DE DUCHAMP AL POPULISMO
En la actualidad todo busca nuevas normas: la sociedad, el arte, la literatura, la poesía…
Frente a normas de estructuras en compartimentos surge los no límites, no estructuras, no compartimentos: la norma actual es la antinorma.
Caen las antiguas normas como cayeron en su día los antiguos héroes frente a Don Quijote. Como Don Quijote, cualquiera puede ser un héroe y de hecho lo es. Y de igual modo cualquiera puede escribir un poema. De hecho todo ser humano contiene intrínsecamente un poeta. Otra cuestión es qué y cómo se exprese ese poeta interno de cada persona. Así, parece ser que la consideración actual es la de que todo ser humano contiene un verso que encaja como llave en otra persona. Esto es, todo poeta tiene su público. O lo que es lo mismo toda expresión humana es válida como arte.
De esta forma, parece dominar el panorama cultural la antinorma, que nace, por un lado, de la individualización extrema y, por otro lado, del relativismo, de la consideración de que todo es relativo y por tanto todo vale, todo es lícito, no hay límites, ni fronteras como ha puesto de manifiesto la virtualidad, internet.
Esta época me recuerda a Duchamp, quien transformó un urinario en fuente. Ahora todo es considerado arte y cultura.
Posiblemente sigamos en el mismo punto de Duchamp, pero con una democratización del arte y de la cultura hasta el extremo del populismo hecho arte, literatura y poesía, cultura humana de época. Tal vez sí. Tal vez no.