La idea dominante que circula, surgida desde no se sabe dónde, es la de que las inteligencias artificiales se entrenan a través de su relación con la Humanidad, absorbiendo sus conocimientos y las reacciones humanas. Y es cierto, pero existe el otro lado de la moneda, más sutil y perverso. La Humanidad, nosotros, estamos siendo entrenados por IAs, que no olvidemos tienen dueño, forjando una sociedad débil, pasiva y manipulable.
La Humanidad vive en las redes. Y las redes no forman, sino que deforman entrenando la atención humana (por sus IAs con dueño). De hecho, no educan la atención, sino que la fragmentan al obligarla a seguir un patrón virtual, donde todo se encuentra diseñado para ser entendido en segundos, para poner la atención de forma rápida en otro asunto, Eso es exactamente lo contrario (TikTok, Reels o YouTube Shorts) de entrenar para el pensamiento crítico, penalizándose la profundidad, la extensión, la complejidad, que quedan invisibilizadas.
De esta forma, las redes, modus operandi mundial, no entrenan el pensamiento, sino que lo sustituyen por reacción, ya que queda eliminado el silencio, el espacio para la reflexión pausada y la elaboración interna del pensamiento. Todo es ruido rápido sin contenido (frases, tips, titulares…). Esto es, la virtualidad (IAs en redes) no forma, sino que deforman entrenando en la superficialidad del pensamiento hecho dopamina, convirtiendo en equivalentes la opinión y el pensamiento, pero opinar no es reflexionar. Y deforman, porque sustituyen proceso (pensamiento, reflexión, aprendizaje y descubrimiento) por resultado (me gustas, click…) en una frase brillante, un clip impactante o un titular de periódico en sensacionalismo. Las redes entrenan para anular el criterio, fomentando la pertenencia a una comunidad o grupo y el estímulo puntual de recompensa en dopamina. Por eso, luego, leer cuesta.
Las redes no son neutrales, sino que son espacios/máquinas, que condicionan la respuesta y aprendizaje de patrones de comportamiento de la atención humana en un sentido de cambio rápido, de fragmentación de la atención y anulación del pensamiento. Nosotros (La Humanidad) constituimos un experimento de Pavlov con perros (humanos) que demuestra el condicionamiento clásico: pensar en redes es asociar el espacio a placer (dopamina) generando, además, adicción. Pero también reduce el lóbulo frontal, que controla el pensamiento complejo, la planificación, la toma de decisiones, la regulación de emociones y conducta, la cognición social... Casi nada.
Las personas no es que hayamos perdido la capacidad de pensar, sino que hemos sido y estamos siendo entrenadas para no pensar en una sutil trampa de creencia, mientras permanecemos en redes, de que nos estamos informando de algo, de que estamos conectados a algo humano consistente, de que estamos participando en algo. Y no es que nadie busque profundidad, pensamiento, reflexión, es que ya no sabemos sostenerlos.