Creo sinceramente que Conversación en La Catedral es una de las grandes novelas de este siglo.
¿Leíste el libro de nuevo? Me gustaría saber qué piensas de él ahora, como editor y como poeta, con la doble cualidad de creador y organizador –prefiero que en esa carta te olvides de la amistad y me digas qué te parece realmente.
Carlos Barral fue la persona que me llevó a Calafell [...] Al principio, me pareció un lago más bien descolorido, acostumbrado como estaba a la furia, a la intensidad, a las dimensiones del océano mal llamado Pacífico, pero después me familiaricé con su mitología [...].
La Tierra existiría sin nosotros, porque es realidad física. El mundo, no, porque es creación verbal. Y el mundo no sería mundo sin palabras.
La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.
Pero la vieja casa de los Forest seguía igual, tan puesta y sin embargo diríase que abandonada, rumorosa como una caracola entre los nuevos y altos bloques de apartamentos. Era una antigua casa de pescadores, apenas reformada; [...] una casa acondicionada para el veraneo, no muy espaciosa pero profunda, con vigas y postigos de pino pintados de un azul tierno.
Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde -como todos los jóvenes, yo vine a llevarme la vida por delante. Dejar huella quería y marcharme entre aplausos -envejecer, morir, eran tan sólo las dimensiones del teatro. Pero ha pasado el tiempo y la verdad desagradable asoma: Envejecer, morir, es el único argumento de la obra