DOMINGO 24-C DEL TIEMPO ORDINARIO
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atenaAurea (en)
(1/3) Benedicto XVI, Ángelus 16-9-2007 (ge hr sp fr en it po)
(2/3) Benedicto XVI, Ángelus 12-9-2010 (ge hr sp fr en it po)
(3/3) Juan Pablo II, Homilía en Trevignano Romano 17-9-1989 (it):
«"Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta..." (Lc 15, 7).
Con estas palabras del Evangelio, que son anuncio de esperanza segura e invitación a la alegría por la salvación recuperada en Cristo, os saludo a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas (...), reunidos aquí para celebrar la Eucaristía el "día del Señor" (...).
"Habrá más alegría...". Este es el objetivo al que se dirige la acción de Dios en el mundo: la alegría por la liberación del hombre de la miseria moral de la culpa, pero también la alegría por su liberación de toda enfermedad o quebranto que de cualquier manera obstaculice su plena realización. En el mal físico se revela, en último análisis, la eficiencia negativa de aquel pecado de los orígenes que ha condicionado tan pesadamente la historia de la humanidad.
La lucha contra la primera de esas formas del mal se coloca al lado de la lucha contra la segunda, y la meta de ambas es la alegría de la liberación.
La palabra de Dios este domingo invita, en particular, a comprometerse en la forma de lucha más radical, la lucha contra el pecado. El tema central de las lecturas que acabamos de escuchar es el anuncio de la urgencia de la conversión.
¿Qué significa esa conversión? ¿Qué cambios supone? ¿Qué efectos produce? Las lecturas de la liturgia, en sus diversos elementos, nos lo manifiestan con singular viveza en las palabras del Padre de la parábola evangélica: "Celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto, y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado" (Lc 15, 24).
Así nos hemos introducido en la reflexión sobre la compleja dinámica de toda conversión. ¿Qué sucede cuando un hombre "se convierte"? Sucede, ante todo, que Dios "se convierte", es decir, se vuelve hacia él, vuelve a buscarlo.
Dios se conmueve y es el primero que sale al encuentro de la humanidad oprimida por el pecado. Más aún, si por la oración de Moisés, como dice la primera lectura, Dios "se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo" (Ex 32, 14), en el Nuevo Testamento, en la parábola de Jesús que es imagen de la misericordia del Padre, se nos dice que él no quiere "dañar": calla cuando el hijo lo abandona, pero todos los días, podríamos decir, lo espera con ansia, porque otea el horizonte lejano en espera de volverlo a ver.
Esta es la realidad más estupenda de todo el proceso de la conversión, su razón más profunda, si queremos ver las cosas en un sentido teológico: Dios "vuelve" su Corazón hacia el pecador, porque es fiel a sí mismo, a su promesa, a su proyecto de salvación, a la Alianza. Él no se deja vencer por el pecado del hombre, por más grande que sea. Dios permanece fiel en el amor, "fiel a su paternidad, fiel a aquel amor que siempre tenía hacia su propio hijo" (Encíclica Dives in misericordia 30-11-1980, 6) (ge sk sp fr en it lt pl po). Él es así el verdadero protagonista de la reconciliación: la iniciativa es suya, y suya es la voluntad de "salir al encuentro" de los hombres, que quiere amar, para que recuperen la plenitud del bien perdido.
Precisamente a esta gratuidad del amor de Dios apela Moisés en su oración: "Acuérdate de tus siervos Abrahán, Isaac y Jacob, a quienes juraste por ti mismo" (Ex 32, 13). "Por ti mismo", es decir, en virtud de tu ser divino, de tu infinita grandeza, de la inimaginable generosidad de tu Corazón misericordioso, del afecto que brota de la esencia eterna de tu paternidad divina.
A la iniciativa de Dios corresponde el regreso, la "conversión" del hombre. Esta comporta todo un proceso interior de clarificación: el fatigoso descubrimiento de la importancia de los bienes perdidos; descubrimiento estimulado por el doloroso sentimiento de una profunda y mortal indigencia: "Yo aquí me muero de hambre" (Lc 15, 17).
El pecado, tan puntualmente descrito en la actitud del hijo pródigo, consiste en la rebelión frente a Dios, o al menos en el olvido o indiferencia ante él y su amor. Este acto violento y desordenado interrumpe la relación con Dios y culmina en el alejamiento de él, es decir, en la negación de Dios y de lo que él en realidad es para el hombre: "Emigró a un país lejano y allí derrochó su fortuna" (Lc 15, 3)
Pero esta "fuga de Dios" tiene como consecuencia para el hombre una situación de confusión profunda sobre su propia identidad, junto con una amarga experiencia de empobrecimiento y desesperación: el hijo pródigo, según dice la parábola, después de todo, comenzó a pasar necesidad y se vio obligado –él, que había nacido en la libertad– a servir a uno de los habitantes de aquella región.
El alejamiento de aquel Dios, que es principio fundamental de la vida, se revela así como una elección nociva: una muerte que se anuncia ya, en la profundidad del alma, como profunda inquietud y tristeza, como desesperada insatisfacción del modo de ser al que nos hemos reducido.
Aquí es donde el hombre vuelve a descubrir la nostalgia de la casa paterna y recupera la esperanza de poder ser acogido nuevamente en ella: "Me pondré en camino adonde está mi padre" (Lc 15, 18).
La confianza en el poder de la relación de amor entre padre e hijo permite a este último reemprender el camino fatigoso del regreso, sostenido no tanto por el temor cuanto por el amor.
Meditamos esta verdad fundamental de la misericordia paterna de Dios (...) acogiendo el anuncio de que "habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta..." (Lc 15, 10) (...).
"Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores... Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo toda su paciencia" (1Tm 1, 15-16).
En Jesús se manifiesta la magnanimidad de Dios hacia todo hombre necesitado, que es y permanece siempre hijo amado y deseado.
El amor de Dios, que no conoce límites, se trasluce en todos los textos de la Palabra de Dios que hemos proclamado hoy (...).
Así es Dios: bueno, rico en comprensión, rebosante de amor, deseoso de ser comprendido y pagado en su inmenso afecto. Así debemos ser nosotros también hacia nuestros hermanos. Esforcémonos por compartir los sentimientos de Dios, que es Padre, y hacer saber a los hombres que en el mundo está presente el amor, más poderoso que el pecado y que todas sus manifestaciones; un amor que sabe hacer germinar la alegría ya aquí en el tiempo, para poder luego hacerla eterna en la bienaventuranza del cielo».
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que así iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
DOMINGO 13-C DEL TIEMPO ORDINARIO
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atenaAurea (en)
(1/4) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Estanislao 28-6-1992 (it pl):
«1. "Porque, hermanos, habéis sido llamados a la libertad" (Ga 5, 13).
La liturgia de la Palabra de este domingo nos introduce en el mundo de la libertad, fascinante, pero a la vez sumamente difícil. Es un tema de gran importancia y actualidad.
Dios creó libre al hombre. Le otorgó el don de la libertad. En este don está encerrado un signo de particular confianza y amor por parte de Dios. Así, la libertad se ha convertido en la medida de la grandeza del hombre entre todas las criaturas, en su vocación y, a la vez, en la causa de su drama.
Pero el hombre, por el pecado, abusó de ese don. Dirigió su libertad contra Dios y, en consecuencia, también contra sí mismo. En efecto, olvidó que precisamente Dios, su voluntad y sus mandamientos, constituyen la última garantía de la libertad. El hombre ha llegado a ser esclavo del pecado. Todas las demás esclavitudes del hombre tienen un carácter secundario respecto a esa esclavitud fundamental, que es el pecado.
Y he aquí que Dios envió a su Hijo unigénito para liberar al hombre de la esclavitud del pecado. El precio que Cristo pagó por nuestra libertad fue muy alto: fue el precio de la cruz. "Para ser libres nos libertó Cristo" (Ga 5, 1), nos recuerda el Apóstol. El evangelio de la libertad, que san Pablo anunció y defendió con celo, está inscrito en la cruz de Cristo. Tenemos que releerlo siempre, cada uno y todos juntos (...).
2. "Porque, hermanos, habéis sido llamados a la libertad...".
En la perspectiva de la cruz, la libertad se presenta como don y vocación, pero también hoy, a menudo, como desafío. La controversia acerca de la libertad humana y su planteamiento reviste en nuestros días un carácter sumamente dramático. Defender al hombre hoy significa defender la comprensión auténtica de su libertad, la comprensión evangélica.
El Apóstol nos amonesta: "Solo que no toméis de esa libertad pretexto para la carne" (Ga 5, 13). Hay que destacar estas palabras de modo especial. Hoy se ha extendido en gran manera la gama de los abusos de la libertad, y esto conduce a nuevas formas de esclavitud, muy peligrosas, porque están disfrazadas bajo la apariencia de la libertad. Esta es la paradoja, el drama profundo de nuestro tiempo: en nombre de la libertad se impone la esclavitud.
Por tanto, ¿cuál es la solución? ¿Cómo puede defenderse hoy el don de la libertad? ¿Cómo ser verdaderamente libres en el mundo de hoy: libres con la libertad que Cristo nos trajo?
3. "Servíos por amor los unos a los otros" (Ga 5, 13).
Este es el camino que lleva a la libertad verdadera, el camino que el Apóstol nos señala: la actitud de servicio y el amor recíproco. El hombre no llega a ser libre sino mediante la entrega desinteresada de sí mismo a Dios y al prójimo.
El ejemplo de esa libertad nos lo ofrece hoy el profeta Eliseo, cuando sigue la llamada divina escuchada de labios del profeta Elías; y también nos lo ofrecen los interlocutores de Cristo en el pasaje evangélico de hoy, cuando dicen: "Te seguiré, Señor..."; o "Te seguiré adondequiera que vayas" (Lc 9, 61. 57).
Cuán necesaria nos resulta hoy la enseñanza paulina sobre la libertad tomada de la carta a los Gálatas: "Servíos por amor los unos a los otros" (...). Cuán tristes son los pensamientos que hoy despiertan en nosotros las palabras de san Pablo: "Pero si os mordéis y os devoráis mutuamente, mirad no vayáis a destruiros" (Ga 5, 15). Así no se construye la libertad verdadera. Existe un único camino: "Servíos por amor los unos a los otros. Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Ga 5, 14). Esta es la ley fundamental de la libertad. Libres para amar. Libres para servir (...).
6. Queremos acoger de nuevo el mensaje de Cristo sobre la libertad; queremos ponerlo en práctica en nuestra vida personal y social. Queremos intensificar nuestra lucha contra todas las formas de esclavitud que nos amenazan hoy en día. Queremos convertirnos en apóstoles del reino de Dios, reino de libertad, de justicia, de amor y de paz.
Cristo nos llama. Él mismo nos dice desde las páginas del evangelio: "¡Sígueme!" (Lc 9, 59). En esta llamada se oye el eco de una especie de urgencia. Es necesario darse prisa, dejar las cosas a veces muy cercanas al hombre para entregarse completamente a esa causa mucho más importante: "Tú vete a anunciar el reino de Dios" (Lc 9, 60) (...).
El mundo invoca a Cristo y su evangelio de libertad. El mundo (...) espera la nueva evangelización. Cristo no se cansa de invitarnos y llamarnos: "Sígueme". "Tú vete a anunciar el reino de Dios"».
(2/4) Juan Pablo II, Ángelus 1-7-2001 (ge sp fr en it po)
(3/4) Benedicto XVI, Ángelus 1-7-2007 (ge hr sp fr en it po)
(4/4) Benedicto XVI, Ángelus 27-6-2010 (ge hr sp fr en it po)
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que así iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
DOMINGO 12-C DEL TIEMPO ORDINARIO
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atenaAurea (en)
(1/2) Juan Pablo II, Homilía en Gaeta 25-6-1989 (it)
«1. "¿Quién dice la gente que soy yo?" (Lc 9, 18).
Y vinieron las diversas respuestas: "Juan el Bautista..., Elías..., o uno de los antiguos profetas que ha vuelto a la vida" (Lc 9, 19). "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Pedro... dijo: "El Mesías de Dios" (Lc 9, 20). Así lo leemos en el texto del Evangelio de Lucas. La redacción que ofrece Mateo de este episodio es más amplia. Leeremos aquel pasaje dentro de algunos días, en la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo.
Los Apóstoles estaban convencidos de que en Jesús de Nazaret se cumplía la promesa mesiánica de la Antigua Alianza. Él era el cumplimiento de la espera: Aquel que debía venir. En la respuesta de Pedro está contenido lo que constituye el meollo mismo de la Nueva Alianza (...).
2. ¿Quién es el Mesías? La palabra hebrea a la que corresponde el término "Cristo" deriva del griego; y significa: el Ungido de Dios. Sin embargo, no se trata aquí de una unción ritual, ya conocida en el Antiguo Testamento y presente después en la Liturgia de la Iglesia. Se trata, más bien, de la efusión del Espíritu Santo, que colma de Sí al Ungido. El Mesías-Cristo es Aquel que es "colmado del Espíritu" por Dios.
El Hijo, consubstancial con el Padre, permanece unido con el Padre en el Espíritu: es el gran misterio de Dios Padre y del Hijo unidos en un solo Amor (cf Veni Creator), en la absoluta unidad de la Divinidad.
Como Hijo del hombre, Cristo revela aquella plenitud del Espíritu Santo, que es esencial para su misión de Redentor del mundo.
3. ¿Por qué, tras la respuesta de Pedro, Cristo añade: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado..., ser ejecutado y resucitar el tercer día?" (Lc 9, 22). Cuando Cristo anuncia todo esto, sus palabras permanecen para los Apóstoles como un misterio inescrutable. No lograban comprender que ese debía ser el futuro del Mesías, de Aquel que había sido ungido por el Padre.
Sin embargo, para su Maestro, para Cristo, esto era lo esencial. Solo el futuro, ligado a los acontecimientos de la Pascua de Jerusalén, debía realizar hasta el fondo la misión redentora del Mesías. Solo por obra de este sacrificio pascual se debían cumplir las profecías. Solo entonces la plenitud del Espíritu, mediante la que había sido "ungido" el Mesías-Hijo del hombre, debía transformarse en don para los Apóstoles, para la Iglesia y, mediante la Iglesia, para el mundo.
4. "Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia". Así leemos en el libro de Zacarías (la primera lectura de la Liturgia de hoy). Y ¿cuándo tendrá lugar esta efusión del Espíritu? Cuando sobre el monte Gólgota sea traspasado el corazón del Mesías-Redentor: "Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán llanto como llanto por el hijo único, y llorarán como se llora al primogénito" (Za 12, 10).
Sí; el primogénito de toda creatura. Cristo, el primogénito de los muertos (cf Col 1, 15; Ap 1, 5), el Resucitado.
Jesús dijo todo esto a los Apóstoles y a Pedro, pero en aquel momento les ordenó que no hablaran de ello a nadie. Más tarde llegaría el tiempo en que habrían de comenzar a dar testimonio.
5. Este es el testimonio sobre Cristo, en quien todo hombre se convierte en nueva creatura. El Apóstol escribe a los Gálatas: "Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo" (Ga 3, 26-27).
Esta es la "novedad de vida" a la que están llamados los hombres: la nueva creatura que comprende a todos y a cada uno en Cristo, a los judíos y a los griegos, a los esclavos y a los libres, a los hombres y a las mujeres. En Jesucristo todos son uno (cf Ga 3, 28).
Solo en él, en Cristo se convierten en "descendencia de Abraham, herederos de la promesa" (Ga 3, 29). La promesa recibida de Abraham se cumple en Cristo. No solo la tierra prometida, no solo toda la riqueza de la creación, sino también la participación en la vida de Dios mismo, se nos da por obra del Hijo enviado por el Padre al mundo en la plenitud del Espíritu Eterno.
6. "¿Quién dice la gente que soy yo?". ¿Quién soy yo según vosotros? ¡El Mesías! Y vosotros ¿quiénes creéis que sois? ¿Quiénes creéis que debéis ser, dado que pertenecéis a Cristo? ¿Quiénes debemos pensar que somos nosotros mismos, si pertenecemos a Cristo?
Esta es la pregunta y el tema que la Liturgia de este domingo nos pone delante a cada uno de nosotros. Esta es la pregunta y el tema, queridos hermanos y hermanas, que nos planteamos todos juntos: ¿Qué quiere decir ser cristiano?
7. La respuesta también puede parecer sencilla: ser cristiano quiere decir ser seguidor de Cristo. Muchas veces el Evangelio usa este término para señalar a aquellos que están de parte de Jesús: comenzando por los Apóstoles que, "dejando las redes, lo siguieron" (Mt 4, 20), hasta la muchedumbre que, atraída por su palabra y por sus milagros, "lo seguía" (Mt 8, 1).
Pero ¿qué significa "seguir a Jesús"? La respuesta se hace más comprometedora. Significa, ante todo, aceptar a Jesús como el propio Redentor. Solo quien se reconoce pecador, necesitado de salvación por ser incapaz de salvarse por sí mismo, puede tender la mano hacia Jesús como hacia su propio Salvador. Quien no siente el peso de los propios pecados no puede encontrar en su camino al Redentor, no puede ser cristiano.
Pero seguir a Jesús como Redentor significa aceptar también el modo concreto como él realizó la salvación de la humanidad. Tal modo es la cruz. La actual "economía de salvación" pasa a través de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, pasa a través del misterio pascual. Ser cristiano significa, por tanto, aceptar en la propia vida la lógica de la cruz, seguir a Jesús llevando la cruz.
8. Hay alguien que sostiene al cristiano en su esfuerzo de "seguir" a diario a Cristo: es el Espíritu Santo, el "espíritu de gracia y de clemencia" (Za 12, 10), que Jesús resucitado ha regalado a los Apóstoles y a toda la Iglesia.
Sostenido por el Espíritu, el cristiano puede dar testimonio de la verdad del Evangelio con la palabra y con el ejemplo: nadie es cristiano solo para sí mismo, puesto que la vida nueva que el bautismo ha suscitado en él es participación en la vida de Cristo muerto y resucitado por todos.
Ser cristiano significa, por tanto, ser testigo de Cristo en el mundo, y serlo con los demás cristianos en la comunión de la Iglesia, dado que "ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús" (Ga 3, 28).
Ciertamente todo esto supone la valentía de un radical desprendimiento de nosotros mismos para hacer lugar a Cristo; supone la renuncia de sí mismos, que Jesús exige en el Evangelio a aquellos que quieren seguirlo por el "vía crucis", el único camino que conduce al gozo del reino. Ser cristiano significa tener la valentía de "perder la propia vida por Cristo" (cf Lc 9, 24) con la convicción de que ese es el único modo de "salvarla", tal vez no en el tiempo, pero sí ciertamente para toda la eternidad.
9. "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho..., ser ejecutado y resucitar el tercer día... El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome cada día su cruz y sígame... Quien perdiere su vida por mí, la salvará" (Lc 9, 22-24).
No es posible escuchar estas palabras con indiferencia. Han sido confirmadas hasta el fin por el testimonio de quien las había pronunciado. Son palabras a las que se puede responder solo recogiéndose en lo más íntimo de la propia alma. ¡Esta es la importancia de las palabras de Cristo!
10. ¿Quién es él? ¿Quién es Cristo? El Mesías Redentor del hombre. Él es aquel que desciende hasta los deseos más profundos del ser humano, de todo el ser humano.
"¡Oh Dios!, tú eres mi Dios, por ti madrugo; / mi alma está sedienta de ti; / mi carne tiene ansia de ti, / como tierra reseca, / agostada, sin agua" (Sal 63, 2).
Todo el ser humano se expresa en este deseo, en esta aspiración definitiva hacia Dios, pues todo el ser humano, alma y cuerpo, ha sido creado a su imagen y semejanza.
Y Cristo-Mesías es Aquel que, siempre de nuevo, ayuda al hombre a descubrir esta verdad sobre sí mismo, la verdad más profunda. Y la nostalgia definitiva. De este descubrimiento brota la aspiración del Salmo:
"Mi alma está unida a ti / y tu diestra me sostiene" (Sal 63, 9). Cristo es el deseo de los eternos collados [cf Ángelus 20-7-1986 (sp it)], el Corazón de cuya plenitud todos nosotros recibimos constantemente [cf Ángelus 13-7-1986 (sp it)]. Cristo, propiciación por nuestros pecados [cf Ángelus 17-8-1986 (sp it)]. Cristo, fuente de vida y santidad [cf Ángelus 10-8-1986 (sp it)].
Él es el camino, la verdad y la vida (cf Jn 14, 6). Amén».
(1/2) Benedicto XVI, Homilía 20-6-2010 (ge sp fr en it po).
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que así iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
DOMINGO 11-C DEL TIEMPO ORDINARIO (16 junio 2013)
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atenaAurea (en)
Homilía de Benedicto XVI en Asís 17-6-2007 (ge sp fr en it po)
«Queridos hermanos y hermanas: ¿Qué nos dice hoy el Señor, mientras celebramos la Eucaristía en el sugestivo escenario de esta plaza, en la que convergen ocho siglos de santidad, de devoción, de arte y de cultura, vinculados al nombre de san Francisco de Asís? Hoy aquí todo habla de conversión (...). Hablar de conversión significa penetrar en el núcleo del mensaje cristiano y a la vez en las raíces de la existencia humana. La palabra de Dios que se acaba de proclamar nos ilumina, poniéndonos ante los ojos tres figuras de convertidos.
La primera es la de David. El pasaje que se refiere a él, tomado del segundo libro de Samuel, nos presenta uno de los diálogos más dramáticos del Antiguo Testamento. En el centro de este diálogo está un veredicto tajante, con el que la palabra de Dios, proferida por el profeta Natán, pone al descubierto a un rey que había alcanzado la cumbre de su éxito político, pero que había caído también en lo más bajo de su vida moral.
Para captar la tensión dramática de este diálogo, es preciso tener presente el horizonte histórico y teológico en el que se sitúa. Se trata de un horizonte marcado por la historia de amor con la que Dios elige a Israel como su pueblo, entablando con él una alianza y preocupándose de asegurarle tierra y libertad. David es un eslabón de esta historia de solicitud constante de Dios por su pueblo. Es elegido en un momento difícil y es puesto al lado del rey Saúl, para convertirse en su sucesor. El plan de Dios atañe también a su descendencia, vinculada al proyecto mesiánico, que tendrá en Cristo, "hijo de David", su plena realización.
De este modo, la figura de David es imagen de grandeza histórica y a la vez religiosa. Por eso, con esa grandeza contrasta mucho más la bajeza en la que cae cuando, cegado de pasión por Betsabé, se la arrebata a su esposo, uno de sus más fieles guerreros, y ordena fríamente que sea asesinado. Es un acto estremecedor: ¿Cómo puede un elegido de Dios caer tan bajo? Realmente, el hombre es grandeza y miseria. Es grandeza, porque lleva en sí la imagen de Dios y es objeto de su amor; y es miseria, porque puede hacer mal uso de la libertad, su gran privilegio, acabando por volverse contra su Creador.
El veredicto de Dios sobre David, pronunciado por Natán, ilumina las fibras íntimas de la conciencia, donde no cuentan los ejércitos, el poder, la opinión pública, sino donde estamos a solas con Dios. "Tú eres ese hombre" (2S 12, 7). Estas palabras desvelan a David su culpabilidad. Profundamente afectado por estas palabras, el rey siente un arrepentimiento sincero y se abre al ofrecimiento de la misericordia. Es el camino de la conversión.
Hoy es san Francisco quien nos invita a seguir este camino (...). Convertirnos al amor es pasar de la amargura a la "dulzura", de la tristeza a la alegría verdadera. El hombre es realmente él mismo y se realiza plenamente en la medida en que vive con Dios y de Dios, reconociéndolo y amándolo en sus hermanos.
En el pasaje de la carta a los Gálatas destaca otro aspecto del camino de conversión. Nos lo explica otro gran convertido, el apóstol san Pablo. El contexto de sus palabras es el debate que surgió en la comunidad primitiva: en ella muchos cristianos procedentes del judaísmo tendían a unir la salvación a la realización de las obras de la antigua Ley, desvirtuando así la novedad de Cristo y la universalidad de su mensaje.
