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10 CONSEJOS PARA FORTALECER LOS VÍNCULOS AFECTIVOS DURANTE EL CONFINAMIENTO
!CUIDADO¡ NINGÚN APARATO PUEDE ENSEÑAR A ANDAR
¿ES POSIBLE UN SUEÑO TRANQUILO PARA EL NIÑO/A Y SU FAMILIA?
CONFINADOS: IDEAS PARA HACER CON LOS MÁS PEQUEÑOS EN EL DÍA A DÍA.
EL DESARROLLO DEL LENGUAJE: ANTES DE LAS PRIMERAS PALABRAS
LOS ABUELOS Y LAS ABUELAS EN LA EDUCACIÓN DE LOS NIETOS/AS
HACER COSQUILLAS A LOS NIÑOS
LA FAMILIA QUE "SABE Y QUE "QUIERE"
LA PRUEBA DE FUEGO DE LA CRIANZA: LAS RABIETAS
EL LENGUAJE DE LA BUENA EDUCACIÓN.
LA NATURALEZA, LUGAR DE JUEGO IDEAL PARA LOS NIÑOS
LOS NIÑOS QUE NO QUIEREN BESAR, NI ABRAZAR.
EDUCAR CON INTELIGENCIA EMOCIONAL
LIBROS DE REFERENCIA PARA SABER A CERCA DEL SUEÑO DE LOS NIÑOS
El sueño de los niños y las niñas se ha convertido, en los últimos años, en motivo de preocupación para muchas madres y padres. No era así en otros tiempos, donde había más niños que habitaciones, y no quedaba más remedio que los niños durmieran en la habitación de los padres. Ahora, cada niño/a, cuando se le pasa de la cuna o del colecho a la cama, duerme en su habitación. Lógicamente se despierta, y necesita comprobar si su mamá está o no está. Si no está, hay que llamarla para que vuelva y le dé la seguridad que no tiene aún, porque es una persona muy dependiente.
Nadie duerme de un tirón. Todos nos despertamos varias veces cada noche, comprobamos que no pasa nada, vamos al baño… y seguimos durmiendo. Y todos, incluso cuando estamos profundamente dormidos, hacemos ruido o nos movemos, igual que los bebés.
Lo que da tranquilidad al bebé es comprobar que sus papás están, y si ante estas llamadas reaccionamos con tranquilidad, el bebé se vuelve a dormir de nuevo. Si reaccionamos y nos movilizamos en exceso ante los reclamos, podemos desvelarlos y desvelarnos, cuando lo único que tenemos que hacer es estar allí e intentar seguir durmiendo.
El sueño es un proceso evolutivo y natural. Todo niño sano, aunque actualmente presente despertares frecuentes o algún problema a la hora de acostarse, va a dormir sin problemas algún día. Solo debemos tener paciencia, serenidad, muchas dosis de cariño y comprensión.
Hay muchos libros sobre el sueño infantil, nosotras os vamos a presentar estos dos libros, uno de Rosa Jové y otro de Eduard Estivill, que representan las dos tendencias para conocer e informarse sobre el sueño de los niños. Son dos tendencias distintas, y os hacemos un análisis comparativo y muy resumido de las dos, para que después, en función de la que más os convenza, leáis el libro por el que os inclinéis.
La orientación del sueño en este libro es más natural, y de forma muy resumida es la siguiente:
El sueño es un proceso evolutivo que se va adaptando a las necesidades de la edad del ser humano.
Todo niño sano nace sabiendo dormir y tarde o temprano agotará todas las etapas evolutivas del sueño hasta normalizarlo.
Nadie puede enseñar a dormir a un niño. Dormir es una necesidad vital.
No hay que utilizar métodos de adiestramiento, ni fármacos, ni sustancias.
Hay una concepción del niño no mal intencionada, sino simplemente una persona con necesidades, entre ellas la de contacto físico, compañía y mimos.
Dormir y seguridad van unidos, el niño para dormir necesita estar seguro
¿Qué hacer?
La intervención naturalista: la lactancia, colecho, actitudes responsivas ante el bebé.
Tener expectativas reales con respecto al sueño de los niños en función de ese proceso evolutivo que tiene.
Hacer un registro de sueño, para constatar como duerme el niño.
Descartar alteraciones y trastornos.
Hacer un ritmo más estable de sueño nocturno que diurno.
Mantener una rutina de sueño
Cuidar el ambiente de sueño: luz, temperatura, ruidos
Utilizar las cosas que a los niños les agradan y relajan para dormirles: mecerlo, darle el pecho, cantarle, contarle un cuento…, todo ello es una señal que le indica al niño que dormir es agradable.
Atender los despertares de forma tranquila.
La orientación de este libro es más de reeducación del sueño, y un resumen es el siguiente:
Dormir bien es un hábito que se adquiere.
No es bueno utilizar elementos externos para que el niño/a se duerma (mecer, acariciar, darle la mano, que nos toque el pelo, biberón, amamantarlo…) ya que cuando se despierte buscará la misma situación que existía cuando se durmió. Si nos quedamos con él hasta que se duerma, esperará vernos cuando se despierte. Solamente podemos utilizar aquellos elementos que no le vayamos a quitar: chupete, osito, mantita.
Los adultos no tienen que tomar parte activa para ayudarle a conciliar el sueño, ha de aprender a hacerlo solo.
Hay una concepción del niño como abusador y manipulador de padres/madres.
