Una historia es simplemente la presentación de una secuencia de hechos relacionados que tienen un comienzo, un medio y un final. Pero las buenas historias, las que transmiten emociones fuertes a las personas, también son historias que terminan comunicando un sentido. No importa si la historia es real o imaginaria, si tiene un final triste o feliz. Todas las historias efectivas terminan transmitiendo al lector, de alguna manera, la razón por la que son importantes y definitivamente esta historia había calado profundamente en el alumnado.
El final debía llegar cuando el protagonista hubiera alcanzado el objetivo que buscaba en el comienzo. Nuestras Rosas buscaban el salvoconducto, la tesis de Sophie tras el cuadro de Vermeer, El Astrónomo, para poder salir de la Europa nazi. Como esta historia ha sido el producto de un ejercicio de escritura colectiva, es decir, profesorado y alumnado han sido autores en mayor o menor medida, el resto final se planteó del siguiente modo.
El alumnado se convirtió en autor directo del desenlace de las Rosas. En este sentido, se les dio la posibilidad de crear bien de forma individual o en pequeño grupo y decidir cómo debía acabar la historia de las ocho rosas. ¿Cuál sería su destino? ¿Cómo serían sus vidas a partir de este momento? ¿Cuál sería el desenlace de nuestra historia, de nuestro relato?
Finalmente, se trataba de dar respuesta a esas preguntas e inventar un desenlace. El destino de las Rosas fue producto de su imaginación.