San Pablo se sitúa como testigo y pregonero de la gracia. En el camino de Damasco, el rostro resplandeciente y la voz fuerte de Cristo lo habían arrancado de su celo violento de perseguidor y habían encendido en él un nuevo celo por el Crucificado, que reconcilia en su cruz a los que están cerca y a los que están lejos (cf Ef 2, 11-22). San Pablo había comprendido que en Cristo toda la ley está cumplida y que quien sigue a Cristo se une a él y cumple la ley. Llevar a Cristo y, con Cristo, al único Dios a todas las naciones se había convertido en su misión. En efecto, Cristo "es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba..." (Ef 2, 14)
Su personalísima confesión de amor expresa al mismo tiempo la esencia común de la vida cristiana: "La vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20). Y ¿cómo se puede responder a este amor sino abrazando a Cristo crucificado, hasta vivir de su misma vida? "Estoy crucificado con Cristo y ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Ga 2, 19-20).
Al decir que está crucificado con Cristo, san Pablo no solo alude a su nuevo nacimiento en el bautismo, sino a toda su vida al servicio de Cristo. Este nexo con su vida apostólica se pone claramente de manifiesto en las palabras conclusivas de su defensa de la libertad cristiana al final de la carta a los Gálatas: "En adelante que nadie me moleste, pues llevo sobre mi cuerpo los estigmas de Jesús" (Ga 6, 17).
Es la primera vez, en la historia del cristianismo, que aparecen las palabras "estigmas de Jesús". En la disputa sobre el modo correcto de ver y de vivir el Evangelio, al final, no deciden los argumentos de nuestro pensamiento; lo que decide es la realidad de la vida, la comunión vivida y sufrida con Jesús, no solo en las ideas o en las palabras, sino hasta en lo más profundo de la existencia, implicando también el cuerpo, la carne.
Los cardenales recibidos en una larga historia de pasión son el testimonio de la presencia de la cruz de Jesús en el cuerpo de san Pablo, son sus estigmas. Así puede decir que no es la circuncisión lo que lo salva: los estigmas son la consecuencia de su bautismo, la expresión de su morir con Jesús día a día, la señal segura de ser una nueva criatura (cf Ga 6, 15).
Por lo demás, al utilizar la palabra "estigmas", san Pablo alude a la costumbre antigua de grabar en la piel del esclavo el sello de su propietario. Así el esclavo era "estigmatizado" como propiedad de su amo y quedaba bajo su protección. La señal de la cruz, grabada en largas pasiones en la piel de san Pablo, es su orgullo: lo legitima como verdadero esclavo de Jesús, protegido por el amor del Señor (...).
Llegamos ahora al corazón evangélico de la palabra de Dios de hoy. Jesús mismo, en el pasaje del evangelio de san Lucas que se acaba de leer, nos explica el dinamismo de la auténtica conversión, señalándonos como modelo a la mujer pecadora rescatada por el amor. Se debe reconocer que esta mujer actuó con gran osadía. Su modo de comportarse ante Jesús, bañando con lágrimas sus pies y secándolos con sus cabellos, besándolos y ungiéndolos con perfume, tenía que escandalizar a quienes contemplaban a personas de su condición con la mirada despiadada de un juez.
Impresiona, por el contrario, la ternura con la que Jesús trata a esta mujer, a la que tantos explotaban y todos juzgaban. Ella encontró, por fin, en Jesús unos ojos puros, un corazón capaz de amar sin explotar. En la mirada y en el corazón de Jesús recibió la revelación de Dios Amor.
Para evitar equívocos, conviene notar que la misericordia de Jesús no se manifiesta poniendo entre paréntesis la ley moral. Para Jesús el bien es bien y el mal es mal. La misericordia no cambia la naturaleza del pecado, pero lo quema en un fuego de amor. Este efecto purificador y sanador se realiza si hay en el hombre una correspondencia de amor, que implica el reconocimiento de la ley de Dios, el arrepentimiento sincero, el propósito de una vida nueva. A la pecadora del Evangelio se le perdonó mucho porque amó mucho. En Jesús Dios viene a darnos amor y a pedirnos amor».
– LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan erroresen materia de fe y de moral y para que así iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
XXVIII Jornada Mundial de la Juventud
Río de Janeiro – 22-28 de Julio 2013
Mensaje «Id y haced discípulos a todos los pueblos» (Mt 28,19)
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Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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DOMINGO 10-C DEL TIEMPO ORDINARIO
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atenaAurea (en)
No he encontrado homilía. Os entrego algunos textos
1ª Lectura: Resurrección del hijo de la viuda de Sarepta
Juan Pablo II, Homilía en el Jubileo del mundo agrícula 12-11-2000 (ge sp fr en it po): «3. El "gemido" de la tierra nos lleva con el pensamiento a vuestro trabajo, amadísimos hombres y mujeres de la agricultura, un trabajo muy importante, pero también muy arduo y duro. En el pasaje que hemos escuchado del libro de los Reyes, se evoca precisamente una situación típica de sufrimiento debida a la sequía. El profeta Elías, que padecía hambre y sed, es protagonista y a la vez beneficiario de un milagro de la generosidad. Una pobre viuda lo socorre, compartiendo con él el último puñado de harina y las últimas gotas de su aceite; su generosidad abre el Corazón de Dios hasta el punto de que el profeta puede anunciar: "La vasija de la harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra" (1R 17, 14).
6. La actitud que debemos asumir nos la sugiere el evangelio con el ejemplo de la viuda pobre que echa unas pocas monedas en el cepillo, pero en realidad da más que todos, porque no da de lo que le sobra, sino "todo lo que tenía para vivir" (Mc 12, 44). Esa mujer desconocida imita así la actitud de la viuda de Sarepta, que acogió en su casa a Elías y compartió con él su comida. A ambas las sostenía su confianza en el Señor. Ambas encuentran en la fe la fuerza de una caridad heroica».
Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Rafael arcángel 11-11-1979 (sp fr it po): «"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el reino de los cielos" (Mt 5, 3). Se puede decir que la liturgia de este domingo ilustra de manera especialmente sugestiva esta primera bienaventuranza del sermón de la montaña, permitiéndonos penetrar a fondo en la verdad que contiene. Efectivamente, nos habla en la primera lectura de la viuda pobre de los tiempos de Elías, que habitaba en Sarepta de Sidón. Poco después nos habla de otra viuda pobre de los tiempos de Cristo, que ha entrado en el atrio del templo de Jerusalén. Una y otra han dado todo lo que podían. La primera dio a Elías el último puñado de harina para hacer una pequeña torta. La otra echó en el tesoro del templo dos leptos, y estos dos leptos constituían todo "lo que tenía" (Mc 12, 44). La primera no queda defraudada porque, conforme a la predicción de Elías, "no faltó la harina de la tinaja, hasta que el Señor hizo caer la lluvia sobre la tierra" (cf 1 Re 17, 14). La segunda pudo escuchar las alabanzas más grandes de labios de Cristo mismo.
Mediante estas dos figuras se desvela el verdadero significado de esa pobreza de espíritu, que constituye el contenido de la primera bienaventuranza en el sermón de la montaña. Esto puede sonar a paradoja, pero esta pobreza esconde en sí una riqueza especial. Efectivamente, rico no es el que tiene, sino el que da. Y da no tanto lo que posee, cuanto a sí mismo. Entonces, él puede dar incluso cuando no posea. Aun cuando no posea, es por lo tanto rico».
2ª Lectura: Pablo sube a Jerusalén para conocer a Pedro
Juan Pablo II, Audiencia general 13-1-1993 (sp it): «7. Sabemos bien que para anunciar el Evangelio a los paganos fue llamado de modo especial el apóstol Pablo, doctor gentium. Pero él mismo reconocía la autoridad de Pedro como garante de la rectitud de su misión evangelizadora: iniciada su tarea de predicar a los paganos el Evangelio –narra él mismo–, "de allí a tres años, subí a Jerusalén para consultar a Cefas" (Ga 1, 18). Pablo estaba al corriente del papel que desempeñaba Pedro en la Iglesia y reconocía su importancia. Después de catorce años, vuelve de nuevo a Jerusalén para una comprobación: "Para saber si corría o había corrido en vano" (Ga 2, 2). Esta vez no solo se dirige a Pedro, sino también "a los notables" (ib.). Con todo, da a entender que considera a Pedro como jefe supremo, pues, aunque en la distribución geo-religiosa del trabajo, a Pedro se le confió predicar el Evangelio a los circuncisos (cf Ga 2, 7), seguía siendo el primero también en el anuncio del Evangelio a los paganos, como hemos visto en la conversión de Cornelio. En ese caso Pedro abre una puerta a todos los gentiles que por entonces podían tener contacto con ellos».
Evangelio: Jesús resucita al hijo único de la viuda de Naín
Juan Pablo II, Audiencia general 18-11-1987 (sp it po): «2. Una ojeada a algunos acontecimientos particulares, presentados por los Evangelistas, nos permite darnos cuenta de la presencia arcana en cuyo nombre Jesucristo obra sus milagros. Helo ahí cuando, respondiendo a las súplicas de un leproso, que le dice: "Si quieres, puedes limpiarme", él, en su humanidad, "enternecido", pronuncia una palabra de orden que, en un caso como aquel, corresponde a Dios, no a un simple hombre: "Quiero, sé limpio. Y al instante desapareció la lepra y quedó limpio" (cf Mc 1, 40-42). Algo semejante encontramos en el caso del paralítico que fue bajado por un agujero realizado en el techo de la casa: "Yo te digo... levántate, toma tu camilla y vete a tu casa" (cf Mc 2, 11-12). Y también: en el caso de la hija de Jairo leemos que "Él (Jesús)..., tomándola de la mano, le dijo: "Talitha qumi", que quiere decir: "Niña, a ti te lo digo, levántate". Y al instante se levantó la niña y echó a andar" (Mc 5, 41-42).
En el caso del joven muerto de Naín: "Joven, a ti te hablo, levántate. Se sentó el muerto y comenzó a hablar" (Lc 7, 14-15). ¡En cuántos de estos episodios vemos brotar de la palabras de Jesús la expresión de una voluntad y de un poder al que él apela interiormente y que expresa, se podría decir, con la máxima naturalidad, como si perteneciese a su condición más íntima: el poder de dar a los hombres la salud, la curación e incluso la resurrección y la vida!».
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que así iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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«Corpus Christi»
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y©atena Aurea (en)
Juan Pablo II, Jueves 14-6-1979: Jesús y los niños (sp fr en it po)[i]
Benedicto XVI, Jueves 7-6-2007 (ge sp fr en it po)[ii]
Benedicto XVI, Jueves 3-6-2010 (ge sp fr en it po)[iii]
[i] SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI (desde 1264) EN EL VATICANO
HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
DURANTE LA MISA PARA LOS NIÑOS DE PRIMERA COMUNIÓN
Basílica de San Pedro. Jueves 14 de junio de 1979
Queridísimos niños y niñas:
¡Grande es mi alegría al veros aquí tan numerosos y tan llenos de fervor para celebrar con el Papa la solemnidad litúrgica del Cuerpo y de la Sangre de Señor!
Os saludo a todos y a cada uno en particular con la ternura más profunda, y os agradezco de corazón que hayáis venido a renovar vuestra comunión con el Papa y por el Papa, y asimismo agradezco a vuestros párrocos, siempre dinámicos y celosos, y a vuestros padres y familiares que os han preparado y acompañado.
¡Todavía tengo ante los ojos el espectáculo impresionante de las multitudes inmensas que he encontrado durante ni viaje a Polonia; y he aquí ahora el espectáculo de los niños de Roma, he aquí vuestra maravillosa inocencia, vuestros ojos centelleantes, vuestras inquietas sonrisas!
Vosotros sois los predilectos de Jesús: "Dejad que los niños vengan mí –decía el divino Maestro– y no se lo prohibáis" (Lc 18, 16).
¡Vosotros sois también mis predilectos
Queridos niños y niñas: Os habéis preparado para la primera comunión con mucho interés y mucha diligencia, y vuestro primer encuentro con Jesús ha sido un momento de intensa emoción y de profunda felicidad. ¡Recordad siempre este día bendito de la primera comunión. ¡Recordad siempre vuestro fervor y vuestra alegría purísima!
Ahora habéis venido aquí para renovar vuestro encuentro con Jesús. ¡No podíais hacerme un regalo más bello y precioso!
Muchos niños habían manifestado el deseo de recibir la primera comunión de manos del Papa. Ciertamente habría sido para mí un gran consuelo pastoral dar a Jesús por vez primera a los niños y niñas de Roma. Pero esto no es posible, y, además, es mejor que cada niño reciba su primera comunión en la propia parroquia, del propio párroco. ¡Pero al menos; me es posible dar hoy la sagrada comunión a una representación vuestra, teniendo presente en mi amor a todos los demás, en este amplio y magnífico cenáculo! ¡Y esta es una alegría inmensa para mí y para vosotros, que no la olvidaremos jamás! Al mismo tiempo quiero dejaros algunos pensamientos que os puedan servir para mantener siempre límpida vuestra fe, fervoroso vuestro amor a Jesús Eucaristía, inocente vuestra vida.
1. Jesús está presente con nosotros. He aquí el primer pensamiento.
Jesús ha resucitado y subido al cielo; pero ha querido permanecer con nosotros y para nosotros, en todos los lugares de la tierra. ¡La Eucaristía es verdaderamente una invención divina!
Antes de morir en la cruz, ofreciendo su vida al Padre en sacrificio de adoración y de amor, Jesús instituyó la Eucaristía, transformando el pan y el vino en su misma Persona y dando a los Apóstoles y a sus sucesores, los obispos y los sacerdotes, el poder de hacerlo presente en la Santa Misa.
¡Jesús, pues, ha querido permanecer con nosotros para siempre! Jesús ha querido unirse íntimamente a nosotros en la santa comunión, para demostrarnos su amor directa y personalmente. Cada uno puede decir: "¡Jesús me ama! ¡Yo amo a Jesús!".
Santa Teresa del Niño Jesús, recordando el día de su primera comunión, escribía: "¡Oh, qué dulce fue el primer beso que Jesús dio a mi alma!... Fue un beso de amor, yo me sentía amada y decía a mi vez: Os amo, me entrego a Vos para siempre... Teresa había desaparecido como la gota de agua que se pierde en el seno del océano. Quedaba solo Jesús: el Maestro, el Rey" (Teresa de Lisieux,Storia di un'anima; edic. Queriniana, 1974, Man. A, cap. IV, pág. 75).
Y se puso a llorar de alegría y consuelo, entre el estupor de las compañeras.
Jesús está presente en la Eucaristía para ser encontrado, amado, recibido, consolado. Dondequiera esté el sacerdote, allí está presente Jesús, porque la misión y la grandeza del sacerdote es precisamente la celebración de la Santa Misa.
Jesús está presente en las grandes ciudades y en las pequeñas aldeas, en las iglesias de montaña y en las lejanas cabañas de África y de Asia, en los hospitales y en las cárceles, ¡incluso en los campos de concentración estaba presente Jesús en la Eucaristía!
Queridos niños: ¡Recibid frecuentemente a Jesús! ¡Permaneced en él: dejaos transformar por él!
2. Jesús es vuestro mayor amigo. He aquí el segundo pensamiento.
¡No lo olvidéis jamás! Jesús quiere ser nuestro amigo más íntimo, nuestro compañero de camino.
Ciertamente tenéis muchos amigos; pero no podéis estar siempre con ellos, y ellos no pueden ayudaros siempre, escucharos, consolaros.
En cambio, Jesús es el amigo que nunca os abandona; Jesús os conoce uno por uno, personalmente; sabe vuestro nombre, os sigue, os acompaña, camina con vosotros cada día; participa de vuestras alegrías y os consuela en los momentos de dolor y de tristeza. Jesús es el amigo del que no se puede prescindir ya más cuando se le ha encontrado y se ha comprendido que nos ama y quiere nuestro amor.
Con él podéis hablar, hacerle confidencias; podéis dirigiros a él con afecto y confianza. ¡Jesús murió incluso en una cruz por nuestro amor! Haced un pacto de amistad con Jesús y no lo rompáis jamás! En todas las situaciones de vuestra vida, dirigíos al Amigo divino, presente en nosotros con su "Gracia", presente con nosotros y en nosotros en la Eucaristía.
Y sed también los mensajeros y testigos gozosos del Amigo Jesús en vuestras familias, entre vuestros compañeros, en los lugares de vuestros juegos y de vuestras vacaciones, en esta sociedad moderna, muchas veces tan triste e insatisfecha.
3. Jesús os espera. He aquí el último pensamiento.
La vida, larga o breve, es un viaje hacia el paraíso: ¡Allí está nuestra patria, allí está nuestra verdadera casa, allí está nuestra cita!
¡Jesús nos espera en el paraíso! No olvidéis nunca esta verdad suprema y confortadora. ¿Y qué es la santa comunión sino un paraíso anticipado? Efectivamente, en la Eucaristía está el mismo Jesús que nos espera y a quien encontraremos un día abiertamente en el cielo.
¡Recibid frecuentemente a Jesús para no olvidar nunca el paraíso, para estar siempre en marcha hacia la casa del Padre celestial, para gustar ya un poco el paraíso!
Esto lo había entendido Domingo Savio que, a los 7 años, tuvo permiso para recibir la primera comunión, y ese día escribió sus propósitos: "Primero: me confesaré muy frecuentemente y haré la comunión todas las veces que me dé permiso el confesor. Segundo: quiero santificar los días festivos. Tercero: mis amigos serán Jesús y María. Cuarto: la muerte, pero no el pecado".
Esto que el pequeño Domingo escribía hace tantos años, 1849, vale todavía ahora y valdrá para siempre.
Queridísimos, termino diciéndoos, niños y niñas, ¡manteneos dignos de Jesús a quien recibís! ¡Sed inocentes y generosos! ¡Comprometeos para hacer hermosa la vida a todos con la obediencia, con la amabilidad, con la buena educación! ¡El secreto de la alegría es la bondad!
Y a vosotros, padres y familiares, os digo con preocupación y confianza: ¡Amad a vuestros niños, respetadlos, edificadlos! ¡Sed dignos de su inocencia y del misterio encerrado en su alma, creada directamente por Dios! ¡Ellos tienen necesidad de amor, delicadeza, buen ejemplo, madurez! ¡No los desatendáis! ¡No los traicionéis!
Os confío a todos a María Santísima, nuestra Madre del cielo, la Estrella en el mar de nuestra vida: ¡Rezadle cada día vosotros, niños! Dad a María Santísima vuestra mano para que os lleve a recibir santamente a Jesús.
Y dirijamos también un pensamiento de afecto y solidaridad a todos los muchachos que sufren, a todos los niños que no pueden recibir a Jesús, porque no lo conocen, a todos los padres que se han visto dolorosamente privados de sus hijos, o están desilusionados y amargados en sus expectativas.
¡En vuestro encuentro con Jesús rezad por todos, encomendad a todos, pedid gracias y ayudas para todos!
¡Y rezad también por mí, vosotros que sois mis predilectos!
[ii] HOMILÍA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
DURANTE LA MISA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI
Basílica de San Juan de Letrán. Jueves 7 de junio de 2007
Queridos hermanos y hermanas:
Hace poco hemos cantado en la Secuencia: "Dogma datur christianis, quod in carnem transit panis, et vinum in sanguinem", "Es certeza para los cristianos: el pan se convierte en carne, y el vino en sangre". Hoy reafirmamos con gran gozo nuestra fe en la Eucaristía, el Misterio que constituye el corazón de la Iglesia.
En la reciente exhortación postsinodal Sacramentumcaritatis recordé que el Misterio eucarístico "es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre" (n. 1). Por tanto, la fiesta del Corpus Christi es singular y constituye una importante cita de fe y de alabanza para toda comunidad cristiana. Es una fiesta que tuvo su origen en un contexto histórico y cultural determinado: nació con la finalidad precisa de reafirmar abiertamente la fe del pueblo de Dios en Jesucristo vivo y realmente presente en el santísimo sacramento de la Eucaristía. Es una fiesta instituida para adorar, alabar y dar públicamente las gracias al Señor, que "en el Sacramento eucarístico Jesús sigue amándonos "hasta el extremo", hasta el don de su cuerpo y de su sangre" (ib., 1).
La celebración eucarística de esta tarde nos remonta al clima espiritual del Jueves santo, el día en que Cristo, en la víspera de su pasión, instituyó en el Cenáculo la santísima Eucaristía. Así, el Corpus Christi constituye una renovación del misterio del Jueves santo, para obedecer a la invitación de Jesús de "proclamar desde los terrados" lo que él dijo en lo secreto (cf Mt 10, 27).
El don de la Eucaristía los Apóstoles lo recibieron en la intimidad de la última Cena, pero estaba destinado a todos, al mundo entero. Precisamente por eso hay que proclamarlo y exponerlo abiertamente, para que cada uno pueda encontrarse con "Jesús que pasa", como acontecía en los caminos de Galilea, de Samaria y de Judea; para que cada uno, recibiéndolo, pueda quedar curado y renovado por la fuerza de su amor.
Queridos amigos, esta es la herencia perpetua y viva que Jesús nos ha dejado en el Sacramento de su Cuerpo y su Sangre. Es necesario reconsiderar, revivir constantemente esta herencia, para que, como dijo el venerado Papa Pablo VI, pueda ejercer "su inagotable eficacia en todos los días de nuestra vida mortal" (Audiencia general del miércoles 24 de mayo de 1967).
En la misma exhortación postsinodal, comentando la exclamación del sacerdote después de la consagración: "Este es el misterio de la fe", afirmé: "Proclama el misterio celebrado y manifiesta su admiración ante la conversión sustancial del pan y el vino en el cuerpo y la sangre del Señor Jesús, una realidad que supera toda comprensión humana" (n. 6).
Precisamente porque se trata de una realidad misteriosa que rebasa nuestra comprensión, no nos ha de sorprender que también hoy a muchos les cueste aceptar la presencia real de Cristo en la Eucaristía. No puede ser de otra manera. Así ha sucedido desde el día en que, en la sinagoga de Cafarnaúm, Jesús declaró abiertamente que había venido para darnos en alimento su carne y su sangre (cf Jn 6, 26-58).
Ese lenguaje pareció "duro" y muchos se volvieron atrás. Ahora, como entonces, la Eucaristía sigue siendo "signo de contradicción" y no puede menos de serlo, porque un Dios que se hace carne y se sacrifica por la vida del mundo pone en crisis la sabiduría de los hombres. Pero con humilde confianza la Iglesia hace suya la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, y con ellos proclama, y proclamamos nosotros: "Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna" (Jn 6, 68). Renovemos también nosotros esta tarde la profesión de fe en Cristo vivo y presente en la Eucaristía. Sí, "es certeza para los cristianos: el pan se convierte en carne, y el vino en sangre".
La Secuencia, en su punto culminante, nos ha hecho cantar: "Ecce panis angelorum, factus cibus viatorum: vere panis filiorum", "He aquí el pan de los ángeles, pan de los peregrinos, verdadero pan de los hijos". La Eucaristía es el alimento reservado a los que en el bautismo han sido liberados de la esclavitud y han llegado a ser hijos, y por la gracia de Dios nosotros somos hijos; es el alimento que los sostiene en el largo camino del éxodo a través del desierto de la existencia humana.
Como el maná para el pueblo de Israel, así para toda generación cristiana la Eucaristía es el alimento indispensable que la sostiene mientras atraviesa el desierto de este mundo, aridecido por sistemas ideológicos y económicos que no promueven la vida, sino que más bien la mortifican; un mundo donde domina la lógica del poder y del tener, más que la del servicio y del amor; un mundo donde no raramente triunfa la cultura de la violencia y de la muerte. Pero Jesús sale a nuestro encuentro y nos infunde seguridad: él mismo es "el pan de vida" (Jn 6, 35.48). Nos lo ha repetido en las palabras del Aleluya: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Quien come de este pan, vivirá para siempre" (cf Jn 6, 51).
En el pasaje evangélico que se acaba de proclamar, san Lucas, narrándonos el milagro de la multiplicación de los cinco panes y dos peces con los que Jesús sació a la muchedumbre "en un lugar desierto", concluye diciendo: "Comieron todos hasta saciarse (cf Lc 9, 11-17).
En primer lugar, quiero subrayar la palabra "todos". En efecto, el Señor desea que todos los seres humanos se alimenten de la Eucaristía, porque la Eucaristía es para todos. Si en el Jueves santo se pone de relieve la estrecha relación que existe entre la última Cena y el misterio de la muerte de Jesús en la cruz, hoy, fiesta del Corpus Christi, con la procesión y la adoración común de la Eucaristía se llama la atención hacia el hecho de que Cristo se inmoló por la humanidad entera. Su paso por las casas y las calles de nuestra ciudad será para sus habitantes un ofrecimiento de alegría, de vida inmortal, de paz y de amor.