Hay que reeducar el sueño, ¿cómo?:
-Crear un rito en torno a la acción de acostarse (canción, sueño…)
-Salir de la habitación antes de que el niño se duerma, para que se acostumbre a conciliar el sueño solo.
-Si llora, los adultos tienen que entrar con pequeños intervalos de tiempo para darle confianza, sin hacer nada para que se duerma o calle, solo la presencia, hasta que el niño concilie el sueño solo.
La inteligencia emocional es una aptitud, es una forma ampliada de ser inteligente, y esto es muy importante a considerar en la educación de los niños y las niñas.
¿Por dónde empezamos? Lo esencial es comenzar por nosotros/as mismos/as. Como padres, madres o educadoras tenemos que trabajar con nuestras propias emociones y aprender a controlarlas y a manejarlas.
Son tiempos muy difíciles para ser padres o madres, y también para ser niños y niñas. Estamos inmersos en un ritmo de vida, en el que incluimos a las criaturas, que provocan estrés, y esto hace que respondan o respondamos ante cualquier pequeño estímulo con una reacción exagerada.
El estrés es inversamente proporcional a la inteligencia emocional. A mayor nivel de estrés, menos capacidad de controlar las emociones. Por lo tanto, lo primero que hay que hacer para actuar de forma emocionalmente inteligente es reducir el estrés, aumentar la diversión y el sentido del humor y aprender a trabajar con nuestras emociones y educar las de nuestros hijos/as de forma inteligente, constructiva, positiva y creativa.
Hay cinco competencias básicas que conforman la inteligencia emocional, y que pueden agruparse en:
COMPETENCIAS PERSONALES:
AUTOCONOCIMIENTO O CONCIENCIA DE UNO/A MISMO/A: es la capacidad para reconocer los propios estados internos, recursos e intuiciones
AUTOCONTROL O AUTOREGULACIÓN: Es la capacidad de controlarse, regulando impulsos, estados emocionales y recursos internos.
MOTIVACIÓN: optimismo y capacidad de ilusionarse y ponerse metas.
COMPETENCIAS SOCIALES:
EMPATÍA: entienden lo que otras personas sienten, saben ponerse en su lugar y comprenden sus motivaciones, dificultades y preocupaciones.
HABILIDADES SOCIALES: Saben orientarse hacia las personas, no miran la vida como un espectador que observa, sino que entienden a los demás y hacen cosas en común con ellos y ellas. Son personas que gozan de popularidad, liderazgo y eficacia interpersonal.
Vigila tus pensamientos, que se convierten en palabras
Vigila tus palabras que se convierten en acciones
Vigila tus acciones que se convierten en hábitos
Vigila tus hábitos que se convierten en carácter
Vigila tu carácter que se convierte en tu destino
Según algunos autores, las emociones que nos vienen de serie son las denominadas primarias: alegría, tristeza, miedo, ira, y otras más condicionadas por el ambiente como son: amor, sorpresa, aversión y vergüenza.
No hay emociones positivas, ni negativas, todas ellas tienen una utilidad y función. El miedo, por ejemplo, que es una de nuestras emociones más primitivas, ha ayudado al ser humano a tomar tres alternativas ante un peligro: huir, quedarse quieto o enfrentarse a él. Si no fuera por el temor, tendríamos tendencia a arriesgarnos con más asiduidad.
Una vez conocidas las emociones básicas, ¿cómo las gestionamos? Según los científicos, si no lo hacemos bien, podemos llegar a lo que se conocen como cargas emocionales, que son cuando estas nos desbordan y dominan nuestros comportamientos.
En el caso de las emociones, conviene conocer los primeros signos, es decir, cuando se va a producir en nosotros eso que se llama “secuestro emocional” impidiéndonos controlar la situación.
Si vamos filtrando cada una de las fases (pensamientos, palabras, acciones….), haremos que esa emoción no nos secuestre y se convierta en algo característico de nuestra personalidad. El enfado o la ira pueden ser beneficiosos en algún momento de nuestra vida, porque nos reafirma, pero si dejamos que esa emoción nos secuestre podemos pasar a ser una persona iracunda, que eso si es lo negativo. En el caso de la alegría, en una dosis desmesurada, nos puede llevar a una falsa euforia; la tristeza puede terminar en depresión, el miedo en temor…
La gestión de las emociones es básica, tanto para la vida personal como profesional, más siendo padres, madres o educadores/as dónde hay que predicar con el ejemplo, y los niños y las niñas son muy pequeños y se están desarrollando y conformando su personalidad a partir de las relaciones y de las respuesta de los adultos. Además solo realizando este manejo de las emociones de forma adecuada podemos llevar a cabo una comunicación sana con los demás, sin secuestros emocionales, ni arrepentimientos posteriores.
Son muchos los padres que se preocupan en exceso al observar que su hijo rechaza de manera sistemática los besos y los abrazos de otras personas.
El niño puede negarse a dar besos y abrazos por varios motivos. Puede ser que sea un niño tímido que sienta vergüenza e incomodidad al interactuar con otras personas, también es posible que no le agrade tener contacto físico con personas físicas que no conoce o no son de su confianza, y otra de las posibilidades es que perciba que manifestando esta conducta de rechazo incomoda a sus padres y utilice dicha conducta para captar su atención.
