EL ECCE HOMO DE CECILIA. UNA HISTORIA HUMANA.
El Ecce Homo del Santuario de la Virgen de la Misericordia de Borja en Zaragoza (España) es una pequeña pintura mural realizada por Elías García, que intentó ser restaurada por Cecilia Giménez, quien, en lugar de restaurarla, repintó la obra original alterándola de forma radical, desfigurando la imagen de Cristo sufriente, el Hombre sufriente o Ecce Homo, que quedo asemejado a un meme, denominado en las redes el Ecce mono.
La nueva producción pictórica trajo consigo detractores y sobre todo defensores hasta llegar a convertirse en un fenómeno de masas hecha admiración y aceptación de la nueva imagen del Ecce Homo, un Cristo desfigurado convertido en reclamo turístico y suvenir sobre tazas, camisetas, llaveros, imanes, bolsas, incluso convertido en un cuento sobre el proceso pictórico del repinte. Todo un fenómeno en un marco propio del gusto de la época, en la que cualquier asunto es susceptible de mercadeo para satisfacción de compradores compulsivos que desean llevarse a casa un fragmento de la simbología profunda del Nuevo Ecce Homo, que se ha convertido en icono de este nuevo Milenio.
¿Pero cuál es esa simbología que representa el repinte del Cristo de Cecilia hasta llegar a convertirse en icono mundial, incluso despertando el apetito voraz de una fundación privada como el MoMA (Museo de Arte Moderno) de Nueva York?
La obra de Cecilia representa su emoción, su visión personal de Cristo a través del dominio o no dominio de técnicas pictóricas, pocas o muchas. Se trata de una obra convertida en triunfo del valor individual, en agasajo a la singularidad de un individuo, cuya producción artística es y debe ser tan respetada como la de cualquier otro individuo en el marco del individualismo triunfante tan característico de la postmodernidad, donde todos cabemos en inclusión en el mundo independientemente de las habilidades y talento, donde las élites son anuladas a través de la aceptación del Ecce Homo de Cecilia.
Pero al mismo tiempo el Cristo sufriente de Cecilia ha dejado de sufrir. Es otra cosa. Otro asunto. Otra materia. Una realidad no figurativa, alejada de patrones tradicionales y lejos de la línea academicista, ya agotada desde fines del siglo pasado. Su Ecce Homo repintado simboliza la ruptura, una ruptura profunda con los cánones tradicionales academicistas, con los cánones determinados por sabios artistas salomónicos, las élites artísticas. Esto es, la obra de Cecilia gusta, porque conecta con el gusto del Pueblo por suprimir las élites aferradas, en este caso, a un arte antiguo figurativo.
No sólo existe una simbología de supresión/ruptura con élites relativas al arte, sino también la obra de Cecilia simboliza la ruptura, por un lado con ese Cristo sufriente, que es desacralizado (mejor un Carpe Diem), esa ruptura con la propia historia de Cristo, y, por otro simboliza la ruptura con la élite religiosa de la Iglesia en probable rechazo secular a la Iglesia cristiana. Esto es, la obra de Cecilia se erige en un chiste de Cristo desacralizado de rostro desfigurado que gusta, inmerso en el gusto por la destrucción de élites eclesiales en una línea anticlerical vigente dentro de la sociedad laica actual.
Pero, además, el repinte de Cecilia simboliza el triunfo de esa sustancia llamada Pueblo, de lo popular, del gusto de la masa por alejarse de las élites, de las normas, de aquello que aprisiona la propia forma de expresarse de ese Pueblo. Libre. Total. Para unos, chabacana. Para otros, excelsa.
Todo cabe en el repinte del Ecce Homo de Cecilia: un amago de modernidad o infantilismo, la falta de técnica o la genialidad. Se trata de una mirada profunda del nuevo Ecce Homo que asemeja una mujer en una suerte de hermafroditismo o ambigüedad que pregunta al espectador. Y hay quien afirma que es una patochada. Y hay quien opina que el mundo se encuentra desnortado. Y es verdad que vivimos en un momento de desorientación global nacida del desarrollo tecnológico y del avance veloz de una guerra global. Un mundo sin normas, sin límites, donde las leyes agonizan, donde todo es relativo, donde todo vale. O no.