En el pasaje evangélico salta a la vista un segundo elemento: el milagro realizado por el Señor contiene una invitación explícita a cada uno para dar su contribución. Los cinco panes y dos peces indican nuestra aportación, pobre pero necesaria, que él transforma en don de amor para todos. "Cristo –escribí en la citada exhortación postsinodal– sigue exhortando también hoy a sus discípulos a comprometerse en primera persona" (n. 88). Por consiguiente, la Eucaristía es una llamada a la santidad y a la entrega de sí a los hermanos, pues "la vocación de cada uno de nosotros consiste en ser, junto con Jesús, pan partido para la vida del mundo" (ib.).
Nuestro Redentor dirige esta invitación en particular a nosotros, queridos hermanos y hermanas de Roma, reunidos en torno a la Eucaristía en esta histórica plaza: os saludo a todos con afecto. Mi saludo va ante todo al cardenal vicario y a los obispos auxiliares, a los demás venerados hermanos cardenales y obispos, así como a los numerosos presbíteros y diáconos, a los religiosos y las religiosas, y a todos los fieles laicos.
Al final de la celebración eucarística nos uniremos en procesión, como para llevar idealmente al Señor Jesús por todas las calles y barrios de Roma. Por decirlo así, lo sumergiremos en la cotidianidad de nuestra vida, para que camine donde nosotros caminamos, para que viva donde vivimos. En efecto, como nos ha recordado el apóstol san Pablo en la carta a los Corintios, sabemos que en toda Eucaristía, también en la de esta tarde, "anunciamos la muerte del Señor hasta que venga" (cf 1Co 11, 26). Caminamos por las calles del mundo sabiendo que lo tenemos a él a nuestro lado, sostenidos por la esperanza de poderlo ver un día cara a cara en el encuentro definitivo.
Mientras tanto, ya ahora escuchamos su voz, que repite, como leemos en el libro del Apocalipsis: "Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo" (Ap 3, 20).
La fiesta del Corpus Christi quiere hacer perceptible, a pesar de la dureza de nuestro oído interior, esta llamada del Señor. Jesús llama a la puerta de nuestro corazón y nos pide entrar no solo por un día, sino para siempre. Lo acogemos con alegría elevando a él la invocación coral de la liturgia: "Buen pastor, verdadero pan, oh Jesús, ten piedad de nosotros (...). Tú que todo lo sabes y lo puedes, que nos alimentas en la tierra, lleva a tus hermanos a la mesa del cielo, en la gloria de tus santos". Amén.
[iii] SANTAMISA EN LA SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI
HOMILÍA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
Basílica de San Juan de Letrán. Jueves 3 de junio de 2010
Queridos hermanos y hermanas:
El sacerdocio del Nuevo Testamento está íntimamente unido a la Eucaristía. Por esto, hoy, en la solemnidad del Corpus Christi y casi al final del Año sacerdotal, se nos invita a meditar en la relación entre la Eucaristía y el sacerdocio de Cristo. En esta dirección nos orientan también la primera lectura y el salmo responsorial, que presentan la figura de Melquisedec. El breve pasaje del Libro del Génesis (cf 14, 18-20) afirma que Melquisedec, rey de Salem, era "sacerdote del Dios altísimo" y por eso "ofreció pan y vino" y "bendijo a Abram", que volvía de una victoria en batalla. Abraham mismo le dio el diezmo de todo. El salmo, a su vez, contiene en la última estrofa una expresión solemne, un juramento de Dios mismo, que declara al Rey Mesías: "Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec" (Sal 110, 4). Así, el Mesías no solo es proclamado Rey sino también Sacerdote. En este pasaje se inspira el autor de la Carta a los Hebreos para su amplia y articulada exposición. Y nosotros lo hemos repetido en el estribillo: "Tú eres sacerdote eterno, Cristo Señor": casi una profesión de fe, que adquiere un significado especial en la fiesta de hoy. Es la alegría de la comunidad, la alegría de toda la Iglesia que, contemplando y adorando el Santísimo Sacramento, reconoce en él la presencia real y permanente de Jesús, sumo y eterno Sacerdote.
La segunda lectura y el Evangelio, en cambio, centran la atención en el misterio eucarístico. De la Primera Carta a los Corintios (cf 11, 23-26) está tomado el pasaje fundamental, en el que san Pablo recuerda a la comunidad el significado y el valor de la "Cena del Señor", que el Apóstol había transmitido y enseñado, pero que corrían el riesgo de perderse. El Evangelio, en cambio, es el relato del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, en la redacción de san Lucas: un signo atestiguado por todos los Evangelistas y que anuncia el don que Cristo hará de sí mismo, para dar a la humanidad la vida eterna. Ambos textos ponen de relieve la oración de Cristo, en el acto de partir el pan. Naturalmente, hay una neta diferencia entre los dos momentos: cuando parte los panes y los peces para las multitudes, Jesús da gracias al Padre celestial por su providencia, confiando en que no dejará que falte el alimento a toda esa gente. En la última Cena, en cambio, Jesús convierte el pan y el vino en su propio Cuerpo y Sangre, para que los discípulos puedan alimentarse de él y vivir en comunión íntima y real con él.
Lo primero que conviene recordar siempre es que Jesús no era un sacerdote según la tradición judía. Su familia no era sacerdotal. No pertenecía a la descendencia de Aarón, sino a la de Judá y, por tanto, legalmente el camino del sacerdocio le estaba vedado. La persona y la actividad de Jesús de Nazaret no se sitúan en la línea de los antiguos sacerdotes, sino más bien en la de los profetas. Y en esta línea Jesús se alejó de una concepción ritual de la religión, criticando el planteamiento que daba valor a los preceptos humanos vinculados a la pureza ritual más que a la observancia de los mandamientos de Dios, es decir, al amor a Dios y al prójimo, que, como dice el Señor, "vale más que todos los holocaustos y sacrificios" (Mc 12, 33). También en el interior del templo de Jerusalén, lugar sagrado por excelencia, Jesús realiza un gesto típicamente profético, cuando expulsa a los cambistas y a los vendedores de animales, actividades que servían para la ofrenda de los sacrificios tradicionales. Así pues, a Jesús no se le reconoce como un Mesías sacerdotal, sino profético y real. Incluso su muerte, que los cristianos con razón llamamos "sacrificio", no tenía nada de los sacrificios antiguos, más aún, era todo lo contrario: la ejecución de una condena a muerte, por crucifixión, la más infamante, llevada a cabo fuera de las murallas de Jerusalén.
Entonces, ¿en qué sentido Jesús es sacerdote? Nos lo dice precisamente la Eucaristía. Podemos tomar como punto de partida las palabras sencillas que describen a Melquisedec: "Ofreció pan y vino" (Gn 14, 18). Es lo que hizo Jesús en la última Cena: ofreció pan y vino, y en ese gesto se resumió totalmente a sí mismo y resumió toda su misión. En ese acto, en la oración que lo precede y en las palabras que lo acompañan radica todo el sentido del misterio de Cristo, como lo expresa la Carta a los Hebreos en un pasaje decisivo, que es necesario citar: "En los días de su vida mortal –escribe el autor refiriéndose a Jesús– ofreció ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas a Dios que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su pleno abandono a él. Aun siendo Hijo, con lo que padeció aprendió la obediencia; y, hecho perfecto, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, proclamado por Dios sumo sacerdote según el rito de Melquisedec" (5, 7-10). En este texto, que alude claramente a la agonía espiritual de Getsemaní, la pasión de Cristo se presenta como una oración y como una ofrenda. Jesús afronta su "hora", que lo lleva a la muerte de cruz, inmerso en una profunda oración, que consiste en la unión de su voluntad con la del Padre. Esta doble y única voluntad es una voluntad de amor. La trágica prueba que Jesús afronta, vivida en esta oración, se transforma en ofrenda, en sacrificio vivo.
Dice la Carta a los Hebreos que Jesús "fue escuchado". ¿En qué sentido? En el sentido de que Dios Padre lo liberó de la muerte y lo resucitó. Fue escuchado precisamente por su pleno abandono a la voluntad del Padre: el designio de amor de Dios pudo realizarse perfectamente en Jesús que, habiendo obedecido hasta el extremo de la muerte en cruz, se convirtió en "causa de salvación" para todos los que le obedecen. Es decir, se convirtió en sumo sacerdote porque él mismo tomó sobre sí todo el pecado del mundo, como "Cordero de Dios". Es el Padre quien le confiere este sacerdocio en el momento mismo en que Jesús cruza el paso de su muerte y resurrección. No es un sacerdocio según el ordenamiento de la ley de Moisés (cf Lv 8-9), sino "según el rito de Melquisedec", según un orden profético, que solo depende de su singular relación con Dios.
Volvamos a la expresión de la Carta a los Hebreos que dice: "Aun siendo Hijo, con lo que padeció aprendió la obediencia". El sacerdocio de Cristo conlleva el sufrimiento. Jesús sufrió verdaderamente, y lo hizo por nosotros. Era el Hijo y no necesitaba aprender la obediencia, pero nosotros sí teníamos y tenemos siempre necesidad de aprenderla. Por eso, el Hijo asumió nuestra humanidad y por nosotros se dejó "educar" en el crisol del sufrimiento, se dejó transformar por él, como el grano de trigo que, para dar fruto, debe morir en la tierra. A través de este proceso Jesús fue "hecho perfecto", en griego teleiotheis. Debemos detenernos en este término, porque es muy significativo. Indica la culminación de un camino, es decir, precisamente el camino de educación y transformación del Hijo de Dios mediante el sufrimiento, mediante la pasión dolorosa. Gracias a esta transformación Jesucristo llega a ser "sumo sacerdote" y puede salvar a todos los que le obedecen. El término teleiotheis, acertadamente traducido con "hecho perfecto", pertenece a una raíz verbal que, en la versión griega del Pentateuco –es decir, los primeros cinco libros de la Biblia– siempre se usa para indicar la consagración de los antiguos sacerdotes. Este descubrimiento es muy valioso, porque nos aclara que la pasión fue para Jesús como una consagración sacerdotal. Él no era sacerdote según la Ley, pero llegó a serlo de modo existencial en su Pascua de pasión, muerte y resurrección: se ofreció a sí mismo en expiación y el Padre, exaltándolo por encima de toda criatura, lo constituyó Mediador universal de salvación.
Volvamos a nuestra meditación, a la Eucaristía, que dentro de poco ocupará el centro de nuestra asamblea litúrgica. En ella Jesús anticipó su sacrificio, un sacrificio no ritual, sino personal. En la última Cena actúa movido por el "Espíritu eterno" con el que se ofrecerá en la cruz (cf Hb 9, 14). Dando gracias y bendiciendo, Jesús transforma el pan y el vino. El amor divino es lo que transforma: el amor con que Jesús acepta con anticipación entregarse totalmente por nosotros. Este amor no es sino el Espíritu Santo, el Espíritu del Padre y del Hijo, que consagra el pan y el vino y cambia su sustancia en el Cuerpo y la Sangre del Señor, haciendo presente en el Sacramento el mismo sacrificio que se realiza luego de modo cruento en la cruz. Así pues, podemos concluir que Cristo es sacerdote verdadero y eficaz porque estaba lleno de la fuerza del Espíritu Santo, estaba colmado de toda la plenitud del amor de Dios, y esto precisamente "en la noche en que fue entregado", precisamente en la "hora de las tinieblas" (cf Lc 22, 53). Esta fuerza divina, la misma que realizó la encarnación del Verbo, es la que transforma la violencia extrema y la injusticia extrema en un acto supremo de amor y de justicia. Esta es la obra del sacerdocio de Cristo, que la Iglesia ha heredado y prolonga en la historia, en la doble forma del sacerdocio común de los bautizados y el ordenado de los ministros, para transformar el mundo con el amor de Dios. Todos, sacerdotes y fieles, nos alimentamos de la misma Eucaristía; todos nos postramos para adorarla, porque en ella está presente nuestro Maestro y Señor, está presente el verdadero Cuerpo de Jesús, Víctima y Sacerdote, salvación del mundo. Venid, exultemos con cantos de alegría. Venid, adoremos. Amén.
DOMINGO 9-C DEL TIEMPO ORDINARIO
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
Juan Pablo II, Homilía en Reikiavik 4-6-1989 (en it)
«"Señor, no soy digno de que entres en mi casa" (Lc 7, 6).
Queridos hermanos y hermanas:
1. Estas palabras nos resultan familiares. Las pronunciamos antes de la sagrada comunión cada vez que participamos en la Misa (...). Queridos niños: Hoy repetiréis estas palabras los que vais a recibir la comunión por primera vez. (...). ¡Ojalá consideréis siempre el amor de Jesús tan importante como lo consideráis hoy! (...).
3. Las palabras: "Señor, no soy digno" fueron pronunciadas por primera vez por un centurión romano, un hombre que militaba como soldado en la tierra de Israel. Aunque era extranjero y pagano, amaba al pueblo de Israel, y –como el Evangelio nos dice– incluso les había construido una sinagoga, una casa de oración (cf Lc 7, 5). Por esta razón, los judíos apoyaron con gusto la petición que él quería hacer a Jesús de curar a su siervo.
En respuesta a la petición del centurión, Jesús parte hacia su casa. Pero en ese momento el centurión, queriendo ahorrar a Jesús el esfuerzo, le dijo: "Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres en mi casa; por eso tampoco me creí digno de venir personalmente. Dilo de palabra y mi criado quedará sano" (Lc 7, 6-7). Cristo accedió al deseo del centurión, pero al mismo tiempo "se admiró" de las palabras de él; y dijo a la muchedumbre que lo seguía: "Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe" (v. 9).
4. Si repetimos las palabras del centurión cuando nos acercamos a la sagrada comunión, lo hacemos precisamente porque estas palabras expresan una fe fuerte y profunda. Las palabras son sencillas, pero en cierto sentido contienen la verdad fundamental que expresa quién es Dios y quién es el hombre: Dios es el totalmente Santo, el Creador que nos da la vida y que hizo todo lo que existe en el universo. Nosotros somos creaturas y somos sus hijos, necesitados de curación a causa de nuestros pecados.
En una sociedad muy desarrollada como la vuestra (...), es fácil vivir como si Dios no existiera. En efecto, existe una poderosa atracción hacia esa actitud, pues puede dar la impresión de que reconocer a Dios como origen y fin de todo recorta la independencia humana y pone límites inaceptables a la acción humana. Pero cuando olvidamos a Dios, inmediatamente perdemos de vista el significado más profundo de nuestra existencia y ya no sabemos quiénes somos (cf Gaudium et spes, 36). ¿No constituye esto una causa importante de la insatisfacción que suele hallarse en las sociedades muy desarrolladas?
¿No es fundamental para nuestro bienestar sicológico y social escuchar la voz de Dios en la maravillosa armonía del universo? ¿No es de hecho liberador reconocer que la estabilidad, la verdad, la bondad y el orden que la mente humana progresivamente descubre en el cosmos son un reflejo de la unidad, verdad, bondad y belleza del Creador mismo? (...). Ninguna persona aislada puede resolver todos los problemas del mundo. Pero todo acto de bondad es una contribución importante a los cambios que deseamos contemplar (...). Todas nuestras buenas obras constituyen una victoria de la justicia, la paz y la dignidad humana (...).
5. Las palabras del centurión son la voz de la creatura que alaba al Creador por su generosidad y bondad. Efectivamente, estas palabras contienen el Evangelio entero: la entera Buena Nueva de nuestra salvación, y dan testimonio del maravilloso don de Dios mismo, expresado en la Palabra de vida. Dios regala a la humanidad un don totalmente libre: una participación en su naturaleza divina. Él dota a sus criaturas con la vida eterna en Cristo. El hombre ha sido adornado de gracia por Dios.
La fe del centurión romano era grande. Él era consciente de lo mucho que había sido "agraciado" por Cristo. Sabía que no era digno de tal don, y que este don iba más allá de todo lo que él, un mero hombre, podía alcanzar o incluso desear, pues el don es en verdad sobrenatural. Lo maravilloso de este don es que nos permite alcanzar el objeto de nuestros más profundos anhelos: vuvir para siempre en íntima unión con Dios que es la fuente de todo bien.
En la Eucaristía participamos sacramentalmente en este mismo don. La Eucaristía es un memorial del sufrimiento y de la muerte de Jesús: nos llena de gracia y es una prenda de nuestra futura gloria. Mediante la fe debemos renovar constantemente nuestra gratitud por el don divino.
En Cristo –que es el don divino, el don del Evangelio–, la Eucaristía se nos ofrece a todos. Todos estamos invitados a hacernos "hermanos en la fe" (cf Ga 6, 10). En la Iglesia no hay "extranjeros". Incluso quien viene de "un país lejano", desde muy lejos, está "en su casa" en la Iglesia. Esto es lo que la primera lectura de hoy, tomada del Libro de los Reyes, nos dice: cuando Salomón dedica el gran templo de Jerusalén, ora para que "te conozcan todos los pueblos de la tierra" (1R 8, 43). A pesar de las diferencias de raza, nacionalidad, lengua y cultura, todos están llamados a participar de igual modo en la unidad y hermandad del Pueblo de Dios (...).
6. "¡Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos! Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre" (Sal 117, 1-2). Hoy la Iglesia en todas partes canta estas palabras: dondequiera que se reúnan cristianos para celebrar la Eucaristía dominical, como estamos haciendo aquí (...), se están repitiendo en tantas lenguas diferentes las palabras del centurión: "Señor, no soy digno". Estas palabras –como las del salmo– nos hablan a todos de los dones de Dios: nuestra vida, nuestra familia, el progreso de nuestra sociedad, nuestra fe, y el más grande de todos los dones de Dios: su unigénito Hijo Jesucristo.
"Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme" (cf Lc 7, 6)».
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que así iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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LA SANTÍSIMA TRINIDAD
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/3) Misterio de comunión interpersonal
Juan Pablo II, Homilía en la basílica de San Pedro 29-5-1983 (it):
«"Señor, Dios nuestro, que admirable es tu nombre en toda la tierra" (Sal 8, 2). Queridos hermanos y hermanas (...). Estas palabras del Salmo responsorial de la liturgia de hoy nos ponen con temblor y adoración ante el gran misterio de la Santísima Trinidad, cuya fiesta estamos celebrando solemnemente. "¡Qué admirable es tu nombre en toda la tierra!". Y sin embargo, la extensión del mundo y del universo, aun cuando ilimitado, per quanto sconfinato, no iguala la inconmensurable realidad de la vida de Dios. Ante él hay que acoger más que nunca con humildad la invitación del Sabio bíblico, cuando advierte: "Que tu corazón no se apresure a proferir una palabra delante de Dios, que Dios está en los cielos, y tú en la tierra" (Qo 5, 1).
Efectivamente, Dios es la única realidad que escapa a nuestras capacidades de medida, de control, de dominio, de comprensión exhaustiva. Por eso es Dios: porque es él quien nos mide, nos rige, nos guía, nos comprende, aun cuando no tuviésemos conciencia de ello. Pero si esto es verdad para la divinidad en general, vale mucho más para el misterio trinitario, esto es, típicamente cristiano de Dios mismo. Él es a la vez Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pero no se trata ni de tres dioses separados, lo cual sería una blasfemia, ni siquiera de simples modos diversos e impersonales de presentarse una sola persona divina, lo cual significaría empobrecer radicalmente su riqueza de comunión interpersonal.
Nosotros podemos decir del Dios Uno y Trino mejor lo que no es que lo que es. Por lo demás, si pudiésemos explicarlo adecuadamente con nuestra razón, eso querría decir que lo habríamos apresado y reducido a la medida de nuestra mente, lo habríamos como aprisionado en las mallas de nuestro pensamiento; pero entonces lo habríamos empequeñecido a las dimensiones mezquinas de un ídolo.
En cambio: "¡Qué admirable es tu nombre en toda la tierra!". Es decir: Qué grande eres a nuestros ojos, qué libre, que diverso! Sin embargo, he aquí la novedad cristiana: el Padre nos ha amado tanto que nos ha dado a su Hijo unigénito; el Hijo, por amor, ha derramado su Sangre en favor nuestro; y el Espíritu Santo, desde luego, "nos ha sido dado" de tal manera que introduce en nosotros el amor mismo con que Dios nos ama (Rm 5, 5), como dice la segunda lectura bíblica de hoy.
El Dios Uno y Trino no es, pues, solo algo diverso, superior, inalcanzable. Al contrario, el Hijo de Dios "no se avergüenza de llamarnos hermanos" (Hb 2, 11), "participando en la sangre y la carne" (Ib. 2, 14) de cada uno de nosotros; y después de la resurrección de Pascua se realiza para cada uno de los cristianos la promesa del Señor mismo, cuando dijo en la última Cena: "Vendremos a él, y en él haremos nuestra morada" (Jn 14, 23).
Es evidente, pues, que la Trinidad no es tanto un misterio para nuestra mente –como si se tratase de un teorema intrincado–, cuanto, y mucho más, de un misterio para nuestro corazón (cf 1Jn 3, 20), puesto que es un misterio de amor. Y nosotros nunca captaremos, no digo tanto la naturaleza ontológica de Dios, cuanto más bien la razón por la que él nos ha amado hasta el punto de identificarse ante nuestros ojos como el Amor mismo (cf 1Jn 4, 16)».
(2/3) Pura Paternidad, pura Filiación, puro Nexo de Amor
«La Unidad de la Divinidad en la Trinidad de las Personas es un misterio inefable e inescrutable. Para poder explicar en cierto modo el significado del dogma fue de fundamental importancia la distinción entre el concepto de "persona" y el concepto de "naturaleza" o esencia. Persona es aquel o aquella que posee la naturaleza humana; la naturaleza es todo aquello por lo que quien existe concretamente es lo que es» (Selección de la Audiencia general 27-11-1985 sp it). «La Iglesia habla del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo como de tres Personas que subsisten en la Unidad de la idéntica Naturaleza divina.
Las personas divinas se distinguen entre sí únicamente por sus relaciones recíprocas: de Padre a Hijo, de Hijo a Padre, de Padre e Hijo a Espíritu, de Espíritu a Padre e Hijo. En Dios, pues, el Padre es pura Paternidad, el Hijo pura Filiación, el Espíritu Santo puro Nexo de Amor de los dos. Esas relaciones, que así distinguen al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo y que los dirigen Uno a Otro en su mismo Ser, poseen en sí mismas todas las riquezas de Luz y de Vida de la Naturaleza divina con la que se identifican totalmente. Son relaciones "subsistentes" que, en virtud de su impulso vital, salen al encuentro una de otra en una comunión en que la totalidad de la Persona es apertura a la otra, paradigma supremo de la sinceridad y de la libertad espiritual a la que deben tender las relaciones interpersonales humanas, siempre muy lejanas de este modelo trascendente.
Y por ello, nuestra reflexión ha de retornar con frecuencia a la contemplación de este misterio, al que tan frecuentemente se alude en el Evangelio. Jesús dice: "El Padre está en mí y yo en el Padre" (Jn 10, 38), "yo y el Padre somos uno" (Jn 10, 30). "Por esta unidad, el Padre está todo en el Hijo, todo en el Espíritu Santo; el Hijo está todo en el Padre, todo en el Espíritu Santo; el Espíritu Santo está todo en el Padre, todo en el Hijo" (Concilio de Florencia, Año 1442: DS 1331). "Lo que es el Padre, lo es no respecto de sí, sino respecto del Hijo; lo que es el Hijo, lo es no respecto de sí, sino respecto del Padre; del mismo modo el Espíritu Santo, en cuanto es llamado Espíritu del Padre y del Hijo, lo es no respecto de sí, sino respecto del Padre y del Hijo" (XI Concilio de Toledo, Año 675: DS 528). Las tres personas divinas, los tres "distintos", siendo puras relaciones recíprocas, son el mismo Ser, la misma Vida, el mismo Dios» (Selección de la Audiencia general 4-12-1985 sp it).
(3/3) Misterio para nuestro corazón (Beata Isabel de la Trinidad)
«¡Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro!, ayúdame a olvidarme enteramente de mí para establecerme en ti, inmóvil y tranquila, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz ni hacerme salir de ti, oh mi Inmutable, sino que cada instante me haga penetrar más y más en la profundidad de tu Misterio. Pacifica mi alma, haz de ella tu cielo, tu amada morada y el lugar de tu reposo. Que nunca te deje allí solo, sino que esté allí toda entera, toda despierta en mi fe, toda en adoración, toda entregada a tu acción creadora.
