La memoria con sus derrumbamientos,
los ojos velados con siete nubes...
yo no te veo — despedazado
un hoyo blanco — donde hubo rasgos.
No hay indicios. Sepultura, inmensa palidez
— ¡Cuán tú, todo tú! (El alma es una llaga
pura llaga) Es obra de escultores
marcar cada detalle con cinceles.
Todo el cielo en una ráfaga se ostenta.
El océano: ¿las gotas lo reemplazan?
No hay indicios. Todo entero —especial—
¡El! Cómplice es el amor, no delator.
¿Pelaje de alazán, caballo negro?
que lo diga el vecino: él lo ve bien.
La pasión ¿te destroza?
¿puedo ser cirujano, o relojero?
Tú eres círculo entero — plenamente.
Torbellino — completo, bloque entero
yo no te veo separadamente
del amor. Que nos hace semejantes.
(En el haz de plumaje, toda noche,
—las colinas de espuma borrascosas—
Novedades extrañas al oído,
en el lugar del “yo” el “nos” impera...)
Pero en los días estrechos, indigentes
—“La vida tal cual es”— toma revancha,
Yo no te veo casado
con ninguna
— La memoria se venga.