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He nacido en Zaragoza en 1962. Soy licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Zaragoza (1981-1986). Desde 1987, he trabajado como docente en diversos Institutos tanto del antiguo Bachillerato y Formación Profesional como de Secundaria Obligatoria y Bachillerato en las tres provincias de la Comunidad Autónoma de Aragón y en las tres provincias de la Comunidad Autónoma Valenciana. Actualmente, estoy volcada en la producción literaria.
POEMARIO "URBIUM" (2025)
En la actualidad, algo más de la mitad de la población mundial vive en ciudades de todo tipo: interiores, costeras, capitales, provincianas, grandes, pequeñas, modernas, antiguas, históricas, de nueva planta, cosmopolitas, tradicionales… Pero también la vida se desarrolla en otras grandes ciudades como la ciudad de los sueños, la ciudad de los vivos, la ciudad de los muertos, la ciudad de los místicos o la ciudad de los libros. Ciudades sobre las que trata y aborda este poemario "Urbium", editado por Ed. Imperium.
Puedes adquirir el libro en la página web de la Editorial Imperium y en librerías destacadas de Zaragoza como Cálamo, Antígona o Librería París.
Urbium. "Cuentos de La Alhambra". V Ciudad de los libros.
Urbium. "Gustar". II Ciudad de los vivos.
POEMARIO "LEGENDARIUM DE UNA NOCHE DE VERANO" (2023)
«Legendarium de una noche de verano» es un poemario que aborda un museo de lienzos parlantes agrupados de siete en siete lienzos en cuatro salas formando cuatro imaginarios distintos: Antiguo Imaginario de Iberia (referencia a la Iberia épica antigua), Imaginarium del Caminante Solitario (referencia al Hombre), Imaginarium de las Voces Blancas (referencia al mundo y a la esperanza) e Imaginarium de Trazos Perpetuos (referencia a obras de arte). Epílogo final de tradición griega.
Puedes adquirirlo por encargo en todas las librerías. Editorial La fragua del trovador, 2023.
Ala norte. Sala de los lienzos inmortales. Antiguo imaginarium de Iberia. Lienzo VII. El camino español.
Poesía para llevar. Programa para la difusión poética en Centros educativos del Gobierno de Aragón.
«Paraíso», el número 16G, es un homenaje del IES Pedro de Luna a la poeta y compañera Victoria Tejel Altarriba. Ha sido profesora de Geografía e Historia en el IES Pedro de Luna hasta el momento de su jubilación, motivo por el que nos han querido acercar su obra.
Desde el centro han preparado toda una completísima batería de actividades para trabajar el poema y su relación con la pintura y otras artes. Además, tuvieron la suerte de contar con la visita de la autora que les impartió un taller de poesía, les explicó su poema y unió su paraíso al de sus alumnos.
Muchísimas gracias al IES Pedro de Luna por publicar y darnos a conocer a Victoria y por este homenaje tan bonito y tan completo que le habéis preparado. Enhorabuena por cómo habéis unido poesía y arte en vuestro trabajo en torno al poema. Seguro que vuestro alumnado ha disfrutado mucho con todo lo que le habéis preparado y con la inmensa suerte de haber podido estar con la autora.
Ala sur. Sala de los lienzos inquebrantables. Imaginarium de trazos perpetuos. Lienzo XXII. Paraíso.
A FRANZ KAFKA "UN CASTILLO DE CONDENA" por Victoria Tejel. Revista Imán nº 31.
“Vivir con Franz un solo día vale más que toda su obra”.
Dora Diamant
Conozco mis hazañas. Sobrevivir en la dureza metálica del mundo. La preparación de la Gran Guerra. Sucumbir al negocio. Alejarme del cielo. No coincidí con Juan de Yepes Álvarez ni con Teresa Sánchez de Cepeda. Gentes místicas sin complejos con átomo de plenilunio denso. Me habrían abierto puertas mostrando mundos repletos de cosmos. Ya conocidos. Ya sabidos. Contenidos en mi hueso. Sí. Cuesta trabajo vivir. Encontrar calma arropando mi espíritu de alas finas. Convertir mi pañuelo húmedo de pupila en valor para esquivar mentira y brutalidad. Valor delicado. Hermoso. Cuesta mantener vivo un amor, la compañía dulce, hallar un misterio por el que luchar, engendrar letras valiosas. Verdaderas. Pero sonrío. Siempre sonrío. Te regalo mi rostro alegre. Te ofrezco mi ser extraordinario, mi humor contagioso amando a todo y a todos.
