Wassily Kandinsky - Montaña azul, 1908 - Expresionismo - Óleo sobre lienzo. 97 x 106 cm
Contaba una joven, lant.calen, en Instagram, que…
Un día nos preguntaron en el colegio de qué color eran las montañas. Yo dije que eran azules, y recuerdo que mis compañeros se rieron de mí. Claro que sabía que de cerca eran de color roca, pero también podían ser de color verde si estaban cubiertas de bosque, y sin embargo, de lejos siempre son azules. Me sorprendió mucho que negaran tan rotundamente mi respuesta; tristemente no habrían visto ninguna montaña en la lejanía.
No me gusta nada la gente tan estrecha de miras, que ante una idea distinta a la suya ni si quiera la consideren y la rechacen rápida y definitivamente, incapaces de cuestionar por un segundo sus propias ideas, por ignorancia o por orgullo, a cada cual peor.
La dispersión de Rayleigh es el fenómeno óptico que explica por qué las montañas lejanas se ven azules. La luz del sol que se refleja en la montaña tiene que atravesar kilómetros de atmósfera hasta llegar a nuestros ojos. Este aire contiene moléculas, polvo, vapor de agua y otras partículas que dispersan la luz. Y son las longitudes de onda cortas, como la del azul y el violeta, las que se dispersan más, i.e., se separan de la luz blanca y entonces las podemos ver.
Y al leer su vivencia, no he podido dejar de recordar el azul de las montañas bajo el sol en la distancia, impresas en mi memoria, o las montañas azules cercanas recortadas en la noche bajo la luz de la luna llena guardadas en la emoción.
Cualquier amante de las montañas sabe que son azules, si quieren serlo. Cualquier estudioso de las Humanidades o de las Ciencias también lo sabe, cualquier mente abierta al universo las imagina.
De hecho, Wassily Kandinsky pionero de la pintura abstracta, a principios del siglo XX ya sabía que las montañas eran azules. Y así captó la Naturaleza en un lienzo en 1908, con una de ellas en tal color. El pintor ruso creaba a través del uso de formas geométricas, líneas y colores intensos, ya que pensaba que podían expresar la vida interior, plasmar en un lienzo la espiritualidad, como muestran sus propias pinturas inmersas en colores vibrantes, abstracción lírica y expresionismo. Pinturas a menudo inspiradas en la música como fuente de espiritualidad.
Y sí, las montañas también son azules.