CAMINANDO ENTRE HOMBRES
A lo largo de la Historia, las mujeres no han existido ante la Ley. Por tanto, no han sido consideradas personas/individuos/ciudadanas - según perspectivas - sino objetos. Para el mundo masculino patriarcalmente dominante por Ley, las mujeres ni sufrían ni padecían. Ni poseían alma, ni mente racional pensante. Un hombre sólo tenía que chascar los dedos y una mujer sumisa y/o doblegada por la sociedad masticaba en su boca.
Sólo a finales del siglo XIX - al menos en culturas occidentales – con el paulatino advenimiento de las democracias, las mujeres fueron logrando hitos: existencia ante la Ley – personalidad jurídica - ciudadanía, libertad, derechos, derecho político a voto – sufragismo – e igualdad con los hombres ante la Ley. Desde entonces a nuestro hoy en el Tercer Milenio, las mujeres han logrado cotas elevadas de saber, de conocimiento, de desarrollo científico, analítico, literario, humanístico, artístico o psicoemocional. Han logrado relevancia destacada en desarrollo de habilidades y capacidades en todo campo y tipo de saber. Esto es, las mujeres han crecido cualitativamente de forma exponencial en muy poco tiempo: han estudiado, se han preparado, se han esforzado por ser independientes, por cultivar su propia personalidad tanto como individuo, como colectivo/grupo. Pero sobre todo por tomar consciencia de quiénes son, de qué quieren, de qué anhelan, de a dónde quieren llegar buscando su propia proyección humana y plenitud personal. Y han alcanzado al hombre. Y lo han adelantado. Y lo han superado. Han madurado. Han asentado su conocimiento. Han asumido al hombre como a su igual. Y lo quieren así. Su igual.
En la actualidad, conviven con hombres muchas mujeres de valía, con amplio talento, de inteligencia potente y carácter fuerte. La desorientación es norte entre los hombres de este siglo XXI ante este nuevo escenario de mujeres potentes, sobresalientes, únicas. Con estas mujeres ya no funciona el roll de machito decimonónico, ni un macho alfa, ni un blandito, ni un mujeriego, ni un seductor, ni un calzonazos, ni un paternalista, ni un autoritario, ni un maltratador, ni un violento, ni un bocazas, ni una imagen musculada vacía de contenido... Sólo un hombre con su testosterona educada, un hombre amable y cortés. Inteligente. Sensato. Amoroso. Un hombre sin complejos en sus relaciones con las mujeres. Un igual de la mujer hablando de tú a tú con ella, cada cual con su virilidad y/o su femineidad como esencia vital que los construye diversos entre iguales, mujeres y hombres mirándose a los ojos como pares.