Pensar en la actualidad es rememorar el periodo de entreguerras, un tiempo que abarcó desde el final de la I Guerra mundial (1918) al estallido de la II Guerra mundial (1939). Un periodo de democracias recién nacidas, débiles por el caos socioeconómico y político provocado por las consecuencias de la Gran Guerra, del avance del comunismo en Europa y del colapso financiero, Crack del 29, que se tradujo en desempleo, pobreza, malestar social e inestabilidad en todos los aspectos. Es obvio que los derechos y libertades, el mantenimiento de castas políticas, instituciones y organismos democráticos o elecciones en una democracia, cuestan dinero. Un dinero (capital) que ni tenían las democracias de entreguerras, ni poseen las democracias actuales debilitadas por la crisis global financiera de 2008, la pandemia del COVID (2020-2022), una crisis sanitaria que provocó una recesión mundial, de la que todavía las democracias no han salido continuando inmersas en ella.
En España, sin ir más lejos, el momento histórico se traduce en un encarecimiento de la vida brutal, amén de la falta de vivienda o la imposibilidad de independizarse los jóvenes o en el impacto migratorio en las instituciones, recursos del Estado y cultura entre otras cuestiones.
La involución está servida a escala planetaria, porque es palpable el avance del mundo hacia autocracias o sistemas políticos de concentración de poder en una persona, un líder, apoyado por determinadas élites/parte de la ciudadanía, controlando los medios de comunicación e instituciones democráticas, desposeyéndolas de su poder, en una ficción de construcción de leyes soberanas en el Parlamento o de votos en elecciones hechas pucherazo. Las autocracias son sistemas parlamentarios, puesto que mantienen un Parlamento títere, así como la ficción de las antiguas instituciones democráticas desprovistas de poder y manipuladas orquestando una ficción de derechos y libertades que no existen. Estas autocracias pueden ser Repúblicas o Monarquías, de derechas (Rusia de Putin) o de izquierdas socialista/comunistas (China de Xi Jinping), pueden ser cristianas (Venezuela) ateas (Corea del norte) o islámicas (Irán).
En Europa siguen predominando los sistemas democráticos, pero carentes de amplias mayorías, gobernados por coaliciones de centro, centroderecha o centroizquierda en un contexto general de debilidad económica. Pero se observa tendencia en Europa hacia una derechización (Croacia, Hungría, Italia, Países Bajos, Turquía) como se observa en EEUU (Trump), mientras que Asia involuciona hacia la izquierda autócrata (Bangladés, Myammar, Vietnam, Tayikistán, Turkmenistán, Siria). En todos los continentes se aprecia un avance hacia autocracias, tanto de derechas como de izquierdas. Una realidad en la que el autócrata más fuerte dirigirá el mundo. Así, se enfrenta un líder venido a menos y evolucionando hacia una autocracia de derechas (Trump) y una autocracia de izquierdas (China), mientras que una autocracia de derechas (Rusia) busca la desestabilización de Europa (y lo consigue), para recuperar su antiguo Imperio y expandirlo por media Europa. Se trata de autocracias con formato imperialista/expansionista.
En España, una izquierda que se abroga el calificativo de progresista y de una superioridad moral desde la Transición democrática, ha alimentado y alimenta un discurso de odio y rechazo hacia el prójimo, cuyo pensamiento difiera del líder en El Ejecutivo. Maniobra política, que junto al empobrecimiento social del país, ha producido la radicalización en dos facciones irreconciliables de la ciudadanía, que además son alimentadas por los medios de comunicación que se posicionan y por los algoritmos de IAs en las redes.
Si alguno o alguna ciudadana piensa en parámetros de época de Transición democrática española de hace cincuenta años anda muy alejado de la realidad. En las siguientes elecciones españolas no se va a votar a derecha o izquierda demócratas, ni a partidos nacionalistas demócratas, se va a votar si se prefiere para el país o para un determinado territorio una Autocracia socialista/comunista sin sangre ni muertos, pero sí con concentración de poder y depuración política exangüe o si se prefiere una Autocracia al estilo franquista, sin sangre ni muertos, pero sí con concentración de poder y depuración política exangüe. A muchos les recuerda este momento al instante previo a la Guerra Civil española y no dejan de tener su parte de razón, porque en el momento previo se estaba produciendo el enfrentamiento entre el deseo de instaurar en España una dictadura fascista o una dictadura marxista comunista/socialista, que salvando las distancias se vuelve a repetir: votar por una autocracia de derechas o por una autocracia de izquierdas. Al fin y al cabo dictaduras que aprovechan y utilizan instituciones y valores democráticos para alcanzar y perpetuarse en el poder.
Vote por la autocracia española que más le acomode.