguió improvisar como lo había hecho otras tantas veces.
- Son grandes técnicos, y necesito que Oskar fabrique un tipo de munición específica para el frente. Ellos son los mejores. Trabajaron para mi padre en Alemania. Me gustaría entrar y localizarlos.
El comandante empezó a reírse como si lo que había dicho hubiera sido el mejor chiste del mundo.
- Eso es imposible, señorita, necesitaría días para encontrarlos. Hay unos cien mil presos, bastantes campos divididos y muchas medidas de seguridad. Además, este no es lugar para tan bella dama. Deme unas fotografías, mis soldados los encontrarán, harán lo que puedan- comentó amablemente el comandante.
-Aquí las tiene. Espero resultados pronto. No me gustaría que la ineptitud de esos soldados acabara con mi negocio.- sentenció Sophie.
Ya se marchaban cuando, antes de salir, el autobús se estropeó. En los diez minutos que duró la reparación, ellas pudieron apearse. Sophie no pudo evitar dirigirse hacia las alambradas y lo que vieron sus ojos la dejó petrificada. Seis personas colgaban ahorcadas y un pelotón de presos escuálidos marchaban entre barracones. Su propio grito se ahogó en su garganta, frío y lleno de espanto. Un soldado a vio desde una garita y le ordenó volver inmediatamente. Sophie se montó en el autobús y hundió la cabeza entre sus rodillas. Ya nunca volvería a ser la misma.
Mediante esta misión, pretendíamos que el alumnado tomara conciencia de la magnitud del Holocausto, que vivenciaran en el lugar de los hechos la magnitud del horror que supuso. Nada más y nada menos. Fue, con diferencia, el desplazamiento más emotivo de todo el viaje.
La empresa que nos desplazó al campo de exterminio nos ayudó en la labor de concienciación previa. Diez minutos después de que los alumnos leyesen la narrativa, proyectaron en el autobús un duro vídeo sobre lo ocurrido en Auschwitz, desde su fundación como Campo de Trabajo, hasta su liberación por el Ejército Soviético, ya convertido en Campo de Exterminio. Algunos alumnos les costaba trabajo mantener la mirada, por lo que la predisposición con la acometieron la visita y el respeto que en todo momento mostraron durante la misma fue la muestra de que se estaba cumpliendo plenamente el principal objetivo del proyecto.
A la llegada, nos esperó un guía en español, el cual colaboró antes de entrar en Auschwitz 1 con la narrativa comentando que les ayudaría a buscar a los padres de Sophie.
La visita hizo el resto: fue dura pero efectiva. Todos los valores que habíamos tratado de inculcar durante todo el proyecto se habían afianzado con fuerza en el alumnado. Los últimos momentos de la visita en Auschwitz-Birkenau fueron especialmente emotivos, ya que descubrimos lágrimas en los ojos de algunos de nuestros alumnos, mientras que otros se abrazaban en silencio, tratando de consolarse entre ellos.
Entrada a Auschwitz 1
Barracones de Auschwitz 1
Maletas de los judíos asesinados
Alambradas
Minuto de silencio frente al muro de los fusilamientos. Se pueden ver a algunos alumnos abrazados
Cámara de gas de Auschwitz 1. La única que queda en pie. Aún se pueden ver arañazos en las paredes.
Entrada de Auschwitz 2 - Birkenau
Recorriendo el último camino de más de un millón de judíos (entre el apeadero del tren y las cámaras de gas). Las caras del alumnado lo dicen todo
Inscripción en lengua sefardí en el lugar justo donde se encontraban las cámaras de gas de Birkenau (fueron voladas por los nazis al abandonar el campo)
Interior de un barracón. El horror
Al finalizar la visita, ya en las afueras del campo y mientras esperábamos el autobús que nos llevaría de vuelta a Cracovia, aprovechamos para intercambiar opiniones sobre lo que habían podido ver, y las sensaciones que les había dejado una experiencia tan dura. En ese momento constatamos que habían calado profundamente en su interior los contenidos transversales tratados durante todo el proyecto.
El viaje de vuelta a Cracovia le sirvió para tranquilizarse un poco. Tras descansar en el albergue y comer un poco, Sophie se dirigió a sus amigas.
- No podemos estar más tiempo de brazos cruzados, mañana puede ser nuestra última oportunidad. Organicemos bien nuestro plan.
El plan inicial sería el siguiente: en primer lugar, irían a la fábrica de Oskar Schindler para saber si habían encontrado o no a la familia de Sophie. Después se dirigirían a la dirección que les había dado el teniente Müller para robar el cuadro, una vez que Weber lo hubiese dejado allí. Cuando estuvieran dentro, tendrían que inspeccionar el edificio y urdir un plan de entrada y escape. ¿Cuándo y cómo lo robarían? Esos dos detalles iban a depender de la configuración de. edificio y de cuáles fuesen los movimientos de Weber.
Dándole vueltas, pensaron que el modo más seguro sería idear un sistema de alarma que les permitiera buscar el cuadro dentro del edificio y que, en caso de que alguien entrara, se activara y les avisase para huir. Todas estuvieron de acuerdo, así que recogieron el material electrónico y las placas de conexión. El sistema de alarma estaría listo para protegerlas ante la llegada inesperada de algún nazi.
- Nunca imaginé que acabaría montando un circuito electrónico - sonrió Margot -¡ he disfrutado como una niña!
- Chicas, vamos a descansar. Sospecho que mañana será un gran día - las animó Isabelle.
Todas asintieron, estaban agotadas por la actividad incesante de las últimas jornadas.
Para dar cumplimiento a esta misión, tuvieron que de montar un sistema de alarma siguiendo los pasos que una presentación Genially desarrollada a tal efecto.
Sabemos que son conscientes de la extrema gravedad del momento en el que todos nos encontramos. Todo parece indicar que el desenlace de nuestra misión, para bien o para mal, es inminente.
Ahora deben centrar sus esfuerzos en la construcción de un dispositivo que les alerte de posibles intrusiones del enemigo en su perímetro de seguridad.
El esquema del circuito a construir, así como los componentes que lo conforman es el siguiente:
Este circuito lo ensamblarán en una placa board, ya que en estos momentos no podemos proporcionarles soldador y estaño. Les deseamos la mejor de las suertes, que sin duda será la de toda la gente de bien.