A comienzos del siglo VI a. C. se produjo una auténtica revolución intelectual en las colonias griegas de Asia Menor, donde las tradicionales explicaciones del mundo basadas en los mitos dejaron paso a formas de pensamiento fundamentadas en la razón. El nacimiento de la filosofía está vinculado con el abandono de la explicación mitológica para los problemas del origen del universo, y la fe religiosa es sustituida por la fe científica con sus triunfos y limitaciones.
Los filósofos presocráticos se interesaban sobre todo por la cosmología, el principio y la sustancia del universo, pero las investigaciones de estos primeros filósofos abarcaban tanto el funcionamiento del mundo natural como la sociedad humana, la ética y la religión. Buscaban explicaciones sobre los principios fundamentales con base en la indagación racional y no en la pura mitología, revelación o inspiración de los poetas. Sus trabajos y escritos se han perdido casi por completo.
La filosofía presocrática comenzó en el siglo VI a.C. con los miembros de la Escuela de Mileto: Tales, Anaximandro y Anaxímenes.
Otros tres filósofos presocráticos procedían de ciudades jónicas cercanas: Jenófanes, Heráclito y Pitágoras.
La Escuela eleática (Parménides de Elea, Zenón de Elea y Meliso de Samos) le siguió en el siglo V a. C.
Una nueva forma de filosofía aparece, trasladada desde las colonias griegas de Asia Menor, en Atenas en el siglo V a. C., en relación con la instauración de la democracia (es la primera vez en la historia de la humanidad en que el pueblo puede llegar al poder) y el derecho a participar y, sobre todo, a hablar que descubren los ciudadanos de la polis. El interés de los filósofos ya no estará tanto en la descripción de la realidad física como en la exploración de la mente humana y las relaciones entre los hombres.
Los sofistas son, en su mayoría, extranjeros llegados a Atenas, muy cultos y conocedores, por sus viajes, de las formas de vivir y de pensar de los demás griegos. Sus nuevas ideas despiertan entusiasmo en los jóvenes y fuerte oposición entre los de mentalidad más tradicional.
Por ser extranjeros, no podían intervenir directamente en la política de Atenas, pero educaban a la mayoría de los políticos atenienses.
Los sofistas eran una especie de maestros ambulantes que divulgaban sus enseñanzas frecuentemente a cambio de dinero, son los primeros profesionales de la enseñanza.
Sofista fue primero sinónimo de sabio, pero después adquirió el sentido peyorativo de embaucador hábil y mentiroso (en los diálogos de Platón). Últimamente han merecido una mejor consideración: los sofistas crearon en Grecia un amplio movimiento de difusión cultural, conocido como «Ilustración griega».
Los sofistas llegan a la conclusión de que el valor de la filosofía ya no reside en el conocimiento de la naturaleza y del hombre, sino en el arte de dialogar y convencer a los demás. No se trata de saber, sino más bien de convencer. Eran maestros de la retórica.
PROTÁGORAS (481-411 a. C.)
GORGIAS (483-375)
Nacido por el año 470 a. C. en Atenas, hijo de un escultor y de una comadrona. Seguramente recibió las enseñanzas de los sofistas en las plazas atenienses, en una época inestable marcada por la guerra del Peloponeso (431-403) y la dictadura de los Treinta Tiranos (404).
Su preocupación era la conducta degradada de sus conciudadanos, enfocó su curiosidad intelectual en el ser humano y en su capacidad de conocer la verdad. Contemporáneo de los sofistas, muchos creyeron que era un sofista más, pero era exactamente lo contrario. Nunca intervino en la política. No pronunciaba discursos. No escribió nada. Según él, nunca fue maestro de nadie. Simplemente se dedicaba a conversar con quien quería conversar con él; creía que la sabiduría se adquiere en el intercambio vivo de la conversación, haciéndose preguntas y buscando juntos respuestas. Así y sólo así enseñó a pensar, a buscar la verdad y a saber que es posible alcanzarla. A diferencia de los sofistas, no cobraba por sus enseñanzas.
En el año 399, pese a que la democracia ya se había restaurado en Atenas (403), Sócrates fue acusado por tres delitos:
No respetar a los dioses de la ciudad.
Introducir nuevos dioses.
Corromper a la juventud.
Por lo que fue condenado a muerte. Platón describe sus últimos momentos en tres de sus diálogos: Apología, Critón y Fedón. Su figura se conoce además por textos de Jenofonte y Aristófanes, que describen un personaje distinto al de Platón.
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