El los siglos V y VI tiene lugar una profunda crisis política y económica en Arabia. Es entonces cuando surge la figura de Mahoma, que comienza a predicar una nueva doctrina monoteísta entre los años 610-614 con una idea básica: la constitución de una comunidad de creyentes con criterios de igualdad y solidaridad entre los hombres. Esta idea impulsa la unidad de las diferentes tribus de la Península Arábiga. Se implanta en primer lugar en las clases sociales más bajas, en contraposición al politeismo de los sectores dominantes.
El año 622, perseguido, Mahoma huye de la Meca a Medina, donde funda una coalición de tribus árabes que se habían adherido al Islam. Comienza entonces lo que se ha llamado la era de la Hégira. El propio Mahoma es reconocido com profeta de Alá y el año 622 queda declarado como año 1 del nuevo calendario musulmán.
El año 630 Mahoma entra vencedor en la Meca y allí fallece dos años más tarde.
Los sucesores del profeta se convierten en Califas y emprenden la llamada Guerra Santa.
Cuatro primeros califas elegidos por consenso:
Abu Bakr (yerno de Mahoma)
Umar
Uthmán (yerno de Mahoma de origen Omeya)
Alí (primo de Mahoma).
Pero Alí (656-661) era un hombre poco capaz y pronto fue abandonado por sus principales apoyos, con lo que los omeya, encabezados por Muawiya, comenzaron a conspirar contra él. Así surgió la fitna (ruptura), una auténtica guerra civil entre los seguidores de Alí, chiítas , y los del clan omeya sunitas. Alí fue asesinado en la mezquita de Kufa, dejándole el camino libre a Muawiya para ser nombrado califa, inaugurándose el Califato Omeya.
La llegada de los Omeyas supuso el encumbramiento de la rama sunní. La capital del imperio pasó a ser Damasco, la capital de Siria, de donde había sido gobernador el propio Muawiya, y Arabia dejó de ser el centro del poder. Durante la dinastía omeya se produjo la máxima expansión y florecimiento del imperio islámico.
Muawiya (661-680)
Yazid (680-683)
Abd el Malik (685-705), quien llevó a cabo una política de integración, introdujo unas importantes reformas económicas e impulsó la segunda expansión del imperio
su hijo Walid I (705-715), quien pese a sus gustos por la ostentación tuvo grandes éxitos militares
Umar II (717-720), que destacó por ser un califa justo y por su reforma del sistema fiscal
Marwan II, fue el último califa omeya antes de que casi toda la dinastía fuera aniquilada por los abbasíes.
Los Omeyas tuvieron muchos enemigos durante este período, pero el principal escollo interno siguió siendo la oposición de los chiítas, quienes no cesaron en sus intrigas para devolver el trono a la familia de Alí. El episodio más significativo en este conflicto se produjo tras la muerte de Muawiya, cuando los chiítas creyeron ver la oportunidad para que el hijo menor de Alí, Husayn, se hiciera con la dignidad califal. No obstante, las tropas partidarias de la familia de Alí fueron masacradas por las del nuevo califa Yazid (680-683), en la batalla de Kerbala en el 680, siendo en ella cruelmente ajusticiado Husayn (este hecho convirtió a la ciudad de Kerbela en lugar de peregrinaje chií y la fecha en día de duelo para esta rama del islam).
Durante el dominio omeya, el Islam conseguirá dominar la mayor parte del mundo conocido desde el Atlántico al valle del río Indo. Las conquistas se hicieron siguiendo tres direcciones:
El avance más difícil se produjo hacia el territorio que pertenecía al Imperio Bizantino. Anatolia era un terreno difícil de atravesar, tanto por su relieve como por la resistencia de su muy helenizada población. No obstante, los musulmanes fueron penetrando en la zona, consiguiendo avanzar hacia la capital, Constantinopla, a la que asediarían en varias ocasiones. Sin embargo, la capital era un reducto casi imposible de tomar por lo que todos los intentos por conquistarla acabaron en fracaso.
Respecto al Este, desde el Jurasán se fueron mandando continuamente expediciones hacia esa dirección con el objetivo de ir sometiendo a todos los infieles de la zona, llegándose incluso a penetrar en la India a través de la cuenca del Indo.
La última dirección tomada es hacia el norte de África y la Península Ibérica. Los bereberes norteafricanos eran un pueblo muy guerrero y costó más de 30 años poder someterlos y sólo lo consiguieron con cuando lograron islamizarlos e introducirlos en la Guerra Santa. En cuanto a la Península Ibérica, en el 711 Tarik cruzó el estrecho de Gibraltar y los musulmanes rápidamente se hicieron con la mayoría del reino visigodo, naciendo Al-Andalus. En poco más de diez años casi toda la península y parte de las Galias estaban dominadas por los invasores, pero en el 732, los francos, comandados por Carlos Martel, lograron frenar el avance musulmán en Poitiers, evitando que el Islam prosiguiera su expansión por Europa occidental.