DE TOLSTÓI A SHONAGON
En Rusia del siglo XIX, León Tolstói en su obra “Resurrección” recogía la idea de que sucediera lo que sucediese en el mundo la primavera siempre llegaba a la ciudad, de igual manera que ya la cortesana Sei Shonagon en el Japón del siglo X, escribía en su “Libro de la almohada “una idea similar: “Pasan los días y los meses, pero perdura para siempre el monte Minoro”.
Ciertamente, el desastre global marca los tiempos del Hombre, pero la Naturaleza posee sus propios tiempos. Y, así, volvemos a reencontrarnos cada año con luz solar primaveral, el piar inquieto de gorriones, margaritas entre la hierba de los jardines y yemas eclosionando por doquier.
Un viento vivificante se extiende de norte a sur, de este a oeste, arropando todas las cosas. Son tiempos breves e insignificantes a los ojos de la Tierra y aún más del Universo, por más que un desastre global suponga la diferencia entre la vida y la muerte para el ser humano singular, entre su salud y la enfermedad.
Gaya perdura.