¡Oh mi Cristo amado, crucificado por amor! Quisiera ser una esposa para tu Corazón, quisiera cubrirte de gloria, quisiera amarte hasta morir de amor. Pero siento mi impotencia, y te pido que me "revistas de ti mismo" (cf Ga 3, 27-28). Identifica mi alma con todos los movimientos de tu alma, sumérgeme, invádeme, sustitúyeme por ti, a fin de que mi vida no sea más que una irradiación de tu Vida. Ven en mí, venez en moi, como Adorador, como Reparador y como Salvador. ¡Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios! Quisiera pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme enteramente dócil a tus enseñanzas, a fin de aprenderlo todo de ti. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero fijarme siempre en ti y permanecer bajo tu gran luz. ¡Oh mi Astro amado!, fascíname, para que no pueda ya salir de tu irradiación.
¡Oh Fuego consumidor, Espíritu de Amor!, "sobrevén en mí", survenez en moi (cf Lc 1, 35: superveniet in te) a fin de que se realice en mi alma como una encarnación del Verbo: que yo sea para él una humanidad complementaria, humanité surcroît, en la que renueve todo su Misterio.
Y tú, ¡oh Padre!, inclínate hacia tu pequeña criatura, "cúbrela con tu sombra" (cf Lc 1, 35; Mt 17, 5), no veas en ella más que al "Amado en quien tú has puesto todas tus complacencias" (cf Mt 3, 17; 17, 5).
¡Oh mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo! Yo me entrego a ti como una presa. Escóndete tú en mí, ensevelissez-vous en moi (cf Col 3, 3), para que yo me esconda en ti, en espera de ir a contemplar en tu luz el abismo de tus grandezas».
(Isabel nace en Dijon, Francia, en 1880; entra en el Carmelo en 1901; escribe esta oración en 1904, y muere en 1906. Es beatificada por Juan Pablo II en 1984).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS
¿Cuántos estaban en el Cenáculo en Pentecostés?
Pablo VI, Audiencia general 17‑5‑1972 (it): «El grupo de los fieles que habían quedado, incluidas las piadosas mujeres y María la Madre de Jesús, era de unas ciento veinte personas aproximadamente». Cf Hc 1, 14-15; 2, 1; Benedicto XVI, Homilía 11-5-2008 (ge sp fr en it po): «"unos ciento veinte", múltiplo del "doce" del Colegio apostólico».
Benedicto XVI, Homilía 23-5-2010 (ge sp fr en it po)
Regina caeli 23-5-2010 (ge sp fr en it po)
Benedicto XVI, Homilía 12-6-2011 (ge sp fr en it po)
Regina caeli 12-6-2011 (ge sp fr en it po)
Benedicto XVI, Homilía 27-5-2012 (ge sp fr en it po)
Regina caeli 27-5-2012 (ge hr sp fr en it po)
JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE
(Fiesta en España. Jueves siguiente a Pentecostés)
Juan Pablo II, Audiencia general 18-2-1987 (sp it)
Benedicto XVI, Jesús de Nazaret2 IV: La Oración Sacerdotal de Jesús
¿CÓMO INVOCAR AL ESPÍRITU SANTO
AL COMENZAR LA ORACIÓN PERSONAL?
Juan Pablo II, Homilía 19-5-1991 (it): «A través de las generaciones y los siglos, la Iglesia grita: "Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra"; y este grito encuentra siempre respuesta. Cristo mismo responde: "Recibid el Espíritu Santo" (Jn 20, 22). Y se verifican, al mismo tiempo, las palabras del salmista: "Enviarás tu Espíritu, y serán creados, y renovarás la faz de la tierra" (Sal 104, 30)»; Regina caeli 10-6-1984 (sp it): «"¡Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra!". Así ora la Iglesia por medio del Corazón de la Virgen Inmaculada, Madre de Cristo crucificado y resucitado».
«¡La Iglesia grita!». La promesa divina expresada en el salmo 104, 30, «enviarás tu espíritu, y serán creados, y renovarás la faz de la tierra, emittes spiritum tuum, et creabuntur, et renovabis faciem terrae», la Iglesia la hace objeto de súplica con su respuesta al salmo responsorial del domingo de Pentecostés: «Envía tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra, emitte Spiritum tuum, Domine, et renova faciem terrae».
ESTA, PUES, PODRÍA SER UNA FORMA:
– Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
– Envía tu Espíritu, Señor, / y renueva la faz de la tierra.
– Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a sus inspiraciones, para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
NVulgata 1 Ps 2 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/3) Juan Pablo II, Homilía en San Pedro: jueves 24-5-2001 (ge sp fr en it po): «1. Nos hallamos reunidos en torno al altar del Señor para celebrar su ascensión al cielo. Hemos escuchado sus palabras: "Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos... hasta los confines del mundo" (Hc 1, 8) (...). Estas palabras del Señor resucitado impulsan a la Iglesia a adentrarse en el mar de la historia, la hacen contemporánea de todas las generaciones, la transforman en levadura de todas las culturas del mundo.
Las volvemos a escuchar hoy para acoger con renovado fervor la orden que un día Jesús dio a san Pedro: "Duc in áltum, rema mar adentro" (Lc 5, 4), una orden que quise que resonara en toda la Iglesia con la carta apostólica Novo millennio ineunte (ge zh sp fr hu en it lt pl po), y que a la luz de esta solemnidad litúrgica cobra un significado más profundo aún. El áltum hacia el que la Iglesia debe dirigirse no es solo un compromiso misionero más fuerte, sino también, y sobre todo, un compromiso contemplativo más intenso. Como los Apóstoles, testigos de la Ascensión, también nosotros estamos invitados a fijar nuestra mirada en el rostro de Cristo, elevado al resplandor de la gloria divina.
Ciertamente, contemplar el cielo no significa olvidar la tierra. Si nos viniera esta tentación, nos bastaría escuchar de nuevo a los "dos varones vestidos de blanco" de la página evangélica de hoy: "¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?". La contemplación cristiana no nos aleja del compromiso histórico. El "cielo" al que Jesús ascendió no es lejanía, sino ocultamiento y custodia de una presencia que no nos abandona jamás, hasta que él vuelva en la gloria. Mientras tanto, es la hora exigente del testimonio, para que en el nombre de Cristo "se predique la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos" (cf Lc 24, 47) (...).
La alegría colmó el corazón de los Apóstoles, después de que el Resucitado, bendiciéndolos, se separó de ellos para subir al cielo. En efecto, dice san Lucas que, "después de adorarlo, se volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios" (Lc 24, 52-53).
La naturaleza misionera de la Iglesia hunde sus raíces en este icono de los orígenes. Lleva impresos sus rasgos y vuelve a proponer su espíritu. Vuelve a proponerlo comenzando por la experiencia de la alegría que el Señor Jesús prometió a cuantos lo aman: "Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado" (Jn 15, 11).
Si nuestra fe en el Señor resucitado es viva, nuestro corazón no puede menos de colmarse de alegría, y la misión se configura como un "rebosar" de alegría, que nos impulsa a llevar a todos la "buena nueva" de la salvación con valentía, sin miedos ni complejos, incluso a costa del sacrificio de la vida (...).
3. Precisamente esta experiencia convirtió a san Pablo en el "Apóstol de los gentiles", llevándolo a recorrer gran parte del mundo entonces conocido, bajo el impulso de una fuerza interior que lo obligaba a hablar de Cristo: "¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!" (1Co 9, 16) (...).
4. "Seréis mis testigos". Estas palabras que Jesús dirigió a los Apóstoles antes de la Ascensión explican bien el sentido de la evangelización de siempre, pero, de modo especial, resultan sumamente actuales en nuestro tiempo. Vivimos en una época en que sobreabunda la palabra, repetida hasta la saciedad por los medios de comunicación social (...). Pero lo que necesitamos es la palabra rica en sabiduría y santidad.
Por eso en la Novo millennio ineunte escribí que "la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es la santidad" (n. 30), cultivada en la escucha de la palabra de Dios, la oración y la vida eucarística, especialmente durante la celebración semanal del Dies Domini. Solo gracias al testimonio de cristianos verdaderamente comprometidos a vivir de modo radical el Evangelio, el mensaje de Cristo puede abrirse camino en nuestro mundo.
La Iglesia afronta hoy enormes desafíos, que ponen a prueba la confianza y el entusiasmo de los heraldos (...). El mundo moderno, incluso cuando se muestra sensible a la dimensión religiosa y parece redescubrirla, acepta a lo sumo la imagen de Dios creador, mientras que le resulta difícil aceptar –como sucedió con los oyentes de san Pablo en el areópago de Atenas (cf Hc 17, 32-34)– elscandalum crucis (cf 1Co 1, 23), el "escándalo" de un Dios que por amor entra en nuestra historia y se hace hombre, muriendo y resucitando por nosotros.
Es fácil intuir el desafío que esto implica para las escuelas y las universidades católicas, así como para los centros de formación filosófica y teológica de los candidatos al sacerdocio, lugares en los que es preciso impartir una preparación cultural que esté a la altura del momento cultural presente.
Otros problemas derivan del fenómeno de la globalización, que, aunque ofrece la ventaja de acercar a los pueblos y las culturas, haciendo más accesible a todos un sinfín de mensajes, no facilita el discernimiento y una síntesis madura, sino que favorece una actitud relativista, que hace aún más difícil aceptar a Cristo como "Camino, Verdad y Vida" (Jn 14, 6) de todo hombre (...).
5. El misterio de la Ascensión nos abre hoy el horizonte ideal desde el que se ha de enfocar nuestro compromiso. Es, ante todo, el horizonte de la victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado. Asciende al cielo como rey de amor y de paz, fuente de salvación para la humanidad entera. Asciende para "ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros", como hemos escuchado en la lectura de la carta a los Hebreos (Hb 9, 24). La palabra de Dios nos invita a tener confianza, porque "es fiel quien hizo la promesa" (Hb 10, 23).
También nos da fuerza el Espíritu, que Cristo derramó sin medida. El Espíritu es el secreto de la Iglesia de hoy, como lo fue para la Iglesia de la primera hora. Estaríamos condenados al fracaso si no siguiera siendo eficaz en nosotros la promesa que Jesús hizo a los primeros Apóstoles: "Voy a enviaros la promesa de mi Padre; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que seáis revestidos de la fortaleza de lo alto" (Lc 24, 49). El Espíritu, Cristo, el Padre: ¡Toda la Trinidad está comprometida con nosotros! (...).
Nuestros compromisos (...) no los afrontaremos solo con nuestras fuerzas humanas, sino con la fuerza que viene "de lo alto". Esta es la certeza que se alimenta continuamente en la contemplación de Cristo elevado al cielo. Fijando en él nuesta mirada, aceptemos de buen grado la exhortación de la carta a los Hebreos a "mantenernos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa" (Hb 10, 23).
Nuestro renovado compromiso se hace canto de alabanza, a la vez que, con las palabras del Salmo, indicamos a todos los pueblos del mundo a Cristo resucitado y elevado al cielo: "Pueblos todos, batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo... Dios es el rey del mundo" (Sal 47, 1. 8). Por tanto, con renovada confianza, "rememos mar adentro" en su nombre».
(2/3) Benedicto XVI, Regina caeli: domingo 20-5-2007 (ge hr sp fr en it po): «Queridos hermanos y hermanas, en algunos países se celebra hoy la solemnidad de la Ascensión del Señor, que la liturgia recordó el jueves pasado. Jesús resucitado vuelve al Padre, así nos abre el camino a la vida eterna y hace posible el don del Espíritu Santo. Como entonces los Apóstoles, también nosotros, después de la Ascensión, nos recogemos en oración para invocar la efusión del Espíritu, en unión espiritual con la Virgen María (cf Hc 1, 12-14)».
(3/3) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de santa Ángela de Merici: domingo 27-5-2001 (): «1. "Dios asciende entre aclamaciones" (Antífona del Salmo responsorial). Estas palabras de la liturgia de hoy nos introducen en la solemnidad de la Ascensión del Señor. Revivimos el momento en que Cristo, cumplida su misión terrena, vuelve al Padre. Esta fiesta constituye el coronamiento de la glorificación de Cristo, realizada en la Pascua. Representa también la preparación inmediata para el don del Espíritu Santo, que sucederá en Pentecostés. Por tanto, no hay que considerar la Ascensión del Señor como un episodio aislado, sino como parte integrante del único misterio pascual.
En realidad, Jesús resucitado no deja definitivamente a sus discípulos; más bien, empieza un nuevo tipo de relación con ellos. Aunque desde el punto de vista físico y terreno ya no está presente como antes, en realidad su presencia invisible se intensifica, alcanzando una profundidad y una extensión absolutamente nuevas. Gracias a la acción del Espíritu Santo prometido, Jesús estará presente donde enseñó a los discípulos a reconocerlo: en la palabra del Evangelio, en los sacramentos y en la Iglesia, comunidad de cuantos creerán en él, llamada a cumplir una incesante misión evangelizadora a lo largo de los siglos (...).
3. La liturgia nos exhorta hoy a mirar al cielo, como hicieron los Apóstoles en el momento de la Ascensión, pero para ser los testigos creíbles del Resucitado en la tierra (cf Hc 1, 11), colaborando con él en el crecimiento del reino de Dios en medio de los hombres. Nos invita, además, a meditar en el mandato que Jesús dio a los discípulos antes de subir al cielo: predicar a todas las naciones la conversión y el perdón de los pecados (cf Lc 24, 47) (...).
6. "Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido" (Lc 24, 49). Jesús habla aquí de su Espíritu, el Espíritu Santo. También nosotros, al igual que los discípulos, nos disponemos a recibir este don en la solemnidad de Pentecostés. Solo la misteriosa acción del Espíritu puede hacernos nuevas criaturas; solo su fuerza misteriosa nos permite anunciar las maravillas de Dios. Por tanto, no tengamos miedo; no nos encerremos en nosotros mismos. Por el contrario, con pronta disponibilidad colaboremos con él, para que la salvación que Dios ofrece en Cristo a todo hombre lleve a la humanidad entera al Padre.
Permanezcamos en espera de la venida del Paráclito, como los discípulos en el Cenáculo, juntamente con María. Al llegar a vuestra iglesia he visto una columna que sostiene la imagen de la Virgen con la inscripción: "No pases sin saludar a María". Sigamos siempre este consejo. María, a la que recurrimos con confianza sobre todo en este mes de mayo, nos ayude a ser dignos discípulos y testigos valientes de su Hijo en el mundo. Que ella, como Reina de nuestro corazón, haga de todos los creyentes una familia unida en el amor y en la paz».
XLVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales
Mensaje de Benedicto XVI
«Redes Sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización» (ge ar sp fr en it pl po)
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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DOMINGO 6-C DE PASCUA
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y©atena Aurea (en)
(1/3) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Félix de Cantalicio 4-5-1986 (it):
«1. Su templo es el Señor (cf Ap 21, 22).
Este domingo el Evangelio de san Juan nos lleva al Cenáculo. Al despedirse de los Apóstoles –el día anterior a su muerte en la cruz–, Jesús dice: "El que me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él" (Jn 14, 23). Precisamente momentos antes de ser entregado, su Corazón divino manifiesta por nosotros la cima de un amor sin límites, revelándonos el misterio de la inhabitación de Dios en nosotros: el hombre está llamado a convertirse en "templo" y "morada" de la Santísima Trinidad.
¿A qué grado mayor de comunicación con Dios podría jamás aspirar el hombre? ¿Qué prueba mayor que esta podría jamás dar Dios de querer entrar en comunión con el hombre? Toda la historia milenaria de la mística cristiana, aun con algunas expresiones sublimes, no puede menos de hablarnos muy imperfectamente de esta inefable presencia de Dios en lo íntimo del hombre.
2. De esta dimensión del "templo" (lo íntimo del hombre, el alma humana) pasamos, en la liturgia pascual de hoy, a la dimensión de la Iglesia. La lectura de los Hechos de los Apóstoles nos lleva tras las huellas de los comienzos de la Iglesia. Es una comunidad que nace del misterio pascual de Cristo, y que es guiada y vivificada por el Espíritu Santo, de manera que la actuación de la Iglesia comporta un nexo necesario de responsabilidad humana y de inspiración divina: "Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros...", como se dice en la citada lectura (Hc 15, 28).
Lo mismo que el alma del cristiano está habitada por la Santísima Trinidad, así también la Iglesia, que es la comunidad cristiana, está habitada por la Santísima Trinidad. Más aún, el cristiano es "templo" del misterio trinitario precisamente en cuanto es miembro del Cuerpo místico de Cristo, en cuanto es "sarmiento" vivo, injertado en la verdadera "Vid" que es Cristo.
Ya desde aquí abajo, a pesar de las miserias de esta vida, la Iglesia goza de esta intimidad con Dios, que es el fundamento de su infalibilidad e indefectibilidad.
3. Al mismo tiempo, juntamente con esta dimensión "histórica" de la Iglesia, la liturgia de hoy nos muestra su dimensión "mística": Jerusalén, la Ciudad santa, "que bajaba del cielo, de Dios, trayendo la gloria de Dios" (Ap 21, 10). Es la Iglesia del cielo, es la Iglesia formada por las almas de aquellos que, por la redención de Cristo, han vencido en sí mismos el pecado y la muerte, y ahora gozan el premio de la vida eterna.
Como san Juan evangelista, debemos tener siempre fijos los ojos de nuestro corazón en esta Jerusalén celeste y gloriosa, que es la meta trascendente de nuestro camino y de nuestras fatigas terrenas. Debemos contemplar siempre esta "bienaventurada visión de paz", que nos estimula y nos consuela y es objeto de nuestra esperanza. Arriba nos esperan los hermanos que han conseguido la salvación. Desde arriba ruegan e interceden por nosotros, para que también un día podamos estar con ellos.
4. La Iglesia, nacida de la cruz de Cristo y de su resurrección, es guiada constantemente por el Espíritu Santo, el Consolador. "El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho" (Jn 14, 26).
La Iglesia terrena, la Iglesia de aquí abajo, es guiada constantemente por el Espíritu de Jesús resucitado a una profundización continua de esa misma verdad que recibió desde el principio de labios del divino Maestro. Ella, durante los siglos, comprende cada vez mejor, gracias a la luz del Espíritu, las mismas palabras que un día comunicó Cristo a los Apóstoles para que las transmitieran a todo el mundo.
De este modo la Iglesia "histórica" se acerca cada vez más al pleno conocimiento de Jesús-Verdad, que ya es posesión de la Iglesia celeste, la "Jerusalén de arriba" (Ga 4, 26). El Espíritu "consuela" a la Iglesia de aquí abajo precisamente con la visión de la Iglesia del paraíso, hacia la cual tiende la Iglesia terrena con todas sus fuerzas, con el deseo ardiente de unirse a ella.
5. El salmo responsorial nos lleva a considerar que la Iglesia, en su desarrollo histórico, es enviada por Dios a todas las naciones (...), "para que conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación" (Sal 67, 3).
En esta misión universal de salvación la Iglesia está constantemente animada e impulsada por el Espíritu del Resucitado, y por el deseo de llevar a todos los hombres a la bienaventuranza, de la que ya gozan los santos del cielo. Por otra parte, estos ayudan a la Iglesia misma –por medio de sus plegarias– en el desarrollo de su misión. Y ella, por su parte, mirando con ojos de fe a la Jerusalén celeste, encuentra en esto la luz y la esperanza que le permiten mostrar con seguridad al mundo el camino de la salvación y de la santidad.
6. De este modo la Iglesia en el mundo guía al hombre –en medio de las diversas naciones de la tierra– a este templo definitivo, que según el Apocalipsis de Juan, se encuentra en la Jerusalén eterna.
"Templo no vi ninguno, porque su templo es el Señor Dios Omnipotente y el Cordero" (Ap 21, 22).
La Jerusalén celeste, a diferencia de la Iglesia de aquí abajo –"siempre necesitada de purificación" (Lumen gentium, 8)–, es totalmente pura, totalmente santa: totalmente consagrada a Dios. Por tanto, en ella no hay nada profano que deba distinguirse de lo sagrado. En ella, como dice el Apocalipsis, no hay templos, porque en ella todo es templo, todo manifiesta espléndida y claramente la presencia beatífica de la Santísima Trinidad (...).
9. Hoy, según las palabras del Evangelio de Juan, el Señor Jesús prepara a los discípulos a su partida de la tierra. Dice: "Me voy... Si me amaseis, os alegraríais, porque voy al Padre, pues el Padre es mayor que yo" (Jn 14, 28).
La Iglesia relee estas palabras al cumplirse los cuarenta días de la resurrección de Cristo, es decir, la Ascensión. Sin embargo, Cristo no dice solo "me voy", sino también "vuelvo a vosotros" (Jn 14, 28).
La marcha significa solo la conclusión de la misión mesiánica terrena. Sin embargo, no es una separación.
La misión de Cristo termina con la venida del Espíritu Santo y con el nacimiento de la Iglesia. En la Iglesia de Cristo –siempre presente y siempre operante con la fuerza del Espíritu Consolador– nos lleva a la Jerusalén eterna. La misión de la Iglesia es la de conducir a la humanidad a este destino definitivo que cada uno de los hombres tiene en Dios. En efecto, es un templo en el que Dios quiere habitar.
La marcha de Cristo no produce, pues, turbación. Está llena de paz. Dice el Salvador: "La paz os dejo, mi paz os doy". Cada día repetimos estas palabras en la liturgia eucarística antes de la comunión. Y añade: "No se turbe vuestro corazón, ni se acobarde... Me voy, y vuelvo a vosotros" (Jn 14, 27-28)».
(2/3) Catecismo de la Iglesia Católica P1, S2, C3, A12, VI: "La esperanza de los cielos nuevos y de la tierra nueva".
(3/3) Benedicto XVI, Homilía en Aparecida (Brasil) 13-5-2007 (ge sp en it po)
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
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Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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DOMINGO 5-C DE PASCUA
NVulgata1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/3) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Gregorio VII 27-4-1986 (it)
«1. "He aquí que hago nuevas todas las cosas" (Ap 21, 5).
Hay algunos lugares particulares a los que nos guía la liturgia del tiempo pascual. El primero de ellos es el Cenáculo de Jerusalén (...). A él están vinculados los principales acontecimientos pascuales: la última Cena y la institución de la Eucaristía; la primera aparición de Cristo a los Apóstoles tras la Resurrección la tarde del primer día "después del sábado" de la Pascua; la segunda aparición del Resucitado para convencer a Tomás; y luego, después de la ascensión del Señor, la presencia de la comunidad apostólica en oración juntamente con María, la Madre del Señor, en espera del Consolador; y finalmente, Pentecostés, la venida del Espíritu Santo.
El Cenáculo se convirtió en lugar de ocultamiento, donde maduraron los comienzos pascuales de la Iglesia. Luego se convirtió en el lugar de un nuevo éxodo del Pueblo de Dios de la Nueva Alianza por el mundo. Justamente pueden grabarse en este lugar las palabras del Apocalipsis: "He aquí que hago nuevas todas las cosas".
2. Al Cenáculo está vinculado también el Sermón de despedida de Cristo, del que hemos leído un pasaje en la liturgia de este domingo. Es un hecho significativo que precisamente después de la salida de Judas del Cenáculo, Cristo hable de la glorificación de Dios en su humanidad, y también de la glorificación del Hijo por el Padre.
Y estas palabras las dice precisamente cuando el apóstol traidor inicia las actividades que llevarán al prendimiento de Jesús, precisamente en el momento en que su pasión y muerte están ya decididas. Humanamente no podrían esperarse semejantes palabras, porque todo lo que va a suceder será, humanamente, una negación de la glorificación de Cristo, su radical abajamiento y despojo.
Sin embargo, las palabras de Jesús no se prestan a las medidas humanas; comportan la medida del misterio divino. En la cruz de Cristo será glorificado Dios como Amor y Verdad, como Justicia y Misericordia. También Dios glorificará a Cristo, y el signo de esta glorificación será su resurrección "el tercer día".
Cristo, pues, en tales circunstancias, dice esas palabras tan insólitas y, simultáneamente, tan llenas de otra verdad: la verdad divina y salvífica. Con esas palabras él "hace nuevas todas las cosas".
3. La liturgia del tiempo de Pascua se inspira además abundantemente en los Hechos de los Apóstoles. Hoy seguimos el camino apostólico de Pablo y Bernabé por las diversas ciudades del Oriente Medio donde se comienza a anunciar el Evangelio y nace la Iglesia.