Los niños son personas independientes y como padres debemos ayudarles a ser libres y a actuar conforme a sus motivaciones, deseos, sus necesidades, sus gustos, etc. Los niños son pequeños pero no por ello tienen menos derecho a decidir. Debemos respetar su criterio, su manera de expresarse, su forma de relacionarse con el entorno, y en definitiva entender que no son de nuestra propiedad sino que por el contrario, desde el momento en el que nacen son personas libres. No hay que presionarlos por querer quedar bien frente a los demás. Normalmente, cuando el niño percibe que sus padres no le da mucha importancia a este asunto y siente que tanto él como sus decisiones son respetadas, comenzará a relajarse y esas conductas de rechazo a ser besado o abrazado irán desapareciendo. Poco a poco, vuestro hijo irá aprendiendo, observando a los adultos que le rodean, las normas sociales y se irá adaptando a ellas sin ningún problema.
Hay que respetar esa decisión y no darle importancia.
No debemos convencer al niño para que termine besando o abrazando a alguien en contra de su voluntad ya que podemos favorecer de esta manera que sean más vulnerables a un abuso por parte de otra persona por no estar acostumbrados a decir NO a un contacto físico que no desean que tenga lugar. Es muy bueno que los niños pongan sus propios límites.
Tampoco hay que hacerle chantaje si se niega a besar o abrazar. No hay que decirles frases como “si no me das un beso me voy a poner muy triste”, “si no me das un beso es que no me quieres”, “me voy a poner a llorar si no me besas”, “dale un beso a tu abuela o se enfadará mucho contigo”, etc.
La timidez no aparece hasta los 2 años. A partir de esta edad, el niño empieza a ser consciente de que los demás evalúan sus acciones y que pueden darse cuenta de sus errores e incluso reírse de él.
A los 3 o 4 años de edad, los niños dan mucha importancia a la opinión de los demás y, ante personas o situaciones nuevas o distintas de su entorno familiar más cercano, puede sentirse incómodo. Al tratar de enfrentarse a estas situaciones “complicadas” pueden aflorar los primeros retraimientos o la timidez.
Cuando este comportamiento tímido se ciñe a una circunstancia en concreto, no es necesario preocuparse ni hacer que salten las alarmas, pero si es bueno prestar atención y trabajar su seguridad para evitar problemas de comportamiento en el futuro.
Cuando la timidez se intensifica, el niño empieza a presentar dificultades de relación tanto con los adultos como con sus iguales, huye de los desconocidos, se pega literalmente a su persona de referencia o no le apetece hacer cosas nuevas. Esto a la larga genera sufrimiento, situaciones de inseguridad y baja autoestima que hay que vigilar.
Como conclusión, no te alarmes si tu hijo/a se niega a dar un beso o abrazo a otra persona. Lo más recomendable es actuar con normalidad y no insistir para que lo haga.
¡Besar o abrazar no debe ser una obligación! No hay que obligar a los niños a dar besos o abrazos a otras personas si ellos no quieren hacerlo. Los niños y las niñas tienen que sentirse libres para besar a quién quieran y cuándo quieran.
Los adultos que cuidamos a los niños y niñas cuando son pequeños, tenemos que ser conscientes de nuestro lenguaje cuando nos dirigimos a ellos por dos motivos importantes: porque nos imitan y porque nos creen.
Si nos imitan, tenemos que utilizar con ellos las buenas formas: saludos, gracias, por favor, perdón… Son palabras mágicas que constituyen la primera señal de respeto hacia los demás:
Dar las gracias es demostrar agradecimiento.
Pedir las cosas por favor es mostrar respeto.
Pedir perdón es reconocer errores y querer mejorar.
Los saludos y las despedidas son fórmulas sociales que entablan la relación.
Transmitidas con cariño en el mundo familiar, se convierten en una verdadera fórmula mágica para la vida social y forman parte de las reglas de seducción que los niños y niñas deben aprender a practicar para obtener más fácilmente lo que desean y facilitar la relación con los demás.
Si nos creen, hay que modificar las frases hechas. Para los niños y las niñas pequeños/as, las madres y los padres somos todopoderosos e infalibles, por ello, lo que les decimos, se lo creen “a pies juntillas”. Frases como:
“Estoy harto de ti”, “me pones mala con tus historias”, “me pones enfermo”, esta niña me está matando”, “eres muy malo”, “eres un desastre”…, hacen que el niño/a se sienta responsable de todo lo que ocurre a su alrededor y cuestionado como persona.
Si las cambiamos por “me estás cansando repitiendo tanto eso”, “me estás poniendo nerviosa porque te mueves mucho”, “lo que has hecho está mal”, “que desastre has organizado”… expresan con más exactitud lo que queremos decir. No hay ninguna criatura mala o desastre, solo sus actos pueden serlo.
Otro aspecto con respecto al lenguaje es no hablar al niño/a trasmitiendo mensajes generales: “pórtate bien” “sé bueno”…. no le dan información precisa de lo que queremos decirle, será mejor hablarle especificando qué queremos que haga: “al cruzar la carretera me tienes que dar la mano” “No se pega a los amigos porque les hacemos daño”… de igual forma, siempre que podamos tenemos que hablarles en positivo: “habla bajito” por “no grites”, “ve despacio” por “no corras". Evitemos decir tantos "no" a los niños/as. Ya tienen que oír muchos que son necesarios cuando les ponemos límites. También es importante sugerir, siempre que se pueda, alternativas a las prohibiciones “No puedes comerte la chuche antes de cenar, después, cuando termines”.
El lenguaje y la forma en que nos dirigimos a los niños y a las niñas es muy importante para el desarrollo de su personalidad, para la configuración de su autoestima personal, para avanzar en su autonomía, para poner límites y normas desde el afecto. Todo esto hay que empezar a aplicarlo desde que son bebés, no hay que pensar eso de "ya tendrá tiempo" . Desde muy pequeños hay que darles las instrucciones de uso para manejarse en la vida, e indicarles como respetarse a sí mismos y a los demás, y poco a poco lo irán interiorizando.
