El tren llegó a la estación de Cracovia. Era una mañana de finales de febrero y al bajarse del tren, las chicas sintieron el frío penetrante de Polonia. Estaban cansadas, llevaban toda la noche sin dormir bien.
Ya se disponían a abandonar los andenes cuando Margot alegó que se sentía mal y que necesitaba tomar aire fresco un momento. Sophie la cogió del brazo, la llevó fuera del trajín de personas y se sentaron en un banco, junto al primer andén, a esperar que el mareo se le pasase. El resto de las chicas se unió a ellas, así es que Sophie aprovechó para pasear sola y estirar las piernas. Se encaminó al final del andén, lejos del bullicio, y se percató de la presencia de varios vagones de ganado estacionados que desprendían un fuerte olor a excrementos. Sophie, curiosa, se aproximó. Estaban atestados de personas.
- No se acerque señorita. No es plato de buen gusto - le avisó un señor mayor que barría el andén.
- ¿Adónde van?- preguntó Sophie.
- Adónde van a ir… van directos a Auschwitz - suspiró cabizbajo - Al mayor matadero que la Humanidad haya conocido nunca. Van engañados, creen que van a empezar una nueva vida en Polonia, por eso están tan tranquilos… Pobres inocentes. Ya están condenados; con suerte trabajarán hasta morir, si es que no les espera ya la misma muerte al llegar...- y su suspiro fue un lamento profundo y sordo que la conmovió.
Sophie agachó la cabeza apesadumbrada y continuó andando hacia los vagones. Se situó frente a uno de ellos para mirarlos de cerca. De repente, la mirada de uno de ellos le atravesó el corazón.
- ¡Padre! - gritó, pero su padre la mandó callar rápidamente.
- ¡Shhh! ¡Calla, calla, Sophie, querida, calla o te delatarás! ¡Mi niña, mi amor! - al padre de Sophie le costaba reprimir la emoción al ver a su hija con vida. - ¿Cómo estás, preciosa? Temíamos por ti - su padre hablaba casi en un susurro, agotado, mientras las lágrimas caían por sus mejillas.
- Padre, papá...estoy bien, tranquilo, no llores - también Sophie lloraba sin poder evitarlo - ¿Cómo estás, y los demás? Os creía muertos - apenas le salían las palabras, rota de dolor.
- Tu madre y tu hermana están en el primer vagón, pero no vayas, eso despertaría las sospechas de aquellos soldados. No sé adónde nos llevan, pero no te preocupes por nosotros, creo que es un sitio bueno. Hija mía, sal de la zona nazi cuanto antes, sé libre y vive, ¡prométemelo!
En un intento desesperado por ejercer una última pizca de autoridad paternal sobre ella, la miró fijamente y le dijo muy serio - Escúchame bien, Sophie. ¡Vete ya! Se están acercando los soldados. ¡Vive! ¡Vete!
Sophie se giró y vio a dos soldados dirigiéndose hacia ella. Entonces tuvo ese momento de lucidez que nace del instinto de supervivencia. Se limpió rápidamente las lágrimas y echó a correr hacia los soldados.
- Por favor, por favor, hagan callar a esos perros. Me han dicho que arderé en el infierno, que los alemanes somos el demonio, ¡háganlos callar! - fingía Sophie con aires de señorita malcriada.
- Es tut uns Leid, Freunlein. Lo sentimos, señorita. No ha debido acercarse. Esas ratas pueden transmitir cualquier enfermedad - Y mientras se disculpaban, insultaban, golpeaban y recriminaban a aquellos que se asomaban por las ventanas con un alambre de pinchos del vagón.
Sophie estaba en shock. Caminaba hacia las chicas como si de un zombi se tratase. En el trayecto el barrendero se cruzó con ella y le susurró.
- Mi padre también terminó allí. Esos demonios no tienen corazón.... No me mire así, señorita, no se preocupes, no diré nada a nadie, yo también soy judío, un judío oculto como tantos otros.
A Sophie le costaba digerir todo lo que estaba viviendo.
- Escúcheme atentamente, señorita. Hay rumores de que un adinerado alemán está sacando a personas de Auschwitz. Quizá su familia aún tenga una posibilidad.
Y el barrendero judío se alejó con su escoba mientras farfullaba entre dientes.
- ¡Pobres! ¡No saben que van al mismísimo infierno en la tierra!
Con un gesto de cabeza, Sophie movilizó a las rosas fuera de la estación. A prisa y sin decir nada, se dirigieron a la calle Ogrodowa. Al final de la misma, se encontraron con un gran edificio de fachada amarilla, donde un grupo de niños insultaba a un grupo de presos, algunos de ellos identificados con la Estrella de David. Los custodiaban cinco soldados y se dirigían hacia el centro de la ciudad. Las chicas, disimulando, esperaron a que se alejaran para poder continuar y girar también hacia la izquierda.
