Y tú, amor mío, ¿agradeces conmigo las generosas ocasiones que la mar nos deparaba de estar juntos? ¿Tú te acuerdas casi en el tacto, como yo, de la caricia intranquila entre dos maniobras, del temblor de tus pechos en la camisa abierta cara al viento?
Sumérjase el alma un instante en el árido mar del deseo y surja falaz de su espuma tu efigie de bronce
Yo circulaba por los puertos –y confieso que lo sigo haciendo- realmente disfrazado de patrón de antaño, no sólo con gorra de galones y pantalón arremangado, sino incluso con faja, “faixa de mariner” […] Y descalzo.
Al evocar ahora, asomado a la misma ventana de siempre, abierta a la noche marina, mis relaciones con este lugar, con Calafell, […] me doy cuenta que han sido siempre de la misma importancia y de que, cuantitativamente, representaban […] algo así como la mitad de mi vida.