Jamás la montaña olvidará — el juego
bajo el peso de tales fundamentos.
Perderse —se puede— la memoria: lo niego:
¡la montaña contiene montañas de tiempo!
Comprenderán, con ojos abismados
ante las obstinadas hendiduras,
que en ellas no han sembrado florecillas —
¡sino abierto cráteres violentos!
¡No inmovilizaremos el Vesubio
con viñedos! ¡con el lino
no domeñaremos gigantes! La ardiente hoguera
de los labios acosa como león
Cambiados los viñedos, se volverán de pronto
y escupirán las lavas de su odio.
¡Vuestras hijas serán nada menos que putas!,
y vuestros hijos escribirán poemas!
Hija, educa un hijo natural. ¡Por fuera!
Hijo, entrégate a las mujeres del viento.
No se entregará a vosotros el cuerpo,
¡placentera morada de mi sangre!
Más dura que la piedra angular — he aquí
el juramento de un moribundo que se aleja:
no se entregará a vosotras — hormigas,
¡la dicha más allá de mi montaña!
Vendrán tiempos ignotos — horas inciertas,
—familias en pleno— conoceréis
la montaña del séptimo destacamento
— montaña enorme, desmesurada.