En las edades de 0 a 3 años, son frecuentes los llantos, las conductas impulsivas, las crisis emocionales, las rabietas, las pataletas, decir que No a todo….
¡Qué prueba de fuego es mantener la calma! ¡Qué complejo es atender la inmediatez que expresan los niños/as ante sus deseos! ¡Qué difícil es ser firme y a la vez mantener la calma! ¡Qué complicado es interpretar las diferentes expresiones de las necesidades por parte de los niños!,
Se necesitan grandes dosis de paciencia y sosiego, autocontrol para no gritar y enfadarse demasiado, calma para no sentirse frustrado, ni impotente y reaccionar con hostilidad.
Es verdad, que los padres y las madres somos humanos, que tenemos derecho a equivocarnos, a fallar en ocasiones, a perder la paciencia, a encontrarnos un día, particularmente cansados o irritados. No pasa nada si estos errores o irritabilidad son esporádicos, lo que nunca pueden ser es que sean habituales y crónicos. Un padre o una madre tranquilo/a transmite sosiego, se organiza mejor, mantiene un grado de coherencia personal en relación con su hijo/a, se autocontrola más ante situaciones límites, y sus relaciones con el niño o la niña están marcadas por la cordialidad y la empatía.
¿Por qué aparecen las rabietas?
Porque empiezan a tener sus propios intereses y a veces, son diferentes a los de los adultos. Aparecen en una etapa en la que empiezan a razonar, pero no tienen el lenguaje suficiente, tampoco saben gestionar sus emociones y al mismo tiempo son egocéntricos, según Piaget, el pensamiento del niño de los 2 a los 5 años se caracteriza por el egocentrismo intelectual en el que interpretan el mundo sólo bajo su propia perspectiva, el niño aún no tiene claro que como sujeto, es diferente de los objetos que percibe, ni de que los demás tienen necesariamente puntos de vista diferentes al suyo.
Es muy importante saber que la etapa de las rabietas se acaba, cuando tengan la capacidad de razonar, de comunicarse, de hacerse entender, de entendernos, de ponerse en el punto de vista de otra persona… Ya no necesitará utilizar el llanto y la agresividad para defender sus ideas. Si nosotros como adultos somos capaces de comprender a los niños, saber lo que les ocurre y de darles estrategias, sus rabietas se terminarán antes.
¿Por qué tienen rabietas los niños pequeños?
Según Siegel y Payne en “El cerebro del niño”, éste consta de 2 hemisferios: el izquierdo es más lógico, literal y lingüístico. El lenguaje, el orden, el razonamiento, el “por qué” forman parte de este hemisferio.
En cambio, el derecho es emocional, no verbal. Este nos permite comunicarnos a través de las expresiones faciales, el contacto visual, el tono de voz, los gestos… Se preocupa de las sensaciones de las experiencias, los recuerdos, las imágenes…
Pues bien, en los niños muy pequeños predomina el hemisferio derecho, sobre todo durante los 3 primeros años, por lo tanto no dominan la lógica y las palabras para expresar sus sentimientos, son emocionales y viven en el presente. Casualmente, coincide con la época de las rabietas o ¿quizá no sea tanta coincidencia?
Para que una persona lleve una vida equilibrada, es importante que ambos hemisferios actúen conjuntamente, actuando ambos lados en armonía, pero en el caso de los niños pequeños, su hemisferio izquierdo todavía está en proceso.
¿Qué podemos hacer para controlar las rabietas?
Lo primero, igual que con los conflictos: PREVENIR ¿Cómo?
Conociendo al niño, si sabemos que pasar por el escaparate de una determinada tienda nos causa un conflicto diario, podemos cambiar nuestra ruta.
Explicando los límites y normas de antemano, siendo siempre acordes a la edad.
Dando progresiva autonomía al niño ¿Desvestirlo es una lucha? Podemos probar si lo que quiere es hacerlo por sí mismo, eso sí, necesitaremos PACIENCIA y más tiempo. ¿Es imposible meterlo en el carro para ir de paseo? Se puede probar a ir a lugares que estén más cerca e ir andando.
Evitar que se sientan incómodos: el sueño, el hambre, el calor… pueden predisponer a que aparezcan rabietas… Intentar no modificar sus rutinas de horarios de comida, de sueño, llevar siempre algo de comer para ofrecerle… Como dice Rebeca Wild “Nadie se porta mal cuando se siente bien".
Evitar, en lo posible, nuestro mundo de prisas, de estrés, que no respeta el ritmo de los niños y las niñas. El niño que no nos deja hacer la cena porque quizá solo quiere nuestra compañía, que no quiere montar al carro porque está mirando hormigas del suelo y nosotros tenemos prisa, el niño que coge una figura a la que tenemos mucho cariño y puede romper pero que estaba colocada en una estantería a su altura y se la arrebatamos de las manos… Son situaciones cotidianas que pueden desencadenar un berrinche y que si las tenemos en cuenta pueden evitar más de una rabieta.
Cuando aparecen, ¿Qué podemos hacer? ACOMPAÑAR Y RESPETAR
Cuando un niño tiene una rabieta, significa que no tiene la capacidad de controlar sus emociones, su cuerpo, no razona…
“Estos comportamientos necesitan más cariño que censura, más explicaciones que obediencia ciega, más compañía que ignorancia. Puede que los niños estén equivocados, pero ignorar o censurar su comportamiento no hará que aprendan el adecuado.” Rosa Jové, “Ni rabietas ni conflictos”.
