Todo suena guay. Derechos, inclusión, justicia, diálogo, paz. Pero existen tantas realidades a un tiempo imbricadas entre la globalidad diversa de países que conforman el mundo: la ambición de dominio de rutas marítimas, de energía, de minerales críticos, de pasos geográficos (Estrecho de Panamá, ruta del ártico, Mar de China Meridional, Estrecho de Ormuz, Estrecho de Taiwán), asegurar recursos, redibujar cadenas de suministro, interceptar finanzas, desacoplar economías rivales; cambiar el equilibrio tecnológico bélico (drones, misiles hipersónicos, IA militar)/(Irán), por parte de algunos países (EEUU-Israel) que creen tener una oportunidad antes de que el rival se adapte; la carrera cibernética… Y, por supuesto, el desorden sistémico, realidad, en la que el orden anterior ya no funciona (hegemonía EEUU) y el nuevo orden aún no está consolidado (hegemonía China) creando un tiempo de transición estructural. Transición, en la que la antigua fuerza hegemónica (EEUU), en huida hacia adelante, alimenta guerras en un intento de recuperar su propia economía interna y su antigua hegemonía planetaria.
Y, sin embargo, al mismo tiempo, queda expresada una narrativa subyacente compleja entre cristianismo, laicismo e islamismo, que afecta a la política, la cultura y la identidad social en Europa y, por ende, en España; narrativa cuyo origen se encuentra en una Europa laicizada durante décadas desde las instituciones políticas y educativas que ante la que la entrada del islamismo escasamente proclive a la integración cultural occidental ha provocado un resurgir de la narrativa cristiana, base cultural y espiritual de Europa, que ha iniciado una búsqueda de espiritualidad y trascendencia, de esa relación con la divinidad, en parte de la sociedad europea vacía de contenido espiritual, distraída la atención dispersada en la virtualidad.
De igual manera, España se debate entre el laicismo, cristianismo e islamismo, pero además entre una autocracia de derecha, no monárquica, nacional, tradicional y cristiana (Vox) y una autocracia de izquierda de corte comunista, roja (dixit Otegui), laica/atea, republicana (Bildu/ERC/Podemos/Sumar/PSOE radical), para cuya consecución debe ser destruida la unidad territorial e institucional de España, la Democracia y el Estado de Derecho, fines que favorecen y alegran al islamismo. Por ello mismo, se encuentran alineados en la misma zona de confort en alianza y connivencia no escrita un islamismo expansionista y poco proclive a la integración y una izquierda radical que se arroga cuanto suena guay en la víscera de no se sabe bien qué parte de eso que se suele llamar Pueblo: derechos, inclusión, justicia, diálogo, paz.
Bajo un manto de laicismo forjando palabras huecas de tolerancia e inclusión, diálogo y paz políticamente correctas a veces pareciera que se hubiera lanzado un misil hipersónico en tiempos de Zapatero maniobrando en vuelo provocando una trayectoria impredecible, errática, extremadamente difícil de interceptar; una trayectoria con objetivo de destrucción de la unidad territorial de España, de sus instituciones, de su identidad, de su Democracia y de su Estado de Derecho.