Este desarrollo gradual del Evangelio y de la Iglesia es fruto del misterio pascual que se realizó en Jerusalén. Los acontecimientos, vinculados al principio con el Cenáculo, tienen su continuación orgánica precisamente en estas rutas de la primera evangelización testimoniada por los Hechos de los Apóstoles.
Solo con la fuerza de Cristo crucificado y resucitado, con la potencia del Espíritu Consolador, los Apóstoles y los discípulos apostólicos pudieron anunciar que "es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios" (Hc 14, 22). En efecto, Cristo mostró a todos este camino. La Iglesia nacía en los corazones, nacía en las nuevas comunidades, nacía en cada lugar de su misterio pascual, de la cruz y la resurrección.
4. Así ha sido a través de las generaciones. Y nosotros (...) vivimos de la heredad de este nacimiento salvífico de la Iglesia (...).
6. Hoy debe revivir en nosotros de modo particular el recuerdo del Cenáculo y de las palabras que el Señor Jesús dijo allí. Leemos en el Evangelio de hoy: "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos será que os amáis los unos a los otros" (Jn 13, 34-35).
Este precepto de la caridad hay que recordarlo siempre y vivirlo (...). "La señal por la que conocerán que sois discípulos míos": la recíproca fraternidad, conocimiento, estima, colaboración, entendimiento; es decir, si hay en todos vuestros esfuerzos una unidad juntamente con una serena armonía y celo con la intención de servir al Señor, buscando el bien de las almas: "Que os améis los unos a los otros como yo os he amado" (...).
8. Hay todavía otro libro en el que se fija la liturgia del período pascual, es el Libro del Apocalipsis de san Juan. El libro de los "últimos tiempos". La resurrección de Cristo dio comienzo históricamente a la evangelización apostólica y a la Iglesia, y a la vez se convirtió en el comienzo del "último cumplimiento" de todo en Cristo. Así pues, principalmente en el tiempo pascual la Iglesia renueva su conciencia de existir en la "dimensión escatológica", en la dimensión del cumplimiento definitivo.
En la segunda lectura de la Misa de hoy, el último cumplimiento de las cosas se nos presenta como el momento de la suprema y definitiva alegría de la ciudad santa, la Iglesia, la nueva Jerusalén.
Fue creada y querida por el Corazón de Dios para este último y eterno momento. Ella, pues, "desciende del cielo", de Dios, porque es fruto del amor y de la iniciativa divina, fruto de la gracia que coronará toda la historia humana. "Arreglada como una novia que se adorna para su esposo" (Ap 21, 2), porque la Iglesia se cumplirá en el momento definitivo de la alianza, y en ella será llevado el amor a su perfección, a su plenitud.
Todas las lágrimas derramadas a lo largo de la historia, como todas las lágrimas de los hombres causadas por el mal, por la culpa y la maldad, desaparecerán; pues Dios mismo, "Dios-con-ellos", enjugará el llanto, siendo él mismo la alegría plena de cada uno de los hombres.
La maravillosa página del Apocalipsis nos dice que en la mente de Dios el hombre está destinado a este gozo pleno sin ocaso, cuando sea definitivamente liberado como por una nueva creación: "He aquí que hago nuevas todas las cosas".
9. (...). Somos la Iglesia peregrina. Nos encontramos en el camino de la Jerusalén celestial, hacia esa definitiva "novedad del cielo y de la tierra" que viene de Dios juntamente con Cristo crucificado y resucitado.
Y el camino hacia lo que es "nuevo" en Cristo nos invita a pasar a través del mandamiento del amor. Efectivamente, también este es un mandamiento "nuevo": "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros como yo os he amado".
Acojamos este mandamiento. Renovemos en nosotros su fuerza. Respondamos a las múltiples exigencias que nos propone. Hagamos todo lo posible para cumplirlo en nuestra vida.
De este modo el misterio pascual de Jesucristo impregnará constantemente la realidad, toda la realidad, incluso la normal, cotidiana, y sin embargo siempre "nueva". Nueva con la potencia de la cruz y la resurrección de Cristo. Y así seremos "su pueblo" y él será "el Dios-con-nosotros" (cf Ap 21, 3)».
(2/3) Juan Pablo II, Audiencia general 28-6-2000 (ge sp fr en it po): "La Jerusalén celestial".
(3/3) Juan Pablo II, Homilía 13-5-2001 (ge sp fr en it po), con ordenaciones sacerdotales.
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
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Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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4-C DE PASCUA: DOMINGO DEL BUEN PASTOR (21 abril 2013)
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y©atena Aurea (en)
(1/2) Juan Pablo II, Homilía en Santa María in Trastevere 27-4-1980 (sp it po): «3. La liturgia de este domingo está llena de la alegría pascual, cuya fuente es la resurrección de Cristo. Todos nosotros nos alegramos de ser "su pueblo y ovejas de su rebaño" (Sal 100, 3) (...).
Toda la Iglesia se alegra hoy porque Cristo resucitado es su Pastor, el Buen Pastor. De esta alegría participa cada una de las partes de este gran rebaño del Resucitado, cada una de las falanges del Pueblo de Dios en toda la tierra (...).
4. La Iglesia propone con frecuencia a los ojos de nuestra alma la verdad sobre el Buen Pastor. También hoy escuchamos las palabras que Cristo dijo de sí mismo: "Yo soy el Buen Pastor, y conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí" (Canto del Aleluya: Jn 10, 14) (...).
Cristo crucificado y resucitado ha conocido de modo particular a cada uno de nosotros (...). Cristo Buen Pastor nos conoce a cada uno de manera distinta (...). A tal propósito dice estas insólitas palabras: "Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna, y no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, es mayor que todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno" (Jn 10, 27-30) (...).
Miremos hacia la cruz, en la que se ha realizado el misterio del divino "legado" y de la divina "heredad". Dios, que había creado al hombre, después del pecado del hombre, restituyó ese hombre, cada hombre y todos los hombres, de modo particular a su Hijo.
Cuando el Hijo subió a la cruz, cuando en ella ofreció su sacrificio, aceptó y abrazó, con su sacrificio y con su amor, al hombre, a cada uno de los hombres y a todos los hombres, y, simultáneamente, lo confió a Dios, Creador y Padre (...). En la cruz se hizo "nuestra Pascua" (1Co 5, 7).
Nos ha devuelto, a cada uno y a todos, al Padre, como al que nos había creado a su imagen y semejanza, y que, a imagen y semejanza de este su propio Hijo eterno, nos ha predestinado "a la adopción de hijos suyos por Jesucristo" (Ef 1, 5) (...).
La resurrección se ha convertido en la confirmación de su victoria: victoria del amor del Buen Pastor, que dice: "Ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna, y no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano".
5. Nosotros somos de Cristo.
La Iglesia quiere que miremos (...) hacia la cruz y la resurrección, y que midamos nuestra vida humana con el metro de este misterio (...). Cristo es el Buen Pastor porque conoce al hombre, a cada uno y a todos. Lo conoce con este conocimiento único pascual. Nos conoce porque nos ha redimido. Nos conoce porque "ha pagado por nosotros": hemos sido "rescatados a gran precio".
Nos conoce con el conocimiento y con la ciencia más "interior", con el mismo conocimiento con que él, el Hijo, conoce y abraza al Padre y, en el Padre, abraza la verdad infinita y el amor. Y mediante la participación en esta verdad y en este amor, él hace nuevamente de nosotros, en sí mismo, los hijos de su eterno Padre; obtiene de una vez para siempre la salvación del hombre, de cada uno de los hombres y de todos, de aquellos que nadie arrebatará de su mano.
En efecto, ¿quién podría arrebatarlos? ¿Quién puede aniquilar la obra de Dios mismo que ha realizado el Hijo en unión con el Padre? ¿Quién puede cambiar el hecho de que estemos redimidos, un hecho tan potente y tan fundamental como la misma creación?
A pesar de toda la inestabilidad del destino humano y de la debilidad de la voluntad y del corazón del hombre, la Iglesia nos manda hoy mirar a la potencia, a la fuerza irreversible de la redención, que vive en el Corazón y en las manos y en los pies del Buen Pastor, de aquel que nos conoce.
Hemos sido hechos de nuevo propiedad del Padre por obra de este amor que no retrocedió ante la ignominia de la cruz, para poder asegurar a todos los hombres: "Nadie os arrebatará de mi mano" (cf Jn 10, 28).
La Iglesia nos anuncia hoy la certeza pascual de la redención, la certeza de la salvación. Y cada uno de los cristianos está llamado a la participación de esta certeza:
¡Verdaderamente he sido comprado a gran precio! ¡Verdaderamente he sido abrazado por el Amor, que es más fuerte que la muerte y más fuerte que el pecado! ¡Conozco a mi Redentor, conozco al Buen Pastor de mi destino y de mi peregrinación!
6. Con esta certeza de la fe, certeza de la redención revelada en la resurrección de Cristo, partieron (...) Pablo y Bernabé por los caminos de su primer viaje al Asia Menor. Se dirigen a los que profesan la Antigua Alianza, y cuando no son aceptados, se dirigen a los paganos, se dirigen a los hombres nuevos y a los pueblos nuevos.
En medio de estas experiencias y de estas fatigas comienza a fructificar el Evangelio. Comienza a crecer el Pueblo de Dios de la Nueva Alianza.
¿A través de cuántos países, pueblos y continentes pasaron estos viajes apostólicos hasta el día de hoy? ¿Cuántos hombres han respondido con gozo al mensaje pascual? ¿Cuántos hombres han aceptado la certeza pascual de la redención? ¿A cuántos hombres y pueblos ha llegado y llega siempre el Buen Pastor?
Al final de esta grandiosa misión se delinea lo que el Apóstol Juan ve en su Apocalipsis: "Una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos... Vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero" (Ap 7, 9-14).
Así pues, también nosotros (...) confesamos la resurrección de Cristo, renovamos la certeza pascual de la redención, renovamos la alegría pascual que brota del hecho de que nosotros somos "su pueblo y ovejas de su rebaño" (Sal 100, 3).
Que siempre tengamos al Buen Pastor. Perseveremos junto a él. Cantemos a su Madre (...): Regina coeli, laetare».
(2/2) Benedicto XVI, Homilía 29-4-2007 (ge sp fr en it po).
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones Sacerdotales y Religiosas
Mensaje de Benedicto XVI
«Las vocaciones signo de la esperanza fundada sobre la fe»
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
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Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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DOMINGO 3-C DE PASCUA (14-04-2013)
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/4) Juan Pablo II, Audiencia general 2-12-1987 (sp it): «Las pescas milagrosas son para los Apóstoles y para la Iglesia las "señales" de la fecundidad de su misión si se mantienen profundamente unidas al poder salvífico de Cristo (cf Lc 5, 4-10; Jn 21, 3-6) (...). Juan, tras la narración de la pesca después de la resurrección, coloca el mandato de Cristo a Pedro: "Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas" (cf Jn 21, 15-17). Es un acercamiento significativo».
(2/4) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Felipe Apóstol 17-4-1983 (it): «Queridos hermanos y hermanas (...). La Iglesia canta con júbilo el Aleluya a Cristo resucitado (...).
"¡Es el Señor!". Así dice a Pedro "el discípulo al que Jesús amaba" (Jn 21, 7). Y lo dice cuando, ocupados en la pesca en el lago de Genesaret, oyeron una voz bien conocida que les llegaba desde la orilla.
El personaje aparecido en la orilla les pregunta primero: "¿Tenéis algo que comer?", y cuando ellos responden: "No", les manda que echen la red a la derecha de la barca (cf 21, 5-6).
Se verifica el mismo hecho que había tenido ya lugar una vez cuando Jesús de Nazaret se hallaba en la barca de Pedro. Entonces les había mandado que echaran las redes para pescar y, aunque no habían cogido nada antes, la red se llenó de peces (cf Lc 5, 1-11) (...).
Esta vez dice Juan: "¡Es el Señor!". Y lo dice después de la resurrección; por ello esta frase reviste un significado particular. Jesús de Nazaret había manifestado ya su dominio sobre lo creado mientras estuvo como "Guía" y como "Maestro" con los Apóstoles. Pero en los inolvidables días transcurridos entre el Viernes Santo y la mañana del "día después del sábado", había revelado su absoluto dominio sobre la muerte.
Es decir, que ahora se acerca a los Apóstoles en el lago de Genesaret como Señor de su propia muerte. Ha vencido a la muerte padecida en la cruz, y vive. Vive con su propia vida, con una vida que es la misma de antes y, a la vez, de tipo nuevo. A esto se refiere la expresión "¡Es el Señor!" (...).
"Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hc 5, 29). Así se expresan Pedro y los Apóstoles ante el Sumo Sacerdote y el Sanedrín, cuando estos les ordenaron que no continuaran enseñando en el nombre de Jesucristo (cf Hc 5, 27-28).
De la respuesta de Pedro es preciso deducir que "obedecer" quiere decir "someterse a causa de la verdad" o simplemente "someterse a la verdad". Esta verdad, la verdad salvífica, está contenida en la misión de Cristo. Está contenida en la enseñanza de Cristo. Dios mismo la ha confirmado con la resurrección de Cristo. "La diestra de Dios lo exaltó como Jefe y Salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo que Dios da a los que le obedecen" (Hc 5, 31-32) (...).
"Sígueme" (Jn 21, 19). Esta expresión la dirige Cristo Señor de modo definitivo a Simón Pedro después de la resurrección. Ya antes le había llamado y le había hecho Apóstol; pero ahora, después de la resurrección, le vuelve a llamar. Primero le hace tres veces la pregunta: "¿Me amas?". Y recibe la respuesta. Y tres veces le repite: "Apacienta mis corderos", "apacienta mis ovejas" (cf Jn 21, 15-17).
Y añade: "Te lo aseguro, cuando eras joven tú mismo te ceñías e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras" (Jn 21, 18). Así habló Cristo Señor a Simón Pedro. Y el Evangelista prosigue: "Esto lo dijo indicando con qué muerte había de glorificar a Dios" (Jn 21, 19) (...).
"Es el Señor", "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres", "Sígueme". Cada una de estas expresiones nos indica qué quiere decir ser cristiano. El tiempo de Pascua nos obliga a responder con fe renovada a este reto concreto: Cristo ha resucitado, y yo soy cristiano».
(3/4) Juan Pablo II, Homilía en Notre Dame, París 30-5-1980 (sp fr it po): «Tres veces preguntó Cristo a Pedro, y tres veces respondió Pedro. "Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Sí, Señor, tú sabes que te amo". Pedro emprendió desde entonces, con esa pregunta y esa respuesta, el camino que debía seguir hasta el fin de su vida.
Ante todo debía poner en práctica el admirable diálogo que acababa de producirse también tres veces: "Apacienta mis corderos", "apacienta mis ovejas". Sé el pastor de este rebaño del que yo soy la Puerta y el Buen Pastor (cf Jn 10, 7).
Para siempre, hasta el fin de su vida, Pedro debía avanzar por ese camino, acompañado de esa triple pregunta: "¿Me amas?". Y conformaría todas sus actividades a la respuesta que entonces había dado (...).
Pedro jamás puede olvidar esa pregunta: "¿Me amas?". La lleva consigo adondequiera que va. La lleva a través de los siglos, a través de las generaciones. En medio de los nuevos pueblos y de las nuevas naciones. En medio de lenguas y de razas siempre nuevas. La lleva él solo y, sin embargo, no está solo. Otros la llevan también con él (...).
"¿Tú amas?". Es la pregunta que decide sobre la verdadera dimensión del hombre. En ella debe expresarse el hombre por entero y debe también en ella superarse a sí mismo (...). La vida tiene valor y sentido solo y exclusivamente en la medida en que es una respuesta a esta misma pregunta: "¿Tú amas? ¿Me amas?" (...). Es una pregunta que Dios hace al hombre. Y el hombre debe hacérsela continuamente a sí mismo (...).
La respuesta a esa pregunta (...) construye en la historia de la humanidad el mundo del bien. Solo el amor construye dicho mundo. Lo construye con trabajo. Debe luchar para darle forma. Debe luchar contra las fuerzas del mal, del pecado, del odio; contra la codicia de la carne, la codicia de los ojos y la soberbia de la vida (cf 1Jn 2, 16) (...).
Qué elocuencia tan extraordinaria la de esta pregunta de Cristo: "¿Me amas?". Es fundamental para cada uno y para todos (...). Cristo es la piedra angular de esta construcción, de esta forma que el mundo, nuestro mundo, puede tomar gracias al amor (...).
Pedro lo sabía (...). Lo sabía, aunque a la hora de la prueba negó tres veces a su Maestro. Y su voz temblaba cuando respondió: "Señor, tú sabes que te amo" (Jn 21, 15) (...). Al decir esto sabía ya que Cristo es la piedra angular sobre la cual, por encima de toda debilidad humana, puede crecer en él, en Pedro, esta construcción que tendrá la forma del amor (...).
La Madre de Dios, entre todos los seres humanos, es la que ha dado la respuesta más perfecta a esa pregunta: ¿Tú amas? ¿Me amas? ¿Me amas cada vez más? Su vida entera ha sido, en efecto, una respuesta perfecta, sin error alguno, a esa pregunta (...).
Que todos y cada uno escuchemos en toda su elocuencia la pregunta que Cristo hizo un día a Pedro: ¿Tú amas? ¿Me amas? Que esa pregunta resuene y encuentre eco profundo en cada uno de nosotros».
(4/4) Benedicto XVI, Homilía en Floriana (Malta) 18-4-2010 (ge sp fr en it po).
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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DOMINGO 2-C DE PASCUA 2013
FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/3) Benedicto XVI, Ángelus 11-4-2010 (ge hr sp fr en it po)
(2/3) Juan Pablo II, Homilía en la Plaza de San Pedro 22-4-2001 (ge sp fr en it po):
«1. "No temas: yo soy el primero y el último, el que vive. Estuve muerto, y ahora vivo por los siglos de los siglos" (Ap 1, 17-18).
En la segunda lectura, tomada del libro del Apocalipsis, hemos escuchado estas consoladoras palabras, que nos invitan a dirigir la mirada a Cristo, para experimentar su tranquilizadora presencia. En cualquier situación en que nos encontremos, aunque sea la más compleja y dramática, el Resucitado nos repite a cada uno: "No temas"; morí en la cruz, pero ahora "vivo por los siglos de los siglos"; "yo soy el primero y el último, el que vive".
"El primero", es decir, la fuente de todo ser y la primicia de la nueva creación; "el último", el término definitivo de la historia; "el que vive", el manantial inagotable de la vida que ha derrotado la muerte para siempre. En el Mesías crucificado y resucitado reconocemos los rasgos del Cordero inmolado en el Gólgota, que implora el perdón para sus verdugos y abre a los pecadores arrepentidos las puertas del cielo; vislumbramos el rostro del Rey inmortal, que tiene ya "las llaves de la muerte y del infierno" (Ap 1, 18).
2. "Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia" (Sal 117, 1). Hagamos nuestra la exclamación del salmista, que hemos cantado en el Salmo responsorial: la misericordia del Señor es eterna. Para comprender a fondo la verdad de estas palabras, dejemos que la liturgia nos guíe al corazón del acontecimiento salvífico, que une la muerte y la resurrección de Cristo a nuestra existencia y a la historia del mundo.
Este prodigio de misericordia ha cambiado radicalmente el destino de la humanidad. Es un prodigio en el que se manifiesta plenamente el amor del Padre, el cual, con vistas a nuestra redención, no se arredra ni siquiera ante el sacrificio de su Hijo unigénito.
Tanto los creyentes como los no creyentes pueden admirar en el Cristo humillado y sufriente una solidaridad sorprendente, que lo une a nuestra condición humana más allá de cualquier medida imaginable. La cruz, incluso después de la resurrección del Hijo de Dios, "habla y no cesa nunca de decir que Dios Padre es absolutamente fiel a su eterno amor por el hombre... Creer en ese amor significa creer en la misericordia" (Dives in misericordia 30-11-1980, 7).
Queremos dar gracias al Señor por su amor, que es más fuerte que la muerte y que el pecado. Ese amor se revela y se realiza como misericordia en nuestra existencia diaria, e impulsa a todo hombre a tener, a su vez, "misericordia" hacia el Crucificado. ¿No es precisamente el programa de vida de todo bautizado y de la Iglesia entera amar a Dios y amar al prójimo, e incluso a los "enemigos", siguiendo el ejemplo de Jesús?
3. Con estos sentimientos, celebramos el II Domingo de Pascua, que desde el año 2000, el año del gran jubileo, se llama también "Domingo de la Divina Misericordia" (...). Un día Jesús le dijo a sor Faustina Kowalska: "La humanidad no encontrará paz hasta que se dirija con confianza a la divina misericordia" (Diario, p. 132). ¡La divina misericordia! Este es el don pascual que la Iglesia recibe de Cristo resucitado y que ofrece a la humanidad en el alba del tercer milenio.
4. El evangelio que acabamos de proclamar nos ayuda a captar plenamente el sentido y el valor de este don. El evangelista san Juan nos hace compartir la emoción que experimentaron los Apóstoles durante el encuentro con Cristo después de su resurrección.
Nuestra atención se centra en el gesto del Maestro, que transmite a los discípulos temerosos y atónitos la misión de ser ministros de la divina misericordia. Les muestra sus manos y su costado con los signos de su pasión, y les comunica: "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo" (Jn 20, 21). E inmediatamente después exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos" (Jn 20, 22-23).
Jesús les confía el don de "perdonar los pecados", un don que brota de las heridas de sus manos y de sus pies, y sobre todo de su costado traspasado. Desde allí una ola de misericordia inunda toda la humanidad.
Revivamos este momento con gran intensidad espiritual. También a nosotros el Señor nos muestra hoy sus llagas gloriosas y su Corazón, manantial inagotable de luz y verdad, de amor y perdón.
5. ¡El Corazón de Cristo! Su "Sagrado Corazón" ha dado todo a los hombres: la redención, la salvación y la santificación. De ese Corazón rebosante de ternura, santa Faustina Kowalska vio salir dos haces de luz que iluminaban el mundo. "Los dos rayos –como le dijo el mismo Jesús– representan la sangre y el agua" (Diario, p. 132). La sangre evoca el sacrificio del Gólgota y el misterio de la Eucaristía; el agua, según la rica simbología del evangelista san Juan, alude al bautismo y al don del Espíritu Santo (cf Jn 3, 5; 4, 14).
A través del misterio de este Corazón herido, no cesa de difundirse también entre los hombres y las mujeres de nuestra época el flujo restaurador del amor misericordioso de Dios. Quien aspira a la felicidad auténtica y duradera, solo en él puede encontrar su secreto.
6. "Jesús, confío en ti". Esta jaculatoria, que numerosos devotos rezan, expresa muy bien la actitud con la que también nosotros queremos abandonarnos con confianza en tus manos, oh Señor, nuestro único Salvador.
Tú ardes del deseo de ser amado, y el que sintoniza con los sentimientos de tu Corazón aprende a ser constructor de la nueva civilización del amor. Un simple acto de abandono basta para romper las barreras de la oscuridad y la tristeza, de la duda y la desesperación. Los rayos de tu divina misericordia devuelven la esperanza, de modo especial, al que se siente oprimido por el peso del pecado.
María, Madre de misericordia, haz que mantengamos siempre viva esta confianza en tu Hijo, nuestro Redentor. Ayúdanos también tú, santa Faustina, que hoy recordamos con particular afecto. Fijando nuestra débil mirada en el rostro del Salvador divino, queremos repetir contigo: "Jesús, confío en ti". Hoy y siempre. Amén».
(3/3) Cf Benedicto XVI, Homilía 15-4-2007 (ge sp fr en it po): «La sombra de Pedro».