Nuestra actitud será afectuosa y tranquila, aunque también firme. Cuando consigamos que se tranquilice y todo vuelva a la normalidad y una vez el niño ya nos escuche, podemos explicarle las cosas e intentar razonar con él, hablarle de conductas adecuadas, de consecuencias, de emociones…
¿Y cómo se consigue? Pues no hay una única manera, en muchas ocasiones se consigue con un contacto cariñoso y un tono de voz apaciguador, pero hay niños o niñas que no soportan que los abracen en ese momento y prefieren que simplemente estemos ahí, junto a ellos, otros responden mejor si nos alejamos del lugar, e ignoramos su conducta, pero sin dejar de supervisarla, por si se hacen daño…
Una vez pasada la rabieta, podemos aprovechar para hablar de lo sucedido y poner nombre a sus emociones.
Para concluir, ¿qué hacemos cuando nuestro hijo /a tiene una rabieta?:
Prevenirlas
Analizar el motivo: cansancio, capricho, celos… y la respuesta será acorde.
Permitir el desahogo y la expresión emocional del niño/a, sin olvidarnos de poner el límite (no se puede pegar, romper, autolesionarse…), en estos casos es importante contener y acompañar.
Retirar la atención, aunque no la supervisión.
Mantener la calma y ser pacientes, sin entrar en conflicto emocional con él/ella.
Esperar a que se relaje para el diálogo y la reflexión.
Necesitaremos grandes dosis de empatía para comprender a los hijos y a las hijas, de paciencia, de autorregulación para gestionar nuestro propio enfado, pero seguro que es un esfuerzo que merece la pena. El saber que estas ayudando a tu hijo/a, que lo comprendes, que sabes cómo se siente y que estás ahí, que tú eres la persona más importante para él/ella y que le vas a guiar en su crecimiento, a acompañar para que en el futuro sea una persona sana, feliz y plenamente él mismo o ella misma.
El día 15 de mayo, es el día de la familia. Pero, ¿Cuál es la función de la familia hoy?
Para los niños, la familia es su fuente de apoyo emocional. Son las personas incondicionales con las que establecen vínculos a través del afecto y los cuidados, les trasmiten los valores de la cultura familiar, y les generan sentimientos en la relación de convivencia.
La familia en su papel educador se encuentra en crisis. Es un momento difícil para ella, tiene muchas presiones desde lo económico y lo laboral, a la vez que dudas, inseguridades, dificultades en la educación de los hijos/as. Hay cambios profundos en la manera de estar y de concebir la vida, y ahora lo que se ve bien es lo nuevo, lo rápido, lo perfecto, lo placentero. Se ha dado una ruptura muy drástica con el pasado, con lo que se considera viejo o caduco. No sirven ya las pautas, consejos o trucos que aportan los mayores. La experiencia ha dejado de ser un grado, un valor.
Ahora, sobre todo cuenta la opinión del especialista, de modo que los padres y madres jóvenes acuden a la matrona, el pediatra, a la maestra o la psicóloga a preguntar los más mínimos detalles de la crianza, porque se sienten desorientados y en duda. Parece que se ha adjudicado a "los especialistas" las cuestiones del saber y a las familias las del querer. Pero no, hay que descartar esa idea, y que la familia retome que también sabe. Sabe de sus hijos e hijas, conocen su historia, son su referencia esencial, y les han visto desde muchos ángulos y en muchas circunstancias.
Por ello, es bueno que la familia retorne a la función educadora desde su experiencia, desde el sentido común, la coherencia, dando ejemplo, conjugando la paciencia, la constancia, la firmeza y la calma, que es la clave del día a día para la educación de los hijos y las hijas en las primeras edades, y poniendo los límites y las normas necesarias para que los pequeños vayan manejándose en la vida social.
No se necesita nada más, y eso, un padre o una madre, desde su experiencia de vida, lo sabe hacer.
Por familia entendemos muchas situaciones diversas. Cuando se educa a los niños con un pensamiento abierto, no es necesario establecer distinciones entre los diferentes tipos de familias. Para ellos ese concepto es mucho más sencillo y amplio: son las personas que te quieren, comprenden y se preocupan por ti, aquellas que te ayudan y no te dejan solo cuando más lo necesitas
Es tan sencillo y complejo a la vez, como EDUCAR EN POSITIVO Y CON EMPATÍA
Con una actitud paciente y constante
Manteniendo una conducta firme y tranquila
Respetando los procesos individuales
Alentando la autonomía desde la infancia
Utilizando la libertad (dar opciones) y la autoridad (ser un referente) de forma complementaria
Teniendo criterios coherentes:
Continuidad en las actuaciones
No desaprobar la actuación del padre o de la madre en presencia del niño/a
Cumplir las promesas
Utilizar refuerzos positivos
Predicando con el ejemplo, porque los niños aprenden por imitación.
Tratando a los hijos/as con respeto, utilizando las buenas formas y el lenguaje de la buena educación.
Poniendo a los niños normas y límites a su conducta para que aprendan a manejarse en la vida social.
La sociedad ha cambiado mucho en las últimas décadas, el modelo de familia tradicional se ha ampliado incluyendo otros tipos de familias igualmente válidas donde hoy crecen muchos niños.
Familia nuclear. Se trata de la familia típica y tradicional formada por un padre, una madre y sus hijos.