He alcanzado cima y gloria. Como siempre. Tras muerte angustiosa. Larga. Tras vida angustiada. Breve. Trasmutada fragilidad aplastada. Ese debatirme entre autoridad de un padre irascible y el anhelo de mi sangre hecho escritura. Ha llegado la Gran Guerra. La contemplo vomitando sangre tuberculosa. Pero el mundo no alcanza mi anhelo de asceta ni mi mirada profunda embebida de arte. Mi sufrimiento. Mi desgajarme en cientos incomprendido. La metamorfosis externa en un mundo ajeno a mi naturaleza. Insectos, castillos, condenas. Vivir en pesadilla. Permanecer atrapado en un laberinto. Mis letras soy yo. Yo en mi desesperación. Yo en mi angustia vital. Yo tras mi máscara de época. Yo desgarrado. Yo amputado ante la vida del arte. Frente a frente al amor. Sólo Dora me sabe. Sólo Dora comprende mi tuétano. Sólo Dora fluye imbricada en armonía de mi alma. Sólo Dora, mi felicidad. “Solo quien conoce a Dora sabe lo que es el amor”. Mi ser comprendido. Mi salvación. Mi libertad.
SILENCIO VIOLENTO por Victoria Tejel. Revista Imán nº 30
La tía abuela segunda aparecía una vez al año por Nochebuena. Pequeña, delgada, vieja. Muy vieja. En ella todo colgaba, en particular un pellejo bajo la papada que acercaba sus pliegues vacíos con peligro a la parte superior del pecho a modo de colgante. Asemejaba el pescuezo de los cuellos de pollo que en la cocina eran limpiados por la mañana antes de ser cocinados con tomate, cebolla, ajo y pimiento rojo en receta de tierra regional de pollo al chilindrón.
El festín de Nochebuena consistía en unas lentejas con patata y zanahoria y ocho pollos para veinticuatro estómagos hambrientos. Además de sidra El Gaitero para olvidar penas o si había sucedido, o no, alguna vez una guerra fraterna sobre la que guardaba estricto silencio la familia al completo, desde la bisabuela a las abuelas y desde padres a tíos.
La tía abuela segunda Carmen era vieja, sí, y rica. No tuvo hijos. Pidió con insistencia que le dieran a Adelita, la mayor de cuatro hermanos sobrevivientes de la guerra. Se la dieron. Cosas de posguerra, y de pobreza extrema. Los hijos eran cedidos a lugartenientes o a gentes de posibles y las casas eran compartidas entre padres, hijos, yernos, suegras, primos organizados en espacios compartimentados, cuando era posible, dentro de la misma casa. De tal forma que era habitual que una tía adolescente criase a una sobrina recién nacida, mientras el padre de la criatura trabajaba y la madre buscaba faena para llevar alguna moneda a casa. Nadie estudiaba.
Costaba dinero. Y dinero, no había en las casas.
Carmen no tuvo nunca que trabajar. Casó a edad temprana en su orfandad con un hombre mayor que ella, rico y poderoso, y así mismo huérfano. Murió pronto, dejando a una mujer viuda poco apetecible dueña de una fortuna y bien posicionada no sólo en bancos, tierras o inmuebles, sino también en La Sección Femenina del partido Falange Española de las JONS.
Los familiares lejanos de Carmen era don nadie. Gentes sin tierras, sin cuentas bancarias, sin casa propia, sin contactos con el poder. Carmen era el único contacto que conocían. Y a Carmen acudieron rogándole ayuda, cuando republicanos y comunistas al comienzo de la Guerra metieron sin contemplaciones en un tren a Adelita atemorizada junto a más niños y niñas rumbo a la URSS vía Hendaya. Carmen sacó de aquel tren in extremis en la frontera a Adelita, devolviéndola a sus padres. Otros no tuvieron esa suerte. Salvó a Adelita con su influencia. Y por eso se le tenía en gran consideración. Y por eso le dieron al final a Adelita. Y por eso era invitada todas las Nochebuenas. Y por eso se le guardaba el bocado más exquisito de cada pollo, aquel con el que el paladar de Carmen se deleitaba desde la infancia, crecida entre casquería, cuando llegaba: los cuellos de cada pollo que chupaba y rechupaba entre huesecillos y dedos grasientos en la noche. Contemplarla, mientras roía con sus largos incisivos los cuellos, moviendo de derecha a izquierda y de arriba a abajo el pellejo de su papada constituía la misma visión cuasi gemelar que ver por la mañana en la cocina la piel blanquecina del cuello de cada pollo bailando de abajo a arriba y de lado a lado, mientras la cocinera mayor del reino cantaba enajenada de su realidad silenciosa de sumisa ama de casa y mater familias: Si Adelita se fuera con otro, la seguiría por tierra y por mar; si por mar en un buque de guerra, si por tierra en un tren militar.
