En el marco de las invasiones bárbaras, en el año 409 entraron en Hispania Suevos, Vándalos y Alanos. Tras saquearla, se asentaron: los suevos en el noroeste, los vándalos en el sur y los alanos en el centro. Esta situación se mantuvo hasta la llegada de los visigodos.
Los visigodos eran también un pueblo germano, originario de la zona del Sur de Suecia y Polonia, de donde fueron migrando hacia el Mar Negro. Inicialmente enfrentados a los romanos, acabaron entrando en el Imperio Romano en el siglo IV como un pueblo federado o aliado. El emperador romano Honorio firmó con ellos un pacto: si expulsaban a suevos, vándalos y alanos de la Península Ibérica, les daría tierras en la Galia. Así lo hicieron, colaborando con el ejército romano en la pacificación de Hispania. Los vándalos y alanos fueron obligados a instalarse en el Norte de África. Solo los suevos resistieron y formaron un reino independiente en el noroeste.