Familia monoparental. Solo uno de los padres se encarga de la unidad familiar y de cuidar a los hijos. En este tipo de familia generalmente el padre o la madre que se hace cargo de los niños recibe ayuda de los abuelos o familiares más cercanos, que conforman su red de apoyo más cercana.
Familia adoptiva. Se trata de padres que adoptan a un niño, por lo que no son los progenitores biológicos.
Familia de padres separados. En este caso, los progenitores se han separado pero, aunque ya no viven juntos, siguen cumpliendo con sus roles de padres, lo cual significa que comparten deberes en la crianza de sus hijos, a pesar de que estos vivan durante la mayor parte del año en casa de uno de ellos.
Familia reconstituida. Son aquellas que generalmente provienen de un divorcio o de una situación de viudedad y están constituidas por dos padres que tienen hijos previos.
Familia homoparental. Esta familia está compuesta por dos padres o madres homosexuales, generalmente con hijos adoptados.
Familia extensa. En este caso, la crianza de los niños está a cargo de diferentes miembros de la familia además de los padres, desde abuelos hasta tíos y primos, que conviven en la misma casa.
Familia sin hijos. Se trata de parejas que, bien por elección propia o por problemas de fertilidad, no tienen hijos.
Vamos a intentar superar la dicotomía "saber-querer" entre las personas que nos ocupamos de la educación de los niños y niñas. Los padres también saben y las maestras también quieren. Quizá fuera mejor ponernos a hacer cosas juntos, intentando construir un espacio en el que se puedan intercambiar experiencias, información, actividades y reflexión. Un espacio de acompañamiento a los niños y a las niñas en su importante momento de crecer, de aprender y de empezar a "hacer camino" por la vida.
Muchos juegos de falda que hacemos con los bebés terminan con cosquillas que les hacen reír y retorcerse una poco. Las cosquillas tienen esa dualidad, hacen reír y a la vez son molestas y por eso nos retorcemos para evitar que nos las sigan haciendo.
De hecho en la definición de la RAE, las cosquillas son consideradas como una cierta conmoción desagradable que provoca involuntariamente la risa. Por ello tenemos que respetar al niño o la niña cuando se las hacemos, el grado de confianza que tenemos, el momento (cuando tienen sueño o hambre, quizá no sea el adecuado), si le gustan o no. Suaves o intensas, a muchos nos puede gustar una buena sesión de cosquillas, pero no a todos y no en cualquier momento.
Las cosquillas nunca deben ser forzadas y hay que tener en cuenta que es posible que haya niños que rechacen las cosquillas por algún motivo: no hay que insistir. De esta manera, si paramos cuando nos lo pide, le estaremos transmitiendo un poderoso mensaje: él tiene el poder sobre su cuerpo y decide sobre él. Los niños pueden disfrutar de un momento de cosquillas, pero también pueden resultar molestas y por eso, es importante que tengan el control de saber cuándo se debe parar. El adulto tiene más fuerza física por lo que es quien tiene que parar.
Los niños también han de entender que las cosquillas han de hacerlas personas de mucha confianza (no es plan que se pongan a hacer cosquillas a cualquiera, del mismo modo que nosotros no lo haríamos).
¿El mejor momento para las cosquillas? Casi cualquiera: a la hora de cambiarle el pañal, en la bañera, jugando... El juego compartido refuerza el vínculo, ayudando a crear un clima de amor, de complicidad y confianza. No las debemos hacer si queremos que se relajen o si llega la hora de descansar, porque se activan todos sus sentidos y "se aceleran". Tampoco, como hemos dicho, si ellos no quieren.
Los niños más mayores pueden aceptar unas cosquillas más intensas, sin llegar a hacerse daño, pero sí son más "brutas" y producen una risa incontrolable y contagiosa. ¡Ojo, porque nosotros también podemos recibir!
En fin, las cosquillas tienen beneficios para toda la familia, si sabemos cuándo y cómo hacerlas.
Las risas que provocan las cosquillas liberan tensiones y reducen la ansiedad del niño o niña.
Pueden servir para hacer las paces (después de hablar, claro)…
Durante una sesión de cosquillas, el organismo libera endorfinas que ayudan a sentirse mejor: son las llamadas "hormonas de la felicidad"
Las cosquillas estimulan las terminaciones nerviosas y los sentidos del niño al percibir nuevas sensaciones (tacto, oído…).
Las risas y el movimiento que acompañan a las cosquillas ayudan a ejercitar los músculos, el aparato respiratorio y hasta se fortalece el corazón.
Las cosquillas son una manera de contacto físico que crea conexión entre padres e hijos, nos sentimos más cercanos y “cómplices”. Eso sí, ¡hay que sabe parar! Si los pequeños muestran desagrado.
Estimulan la sociabilidad del niño al aceptar esta manera de contacto.
Asociada a las cosquillas está la risa, y se sabe que reír refuerza el sistema inmunológico. Esto es debido a que la disminución de las hormonas del estrés mejora la circulación y el consumo de oxígeno, y la liberación de las emociones negativas puede incrementar las respuestas inmunológicas.
Las cosquillas generan confianza y bienestar en los pequeños.
Cuando son bebés recién nacidos, el estímulo intenso en zonas altamente sensibles como la planta de los pies puede resultarles molesto (de hecho, es algo que se hace a menudo para que no se duerman), por lo que no es recomendable.