La cena se repetía idéntica en ritual cada Nochebuena: Carmen, la canción de Adelita, el Belén, el pino, los pollos, las risas de niños y niñas de nueva generación, villancicos, melocotón en almíbar enlatado comprado con sufridos ahorros durante el año con etiqueta de postre extraordinario y cuellos, cuellos de pollo, cuello de tía abuela bailando de arriba abajo y de lado a lado en el interior de un silencio sepulcral sobre cualquier pasado. Un silencio extraño, denso, forzado. Un silencio violento. Nada sobre la guerra, muerte, desapariciones, hambre, analfabetismo o pobreza. Silencio. Y más silencio. Shssss.
LA PAZ ES DE MUCHOS. LA GUERRA, DE POCOS. Revista Imán nº 32.
Por Victoria Tejel | Jun 11, 2025 | Artículos Especial LA PAZ Imán 32, Número 32 / Junio 2025,
Entregó su vida con las manos vacías en política de apaciguamiento.
Y cayó sin defensa ninguna con un machetazo en la espalda.
La columna partida. Dos sacudidas y un estertor.
No fue suficiente. Violaron a su mujer, a sus hijas.
Mutilaron a sus hijos. Ya no habrá más soldados.
Pensar el mundo es amarlo y morir con él,
porque implosiona el corazón. La muerte súbita.
Por eso, no pensamos en el mundo. Sobrevivimos.
Por eso, crecen cuatro nudos en la garganta como mar de fuego
arrasando en sepultura el llanto. Qué peinen al mundo,
qué rejuvenezca su estructura, qué traiga el joven esperanza.
Los viejos no creen en la inocencia, ni en el fin de las guerras.
Saben demasiado. El mundo bota en manos de locos
urdiendo planes alejados de guerras, en las que mueren los cuerdos,
los pobres, los miserables de Hugo, los de ahora,
los de todos los tiempos atravesando los siglos.
Demasiados rufianes sueltos. Demasiadas mentes corruptas
en caricatura nefasta. Qué perfumen el mundo. Apesta.
La paz es esencia de libres, de humildes, de sensatos;
materia en átomo de honestos y valientes, de gentes bondadosas
escanciando bienestar del alma sobre un cosmos vívido
como quien duerme en calma abrazado en el seno de una madre.
El genocidio ante el que no reacciona nadie: ni la ONU, ni Amnistía Internacional, ni la Unión Africana, ni el propio Vaticano.
Las guerras son muerte.
Se mire por donde se mire,
nacen de ambición desmedida
construida a golpe de metal destructor.
Metal sin escrúpulo, sin ética, sin sentido,
sin gloria alguna para la eternidad.
¡Qué cielo tan hermoso!
Un dron escupiendo fuego,
un misil inscrito en código postal,
cabezas de regalo en lazos químicos,
bacteriológicos, nucleares, de apocalipsis
como un cuento terrorífico de jinetes bíblicos
campando sobre un planeta de sangre.
Guerras a la occidental llenando
un suelo opaco de argumentos
a favor y en contra de una guerra determinada
como quien vota sobre la mejor torrija en un bar.
Las guerras africanas también justifican,
pero son menos sofisticadas, van de degüello,
van de cortar cabezas con filo de machete
con frase religiosa intolerante en el mango ejecutor.
La ambición de la fe hecha justicia de algún eco infernal.
Pero hay guerras que venden y guerras que no.
No es un secreto. Es la vergüenza occidental hecha silencio,
focalizando la mirada en la guerra que más conviene
o qué más toca la fibra emocional de sus sociedades.
Los niños siempre han vendido bien,
siempre y cuando no sean cristianos.
Si los niños cristianos son quemados vivos por su fe,
la libertad y la dignidad de los niños no cuenta.
Nadie fotografía sus cuerpos calcinados.
Nadie filma su acuchillamiento, ni su sangre,
ni sus vidas terminadas. Todo es silencio.
Un puterío de silencio violentando el alma.
Y una Madona se apiada del hambre de los niños.
Pero los niños cristianos ejecutados en genocidio son otra cosa.
Son la invisibilidad. La indiferencia. El desprecio.
El hambre de hipocresía llenando los estómagos
de un Occidente laicizado en rechazo a sus raíces.
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