“Esta investigación del territorio correntino, era mi interrogante de cómo se formó territorialmente Corrientes. Cuál fue su evolución histórica. Por qué de mi formación como historiador del derecho, como abogado, mis inquietudes versaban sobre la construcción del Estado. Y un Estado, de acuerdo al planteo del jurista alemán de principios del siglo XX, Georg Jellinek, se forma con tres elementos: la población, el territorio y el orden jurídico”.
“Estas inquietudes que hacen a la formación del territorio me llevaron a recurrir a fuentes que, también, no eran comunes para mí. Acostumbrado a ver jurisprudencia, doctrina, libros, vinculado a la formación constitucional de la provincia o de la región, tuve que evocar los mapas. Hice un acercamiento, no desde una perspectiva geográfica, sino estrictamente a lo que me interesaba, a una lectura política-jurídica: cómo el poder político manipulaba desde los mapas la determinación del espacio territorial, las disputas de los imperios, desde la época colonial, virreinal y sin abandonar esa disputa en el siglo XIX”.
“Los cartógrafos europeos, alemanes, ingleses, italianos, españoles y portugueses, veían al Río de La Plata y ubicaban a la Ciudad de Vera y su conflictiva jurisdicción, con el Paraguay, con Buenos Aires, con Las Misiones y con el Chaco. Inserta en ese problema territorial, Corrientes pudo sobrevivir. Y ese milagro de sobrevivir se va a materializar con el tiempo, con la existencia de la provincia, ya en el siglo XIX, con otros problemas y otros paradigmas”.
“Corrientes tuvo un destino casi de miseria, porque desde su fundación, estuvo en la periferia del Imperio Español. Lejos de la ruta de los metales. Estaba en una frontera con Portugal, cerca de las Misiones Jesuíticas, lo que hizo que la producción económica de Corrientes siempre fuese marginal. Pero hay un valor que la coloca, a la Ciudad de Vera en un marco internacional, que es su ubicación estratégica. Como decíamos en aquella muestra, un mojón, una referencia en toda una política geoestratégica que tenía España en el Río de La Plata; Asunción, Corrientes, Santa Fe y el Puerto de Buenos Aires. Ese marco y esa ruta, que nuevamente tomamos el río, y en una cartografía que desde cualquier punto del mundo occidental donde se dibujaba un mapa del continente americano, o del mundo occidental, estaba ese punto aislado de las siete corrientes”.
“Pero en ese marco de identificación del punto político histórico, también geográfico, mi visión es institucional y política; encontramos una cartografía antigua, y hablo de mapas antiguos, no de mapas históricos. Los mapas históricos son mapas que los historiadores hacemos para mostrar un escenario político en algún momento. El mapa antiguo es aquel que se hizo oportunamente, en forma contemporánea a la fecha de edición, y sirvió para una identificación de un espacio político geográfico. ¿Y por qué requiere importancia para un punto político el análisis de la cartografía antigua? Porque es la interpretación de aquellos cartógrafos que representaban un estado, una monarquía o un poder político, que dibujaban ese territorio de acuerdo a intereses subjetivos; de los intereses de las potencias”.
“Era un tema político y no necesariamente público, totalmente, porque los mapas no solamente hablan o hablaban. Sino también los silencios, tenían una política de ocultamiento, de lo que aquel país que tenía posesión de ese territorio no quería mostrar”.
“Esa es la característica de los cientos y cientos de mapas que hemos consultado, permanentemente ese mojón de la Ciudad de Vera, puesta a pesar de su pobreza material, a pesar de su intrascendencia en las arcas de la monarquía, pero su visualización y su punto que era geoestratégico, de control del codo del Paraná, la hacía vital”.