Llegaron a un cruce donde llamaba la atención un bonito balcón dividido en dos por una columna. Un par de soldados borrachos aparecieron y se entretuvieron disparando a aquellos infelices, un juego macabro. En pocos segundos, abatieron a tres.
- Hört auf! ¡Basta ya! - ordenó uno de los soldados - ¡Estas ratas están seleccionadas para trabajar en una fábrica! ¡Si acabamos con ellos vamos a tener problemas! - sentenció.
Las chicas, asustadas, corrieron dirección calle Santa Filipa. A mitad de la calle, Margot, aún mareada, imploró que pararan. Las chicas asustadas se mezclaron entre la muchedumbre de un mercado que encontraron a mano izquierda. Margot comenzó a vomitar. Necesitaban un lugar donde descansar lo antes posible, así es que Sophie preguntó a un frutero por un lugar donde pernoctar y él le indicó un albergue en la calle Pedzichow, a pocos minutos de allí.
Los alumnos, tras bajar del tren que nos condujo desde el aeropuerto hasta la Estación de Glowny en Cracovia, recibieron el mensaje que les permitía acceder a la narrativa. Tras leerla con detenimiento, tuvieron que interpretar con su grupo qué es lo que deberían hacer de forma inmediata. En este caso:
Dirigirse a la calle Ogrodowa.
Seguir hasta un edificio amarillo (se puede ver en la foto) y girar a la izquierda.
Continuar hasta localizar un bonito balcón dividido en dos por una columna.
Tomar dirección hacia la calle Santa Filipa.
Pasar un mercado que encontrarían a su izquierda.
Localizar un albergue en la calle Pedzichow.
Dicho albergue, que como se puede ver, figura en la narrativa, y es el lugar donde se alojarían los alumnos.
Una vez entendido el paralelismo entre las peripecias que ocurren a las Rosas en la narrativa y lo que están vivenciando en el momento, se lo hacen saber a los profesores. Cada grupo sale por tanto de la estación de tren acompañados por un profesor, hacia el hostal, donde finalmente todos nos reagrupamos. Conseguimos de esta forma que el alumnado entendiera la dinámica de trabajo durante la estancia.
El hostal resultó muy acogedor y las chicas pudieron descansar hasta que Margot se sintió recuperada. Sin embargo, Sophie no pudo evitar romper a llorar. Todas la miraron sorprendidas mientras se preguntaban qué podía estar pasándole. Sophie se arrodilló en un rincón de la habitación y les contó su drama.
- Entiendo que vuestra prioridad sea la de conseguir el salvoconducto para EEUU, pero yo antes tengo que sacar a mi familia de allí.
Las rosas asentían mudas a sus palabras.
- Por supuesto, localizaremos el cuadro y así mataremos dos pájaros de un tiro. Sois libres de decidir si queréis acompañarme o no. Cualquier decisión la entenderé.
Las rosas se miraron e intercambiaron murmullos. Isabelle tomó la palabra.
- Sophie, tus problemas son los nuestros. Nos sacaste de París y nos salvaste la vida. Es de justicia que te devolvamos el favor. Estaremos contigo hasta el final.
Emocionada, Sophie rompió de nuevo a llorar.
Ya más tranquilas, las rosas salieron a dar un paseo para reconocer la ciudad en busca de alguien que les pudiera informar sobre Weber y la persona misteriosa que salvaba judíos. En la plaza Rynek Gtowny escucharon cómo una madre regañaba a su hijo en hebreo. Al darse cuenta de que podía haber sido escuchada, miró a ambos lados asustada y entró rápidamente en una iglesia católica para evitar sospechas, en la basílica de Santa María. Sophie la siguió sin pestañear.
La señora y su hijo fingían rezar junto a una capilla de la basílica cuando Sophie se sentó a su lado.
- Shalom - la saludó - No se preocupe, soy judía como usted, necesito su ayuda. Mi familia está en Auschwitz, necesito sacarles a cualquier precio. La mujer dudó un instante hasta que los ojos de dolor de Sophie la hicieron confiar.
- Vaya esta noche a la farmacia del gueto. Pregunte por Itzhak Stern. Y, por favor, yo no le he dicho nada.- Se marchó dando la conversación por terminada
Los alumnos ya habían asimilado cuál iba a ser la dinámica de trabajo. Una vez reunidos todos en el hall del hostal, solo tuvimos que decirles “vamos” y ellos nos guiaron. Para localizar los lugares usaron Google Maps, previa localización de la dirección. La solución fue:
Ir a la Plaza Rynek Gtowny.
Localizar y visitar la basílica de Santa María.