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
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Semana Santa 2013
Moniciones Semana Santa 2013 - P. Publio Díaz Rengifo, ocd
Triptico Triduo Pascual 2013 - P. Publio Díaz Rengifo, ocd
Triduo Pascual 2013
Textos de Juan Pablo II y de Benedicto XVI
Semana Santa, excepcional solidaridad con Cristo paciente
Audiencia general 11-4-1979 (sp fr en it po)
Audiencias generales sobre el Triduo Pascual
4-4-2012, último párrafo (ge hr sp fr en it po)
Homilías Misa Crismal
5-4-2012 (ge sp fr en it pl po)
Homilías In Cena Domini
5-4-2012 (ge sp fr en it pl po)
Discursos al final del Vía Crucis
6-4-2012 (ge sp fr en it pl po)
«Fue sepultado y descendió a los infiernos»
Audiencia general 11-1-1989 (sp it)
Homilías Vigilia Pascual
7-4-2012 (ge sp fr en it pl po)
Mensajes Urbi et Orbi
24-4-2011 (ge hr sp fr en it po)
8-4-2012 (ge hr sp fr en it, pl po)
Audiencias generales Infraoctava de Pascua
27-4-2011 (ge hr sp fr en it po)
11-4-2012 (ge hr sp fr en it po)
La Virgen María
María y la Eucaristía: Ángelus 5-6-1983 (sp it)
DOMINGO DE RAMOS Y DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
NVulgata 1 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/2) Benedicto XVI, Homilía 28-3-2010 (ge sp fr en it po)
(2/2) Juan Pablo II, Homilía 30-3-1980 (ge sp it po):
«1. Cristo, junto con sus discípulos, se acerca a Jerusalén. Lo hace como los demás peregrinos, hijos e hijas de Israel, que en esta semana, precedente a la Pascua, van a Jerusalén. Jesús es uno de tantos.
Este acontecimiento, en su desarrollo externo, se puede considerar, pues, normal. Jesús se acerca a Jerusalén desde el Monte llamado de los Olivos, y por lo tanto viniendo de las localidades de Betfagé y de Betania. Allí da orden a dos discípulos de traerle un borrico. Les da las indicaciones precisas: dónde encontrarán al animal y cómo deben responder a los que pregunten por qué lo hacen. Los discípulos siguen escrupulosamente las indicaciones. A los que preguntan por qué desatan al borrico, les responden: "El Señor tiene necesidad de él" (Lc 19, 31), y esta respuesta es suficiente. El borrico es joven; hasta ahora nadie ha montado sobre él. Jesús será el primero.
Así, pues, sentado sobre el borrico, Jesús realiza el último trecho del camino hacia Jerusalén. Sin embargo, desde cierto momento, este viaje, que en sí nada tenía de extraordinario, se cambia en una verdadera "entrada solemne en Jerusalén".
Hoy celebramos el Domingo de Ramos, que nos recuerda y hace presente esta "entrada". En un especial rito litúrgico repetimos y reproducimos todo lo que hicieron y dijeron los discípulos de Jesús –tanto los cercanos como los más lejanos en el tiempo– en ese camino que llevaba desde el Monte de los Olivos a Jerusalén. Igual que ellos, tenemos en las manos los ramos de olivo y decimos –o mejor, cantamos– las palabras de veneración que ellos pronunciaron. Estas palabras, según la redacción del Evangelio de Lucas, dicen así: "Bendito el que viene, el Rey, en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en las alturas" (Lc 19, 38).
En estas circunstancias, el simple hecho de Jesús, que junto con los discípulos sube hacia Jerusalén para la cercana solemnidad de la Pascua, asume claramente un significado mesiánico. Los detalles que forman el marco del acontecimiento, demuestran que en él se cumplen las profecías. Demuestran también que, pocos días antes de la Pascua, en ese momento de su misión pública, Jesús logró convencer a muchos hombres sencillos en Israel. Le seguían los más cercanos, los Doce, y además una muchedumbre: "Toda la muchedumbre de los discípulos", como dice el evangelista Lucas (19, 37), la cual hacía comprender sin equívocos que veía en él al Mesías.
2. El Domingo de Ramos abre la Semana Santa de la Pasión del Señor, de la que lleva ya en sí la dimensión más profunda. Por este motivo, leemos toda la descripción de la pasión del Señor según Lucas.
Jesús, al subir en ese momento hacia Jerusalén, se revela a sí mismo completamente ante aquellos que preparan el atentado contra su vida. Por lo demás, ya se había revelado desde hacía tiempo, al confirmar con los milagros todo lo que proclamaba, y al enseñar como doctrina de su Padre todo lo que enseñaba. Las lecturas litúrgicas de las últimas semanas lo demuestran de manera clara: la "entrada solemne en Jerusalén" constituye un paso nuevo y decisivo en el camino hacia la muerte que le preparan los representantes de los ancianos de Israel.
Las palabras que dice "toda la muchedumbre" de peregrinos que subían a Jerusalén con Jesús, no podían menos de reforzar las inquietudes del Sanedrín y de apresurar la decisión final.
El Maestro es plenamente consciente de ello. Todo cuanto hace lo hace con esta conciencia, siguiendo las palabras de la Escritura, que ha previsto cada uno de los momentos de su Pascua. La entrada en Jerusalén fue el cumplimiento de la Escritura.
Jesús de Nazaret se revela, pues, según las palabras de los Profetas, que él solo ha comprendido en toda su plenitud. Esta plenitud permaneció velada tanto a "la muchedumbre de los discípulos" –que a lo largo del camino hacia Jerusalén cantaban "Hosanna", alabando "a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto" (Lc 19, 37)–, como a esos Doce más cercanos a él. A estos últimos el amor por Cristo no les permitía admitir un final doloroso; recordemos cómo en una ocasión le dijo Pedro: "Esto no te sucederá jamás" (Mt 16, 22).
En cambio, para Jesús las palabras de los Profetas son claras hasta el fin, y se le revelan con toda la plenitud de su verdad; y él mismo se abre ante esta verdad con toda la profundidad de su espíritu. La acepta totalmente. No reduce nada. En las palabras de los Profetas encuentra el significado justo de la vocación del Mesías: de su propia vocación. Encuentra en ellas la voluntad del Padre.
"El Señor Dios me ha abierto el oído, y yo no me resisto, no me echo atrás" (Is 50, 5).
De este modo la liturgia del Domingo de Ramos contiene ya en sí la dimensión plena de la pasión: la dimensión de la Pascua.
"He dado mis espaldas a los que me herían, mis mejillas a los que me arrancaban la barba. No escondí mi rostro ante las injurias y los esputos" (Is 50, 6).
"Al verme, se burlan de mí, hacen visajes, menean la cabeza. Me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica" (Sal 22, 8. 17-19).
3. He aquí la liturgia del Domingo de Ramos: en medio de las exclamaciones de la muchedumbre, del entusiasmo de los discípulos que, con las palabras de los Profetas, proclaman y confiesan en él al Mesías, solo él, Cristo, conoce hasta el fondo la verdad de su misión; solo él, Cristo, lee hasta el fondo lo que sobre él han escrito los Profetas.
Y todo lo que han dicho y escrito se cumple en él con la verdad interior de su alma. Él, con la voluntad y el corazón, está ya en todo lo que, según las dimensiones externas del tiempo, le queda todavía por delante. Ya en este cortejo triunfal, en su "entrada en Jerusalén", él es "obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Flp 2, 8).
Entre la voluntad del Padre, que lo ha enviado, y la voluntad del Hijo hay una profunda unión plena de amor, un beso interior de paz y de redención. En este beso, en este abandono sin límites, Jesucristo, que es de naturaleza divina, se despoja a sí mismo y toma la condición de siervo, humillándose a sí mismo (cf Flp 2, 6-8). Y permanece en este abajamiento, en esta expoliación de su fulgor externo, de su divinidad y de su humanidad llena de gracia y de verdad.
Él, el Hijo del hombre, va con este aniquilamiento y expoliación hacia los acontecimientos que se cumplirán cuando su abajamiento, expoliación y aniquilamiento revistan precisas formas exteriores: recibirá salivazos, será flagelado, insultado, escarnecido, rechazado por el propio pueblo, condenado a muerte y crucificado, hasta que pronuncie el último: "Todo está cumplido", entregando el espíritu en las manos del Padre.
Esta es la entrada "interior" de Jesús en Jerusalén, que se realiza dentro de su alma en el umbral de la Semana Santa.
En cierto momento, se le acercan los fariseos, que no pueden soportar más las exclamaciones de la muchedumbre en honor de Cristo, que hace su entrada en Jerusalén, y le dicen: "Maestro, reprende a tus discípulos"; Y Jesús contesta: "Os digo que, si ellos callasen, gritarían las piedras" (Lc 19, 39-40).
Comenzamos hoy la Semana Santa de la Pasión del Señor (...). Que las piedras no hagan ruborizarse a los hombres. Que nuestros corazones y nuestras conciencias griten más fuerte que ellas».
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po)
Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro (julio-2013)
Benedicto XVI, Mensaje: "Id y haced discípulos a todos los pueblos"
(sq ge sl sp fr el en it pl po)
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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Gracias, Santo Padre Francisco I, por tu fíat
«Nos pareció vibrante y profunda la voz de Cristo: "¿Me amas más que estos?".
He aquí el verdadero privilegio del Papa: "¿Me amas tú, Simón Pedro, hijo de Juan, más que los demás?":
¡Apacienta! ¡Sé Pastor! (cf Jn 21, 15)» (Pablo VI, Audiencia general 21-6-1972 it).
DOMINGO 5-C DE CUARESMA (17-03-2013)
NVulgata 1 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/2) Benedicto XVI, Homilía en la parroquia de los mártires Santa Felicidad e hijos 25-3-2007 (ge sp fr en it po)
(2/2) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de Jesús Adolescente 29-3-1998 (sp en it po):
«"No quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta y viva" (Antífona antes del Evangelio; cf Ez 33, 11).
Las palabras de la Antífona antes del Evangelio, que acabamos de proclamar, introducen el consolador mensaje de la misericordia de Dios, que después ha sido ilustrado por el pasaje de hoy tomado del evangelio de san Juan. Algunos escribas y fariseos, para "poder acusarlo" (Jn 8, 6), llevan a Jesús una mujer sorprendida en flagrante adulterio. Quieren poner su enseñanza sobre el amor misericordioso en contradicción con la ley, que castigaba el pecado de adulterio con la lapidación.
Sin embargo, Jesús desenmascara su malicia: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra" (Jn 8, 7). Esta respuesta autorizada, a la vez que nos recuerda que el juicio pertenece solo al Señor, nos revela la verdadera intención de la misericordia divina, que deja abierta la posibilidad del arrepentimiento, y muestra un gran respeto a la dignidad de la persona, que ni siquiera el pecado quita: "Anda, y en adelante no peques más" (Jn 8, 11). Las palabras conclusivas del episodio indican que Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta del mal cometido y viva.
"Todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús" (Flp 3, 8). El apóstol Pablo experimentó personalmente la justicia salvífica. Su encuentro con Jesús en el camino de Damasco le abrió la senda hacia una profunda comprensión del misterio pascual.
Pablo comprendió con claridad cuán ilusoria es la pretensión de construirse una justicia fundada únicamente en la observancia de la Ley. Solo Cristo justifica al hombre, a todo hombre, mediante el sacrificio de la cruz.
Tocado por la gracia, Pablo, de perseguidor acérrimo de los cristianos, se convierte en heraldo incansable del Evangelio, porque "fue conquistado por Cristo Jesús" (Flp 3, 8). También nosotros, especialmente durante este tiempo de Cuaresma, somos invitados a dejarnos conquistar por el Señor: por el atractivo de su palabra de salvación, por la fuerza de su gracia y por el anuncio de su amor redentor (...).
Este quinto domingo de Cuaresma marca otra etapa en el itinerario litúrgico hacia la Pascua ya cercana (...).
"No recordéis lo de antaño... Mirad que realizo algo nuevo" (Is 43, 18-19). El profeta Isaías nos invita hoy a mirar con gran atención las novedades que Dios realiza todos los días a través de sus fieles. "Mirad que realizo algo nuevo". El Espíritu actúa siempre, y sus frutos son las maravillas que él sigue realizando por medio de nosotros.
"No recordéis lo de antaño". No dirijáis vuestra mirada, dice el Señor, hacia el pasado; dirigidla, más bien, hacia Cristo "ayer, hoy y siempre" (Hb 13, 8). Él, en el misterio de su muerte y de su resurrección, cambió definitivamente el destino de la humanidad. A la luz de los acontecimientos pascuales, la existencia humana no teme la muerte, porque el Resucitado abre de nuevo a los creyentes las puertas de la vida verdadera. En estos últimos días de Cuaresma que nos separan del Triduo pascual, dispongamos nuestro corazón para acoger la gracia del Redentor, muerto y resucitado, que afianza los pasos de nuestra fe.
María, que permaneció en silencio al pie de la cruz, y después se encontró con su Hijo resucitado, nos ayude a prepararnos para celebrar dignamente las fiestas pascuales».
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge spfr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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Actualidad de las Congregaciones Cardenalicias it en sp
DOMINGO 4-C DE CUARESMA, DOMINGO DE LAETARE (10-03-2013)
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/4) Benedicto XVI, Homilía en el centro penitenciario de menores de Casal de Marmo 18-3-2007: muy sugerente (ge sp fr en it po)
(2/4) Juan Pablo II, Encíclica Dives in misericordia Deus 30-11-1980 IV (ge sk sp fr en it lt pl po): La parábola del hijo pródigo.
(3/4) Benedicto XVI, Jesús de Nazaret-1, VII, 2: La parábola de los dos hermanos y del padre bueno.
(4/4) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Ireneo en el barrio de Centocelle 9-3-1986 (it):
«1. La Iglesia, en el IV domingo de Cuaresma, propone a nuestra meditación las siguientes palabras: "El que es de Cristo es una criatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el servicio de reconciliar" (2Co 5, 17-18).
Es preciso que, a la luz de estas palabras del Apóstol, consideremos el mensaje del Evangelio de hoy según san Lucas, el mensaje contenido en la parábola del hijo pródigo. Dios, que "por medio de Cristo nos reconcilió consigo", habla en esta parábola a través de la figura del Padre que acoge a su hijo cuando este retorna a la casa paterna exclamando: "He pecado... y no merezco llamarme hijo tuyo" (Lc 15, 21).
2. Cada uno de nosotros conoce bien esta parábola. Está llena de verdad acerca de Dios y acerca del hombre, y se graba con una fuerza insólita en nuestra memoria y también en nuestro corazón.
En la encíclica Dives in misericordia, y también en la exhortación apostólica Reconciliatio et paenitentia, precisamente esta parábola constituye un punto central de referencia para las enseñanzas destinadas a la Iglesia de nuestro tiempo. Estas enseñanzas tocan un problema que es siempre importantísimo en todo el mensaje evangélico: el problema de la conversión del hombre a Dios.
Convertirse, como enseña san Pablo, quiere decir ser hechos en Cristo una criatura nueva. Dios, como el padre de la parábola, acoge a cada uno de sus hijos pródigos. Cuando renacen en Cristo se convierten en un hombre nuevo. Más todavía, el Padre nos dio en Cristo a su Hijo unigénito, a fin de que cada uno de nosotros –incluso cuando fuese un hijo pródigo– pudiera llegar a ser en él, en Cristo, un hombre nuevo; y que, renovado interiormente, volviese a encontrar el camino de la casa del Padre.
3. En la Encíclica Dives in misericordia leemos:
"La parábola del hijo pródigo expresa de manera sencilla, pero profunda, la realidad de la conversión. Esta es la expresión más concreta de la obra del amor y de la presencia de la misericordia en el mundo humano..., misericordia que se manifiesta en su aspecto verdadero y propio cuando revalida, promueve y extrae el bien de todas las formas de mal existentes en el mundo y en el hombre.
Así entendida, constituye el contenido fundamental del mensaje mesiánico de Cristo y la fuerza constitutiva de su misión. Así entendían también y practicaban la misericordia sus discípulos y seguidores. Ella no cesó nunca de revelarse en sus corazones y en sus actos como una prueba singularmente creadora del amor que no se deja vencer por el mal, sino quevence al mal con el bien (cf Rm 12, 21)" (IV, 6).
4. Así pues, la parábola del hijo pródigo nos muestra cómo se realiza la transformación interior del hombre del pecado: cómo "lo antiguo ha pasado", lo cual está en él –quizás hasta fuertemente arraigado– y, a la vez, por obra de la gracia de la conversión, cómo nace "lo nuevo". Cristo consiguió para el hombre la gracia de la conversión "por la sangre de su cruz" (cf Col 1, 20). Así pues, en Cristo el pecador se hace una criatura nueva y obtiene la reconciliación con Dios.
El Apóstol dice: "Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados" (2Co 5, 19). Todo lo que sucedió entre el Padre y el hijo pródigo, se ha cumplido por obra de Cristo. Y continúa cumpliéndose siempre por su obra. El Dios de la eterna Alianza con la humanidad se revela en Cristo como Dios de la Reconciliación. Esta verdad forma como el tejido esencial y vital del cristianismo y, en sentido más amplio, de la vocación del hombre en Cristo.
5. San Pablo escribe que Dios, "por medio de Cristo, nos reconcilió consigo", y no solo eso, ya que añade también: "Nos encargó el servicio de reconciliar" (2Co 5, 18). Y continúa: "Por eso nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por medio nuestro... En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios" (2Co 5, 20).
El ministerio de la reconciliación del hombre con Dios, como fruto de la reconciliación de Dios con el hombre en Cristo, es en la Iglesia un elemento fundamental de la herencia salvífica, es decir, de la herencia de la cruz y de la redención. En esta herencia está contenida la fuerza de la reconciliación de los hombres con Dios por medio de la remisión de los pecados.
"Pero –como dice la exhortación Reconciliatio et paenitentia– san Pablo nos permite ampliar aún más nuestra visión de la obra de Cristo a dimensiones cósmicas, cuando escribe que en él el Padre ha reconciliado consigo todas las criaturas, las del cielo y las de la tierra (cf Col 1, 20). Con razón se puede decir de Cristo redentor que en el tiempo de la ira ha sido hecho reconciliación (cf Si 44, 17) y que, si él es nuestra paz (cf Ef 2, 14), es también nuestra reconciliación. Con toda razón, por tanto, su pasión y muerte, renovadas sacramentalmente en la Eucaristía, son llamadas por la liturgia "sacrificio de reconciliación" (Plegaria eucarística III): reconciliación con Dios, y también con los hermanos, puesto que Jesús mismo nos enseña que la reconciliación fraterna ha de hacerse antes del sacrificio (cf Mt 5, 25 s.)" (II, 7) (...).
8. Escribe san Pablo: "En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios" (2Co 5, 20). Hoy la Iglesia en todo el mundo repite con gran fervor espiritual esta exhortación del Apóstol. Y aún más, ya que repite también las siguientes palabras de la segunda Carta a los Corintios, palabras realmente desconcertantes: "Al que no había pecado, Dios le hizo expiar nuestros pecados, para que nosotros, unidos a él, recibamos la salvación de Dios" (2Co 5, 21).
La vocación del hombre a la reconciliación con Dios no es solo una palabra, no es un grito, aunque fuese tan poderoso como el de Juan a las orillas del río Jordán, o como el que proviene de los profetas de la Antigua Alianza. ¡Esta llamada es una obra! La obra inconcebible nacida en la profundidad del Amor del Padre y del Hijo. ¡Es un sacrificio! ¡Es un precio! Efectivamente, hemos sido comprados a gran precio. Glorifiquemos, pues, a Dios en nosotros mismos y démosle gracias por su misericordia (cf 1Co 6, 20; 7, 23)».
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge spfr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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¡Gracias, Santo Padre!
DOMINGO 3-C DE CUARESMA (03-03-2013)
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/3) Benedicto XVI, Ángelus 11-3-2007 (ge hr sp fr en it po)
(2/3) Benedicto XVI, Homilía en la parroquia de San Juan de la Cruz 7-3-2010 (ge sp fr en it po)
(3/3) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Eugenio 2-3-1986 (it):
«1. Hoy es el tercer domingo de Cuaresma. Lo mismo que Moisés cuando pastoreaba su rebaño, también nosotros somos llamados por Dios en el desierto, Dios nos llama por nuestro nombre, como le llamó entonces a él: "Moisés, Moisés" (cf Ex 3, 4).
Dios nos manda como ordenó a Moisés: "Quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado" (Ex 3, 5).
Quítate la incredulidad de los ojos del corazón. Rechaza la soberbia de tu mente y de tu voluntad. El tiempo que se te da en la liturgia de la Iglesia es tiempo santo. Es tiempo fuerte. Es tiempo de una particular presencia de Dios: Dios y Moisés, Dios y tú.
2. ¿Quién es Dios?
La Cuaresma manda a nuestros pensamientos y a nuestra conciencia retornar a este Dios que se dio a conocer a Moisés en el desierto.
Es "el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob" (Ex 3, 15). Es el Dios de la Infinita Majestad, que busca, al mismo tiempo, al hombre, para hacer con él una alianza.
Mirad, Dios se revela bajo la forma de la zarza que ardía y no se consumía (cf Ex 3, 2). Lo Absoluto de la Existencia y del Amor se revela a los ojos de Moisés en forma de zarza ardiente, una zarza que arde y no se consume.
Dios es trascendente. El hombre no puede mirarlo a simple vista aquí en la tierra. Moisés cubre su rostro, porque tenía miedo de mirar a Dios (cf Ex 3, 6), y oye la voz: "No te acerques" (Ex 3, 4). Al mismo tiempo es atraído lentamente hacia el que habla desde la zarza ardiente, queda totalmente absorbido (rapito) por él. Se siente invadido hasta el fondo por su presencia.
3. En el corazón de la liturgia de la Cuaresma se nos anuncia el misterio de la infinita santidad de Dios, de la que Moisés se convierte en testigo particular. Este misterio debe acompañarnos durante todos los días de la Cuaresma, hasta los últimos, cuando la santidad y el amor se proclamen hasta el fin (cf Jn 13, 1) mediante la cruz y la resurrección de Cristo.
Sin embargo, para que la realidad pascual pueda dar plenamente sus frutos en nuestro corazón y en nuestra conciencia, es necesario, durante la Cuaresma, un encuentro con Dios como el que experimentó Moisés al pie del monte Horeb.
4. ¿Quién es el Dios que habla con el hombre al pie de este monte? Moisés pregunta su nombre y oye la respuesta: "Yo soy el que soy" (Ex 3, 14). Según el pensamiento de santo Tomás de Aquino, esta respuesta suele traducirse así: "Yo soy aquel cuya sustancia es existir". Al mismo tiempo el nombre propio de Dios, en la respuesta dada a Moisés, se explica, por así decirlo, desde el punto de vista de la Alianza. Se trata de un nombre que habla de la intimidad de Dios con el hombre, y en particular con el pueblo que él eligió en Abrahán y en su descendencia como heredad suya: "Yo soy el que libera".
En la respuesta que recibe Moisés se contiene la solicitud de Dios por cada uno de los hombres y por todo el pueblo: "He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a liberarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra" (Ex 3, 7-8).
Dios se revela a Moisés como el que Es [cf Audiencia general 7-8-1985 (sp it)]. Se revela como el que libera. Es Creador y Dios de la Alianza. Es Providencia salvífica.
5. Por medio de la liturgia de este domingo de Cuaresma cada año hunde sus raíces en esta teofanía de Moisés. En lo más profundo de nuestra fe debe revivir la grandeza inescrutable del Nombre de Dios. Dios, que es inaccesible para nuestros sentidos, impenetrable para nuestra mente, debe hacerse presente en nosotros y ante nosotros como se hizo presente en Moisés y ante Moisés.
Esta presencia desencadenó en el mismo Moisés una fuerza que antes no poseía. Sí, Moisés ya había sentido profundamente la opresión de su pueblo en Egipto y había deseado su liberación de la esclavitud, pero no había sido capaz de realizarla porque el mal se había manifestado más fuerte que él, y tuvo que salvarse huyendo a la tierra de Madián.
Ahora Dios lo llama por su nombre y le revela el propio Nombre. Por medio de este Nombre Dios se hace presente en Moisés, presente para actuar a través de él. La presencia de Dios desencadena en Moisés una nueva fuerza.
Volvió a Egipto, se presentó ante el Faraón, y venció su resistencia con la fuerza del nombre de Dios. Así venció también la debilidad y la pusilanimidad de su pueblo. Lo sustrajo de la esclavitud de Egipto. Moisés se convirtió en el siervo del Éxodo, es decir, de la Pascua de la Antigua Alianza. Dios se reveló en este Éxodo como el que libera:"Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud" (Ex 20, 2).
6. La Pascua de la Antigua Alianza se convierte en imagen y preparación de la Pascua nueva en Cristo.
Durante la Cuaresma nos preparamos a esta Pascua de la Nueva Alianza. Dios, que durante la noche de la huida de Egipto se reveló como el que libera de la esclavitud, quiere revelarse como el que abraza a cada uno de los hombres con la fuerza salvífica de la cruz y de la resurrección, Dios que libera al hombre en Cristo: Yo soy el Señor, tu Dios, que mediante el sacrificio de la cruz de Cristo te hago salir de la esclavitud. ¿No sabes cuánta esclavitud es el pecado, que engendra la muerte? ¿No sabes cuánta esclavitud es todo mal uso de tu libertad creada?
