La Doctrina Social de la Iglesia, es un conjunto de normas y principios referentes a la realidad social, política y económica de la humanidad basado en el Evangelio y en el Magisterio de la Iglesia católica.
Al ser un conjunto de normas y principios no posee un autor definido, puesto que la Iglesia desde comienzos del siglo XIX, a tratado de observar la social, política y económica de la humanidad desde una mirada Cristiana.
Existen muchos personajes o eventos que han nutrido esta doctrina:
Pío XII vivió los años de la posguerra con otro orden internacional al que dedicó sus intervenciones. Aun cuando no publicó encíclicas sobre temas sociales, no dejó de recordar a todos a través de sus radiomensajes, la relación que corre entre la moral y el derecho positivo así como los deberes de las personas en las distintas profesiones. [cita requerida]
Juan XXIII deja dos contribuciones: las encíclicas Mater et magistra y Pacem in terris. En la primera habla de la misión de la Iglesia por construir comunión que permita tutelar y promover la dignidad del hombre. En la segunda encíclica, además de afrontar el tema de la guerra (en tiempos de proliferación de armamento nuclear), afronta el tema de los derechos humanos desde un punto de vista cristiano.
El Concilio Vaticano II trató en la constitución pastoral Gaudium et spes temas de actualidad social y económica, como los nuevos problemas que afrontaba el matrimonio y la familia (por ejemplo, desde las sucesivas facilidades al divorcio concedidas desde el liberalismo decimonónico y el socialismo), la paz y concordia entre los pueblos (en el escenario de la llamada Guerra fría), etc.
Con Pablo VI hace su entrada en los documentos del Magisterio el tema del desarrollo en la encíclica Populorum progressio haciendo hincapié en la necesidad de que ese desarrollo sea de toda la persona y de todos los hombres.
Juan Pablo II, fuertemente marcado por su experiencia en Polonia, publicó diversas encíclicas sobre temas sociales. La Laborem exercens presenta una espiritualidad y una moral propias del trabajo que realiza el cristiano. La Sollicitudo rei socialis retoma el tema del progreso y el desarrollo íntegros de las personas (publicada con motivo de los veinte años de la publicación de la Populorum progressio). Finalmente la Centesimus annus -con motivo del centenario de la publicación de la Rerum novarum- se detiene en la noción de solidaridad, que permite encontrar un hilo conductor a través de toda la enseñanza social de la Iglesia. Aun cuando sus predecesores habían tratado temas sociales como orientaciones para la ética social o para la filosofía, Juan Pablo II planteó la Doctrina social de la Iglesia como una rama de la teología moral y dio orientaciones sobre el modo en que esta disciplina debía ser enseñada en los seminarios.
Actualidad
El cardenal Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz presentó el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, enfatizando el papel de todos los laicos, en la concreción de los postulados de la Doctrina Social, para asegurar cambios transformadores en las personas y en las estructuras injustas. Las vidas de los laicos están directamente envueltas en la organización de la vida secular, en las áreas de la economía, la política, el trabajo, la comunicación social, el derecho, la organización de las instituciones en que se toman las decisiones y las opciones que hacen las estructuras sociales afecten a la vida civil. Con su capacidad profesional y su experiencia de la vida, sirve a la evangelización de la sociedad al seguir su vocación de «buscar el Reino de Dios implicándose en los asuntos temporales y ordenándolos de acuerdo con el designio de Dios».
Aportan a la comunidad cristiana su pasión por las necesidades humanas y su apertura a aprender de los demás, puesto que Dios opera también más allá de los confines oficiales de la Iglesia. Aportan al mundo su saber cristiano que ordena las cosas según el designio de Dios y su deseo de servir a la comunidad eclesial que, por medio de sus manos y de su trabajo, alcanza los recovecos de la sociedad donde vive la gente. El cristiano laico – con su competencia y capacidad profesionales, y tomando la responsabilidad de trabajar en un contexto particular – completa de cierta forma la doctrina social de la Iglesia a nivel práctico y media en su necesario impacto sobre las realidades concretas.. De esta forma, la doctrina social no es un mero conocimiento teórico, sino un medio «de acción»; se orienta hacia la vida, se aplica con creatividad y ha de ser encarnado. El laico tiene un papel muy particular, aunque no exclusivo, en esta área. Puesto que la doctrina social es el encuentro entre la verdad del Evangelio y los problemas humanos, el laico debe guiar estas directrices de la doctrina social para la acción hacia resultados operativos concretos y efectivos, incluso si estos resultados son sólo parciales. Los laicos son hombres y mujeres que están dispuestos a correr riesgos y que también experimentan concretamente esta doctrina. Elaborando soluciones históricas concretas para los problemas de la humanidad, ellos no son, por decirlo de alguna manera, un apéndice a la doctrina social de la Iglesia, sino el mismo corazón de esta doctrina, puesto que ésta tiene un profundo carácter «de experiencia». El laico no debe abandonar esta labor de abrir nuevas fronteras y de lograr nuevas respuestas. Toda la comunidad cristiana les sostendrá y les animará de modo que, aunque de una parte sus opciones sólo pueden atribuirse a ellos mismos sin implicar a toda la comunidad, por otro lado, sus esfuerzos son sentidos por la comunidad como esfuerzos de la misma comunidad; su dura labor y sus expectativas son apreciadas y valoradas. La comunidad cristiana no debería frenarse en su implicación en un esfuerzo colectivo en las realidades temporales, por temor a que la comunidad se vea comprometida o sufra divisiones internas. Gran responsabilidad tenemos de trabajar en la vanguardia y de hacer de esta doctrina una experiencia de vida, así lo hemos escuchado en las homilías de los obispos, quienes han señalado caminos; ahora tenemos que hacer realidad estos mandatos cristianos para evangelizar el mundo del trabajo, la producción, el comercio y las actividades de la cultura en general. No basta con señalar las incongruencias y las injusticias sociales, hay que repararlas pronto.
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