Saber que por la tarde-noche deberían visitar la Farmacia del Águila, conocida también como la del Gueto. Para ello debería de buscar su localización y horarios de apertura.
Las rosas localizaron la farmacia indicada. Pero no fue nada fácil llegar hasta ella, ya que estaba a las afueras, más allá del Vístula. La visión era sobrecogedora. Junto a la farmacia se erigía un muro que circundaba todo un barrio, el gueto judío, al que se accedía por una única puerta custodiada para restringir el acceso. Las rosas de nuevo tuvieron que fingir. Preguntaron a los soldados si conocían dónde había una farmacia cercana, ya que se sentían mal y necesitaban medicinas. Los soldados les indicaron la farmacia junto al gueto.
- ¿Cómo pretenden ustedes que entremos en esa ratonera? - preguntaron fingiendo indignación - ¿Es que no hay ninguna otra?
- Entschuldigen Sie, Fräulein. Disculpen, señoritas pero está anocheciendo y por aquí no encontrarán otra abierta.
Tuvieron que esperar su turno en una larga cola. Se podía observar cómo en el mostrador se atendían no solo las necesidades propias de una farmacia, también se producían intercambios de información…
- ¿En qué les puedo ayudar? - Dijo el dueño con una sonrisa.
- Queríamos hablar con Itzhak Stern. Tenemos un asunto importante que tratar con él- contestó Sophie.
El acento de Sophie hizo dudar al farmacéutico, podría ser la Gestapo. Pero Sophie volvió a insistirle esta vez en hebreo. Aunque el dueño no era judío, se había quedado en el gueto para no abandonar a su suerte a tanta gente sin medicamentos. Como no entendía hebreo, el farmacéutico llamó a una compañera para que les atendiese. Sophie volvió a explicarle la necesidad de localizar a Itzhak Stern, aunque no se atrevió a darle más detalles. La chica dudó, pero los ojos llorosos de dolor de Sophie volvieron a generar confianza.
- Pase por aquella puerta - Le indicó dubitativa.
Las chicas esperaron fuera mientras Sophie atravesaba la puerta y accedía al interior de una pequeña habitación semioculta. La atmósfera resultaba inquietante. La tensión cortaba el aire denso por el humo del tabaco. Sophie interrumpió a un grupo de personas que charlaba en hebreo.
- Schalom - Todos la miraron y se sentaron a escuchar. Ella habló temblando sin siquiera preguntar quiénes eran y les comentó su situación.
- Buenas, soy Itzhak Stern, el administrador de Oskar Schindler. Ve mañana a nuestra fábrica. No puedo prometerte nada, solo que lo intentaré.
Sophie lo agarró del brazo y lo llevó a un rincón.
- Tengo dinero. Le pagaré con una obra de arte muy importante; dicen que es la obra preferida del Führer. Pero tenéis que sacar a mi familia de Auschwitz, ¡os lo ruego, os lo ruego…!- Sophie imploraba y susurraba entre lágrimas.
- Tranquilícese, señorita. Nosotros no cobramos, lo hacemos por convicción y principios. Aún así, se lo comentaré a mi jefe. Quizá él sí pueda darle un uso a su cuadro.
- ¿Se refiere a venderlo? Yo misma podría encargarme de ello, quizá a su jefe le interese más el dinero contante y sonante. ¿Dónde podría venderlo?
Para Sophie y las rosas era de importancia capital saber dónde se movían los tratantes de arte en Cracovia, dónde se movía Weber…
- Muy probablemente en el Museo Czartoryski, señorita.
Tras dar tiempo libre para que el alumnado comiera, tal y como se acordó con los familiares con el objeto de minimizar gastos y que incrementarán su autonomía, tuvieron que comprar alimentos en el supermercado, para cocinarlos en el albergue en las cenas y desayunos. Después y una vez llegado el código, su misión consistía en:
Dirigirse a La Farmacia del Águila.
Entrar en ella y entender cómo estaba distribuido el Gueto
Asociar el Gueto, Stern y Schindler a la película de La Lista de Schindler cuya primera hora y media visualizaron el día previo al viaje. El resto lo verán la última noche para reconocer en ella todos los lugares visitados. En dicha farmacia se ayudaba a escapar a los judíos que iban a ser deportados a los campos de concentración desde la plaza situada frente a la misma. Actualmente existe una exposición permanente de sillas vacías que representan a los miles de judíos que emprendieron desde allí su último viaje hacia los campos de concentración.
Tras un interesante debate en la plaza sobre las dramáticas situaciones que en ese mismo emplazamiento tuvieron lugar, los alumnos tuvieron que localizar el Museo Czartoryski por si en la siguiente misión debían acudir al mismo.
Farmacia del Águila
Plaza Zgody Bohaterów Getta
Cartel de la plaza Zgody Bohaterów Getta
Interior de la Farmacia del Águila