¿Acaso el hombre contemporáneo no vive en otra múltiple esclavitud de Egipto, preocupado por defender frecuentemente solo las apariencias de una libertad sin límite? Hace falta, pues, un gran trabajo para restituir a la libertad humana la verdad que le es propia. Hace falta un gran trabajo para llamar por su nombre a cualquier pecado. Es necesaria una gran gracia para liberarse de él. Es necesaria esta luz que se deriva de la presencia del Dios viviente, del que Es, a fin de que cada uno de nosotros pueda entrar en el camino de la libertad para la que Cristo nos ha liberado (...).
10. Haciendo referencia a Moisés, que con la fuerza del nombre de Dios liberó al pueblo de la esclavitud de Egipto y durante cuarenta años lo guio hacia la tierra prometida, san Pablo nos habla de Cristo.
Cristo estaba ya presente en el gran acontecimiento salvífico de la Antigua Alianza. Precisamente él era esa roca, la roca espiritual de la que los israelitas bebieron la bebida espiritual. Lo mismo que comieron el alimento espiritual bajo la forma de maná en el desierto. La bebida y la comida eran figura y anuncio de las cosas futuras.
Para nosotros estas cosas futuras son ya una realidad actual. Solo es necesario que en nuestros corazones y nuestras conciencias se haga viva la misma presencia de Dios que experimentó Moisés al pie del monte Horeb. Es necesario que acojamos la fuerza liberadora de Dios en Cristo que vive en los sacramentos de nuestra fe, en la Penitencia y en la Eucaristía. Es necesario que bebamos de la roca espiritual».
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
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DOMINGO 2-C DE CUARESMA (24-2-2013)
TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR
NVulgata 1 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y©atena Aurea (en)
(1/3) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Aquiles 8-3-1998 (sp en it po):
«"Este es mi Hijo, el amado; escuchadle" (Lc 9, 35). En este segundo domingo de Cuaresma la liturgia nos invita a meditar en la sugestiva narración de la Transfiguración de Jesús. En la soledad del monte Tabor, presentes Pedro, Santiago y Juan, únicos testigos privilegiados de ese importante acontecimiento, Jesús es revestido, también exteriormente, de la gloria de Hijo de Dios, que le pertenece. Su rostro se vuelve luminoso; sus vestidos, brillantes. Aparecen Moisés y Elías, que conversan con él sobre el cumplimiento de su misión terrena, destinada a concluirse en Jerusalén con su muerte en la cruz y con su resurrección.
En la Transfiguración se hace visible por un momento la luz divina que se revelará plenamente en el misterio pascual.
El evangelista san Lucas subraya que ese hecho extraordinario tiene lugar precisamente en un marco de oración: "Y mientras oraba", el rostro de Jesús cambió de aspecto (cf Lc 9, 29). A ejemplo de Cristo, toda la comunidad cristiana está invitada a vivir con espíritu de oración y penitencia el itinerario cuaresmal, a fin de prepararse ya desde ahora para acoger la luz divina que resplandecerá en la Pascua.
En la segunda lectura, tomada de la carta de san Pablo a los Filipenses, se nos dirige una apremiante exhortación a la conversión: "Fijaos en los que viven según el modelo que tenéis en nosotros" (Flp 3, 17). Con estas palabras, el Apóstol propone su experiencia personal, para ayudar a los fieles de Filipos a superar el clima de relajación y negligencia, que estaba difundiéndose en esa comunidad, tan querida para él.
Su tono llega a ser aquí particularmente fuerte y conmovedor. San Pablo se dirige a sus cristianos de Filipos "con lágrimas en los ojos", para ponerlos en guardia contra quienes "viven como enemigos de la cruz de Cristo", puesto que "solo aspiran a cosas terrenas" (Flp 3, 18-19). A las dificultades de esa comunidad, fundada por él, contrapone la imagen de su propia vida, entregada sin reservas a la causa de Cristo y al anuncio del Evangelio (...).
Os recuerdo lo que escribí en la carta apostólica Tertio millennio adveniente: "El Espíritu es también para nuestra época el agente principal de la nueva evangelización" (n. 45) (...). En este itinerario apostólico nos sostiene la certeza de que Dios es fiel. En la primera lectura hemos escuchado la narración de la alianza que Dios selló con Abraham. A la promesa divina de una descendencia, Abraham responde "esperando contra toda esperanza" (Rm 4, 18); por eso se convierte en padre en la fe de todos los creyentes.
"Abraham creyó al Señor y le fue reputado por justicia" (Gn 15, 6). La alianza con el padre del pueblo elegido se renueva más tarde en la gran alianza del Sinaí. Esta, después, alcanza su plenitud definitiva en la nueva Alianza, que Dios sella con toda la humanidad, no por la sangre de animales, sino por la de su mismo Hijo, hecho hombre, que da su vida para la redención del mundo.
María, que como Abraham creyó contra toda esperanza, nos ayude a reconocer en Jesús al Hijo de Dios y al Señor de nuestra vida. A ella le encomendamos (los días) la Cuaresma (...), para que sean momentos privilegiados de gracia y den abundantes frutos para la comunidad cristiana».
(2/3) Benedicto XVI, Ángelus 8-3-2009 (ge hr sp fr en it po): «La Transfiguración de Jesús fue esencialmente una experiencia de oración (cf Lc 9, 28-29). En efecto, la oración alcanza su culmen, y por tanto se convierte en fuente de luz interior, cuando el espíritu del hombre se adhiere al de Dios y sus voluntades se funden como formando una sola cosa.
Cuando Jesús subió al monte, se sumergió en la contemplación del designio de amor del Padre, que lo había mandado al mundo para salvar a la humanidad. Junto a Jesús aparecieron Elías y Moisés, para significar que las Sagradas Escrituras concordaban en anunciar el misterio de su Pascua, es decir, que Cristo debía sufrir y morir para entrar en su gloria (cf Lc 24, 26. 46).
En aquel momento Jesús vio perfilarse ante él la cruz, el extremo sacrificio necesario para liberarnos del dominio del pecado y de la muerte. Y en su corazón, una vez más, repitió su "Amén". Dijo "sí", "heme aquí", "hágase, oh Padre, tu voluntad de amor". Y, como había sucedido después del bautismo en el Jordán, llegaron del cielo los signos de la complacencia de Dios Padre: la luz, que transfiguró a Cristo, y la voz que lo proclamó "Hijo amado" (Mc 9, 7)».
(3/3) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Roberto Belarmino 2-3-1980 (sp it po).
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge spfr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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DOMINGO 1-C DE CUARESMA
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/3) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Agapito 1-3-1998 (sp en it po):
«1. "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, y tentado allí por el diablo durante cuarenta días" (Lc 4, 1-2).
Antes de comenzar su actividad pública, Jesús, llevado por el Espíritu Santo, se retira al desierto durante cuarenta días. Allí, como leemos hoy en el evangelio, el diablo lo pone a prueba, presentándole tres tentaciones comunes en la vida de todo hombre: el atractivo de los bienes materiales, la seducción del poder humano y la presunción de someter a Dios a los propios intereses.
La lucha victoriosa de Jesús contra el tentador no termina con los días pasados en el desierto; continúa durante los años de su vida pública y culmina en los acontecimientos dramáticos de la Pascua. Precisamente con su muerte en la cruz, el Redentor triunfa definitivamente sobre el mal, liberando a la humanidad del pecado y reconciliándola con Dios. Parece que el evangelista san Lucas quiere anunciar, ya desde el comienzo, el cumplimiento de la salvación en el Gólgota. En efecto, concluye la narración de las tentaciones mencionando a Jerusalén, donde precisamente se sellará la victoria pascual de Jesús.
La escena de las tentaciones de Cristo en el desierto se renueva cada año al comienzo de la Cuaresma. La liturgia invita a los creyentes a entrar con Jesús en el desierto y a seguirlo en el típico itinerario penitencial de este tiempo cuaresmal, que ha comenzado el miércoles pasado con el austero rito de la ceniza.
2. "Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás" (Rm 10, 9). Las palabras del apóstol Pablo, que acabamos de escuchar, ilustran bien el estilo y las modalidades de nuestra peregrinación cuaresmal. ¿Qué es la penitencia sino un regreso humilde y sincero a las fuentes de la fe, rechazando prontamente la tentación y el pecado, e intensificando la intimidad con el Señor en la oración?
En efecto, solo Cristo puede liberar al hombre de lo que lo hace esclavo del mal y del egoísmo: de la búsqueda ansiosa de los bienes materiales, de la sed de poder y dominio sobre los demás y sobre las cosas, de la ilusión del éxito fácil, y del frenesí del consumismo y el hedonismo que, en definitiva, perjudican al ser humano.
Queridos hermanos y hermanas, esto es lo que nos pide claramente el Señor para entrar en el clima auténtico de la Cuaresma. Quiere que en el desierto de estos cuarenta días aprendamos, a la luz de su palabra de salvación, a enfrentarnos al enemigo de nuestras almas. El Espíritu Santo (...) vivifique nuestra oración, para que estemos dispuestos a afrontar con valentía la incesante lucha de vencer el mal con el bien (...).
5. "Entonces clamamos al Señor..., y el Señor escuchó nuestra voz" (Dt 26, 7). La profesión de fe del pueblo de Israel, narrada en la primera lectura, presenta el elemento fundamental alrededor del cual gira toda la tradición del Antiguo Testamento: la liberación de la esclavitud de Egipto y el nacimiento del pueblo elegido.
La Pascua de la antigua Alianza constituye la preparación y el anuncio de la Pascua definitiva, en la que se inmolará el Cordero que quita el pecado del mundo.
Queridos hermanos y hermanas, al comienzo del itinerario cuaresmal volvemos a las raíces de nuestra fe para prepararnos, con la oración, la penitencia, el ayuno y la caridad, a participar con corazón renovado interiormente en la Pascua de Cristo.
Que la Virgen santísima nos ayude en esta Cuaresma a compartir con dignos frutos de conversión el camino de Cristo, desde el desierto de las tentaciones hasta Jerusalén, para celebrar con él la Pascua de nuestra redención».
(2/3) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Andrés Apóstol 4-3-2001 (sp fr en it po):
«1. "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, y tentado allí por el diablo durante cuarenta días" (Lc 4, 1-2).
En este primer domingo de Cuaresma volvemos a escuchar la narración de la lucha de Jesús contra el diablo al comienzo de su vida pública. Después de ser reconocido por el Padre, en el momento del bautismo a orillas del río Jordán, como el "Hijo predilecto" (Lc 3, 22), Jesús afronta la prueba de su fidelidad a Dios. Pero, contrariamente a Adán y Eva en el paraíso terrenal (cf Gn 3), y a diferencia del pueblo de Israel en el desierto (cf Ex 16-17; Dt 8), resiste a la tentación y triunfa sobre el Maligno.
En esta escena vislumbramos la lucha de dimensión cósmica de las fuerzas del mal contra la realización del plan salvífico que el Hijo de Dios vino a proclamar y comenzar en su misma persona. En efecto, con Cristo se inicia el tiempo de la nueva creación; en él se realiza la nueva y perfecta alianza entre Dios y toda la humanidad. Este combate contra el espíritu del mal nos implica a cada uno de nosotros, llamados a seguir el ejemplo del divino Maestro.
2. "Después de las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión" (Lc 4, 13).
El ataque del tentador contra Jesús, que comenzó durante su estancia en el desierto, culminará en los días de la pasión en el Calvario, cuando el Crucificado triunfe definitivamente sobre el mal, reconciliando al hombre con Dios. El evangelista san Lucas concluye la narración de las tentaciones con la referencia a Jerusalén; a diferencia de san Mateo, quiere poner de relieve desde el comienzo que el triunfo de Cristo en la cruz se producirá en la ciudad santa, donde se realizará el misterio pascual (...).
También a los hombres y a las mujeres de hoy Cristo dirige la invitación a "subir a Jerusalén", es decir, a seguirlo por el camino de la cruz. Sentimos hoy con fuerza la elocuencia de esta invitación, mientras damos los primeros pasos del tiempo cuaresmal, tiempo favorable para la conversión y la vuelta a la plena comunión con Dios (...).
5. Deseo dirigirme ahora a las familias. La Cuaresma es un "tiempo fuerte", que nos invita al perdón y a la reconciliación. Este esfuerzo, nada fácil, comprende también las relaciones en el seno de la familia. Vosotras, queridas familias, dejad que el Espíritu os convierta en lugares de serenidad y paz, de escucha y diálogo, de comunión y respeto a cada uno. En hogares fieles al Evangelio los jóvenes pueden hallar valentía y confianza para mirar al futuro con sentido de madura corresponsabilidad (...).
Es preciso imitar a Jesús, que lucha contra el mal en el desierto; más aún, es necesario seguirlo hasta Jerusalén, hasta el Calvario.
6. "Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás" (Rm 10, 9).
El miércoles pasado comenzamos el itinerario cuaresmal, camino de ascesis que debe llevarnos a un renovado encuentro con Jesús, reconocido como el "Señor". Es él quien salva: profesar la fe es, por tanto, creer en Cristo y confiar totalmente en él. Nos salvaremos (cf Rm 10, 10), si lo acogemos a él y sus palabras de vida eterna.
Que la Virgen María, discípula fiel del Señor, nos enseñe a "avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo" (Oración colecta); nos ayude a confesar con los labios que Jesús es nuestro Señor y a creer con el corazón que venció la muerte, abriendo a toda la humanidad las puertas del Reino. Así nos prepararemos a gustar, junto con todos los creyentes, la alegría y el esplendor de la Pascua de resurrección».
(3/3) Benedicto XVI, Ángelus 21-2-2010 (ge hr sp fr en it po)
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge spfr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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DOMINGO 5-C DEL TIEMPO ORDINARIO
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/2) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Timoteo 10-2-1980 (sp it po):
«1. Estoy contento de encontrarme aquí en medio de vosotros, queridos fieles de la parroquia de San Timoteo (...), de volver a descubrir y profundizar con vosotros, en los textos de la liturgia de este domingo, la fundamental vocación-misión del cristiano que, como los Profetas, como los Apóstoles, está llamado a desarrollar el ministerio de anunciar y evangelizar a Cristo, haciéndolo actual mediante el propio testimonio vivo (...).
2. A propósito de esta vocación, el Evangelio de hoy nos ofrece abundante materia de reflexión y todas las lecturas de la liturgia dominical nos permiten comprender aún más a fondo su contenido.
He aquí el cuadro más frecuente en el Evangelio: Cristo enseña. Enseña a cuantos "se agolpan" en torno "para oír la Palabra de Dios" (Lc 5, 1). Primero enseña en la orilla del lago de Genesaret, luego "subió a una de las barcas, que era la de Simón", y rogándole que se alejase un poco de la tierra, continuó enseñando a la multitud desde la barca (cf Lc 5, 5). Cuando terminó de hablar, se alejó de la muchedumbre y mandó a Simón hacerse a la mar y echar las redes para la pesca (cf Lc 5, 4).
El acontecimiento, que podría parecer ordinario, toma de allí a poco un carácter extraordinario. En efecto, la pesca resulta especialmente abundante, lo que sorprende a Simón y los otros pescadores, cuya fatiga precedente, que duró toda la noche, no había dado resultado alguno: "Toda la noche hemos estado trabajando y no hemos pescado nada" (Lc 5, 5), dice Simón cuando Jesús le pide echar las redes. Lo hacen únicamente por respeto a las palabras de Jesús, movidos por un motivo de estima y obediencia.
La inesperada abundantísima pesca, que incluso exige la ayuda de los compañeros de la otra barca, suscita en Simón Pedro una reacción típica de él. Se echa a los pies de Jesús y dice: "Señor, apártate de mí, que soy hombre pecador" (Lc 5, 8). Los otros testigos del acontecimiento milagroso, los hermanos Santiago y Juan, no reaccionan del mismo modo, pero también se llenan de estupor por la extraordinaria pesca realizada (cf Lc 5, 9).
Entonces Jesús dirige a Simón las palabras que dan el significado profético a todo el acontecimiento: "No temas; en adelante serás pescador de hombres" (Lc 5, 10).
3. En diversos pasajes podemos comprobar que el Señor Jesús enseña a todos los que se acercan para oír su palabra; sin embargo, él se propone instruir de modo particular a los Apóstoles, para introducirlos en los "misterios del reino", que ellos sobre todo deben conocer, para creer en la propia misión. Jesús los educa en la tarea de futuros testigos de su potencia y de maestros seguros de esa verdad que él ha traído al mundo desde el Padre, de la verdad que es él mismo.
El pasaje evangélico de hoy nos muestra uno de los momentos particulares de esta solicitud mediante la cual Jesús confirma a los Apóstoles y ante todo a Simón Pedro en la propia vocación. El método que usa el Maestro divino sobrepasa la simple enseñanza, el anuncio de la Palabra y su explicación. Para que penetre en profundidad, Jesús confirma la verdad de la Palabra anunciada con la revelación de su potencia sobrehumana y sobrenatural de Dios, que se dirige directamente a todo el hombre.
Frente a la revelación de esta potencia, la reacción del hombre es siempre la que manifestó Simón Pedro: la toma de conciencia de la propia indignidad y estado pecaminoso. ¿No decimos nosotros siempre, antes de la santa comunión: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa..."? Pedro, a su vez, afirma: "Apártate de mí, que soy hombre pecador" (Lc 5, 8). San Pablo movido por el mismo sentimiento, escribirá: "No soy digno de ser llamado Apóstol, pues perseguí a la Iglesia de Dios" (1Co 15, 9). Y así Isaías se defiende de la llamada del Señor, que querría eludir, oponiendo la impureza de los propios labios, indignos de pronunciar las palabras del Señor (cf Is 6, 5).
Este profundo sentido de estado pecaminoso personal y de indignidad permite actuar a Dios mismo, permite a su gracia –gracia a la llamada divina– hacerse eficaz.
Los labios de Isaías, tocados por un carbón encendido, se vuelven puros y el profeta puede decir: "Heme aquí, envíame a mí" (Is 6, 8). Pablo, convertido de perseguidor en Apóstol, afirma: "Por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia en mí no ha sido estéril" (1Co 15, 10). Simón Pedro, por su parte, escucha de labios de Cristo las palabras confortadoras: "No temas; en adelante vas a ser pescador de hombres" (Lc 5, 10).
4. En las lecturas de hoy se encierra una profunda lección que demuestra nuestra verdadera relación personal con Dios. Ante todo es necesario que tengamos un sentido profundo de su santidad y a la vez un vivo sentimiento de nuestra culpa e indignidad. Cuanto más caemos en la cuenta de esto último, tanto más se nos revela lo primero: Dios en la Majestad inefable de su potencia y de su amor, Creador y Redentor del hombre, Sabiduría, Justicia, Misericordia, Dios Omnipresente, Omnisciente, Omnipotente.
Cristo nos manifiesta con su enseñanza este misterio inescrutable de Dios y, al mismo tiempo, nos lo acerca, hablando el lenguaje de los hombres sencillos, haciendo presente la potencia de Dios mismo con signos visibles, como por ejemplo la pesca del lago de Genesaret.
Reflexione cada uno de nosotros si su relación interior con Dios tiene los rasgos que se manifiestan en el comportamiento de Simón Pedro, de Pablo de Tarso, del profeta Isaías; si nuestra relación con Dios no es demasiado superficial, unilateral, interesada. ¿Tenemos miedo del pecado por no ofender al Padre y al Hijo, su Unigénito, que ha aceptado por nosotros la pasión y la muerte en la cruz? ¿O más bien nos falta esa conciencia de profunda indignidad en relación con Aquel es el solo y único Santo? Comprometámonos en este sentido.
5. Además de esto, las lecturas de hoy contienen pensamientos e indicaciones importantes para la vida de la parroquia, como comunidad del Pueblo de Dios.
Cristo dijo a Pedro: "En adelante serás pescador de hombres" (Lc 5, 10). Esta pesca misteriosa corresponde a la misión incesante de la Iglesia, de cada una de las comunidades en la Iglesia y de cada uno de los cristianos. Llevar a los hombres vivos, a las almas humanas a la luz de la fe y a la fuente del amor; mostrarles el Reino de Dios presente en los corazones y en el designio de la historia de la humanidad; reunir a todos en esa unidad cuyo centro es Cristo: he aquí la misión continua de la Iglesia (...).
Y como en los tiempos de Jesús, así también hoy, esta misión exige un constante anuncio que prepare y facilite la acogida de la verdad divina y del amor fraterno. Exige que cada una de las personas, de los grupos, de los ambientes "se aparten a veces de la tierra" para "alejarse" (...). Es necesaria particularmente una intimidad familiar exclusiva, ferviente con Cristo y con el Padre en el Espíritu Santo, para que maduren los apóstoles, es decir, los cristianos perfectos, prontos a dar a los demás, sacando de la propia plenitud, para que la gracia de Dios en ellos no sea estéril (cf 1Co 15, 10; 2Co 6, 1) (...).
"Maestro..., por tu palabra echaré las redes" (Lc 5, 5). Vuestra comunidad, vuestros Pastores, todas las almas apostólicas, religiosos, religiosas y laicos responsables, todos los feligreses no cesen de pensar así, animados por este mismo espíritu de fe, y no cesen de actuar en consecuencia. ¡El Maestro y Señor está constantemente presente en nuestra barca!
6. (...). Os asista en vuestros generosos esfuerzos la divina protección, que os asegura, por lo demás, la gracia de vuestra vocación cristiana; os ayude la intercesión de María, Madre de Cristo y de la Iglesia y os conforte el convencimiento de que el Papa, vuestro Obispo, está con vosotros para confirmaros y daros seguridad, a fin de que vuestra parroquia "pueda realizar con eficacia en esta hora de gracia, la misión inalienable, recibida del Maestro: Id, pues, y enseñad a todas las gentes" (Exhortación Apostólica Catechesi tradendae 16-10-1979 ge sp fr en it lt pl po)».
(2/2) Benedicto XVI, Ángelus 7-2-2010 (ge hr sp fr en it po)
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
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DOMINGO 4-C DEL TIEMPO ORDINARIO
NVg 1 Ps 2 E – BibJer2ed 1 Ps 2 E (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/3) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de la Ascensión 3-2-1980 (sp it po): «1. Este domingo me ofrece de nuevo la posibilidad de encontrarme con esa comunidad fundamental del Pueblo de Dios que es, en la Iglesia, una parroquia. Este es un encuentro "con la comunidad" y al mismo tiempo, un encuentro "en la comunidad". Efectivamente, por medio de la visita pastoral de vuestro obispo, os volvéis a encontrar, en cierta manera, en esa comunidad más grande del Pueblo de Dios que es la Iglesia Romana, la Iglesia "local", esto es, la diócesis. Esta es, a la vez, la Iglesia de las Iglesias –si se puede decir así– ya que Roma, como Sede de San Pedro, constituye el centro de todas las Iglesias "locales" del mundo, las que por medio de este centro se vinculan y se unen en la comunidad universal de la única Iglesia (...).
Quisiera hacer llegar una palabra especial de saludo también a los que se sienten psicológicamente lejanos de la comunidad parroquial, respecto de la que nutren sentimientos de indiferencia o quizás incluso de hostilidad. Sepan que es deseo del Papa, como de los sacerdotes de la parroquia y de todo otro ministro de Dios, entablar con ellos un diálogo que pueda disipar equívocos o permitir un conocimiento recíproco mejor y una conversación profunda sobre Cristo y su Evangelio.
2. Ciertamente, el mensaje de Jesús está destinado a "plantear problema" en la vida de cada uno de los seres humanos. Nos lo recuerdan también las lecturas de la liturgia de hoy, y sobre todo el texto del Evangelio de Lucas, que acabamos de oír. Él nos induce a volver una vez más con el pensamiento a (...) la Presentación de Jesús en el templo, que tuvo lugar a los 40 días de su nacimiento. El anciano Simeón pronunció sobre el Niño las siguientes palabras: "Puesto está para caída y levantamiento de muchos en Israel y como signo de contradicción" (Lc 2, 4).
Hoy somos testigos de la contradicción que Cristo encontró al comienzo mismo de su misión en su Nazaret. Efectivamente, cuando, basándose en las palabras del profeta Isaías leídas en la sinagoga de Nazaret, Jesús hace entender a sus paisanos que la predicción se refería precisamente a él, esto es, que él era el anunciado Mesías de Dios (el Ungido en la potencia del Espíritu Santo), surgió primero el estupor, luego la incredulidad y finalmente los oyentes "se llenaron de cólera" (Lc 4, 28), y se pusieron de acuerdo en la decisión de tirarlo desde el monte sobre el que estaba construida la ciudad de Nazaret. "Pero él atravesando por en medio de ellos, se fue" (Lc 4, 30).
