Pasarán los anhelos, la piedra susodicha
será cambiada en llano, será olvidada.
Entonces se construirá nuestra montaña
pabellones, recintos — arruinada.
Dicen que en los linderos de las laderas
el aire es ya muy puro, se vive bien.
Construiremos allí nuestros jirones
trazaremos dinteles en hierba viva,
Nivelaremos brechas y hondonadas
¡al envés! porque hace falta que una brizna
de hogar haga feliz al menos
a alguno más —dicha— ¡en el hogar!
Felicidad — en el hogar, despojada de amor
¡sólo ficción y tensión en tus venas!
¡hay que ser mujer para soportarlo!
(Era bello y bueno cuando tú venías,
Felicidad — ¡en el hogar!) De amor tranquilo
sin imponer ruptura ni cuchillo.
De las ruinas de nuestra dicha una ciudad
se erigirá para esposos y esposas.
Y con donaire en la naturaleza
—Si puedes— ¡peor aún! ¡ya que es tan pronto!
podrán los mercaderes en veraneo
sobar y resobar sus mercancías.
Inventaremos pasadizos curvos o lisos.
El hogar brizna a brizna será construido.
Al menos alguno tendrá un techo
y el nido de cigüeñas lo protegerá.