El juego se ha de adecuar a la edad del niño. En los primeros días y meses en lugar de cosquillas intensas lo mejor es optar por caricias y masajes que igualmente estimulan los sentidos del bebé, pero no les molestan. Al contrario, les producirá una sensación de relajación y tranquilidad. En estos momentos, siempre hay que actuar con delicadeza para que el bebé no se asuste.
Conforme van creciendo, los juegos con nuestros bebés se amplían ya que aumenta su movilidad y su conocimiento del entorno, de modo que las cosquillas le van a hacer mucha gracia, al tiempo que se estimulan sus terminaciones nerviosas y se tonifica su musculatura.
Si notamos que el niño no está predispuesto a recibir cosquillas, hay que respetarlo. Esto puede suceder si tiene sueño, hambre o está cansado. En estos casos, mejor atender esa necesidades y posponer el juego.
Las cosquillas intensas no se recomiendan antes de dormir, pero las suaves, las que son más bien caricias, son relajantes y ayudan a conciliar el sueño.
Las cosquillas acompañadas de canciones, rimas, palabras… muestran nuevas formas de expresión, estimulando el lenguaje.
Cosquillas en los juegos de falda: hay muchos juegos de falda que incorporan las cosquillas al final: Aserrín, aserrán, una hormiguita en la tripita, al paso, al paso, ...
Cosquillas con aire: Se trata de jugar a soplar a través de una pajita en el cuello, los pies,… de los niños. Nunca soplar en la cara o donde veáis que les molesta.
Cosquillas de peluche: para esta actividad se necesitan muñecos o animales de peluche. Jugamos con el niño y el peluche, acariciando y frotando el peluche por la tripa, la espalda...
Cosquillas con plumas: con una pluma acariciaremos el cuerpo del niño/a, al compás de una canción o rima que le guste.
Cosquillas a ritmo de: Se pondrán diferentes músicas con diferentes ritmos y se moverán los dedos siguiendo el ritmo por el cuerpo del niño, con el objetivo de buscar las cosquillas.
Cuando vayas a la carnicería… El adulto sujeta la mano del niño y mientras dice el recitado va realizando con su mano, como si de un cuchillo se tratara, pequeños cortes que parten de la mano del niño hasta llegar a la axila donde le hará cosquillas.
Dedos pillos: Se trata de mover los dedos por una superficie que esté cerca del niño, para ello hay que cuidar que nos preste atención. Después de un rato caminando, llegamos a su manita y le hacemos cosquillas suavemente. Se le puede decir, para atraer su atención "mira que va una hormiguita"
Dibujos cosquillosos: Se trata de hacer dibujos en la palma de la mano, en el pie, en la espalda... Es importante ir hablando sobre el dibujo que se haga.
Ayer, día 26 de abril, fue el primer día que, desde el estado de alarma, los niños y las niñas pudieron salir a la calle. Se vieron emotivas imágenes de niños saludando a sus abuelos desde la distancia. No les habían visto desde que se inició el confinamiento, y tenían necesidad de ver a quienes seguramente habían pasado muchas horas con ellos antes de la pandemia, cuidando y protegiendo desde pequeños.
Este artículo es un pequeño homenaje a esa generación que le ha tocado vivir lo peor del Covid 19: la enfermedad, la soledad y la muerte , en muchos casos.
Los abuelos son muy importantes en la vida de los nietos. Los abuelos y las abuelas son los transmisores de la historia de la familia. Son capaces de disponer de todo el tiempo del mundo, un tiempo sin prisas, un tiempo de paz y tranquilidad, para dárselo a los nietos, para transmitir sus vivencias, para contar sus experiencias. Durante meses o años, “abuela” no es más que el nombre de una persona a la que los niños conocen. De pronto comprenden, con incredulidad y asombro, que esa persona es “la mamá de su mamá”. Entra por primera vez en su mente la idea de que sus padres también fueron niños, y de que ellos también se harán mayores. “Cuéntame cuando papá era pequeño” se convierte, entonces, en una de sus preguntas favoritas.
Los abuelos favorecen que los nietos indaguen en la infancia de sus padres, que conozcan a toda la familia y que construyan su historia y aumenten los conocimientos. A la vez, Los nietos permiten a los abuelos seguir sintiéndose activos y útiles.
Los abuelos también son importantes para poder ofrecer a los padres jóvenes la ayuda en la crianza y en la ajetreada vida laboral y familiar. Son un sostén, en muchas ocasiones, necesario para la familia. Pero a veces a los abuelos se les exige demasiado, no ejercen de abuelos por elección propia, sino por obligación. Ante esta circunstancia los abuelos deben ser conscientes de la necesidad de establecer límites, y los hijos de respetar el derecho ganado que tienen los abuelos al ocio, al descanso y al cultivo de amistades.
Hasta no hace mucho la característica de la relación abuelo/a – nieto/a no incluía el rol de la educación: los padres educaban y los abuelos consentían. Ser un abuelo a tiempo completo hace que no puedan asumir ese rol de abuelo consentidor que le era propio, llevando al nieto/a una tarde al parque o a andar en bicicleta, o comprarle un helado con el que se mancha toda la ropa, y lo devuelve de nuevo a los padres al atardecer.
Sin querer, esta situación de abuelo a tiempo completo distorsiona aquel vinculo gratificante entre abuela/o nieto/a, llegando a un punto que se entra en competencia con los propios padres, y también sin querer la abuela o el abuelo puede ir trasmitiendo sus propios valores a sus nietos que pueden o no coincidir con su nuera o yerno, tal vez sí con su hija o hijo (o no).
Respetar las decisiones y criterios de los padres
Considerar la opinión de los padres ante algo que quieran realizar con los nietos.