Y he aquí que la liturgia de hoy –sobre el trasfondo de este acontecimiento– nos hace oír en la primera lectura la voz lejana del profeta Jeremías: "Ellos te combatirán, pero no te podrán, porque contigo estoy para protegerte" (Jr 1, 19).
3. Jesús es el profeta del amor, de ese amor que san Pablo confiesa y anuncia en palabras tan sencillas y a la vez tan profundas del pasaje tomado de la Carta a los Corintios. Para conocer qué es el amor verdadero, cuáles son sus características y cualidades, es necesario mirar a Jesús, a su vida y a su conducta. Jamás las palabras dirán tan bien la realidad del amor como lo hace su modelo vivo. Incluso palabras tan perfectas en su sencillez, como las de la primera Carta a los Corintios, son solo la imagen de esta realidad: esto es, de esa realidad cuyo modelo más completo encontramos en la vida y en el comportamiento de Jesucristo.
No han faltado ni faltan en la sucesión de las generaciones hombres y mujeres que han imitado eficazmente este modelo perfectísimo. Todos estamos llamados a hacer lo mismo. Jesús ha venido sobre todo para enseñarnos el amor. El amor constituye el contenido del mandamiento mayor que nos ha dejado. Si aprendemos a cumplirlo, obtendremos nuestra finalidad: la vida eterna. Efectivamente, el amor, como enseña el Apóstol "no pasa jamás" (1Co 13, 8). Mientras otros carismas, e incluso las virtudes esenciales en la vida del cristiano, acaban junto con la vida terrena y pasan de este modo, el amor no pasa, no tiene nunca fin. Constituye precisamente el fundamento esencial y el contenido de la vida eterna. Y por esto lo más grande "es la caridad" (1Co 13, 13).
4. Esta gran verdad sobre el amor, mediante la cual llevamos en nosotros la verdadera levadura de la vida eterna en la unión con Dios, debemos asociarla profundamente a la segunda verdad de la liturgia de hoy: el amor se adquiere en la fatiga espiritual. El amor crece en nosotros y se desarrolla también entre las contradicciones, entre las resistencias que se le oponen desde el interior de cada uno de nosotros, y a la vez "desde fuera", esto es, entre las múltiples fuerzas que le son extrañas e incluso hostiles.
Por esto San Pablo escribe que "la caridad es paciente". ¿Acaso no encuentra en nosotros muy frecuentemente la resistencia de nuestra impaciencia, e incluso simplemente de la inadvertencia? Para amar es necesario saber "ver" al "otro", es necesario saber "tenerle en cuenta". A veces es necesario "soportarlo". Si solo nos vemos a nosotros mismos, y el "otro" "no existe" para nosotros, estamos lejos de la lección del amor que Cristo nos ha dado.
"La caridad es benigna", leemos a continuación: no solo sabe "ver" al "otro", sino que se abre a él, lo busca, va a su encuentro. El amor da con generosidad y precisamente esto quiere decir que "es benigno" (a ejemplo del amor de Dios mismo, que se expresa en la gracia). Y cuán frecuentemente, sin embargo, nos cerramos en el caparazón de nuestro "yo", no sabemos, no queremos, no tratamos de abrirnos al "otro", de darle algo de nuestro propio "yo", sobrepasando los límites de nuestro egocentrismo o quizás del egoísmo, y esforzándonos para convertirnos en hombres, mujeres, "para los demás", a ejemplo de Cristo.
5. Y así también después, volviendo a leer la lección de san Pablo sobre el amor y meditando el significado de cada una de las palabras de las que se ha servido el Apóstol para describir las características de este amor, tocamos los puntos más importantes de nuestra vida y de nuestra convivencia con los otros. Tocamos no solo los problemas personales o familiares, es decir, los que tienen importancia en el pequeño círculo de nuestras relaciones interpersonales, sino que tocamos también los problemas sociales de actualidad primaria.
¿Acaso no constituyen ya los tiempos en que vivimos una lección peligrosa de lo que puede llegar a ser la sociedad y la humanidad cuando la verdad evangélica sobre el amor se la considera superada (...), cuando se la excluye de la educación, de los medios de comunicación social, de la cultura, de la política? (...).
6. De la lección paulina que acabamos de escuchar es necesario deducir lógicamente que el amor es exigente. Exige de nosotros el esfuerzo, exige un programa de trabajo sobre nosotros mismos, así como, en la dimensión social, exige una educación adecuada, y programas aptos de vida cívica e internacional.
El amor es exigente. Es difícil. Es atrayente, ciertamente, pero también es difícil. Y por esto encuentra resistencia en el hombre. Y esta resistencia aumenta cuando desde fuera actúan también programas en los que está presente el principio del odio y de la violencia destructora.
Cristo, cuya misión mesiánica encuentra desde el primer momento la contradicción de los propios paisanos en Nazaret, vuelve a afirmar la veracidad de las palabras que pronunció sobre él el anciano Simeón el día de la Presentación en el templo: "Puesto está para caída y levantamiento de muchos en Israel, y para signo de contradicción" (Lc 2, 34).
Estas palabras acompañan a Cristo por todos los caminos de su experiencia humana, hasta la cruz.
Esta verdad sobre Cristo es también la verdad sobre el amor. También el amor encuentra la resistencia, la contradicción. En nosotros, y fuera de nosotros. Pero esto no debe desalentarnos. El verdadero amor –como enseña San Pablo– todo lo "excusa" y "todo lo tolera" (1Co 13, 7).
Queridos hermanos y hermanas, este encuentro nuestro de hoy sirva, al menos en pequeña parte, para la victoria de este amor, hacia el cual camina continuamente, entre las pruebas de esta tierra, la Iglesia de Cristo con la mirada fija en el testimonio de su Maestro y Redentor».
(2/3) Benedicto XVI, Ángelus 31-1-2010 (ge hr sp fr en it po)
(3/3) Juan Pablo II, Audiencia general 12-3-1997 (ge sp fr en it po), La presencia de María en la sinagoga de Nazaret: «El concilio Vaticano II, después de recordar la intervención de María en las bodas de Caná, subraya su participación en la vida pública de Jesús: "Durante la predicación de su Hijo acogió las palabras con las que este situaba el Reino por encima de las consideraciones y de los lazos de la carne y de la sangre y proclamaba felices (cf Mc 3, 35 par.; Lc 11, 27-28) a los que escuchaban y guardaban la palabra de Dios, como ella lo hacía fielmente (cf Lc 2, 19 y 51)" (Lumen gentium, 58).
El inicio de la misión de Jesús marcó también su separación de la Madre (...). No obstante, María escuchó a veces la predicación de su Hijo. Se puede suponer que estaba presente en la sinagoga de Nazaret cuando Jesús, después de leer la profecía de Isaías, comentó ese texto aplicándose a sí mismo su contenido (cf Lc 4, 18-30). ¡Cuánto debió de sufrir en esa ocasión, después de haber compartido el asombro general ante las "palabras llenas de gracia que salían de su boca" (Lc 4, 22), al constatar la dura hostilidad de sus conciudadanos que arrojaron a Jesús de la sinagoga e incluso intentaron matarlo! (...). María, después de ese acontecimiento, intuyendo que vendrían más pruebas, confirmó y ahondó su total adhesión a la voluntad del Padre, ofreciéndole su sufrimiento de madre y su soledad».
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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DOMINGO 3-C DEL TIEMPO ORDINARIO
NVulgata 1 Ps 2 E-E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/2) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Cipriano 22-1-1989 (it):
«1. "El Espíritu del Señor está sobre mí" (Lc 4, 18).
En la liturgia del domingo pasado, la Iglesia nos recordó el comienzo de los milagros que Jesús, según el Evangelio de Juan, hizo en Caná de Galilea durante un banquete de bodas. Hoy nos lleva a Nazaret, donde Jesús se había criado. Efectivamente, en Nazaret, Jesús transcurrió los años de la vida oculta en la casa de José y María. Allí era conocido de todos.
Fue precisamente en Nazaret donde tuvo lugar el acontecimiento narrado en el Evangelio de Lucas. Jesús entra un sábado en la sinagoga y, en medio de la comunidad reunida de sus conciudadanos, comienza a leer el texto del Libro del Profeta Isaías, que comienza con las siguientes palabras: "El Espíritu del Señor está sobre mí; porque él me ha ungido. Me ha enviado" (Lc 4, 18). Las palabras hacen referencia al futuro Mesías. El Profeta habla de su misión y actividad.
Después de haber leído estas palabras, Jesús se dirige a los presentes y les dice: "Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír" (Lc 4, 21). Se designa a sí mismo como aquel que ha sido profetizado por Isaías.
2. El pueblo de Dios de la Antigua Alianza se ha alimentado de la Palabra de Dios contenida en los Libros Sagrados.
La primera lectura de hoy, tomada del Libro de Nehemías, recuerda el importante momento de la historia de Israel en el que, después del retorno del exilio en Babilonia, los israelitas se reunieron de nuevo en su tierra para leer la Palabra de Dios y escucharla con una actitud de fervoroso recogimiento.
"Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura" (Ne 8, 8). Y "el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la ley" (Ne 8, 9). Esta ley, la Palabra del Dios vivo, era la que decidía su identidad religiosa y nacional. Eran, en efecto, el Israel, el pueblo elegido, al que Dios mismo había dado su ley en los días memorables del éxodo de la esclavitud de Egipto.
Se habían alimentado de la Palabra de Dios durante muchas generaciones, en tiempos de victorias y derrotas, de libertad y esclavitud.
3. Ahora dirijamos la mirada sobre nosotros mismos, aquí reunidos. También nosotros –al igual que la comunidad de los tiempos de Nehemías y de Esdras– nos hemos reunido para escuchar la Palabra de Dios. Nos hemos reunido como conciudadanos de Jesús de Nazaret, a los que él ha dirigido las primeras palabras, que son testimonio de su misión mesiánica.
Durante los tres años de su vida pública, se ha cumplido en Jesús de Nazaret lo que el profeta Isaías había anunciado anteriormente: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista. Para dar la libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor" (Lc 4, 18-19). ¡Un año de gracia!
Las palabras de Isaías se han convertido en algo así como la "credencial" mesiánica de Jesús de Nazaret. Posteriormente, también a ellas tuvo que remitirse ante los enviados de Juan el Bautista.
4. "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido".
Todo lo que Jesús hacía y enseñaba daba testimonio de su misión. De la "unción" por parte del Espíritu que el Mesías (es decir, el Cristo) tenía que recibir. Sin embargo, el testimonio definitivo ha tenido lugar solo en unión con el misterio pascual de su cruz y resurrección: de su sacrificio redentor "por los pecados del mundo entero" (cf 1Jn 2, 2).
Por ello nosotros, hombres de la Nueva Alianza, durante nuestras asambleas litúrgicas nos nutrimos no solo de la Palabra de Dios, de la ley, sino también de la Eucaristía: nos nutrimos del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, mediante los cuales se renueva constantemente, de modo incruento, su sacrificio redentor: el memorial de su muerte y de su resurrección para la salvación del mundo.
La liturgia de la Nueva Alianza prepara ante nosotros no solo la mesa de la Palabra de Dios, sino también la de la Eucaristía: del Cuerpo y de la Sangre del Redentor.
5. Nos nutrimos de su Cuerpo como "bautizados en un mismo Espíritu", como los que "hemos bebido de un solo Espíritu" (cf 1Co 12, 13). Este es precisamente "el Espíritu del Señor". Ungido por él, Jesús de Nazaret ha llevado a cabo la redención del mundo. Y como Redentor nos "ha dado" este Espíritu Santo, el Consolador, el Espíritu de Verdad, para que nosotros también pudiésemos participar de la unción de Cristo, para que, por la fuerza de esta divina unción, nosotros mismos llegásemos a ser, como Iglesia, el Cuerpo de Cristo.
En la segunda lectura, tomada de la primera Carta a los Corintios, el Apóstol Pablo nos explica ampliamente esta verdad de fe: "Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros... hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo" (1Co 12, 12-13).
6. Leyendo este texto de Pablo, ¿cómo no recordar que estamos en la semana dedicada a la oración para obtener de Dios la unión visible de todos los cristianos?
La Iglesia, en el decreto sobre el ecumenismo, ha vuelto a proponer a la atención de todos los fieles católicos esta verdad, que ya formuló Pablo, y sus consecuencias para todos los cristianos: "Por el sacramento del bautismo –afirma, en efecto, el Concilio– el hombre se incorpora realmente a Cristo... y se regenera para el consorcio de la vida divina" (Unitatis redintegratio, 22).
La vida divina es la suprema unidad, y es la fuente de toda unidad. Esta profunda unidad existe ya entre todos los bautizados, más allá de sus divisiones. Todo el movimiento ecuménico tiende a hacerla completa y visible.
La oración común entre los cristianos se fundamenta en el bautismo común, que tiende a conseguir la plenitud de la vida en Cristo. El bautismo, en efecto, está ordenado, por su propia naturaleza, "a la profesión íntegra de la fe, a la plena incorporación a la economía de la salvación... y a la íntegra incorporación en la comunión eucarística" (Ib.).
Recemos para que se superen las divisiones, para que pronto se alcance aquella reconstrucción tan deseada de la plena unidad entre todos los hermanos cristianos y se realice, según las palabras del Señor, "un solo rebaño, un solo pastor" (Jn 10, 16).
7. Encomiendo estas intenciones a san Cipriano, obispo y mártir, patrono de vuestra parroquia, que se dedicó generosamente a salvaguardar la unidad de la Iglesia de su tiempo, acechada por las persecuciones del emperador Decio y por las sectas secesionistas (...).
9. "La ley del Señor es perfecta, y es consuelo del alma; el testimonio del Señor es veraz, e instruye al ignorante" (Sal 18/19, 8).
Que salgamos de nuestra asamblea eucarística "consolados" por la verdad de la Palabra de Dios, y reforzados por el "testimonio del Señor".
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida (cf Jn 6, 63).
Que salgamos reanimados por el Espíritu Santo, que obra de manera especial mediante la Eucaristía.
Que salgamos abrazados por la unidad, que procede de Dios, y en la divina Trinidad encuentra su modelo más perfecto y su realización definitiva».
(2/2) Benedicto XVI, Ángelus 24-1-2010 (ge hr sp fr en it po)
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
Texto preparado por Fr. Gregorio Cortázar Vinuesa, O.C.D. España.
Comentario del P. Tomás Álvarez, ocd
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99ª JORNADA MUNDIAL DEL EMIGRANTE Y EL REFUGIADO 2013
Mensaje «Migraciones: peregrinación de fe y esperanza»
18-25 DE ENERO 2013: SEMANA DE ORACIÓN
POR LA UNIDAD PLENA DE TODOS LOS CRISTIANOS
ÁNGELUS PARA AMBOS EVENTOS
18-1-2009 (ge hr sp fr en it po); 17-1-2010 (ge hr sp fr en it po); 16-1-2011 (ge hr sp fr en it po)
DOMINGO 2-C DEL TIEMPO ORDINARIO
NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)
(1/4) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de la Inmaculada y San Juan Berchmans 20-1-1980 (sp it po):
«Queridísimos fieles:
1. Estoy contento de visitar esta parroquia (...), en este domingo en que la liturgia nos recuerda el episodio de Caná de Galilea (...).
Acoged, queridos fieles, mi saludo afectuoso y cordial (...). Quisiera que todos sintiesen de verdad el afecto del Vicario de Cristo, que lleva a todos en el corazón, y que encomienda a todos con intenso amor a la Virgen Inmaculada y San Juan Berchmans, vuestro celeste protector.
2. En el Evangelio de hoy leemos que el Señor Jesús fue invitado a participar en las bodas que tenían lugar en Caná de Galilea. Esto sucede al comienzo mismo de su actividad magisterial, y el episodio se grabó en la memoria de los presentes, porque precisamente allí Jesús reveló por vez primera la extraordinaria potencia que, desde entonces, debía acompañar siempre su enseñanza.
Leemos: "Este fue el primer milagro que hizo Jesús, en Caná de Galilea, y manifestó su gloria y creyeron en él sus discípulos" (Jn 2, 11). Aunque el acontecimiento tiene lugar al comienzo de la actividad de Jesús de Nazaret, ya están en torno a él los discípulos (los futuros Apóstoles), al menos los que habían sido llamados primero.
Con Jesús está también en Caná de Galilea su Madre. Incluso parece que precisamente ella había sido invitada principalmente. En efecto, leemos: "Hubo una boda en Caná de Galilea, y estaba allí la Madre de Jesús. Fue invitado también Jesús con sus discípulos a la boda" (Jn 2, 1-2). Se puede deducir, pues, que Jesús fue invitado con la Madre, y quizás en atención a ella; en cambio los discípulos fueron invitados juntamente con él.
3. Debemos concentrar nuestra atención sobre todo en esta invitación. Por vez primera Jesús es invitado entre los hombres, y acepta esta invitación, se queda con ellos, habla, participa en su alegría (las bodas son un momento gozoso), pero también en sus preocupaciones; y para remediar los inconvenientes, cuando faltó el vino para los invitados, realizó el "signo": el primer milagro en Caná de Galilea. Muchas veces más será invitado Jesús por los hombres en el curso de su actividad magisterial, aceptará sus invitaciones, estará en relación con ellos, se sentará a la mesa, conversará.
Conviene insistir en esta línea de los acontecimientos: Jesucristo es invitado continuamente por cada uno de los hombres y por las diversas comunidades. Quizás no exista en el mundo una persona que haya tenido tantas invitaciones. Más aún, es necesario afirmar que Jesucristo acepta estas invitaciones, va con cada uno de los hombres, se queda en medio de las comunidades humanas.
En el curso de su vida y de su actividad terrestre él debió someterse necesariamente a las condiciones de tiempo y de lugar. En cambio, después de la Resurrección y de la Ascensión, y después de la institución de la Eucaristía y de la Iglesia, Jesucristo de un modo nuevo, esto es, sacramental y místico, puede ser huésped simultáneamente de todas las personas y de todas las comunidades que lo invitan. En efecto, él ha dicho: "Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada" (Jn 14, 23).
Y he aquí, queridos hermanos y hermanas, que tocamos así la verdad más fundamental para cada uno de vosotros, y al mismo tiempo para vuestra parroquia. También vuestra parroquia es un Caná de Galilea adonde está invitado Jesús. Él ha aceptado esta invitación, y permanece entre vosotros. Permanece incansablemente, incesantemente. Permanece en las comunidades para aceptar, en medio de ellas, la invitación de cada uno. Y el invitado viene y se queda.
Meditad profundamente sobre esta presencia de Jesucristo en vuestra parroquia y en cada uno de vosotros. ¿Sois verdaderamente hospitalarios con él?
4. Jesús fue invitado a Caná de Galilea para tomar parte en la boda y en la recepción nupcial. Aun cuando diversos acontecimientos están vinculados con el comienzo de la actividad pública de Jesús de Nazaret, podemos deducir, justamente del texto evangélico, que este episodio, precisamente, de modo particular, determina el comienzo de su vida apostólica. Es importante notar que precisamente en la circunstancia de las bodas Jesús comienza su actividad. Las palabras de la primera lectura del libro del profeta Isaías comprueban esto con la particular tradición profética del Antiguo Testamento.
Pero incluso independientemente de esta tradición, el hecho mismo nos ofrece mucho para meditar. Jesucristo, al comienzo mismo de su misión mesiánica, toca, en cierto sentido, la vida humana en su punto fundamental, en el punto de partida. El matrimonio, aun cuando es tan antiguo como la humanidad, significa siempre, cada vez, un nuevo comienzo. Este es sobre todo el comienzo de una nueva comunidad humana, de esa comunidad que se llama "familia". La familia es la comunidad del amor y de la vida. Y por eso a ella ha confiado el Creador el misterio de la vida humana. El matrimonio es el comienzo de la nueva comunidad del amor y de la vida, de la que depende el futuro del hombre sobre la tierra.
El Señor Jesús une el comienzo de su actividad a Caná de Galilea para demostrar esta verdad. Su presencia en la recepción nupcial pone de relieve el significado fundamental del matrimonio y de la familia para la Iglesia y para la sociedad.
También la misión de la parroquia está vinculada con el matrimonio y con la familia, y la parroquia está orientada de modo fundamental hacia ella. Que mi visita de hoy se convierta también en ocasión para hacernos conscientes todos a la vez de cómo se forma este vínculo entre la parroquia y la familia en la sociedad. ¿En qué medida los cónyuges asumen estos deberes junto con el sacramento que Dios y la Iglesia ponen ante ellos? ¿Cómo se presenta el problema de la responsabilidad por la vida? ¿Y por la educación?
Son preguntas serias y comprometidas, particularmente hoy, en este tiempo en que la familia cristiana encuentra ciertamente muchas dificultades para vivir en coherencia los principios de su fe (...). Exhorto a todos a aprovecharse lo más posible de la "catequesis": la instrucción religiosa es hoy absolutamente fundamental para el cristiano, porque la fe debe convertirse en convicción iluminada y personal.
Solo si se está realmente convencidos de que es voluntad de Dios y revelación de Cristo lo que la Iglesia enseña, se tiene la fuerza e incluso la alegría de vivir auténticamente la propia fe, a pesar de las dificultades del ambiente. Por esto dad gran importancia a la Santa Misa festiva y a la homilía del sacerdote, al catecismo para los niños, a las lecciones de religión en las diversas escuelas, a los encuentros especializados de grupo en la parroquia o en los barrios, a la catequesis para los jóvenes, a la lectura de la prensa formativa. Y centrad vuestras actividades parroquiales en la Eucaristía, en el encuentro personal con Cristo, perenne huésped nuestro (...). Por eso en este domingo deseo invitar de modo especial a Jesús a todas las familias de esta parroquia.
Que él venga –como en Caná de Galilea– junto con su Madre. ¡Qué elocuente es su presencia, su participación en este acontecimiento que tuvo lugar al comienzo de la actividad pública de Jesús de Nazaret!
5. En Caná se reveló también María en la plena sencillez y verdad de su Maternidad. La Maternidad está siempre abierta al niño, abierta al hombre. Ella participa de sus preocupaciones, aun las más ocultas. Asume estas preocupaciones y trata de ponerles remedio. Así ocurrió en la fiesta de las bodas de Caná. Cuando llegó "a faltar el vino" (Jn 2, 3) el maestresala y los esposos se encontraron ciertamente en gran dificultad. Y entonces la Madre de Jesús le dijo: "No tienen vino" (Jn 2, 3). El desarrollo posterior del acontecimiento nos es bien conocido.
Al mismo tiempo María se revela en Caná de Galilea como Madre consciente de la misión de su Hijo, consciente de su potencia. Precisamente esta conciencia la apremia a decir a los servidores: "Haced lo que él os diga" (Jn 2, 5). Y los servidores siguieron las indicaciones de la Madre de Cristo.
¿Qué otra cosa puedo desearos, con ocasión del encuentro de hoy, a vosotros: esposos y familias; a vosotros: jóvenes y niños; a vosotros: enfermos y los que sufrís, cansados por la edad; finalmente a vosotros, queridos pastores de almas, religiosos y religiosas; a vosotros todos? ¿Qué cosa os puedo desear sino que escuchéis siempre estas palabras de María, Madre de Cristo: "Haced lo que él os diga"?
Y que las aceptéis con el corazón, porque han sido pronunciadas por el corazón. Por el corazón de la Madre. Y que las cumpláis: "A la santificación precisamente os llamó por medio de nuestra evangelización, para que alcancéis la gloria de nuestro Señor Jesucristo" (2Ts 2, 14).
Aceptad, pues, esta llamada con toda vuestra vida. Realizad las palabras de Jesucristo. ¡Sed obedientes al Evangelio! Amén».
(2/4) Juan Pablo II, Audiencia general 26-2-1997 (ge sp fr en it po): María en las bodas de Caná.
(3/4) Juan Pablo II, Audiencia general 5-3-1997 (ge sp fr en it po): Dimensión simbólica del milagro de las bodas de Caná.
(4/4) Benedicto XVI, Jesús de Nazaret-1 VIII, 2: La vid y el vino.
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LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (...) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones "ex cáthedra", existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la "piedra" en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).
LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (...) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).
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