1. La preparación para el encuentro
Si bien la elección de pareja es el comienzo de una vida compartida, es también la culminación de aspectos significativos del desarrollo individual. A través del proceso de desarrollo, el individuo experimenta sus posibilidades de ser en relación con otros.
La primera experiencia de unión, de amor, de cada uno se realiza con la madre. Se inicia a partir de esta relación un largo proceso de crecimiento que implica dependencia y a la vez una necesaria separación que posibilitará el llegar a ser una persona psicológicamente única, íntegra y diferente, pero a la vez abierta y receptiva hacia los demás. Más tarde, a través del desarrollo de la intimidad de la pareja, se produce el proceso opuesto, en que dos llegan a configurar una unidad.
La preparación para el logro de esta intimidad y encuentro con el otro resulta particularmente importante en la edad juvenil. El joven trata de desarrollar aptitudes personales y sexuales para una vida de pareja. Vivirá una fase en que cambia de compañero con frecuencia, porque lo que importa no es tanto el otro como persona total, sino el demostrarse a sí mismo y a los demás su éxito en la conquista. Con esto consigue no sólo prestigio y admiración de sus pares, sino que aumenta su propia estima; descubre sus posibilidades de relación, es decir, lo que él significa para los demás y lo que él es capaz de dar en cuanto a cariño, comprensión, lealtad y compromiso; reconoce al mismo tiempo sus propios límites y aprende a conocerse más objetivamente. Pasa del egocentrismo a una percepción más realista de sí mismo, al tiempo que descubre en estas relaciones lo que el otro significa para él y lo que él es capaz de apreciar en el otro, que se ha transformado en un “tú” a quien se anhela y se desea conquistar.
Todas estas experiencias ayudan al joven a tomar decisiones que se convierten en definiciones más nítidas de sí mismo. El conocimiento de sí mismo a través del otro le permite asumir un rol como individuo sexual adulto que se concreta en la posibilidad de una elección de pareja definitiva.
Del mismo modo anterior, experimentando el joven descubre otras dimensiones de su identidad y es así que al probar diversos roles de la vida adulta puede conciliar su concepto de sí mismo con el reconocimiento social, tornar decisiones vocacionales y hacer elecciones adecuadas a sus verdaderas posibilidades.
Este proceso permite al joven definir la identidad y la integración de una persona en las áreas afectiva, racional y social y le posibilita saber qué compañero elegir; elección que excluye otras posibles parejas, estableciendo así una relación de intimidad en la que puede mostrarse sin temor, ya que con la pareja probablemente comparte valores, intereses y formas de enfrentar la vida además de los sentimientos de amor y ternura.
Sin embargo, la elección de pareja no siempre se produce, cuando el individuo ha logrado una autoconfiguración que se concreta en una identidad integrada. La unión puede ocurrir en etapas anteriores, lo que señalará y determinará diferentes posibilidades de crecimiento y satisfacción de la pareja y la familia. Es cierto que existe la posibilidad de cambio y que una relación que comienza débil puede crecer y desarrollarse, sin embargo, el comienzo puede llegar a marcar fuertemente la relación. El grado de desarrollo personal también es importante porque de él se deduce la capacidad de amar del individuo y el tipo de amor que es capaz de experimentar. [1]
Actividad
Hay personas que buscan una pareja por el nivel social que les confiere, buscan un patrón de belleza influenciados por los medios de comunicación. Estos aspectos dicen mucho de tu personalidad. Otras pueden preferir el aspecto del progenitor del sexo opuesto. Esto es muy habitual, porque relacionamos sin darnos cuenta el aspecto físico con las emociones y el afecto que sentíamos por ellos cuando pequeñas. Esto no es algo negativo, pero es conveniente que no nos dejemos limitar por esa atracción, ya que si somos conscientes de ello, también sabremos distinguir qué persona puede convenirnos.
Además de asociarlo con sentimientos positivo también hacemos esta elección porque nos resultaba familiar. La familiaridad influye mucho en la atracción. Esto ocurre incluye en los animales (Según estudios realizados con animales por keirth Kendrick, neurobiólogo).
Para poder identificar nuestro “modelo” de pareja, tantos en aspectos físicos como en los psicológicos, pensemos en las cualidades y defectos que se han venido repitiendo en nuestras parejas, o en las personas que nos han atraído de forma inmediata, sabiendo que puede representar una asociación con pasadas experiencias positivas y negativas.
[1] Fuente: Elsner P. y otros (1993). La familia una aventura. Ediciones Universidad Católica de Chile. 4ª edición