Acordar y respetar las normas y límites que establezcan con los padres.
No criticar, ni menospreciar lo que digan o hagan los padres.
Contribuir con su experiencia en los momentos de crisis familiar.
Ayudar en la crianza.
Trasmitir las historias de la familia.
Mediar en los conflictos padres-hijos, intentando apaciguar a los dos lados.
Apoyar al padre o la madre cuando esta solo/a
Aprender con sus nietos, acercándose más a las nuevas generaciones (manejo dispositivos...)
POR PARTE DE LOS PADRES
Ser flexibles. No se puede pretender que los abuelos sigan al pie de la letra las instrucciones.
Admitir las discrepancias, sin recurrir al insulto o la descalificación."No le hagas caso al abuelo, que no dice más que tonterías"
Escuchar y respetar las necesidades de los abuelos.
Enseñar a los niños geografía familiar, dónde vivieron los abuelos y demás ancestros. Se puede en algunas vacaciones visitar esas tierras.
Mantener vivo el vínculo con los abuelos. Llevarse bien, compartir alguna afición.
Ante la ruptura familiar, respetar el derecho del niño/a a mantener relación con las dos familias.
Los abuelos necesitan de su tiempo, sus aficiones personales y su vida social. Ellos ya han criado y educado a sus hijos, ahora pueden servir de apoyo en la crianza y educación de sus nietos, pero no asumir esa responsabilidad.
¿Cómo aparecen las primeras palabras? ¿cómo se llega hasta ese momento? Cuando nos preguntamos por el desarrollo del lenguaje infantil, tendemos a pensar en los momentos en los que los niños y las niñas empiezan a producir sus primeras palabras. Sin embargo, es interesante reflexionar sobre lo que pasa antes de ese fenómeno y que, a su vez, lo promueve.
Desde el nacimiento, vemos que los bebés prefieren todo aquello que tiene que ver con los seres humanos: las caras frente a los dibujos, los brazos frente a las hamacas, la voz humana directa frente a las grabaciones… Lo de la voz humana es muy significativo, porque no solo les gusta oírla, sino que además son capaces de distinguir y preferir la voz de su madre, de la voz de otras mujeres.
Cuando hablamos con los bebés, lo hacemos de una forma especial, hacemos cambios en nuestra entonación, hacemos más pausas, realizamos expresiones más cortas, repetimos… todo para llamar su atención, atraerles y calmarles. Esto hace que se sientan atraídos por la lengua y les facilite el procesamiento posterior del lenguaje.
Durante los primeros meses de vida los espacios de interacción que se crean con los bebés son muy ricos: intercambio de expresiones faciales, vocalizaciones… El bebé sonríe, mira, escucha, emite ruidos como gorjeos, provocando en nosotros sonrisas, que les hablemos, les acariciemos… Podemos mantener pequeñas conversaciones con ellos durante el cambio de pañal, al recogerlos de la cuna, en el baño, en algún rato de juego. Son momentos privilegiados que favorecen nuestros vínculos afectivos y, por lo tanto, cualquier aprendizaje, incluido el lenguaje.
Al principio, el principal mecanismo de comunicación es la emoción. El bebé expresa diferentes señales corporales, se estira, sonríe, llora… y los adultos tenemos el importante papel de interpretar esas conductas y satisfacer sus necesidades. De esta forma, se refuerza el vínculo.
¿QUE SUCEDE ANTES DE LAS PRIMERAS PALABRAS?
LA IMPORTANCIA DE LA INTERACCIÓN CON LOS BEBÉS
•Cuando hablamos con los bebés lo hacemos de una forma especial: entonación, expresiones faciales, repetición, pausas, sonidos… todo para llamar su atención.
•El bebé responde sonriendo, mirando, escuchando, emite sonidos como si fueran gorjeos, y nosotros respondemos con nuestra sonrisa y con más sonidos.
NO HABLA PERO HACE RUIDITOS
•El balbuceo o las vocalizaciones pueden aparecer en solitario o en interacción con el adulto. Cuando es en interacción se convierte en una práctica social importante. El bebé balbucea y nosotros le respondemos con el mismo sonido y él, a su vez, también responde, quizá con una sonrisa o con otro sonido
No debemos preocuparnos, si un niño o niña se deja entender bien a través de los gestos, pensando que esto está retrasando la aparición del lenguaje oral. Lo importante es que se quiera comunicar, no importa la forma en que lo haga.
EL BALBUCEO COMO PUENTE A LA PRIMERAS PALABRAS
Es muy característico que, alrededor de los 10 meses, los niños y las niñas produzcan cadenas de sonido tipo tatatatá, dadadadá, mamamá o papapá. Como en el juego experimental del principio, continúan experimentando, pero esta vez con un control mayor de los sonidos.
EL PAPEL FUNDAMENTAL DE LOS GESTOS Y LA COMUNICACIÓN
•Hay formas de comunicarnos a través de la mirada y los gestos. Los bebés empiezan a utilizar los gestos y a seguir nuestra mirada desde muy pronto. Miran donde nosotros miramos, y esto es muy útil porque si estamos hablando sobre algún juguete, una imagen, un alimento…. Y ellos también lo miran, de alguna forma, les va a ayudar a asociar las palabras con los objetos.
•Son capaces de señalar, o de abrir y cerrar la boca cuando quieren comer algo, o de mover la mano para decir hola y adiós.
•Los gestos no los hacen solos, sino que los combinan con el balbuceo y esto va favoreciendo la aparición del lenguaje.