Fuente: Autores varios; "Pensar la Historia I"; Editorial Contexto; 2009.
La crisis del siglo III
"Desde fines del siglo II, el Imperio Romano vivio una época de crisis. Varios son los aspectos que debemos destacar.
Las fronteras del Imperio se veían amenazadas por pueblos llamados bárbaros por los romanos. Estos pueblos, los germanos, eran numerosos y vivían más allá de los ríos Rin y Danubio. Se dedicaban a la agricultura, a la ganadería y se destacaban por sus artesanías en metales. Eran muy buenos guerreros. Vendían ámbar, pieles, maderas y esclavos a los romanos a cambio de oro, vino y telas. Muchos germanos se habían instalado en los límites del Imperio e incluso formaban parte de las legiones romanas ubicadas en la zona. Pero, a comienzos del siglo III, los germanos presionaron en las fronteras buscando nuevas tierras y el clima más suave del sur. Al mismo tiempo, en la frontera del este, atacaron los partos (nueva dinastía persa).
En el Imperio, la producción descendió porque la población había aumentado o por problemas climáticos. Los precios de los productos agrícolas subieron, lo cual perjudicaba a los más pobres. El descenso de la producción agrícola afectó a las artesanías y al comercio, mientras aumentaba la inseguridad en los caminos.
Los impuestos se pagaban en especie (en productos) y no en dinero. Como las autoridades recibían menos cantidad de productos y, al mismo tiempo, debían mantener un ejécito cada vez más grande, los impuestos aumentaron. Los campesinos y la clase media, dueños de tierras, se arruinaron y pasaron hambre.
Otra forma que aplicaron las autoridades para solucionar la crisis fue disminuir la cantidad de metal precioso de las monedas (en vez de ser de oro o plata, se mezclaban estos metales con otros de menor valor). En consecuencia, circularon muchas monedas pero de poco valor (fenómeno conocido hasta hoy como devaluación). Esta medida no solucionó la crisis porque los precios aumentaron.
La seguridad que había reinado en el Imperio Romano, en los dos primeros siglos desapareció. Al mismo tiempo que aumentaban los problemas económicos y, debido a los continuos ataques, el ejército era cada vez más grande y, por lo tanto, más difícil de controlar. Muchos emperadores murieron en combate o fueron asesinados por sus enemigos dentro del ejército. Llegó a haber varios emperadores que intentaron gobernar simultáneamente, cada uno lo hacía en una región del Imperio. Esta situación de anarquía militar se extendió entre los años 235 y 270.
El bajo imperio
A fines del siglo III la crisis empezó a aliviarse. La presión de los bárbaros disminuyó, aunque no desapareció. La autoridad del Imperio volvió a estar en manos de un solo emperador. Los emperadores empezaron a llamarse Domini (en latín, plural de amo, señor) y su gobierno, Dominado. El poder del emperador fue tan grande que ya no podemos hablar de los pobladores como ciudadanos, sino como súbditos.
Los emperadores tomaron algunas medidas para poder gobernar un Imperio tan extenso y con tantos enemigos. Diocleciano permitió que los germanos se instalaran en las tierras de las fronteras. Constantino, además de permitir el cristianismo, fundó una nueva capital, Constantinopla (sobre las ruinas de la antigua Bizancio), cerca de las fronteras amenazadas.
Para organizar mejor la defensa del Imperio, Teodosio, en el año 395, lo dividió en dos: El Imperio Romano de Oriente (con capital en Bizancio) y el Imperio Romano de Occidente (con capital en Roma).
Los problemas económicos y sociales continuaron: la escasez de productos, la carestía, la inseguridad. La población prefería abandonar las ciudades y vivir en el campo. Los grandes propietarios aumentaron sus tierras los más pobres no podían pagar los impuestos. Los campesinos, para tratar de escapar del hambre y de la inseguridad, se transformaron en colonos: pasaron a depender de los dueños de las tierras aceptando su autoridad y su protección.
Las Invasiones de los siglos IV y V
Durante el siglo IV, las invasiones de los germanos fueron cada vez más frecuentes, empujados a su vez por los Hunos, un pueblo nómada procedente del Asia central. Ya hemos señalado que los emperadores habían permitido a algunos pueblos que se instalaran pacíficamente, porque era difícil controlarlos de otra manera. Esto significó una barbarización de las costumbres en las zonas fronterizas.
Todas estas medidas para la defensa del Imperio no pudieron impedir que los bárbaros atacaran Roma en más de una oportunidad. Se fueron instalando pueblos como los francos, visigodos, ostrogodos, vándalos, burgundios, sajones, anglos, y lombardos, hasta que en el años 476 fue destronado del gobierno de Roma el emperador Rómulo Augusto, de sólo diez años de edad. Significó el fin del Imperio Romano de Occidente. En el territorio romano se crearon numerosos reinos, llamados reinos romano-germánicos. La parte del Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla o Bizancio persisitió durante diez siglos más".
Fuente: Autores varios; "Pensar la Historia I"; Editorial Contexto; 2009.
Fuente: Autores varios; "Pensar la Historia I"; Editorial Contexto; 2009.