Periodo arcaico de Tinis: El Alto Egipto logró el triunfo sobre el Bajo Egipto, bajo el liderazgo del Rey Escorpión (un personaje legendario, del que poco saben los arqueólogos). El rey Menes se proclamó faraón del Egipto unificado y estableció la capital en la ciudad de Tanis, desde donde gobernaron las dos primeras dinastías de faraones.
Imperio antiguo de Menfis: La tercera dinastía trasladó la capital a la ciudad de Menfis y emprendió grandes construcciones a lo largo del reino. Durante todo el periodo, las diferentes dinastías fueron expandiendo el reino e incorporando nuevos territorios a través de las conquistas y el comercio. Los faraones Keops, Kefrén y Micerino construyeron las grandes pirámides de Guiza. Los nuevos territorios anexados eran gobernados por visires bajo las órdenes del faraón. Hacia 2300 a. C., los visires se quedaron con el poder de sus territorios y Egipto perdió su unidad.
Imperio medio de Tebas: Los príncipes del Alto Egipto reunificaron el territorio y establecieron su capital en Tebas. Sin embargo, se generaron disputas entre el norte y el sur por el gobierno y, los pueblos del desierto invadieron diferentes partes del reino. La crisis dividió el imperio en diferentes reinos y Egipto volvió a perder su unidad.
Imperio nuevo de Tebas:Los príncipes de Tebas lograron derrotar a los pueblos del desierto libio y reunificaron Egipto. Los faraones Amenofis II y Ramsés II retomaron la expansión territorial y conquistaron territorios de Asia.
Periodo Bajo de Sais: Nuevos conflictos entre las clases altas de jefes militares y sacerdotes llevaron a una crisis política, a la que se sumó la invasión de los asirios. Hacia el siglo VII a. C., el faraón Pasmético I logró centralizar de nuevo el poder y estableció la capital en Sais, una ciudad del delta. Luego, los persas invadieron el reino y los faraones dependieron de sus alianzas con reinos extranjeros para mantener su independencia. En 332 a. C., Alejandro Magno, rey de Macedonia, invadió Egipto, que ya no volvió a ser independiente.
La religión egipcia era politeísta, es decir, que veneraban a muchos dioses. Se constituyó como el resultado de diferentes cultos locales de los pueblos que habitaban todo el valle del Nilo. Estas creencias se centraban en la existencia de divinidades identificadas con diferentes fenómenos de la naturaleza, astros y animales. Muchas veces, las divinidades eran representadas con formas humanas o con una combinación de rasgos humanos y animales. Con la unificación del reino de Egipto, los sacerdotes crearon un panteón unificado.
El mito fundacional de la religión contaba que Osiris (dios del sol y creador de todo) estaba casado con Isis (diosa de la fecundidad y de la magia) y, juntos, habían engendrado a Horus (dios del cielo, protector de la realeza egipcia). Seth (dios del desierto, hermano de Osiris) había asesinado a Osiris y usurpado el trono de Egipto. Cuando Isis lloró la muerte de su esposo, provocó el primer desborde del río Nilo y, luego, decidió momificar el cuerpo de Osiris. La ayudaron Anubis (dios de la muerte) y Toth (dios de la sabiduría), y desde entonces, Osiris volvió a la vida y gobierna el reino de los muertos. Para vengar a su padre, Horus se enfrentó a Seth y ocupó el trono de Egipto. La lucha eterna entre Seth y Horus representó para los egipcios la pelea entre la luz y la oscuridad, que se repetía a diario con la sucesión del día y de la noche.
Los egipcios creían que cada persona estaba integrada por tres elementos: el cuerpo, el alma y el ka. El ka era una fuerza vital que daba identidad a las personas, las dirigía y las protegía. Al morir, el ka salía por la boca y emprendía un largo viaje hasta el tribunal de Osiris, donde sus actos eran juzgados. El dios Anubis ponía el corazón del difunto en una balanza junto con una pluma, y valoraba las acciones de la vida pasada. Si la balanza se mantenía en equilibrio, el ka podía vivir con Osiris o volver a su tumba. En caso contrario, era devorado por Ammyt, una bestia que lo haría desaparecer para siempre.
En el Antiguo Egipto se desarrolló un tipo de escritura basada en el arte pictórico que fue evolucionando a través del tiempo llegándose a tener en época greco-romana el uso simultáneo e igualitario de las tres grafías:
jeroglífico: Usada en inscripciones de monumentos y en decoración. Es el tipo de escritura mas antiguo y complejo se empezó a utilizar en el 3100 a.C Se consideraba una escritura sagrada llamada escritura de la palabra de dios y se utilizaba en sarcófagos, tumbas, monumentos y esculturas.
hierático: (sistema de escritura más simple para escribir en papiros) Apareció como la abreviatura de jeroglífica cursiva. El sistema jeroglífico no era apropiado para escrituras rápidas y por este motivo nació.
demótico (sistema de escritura aún más sencillo) Es una forma abreviada de la hierática, de trazo rápido y sencillo. En esta escritura es ya difícil reconocer los signos jeroglíficos originales. Se empleaba en asuntos cotidianos, transacciones comerciales e incluso en algunas inscripciones en piedra como en la piedra Roseta donde se le denominaba escritura de los libros.
Este sistema se comenzó a desarrollar hacia el 3200 a. C., y evolucionó a lo largo de la historia egipcia, incorporando mayor complejidad. Los mismos signos comenzaron a utilizarse de manera fonética: cada uno representaba un sonido y se combinaban varios para formar una palabra. El mismo signo podía tener un valor ideográfico, fonético o combinado. Como era un sistema muy complejo, solo los sacerdotes entrenados en escritura jeroglífica lo utilizaban. Los sacerdotes registraron las creencias y los ritos egipcios en las paredes de los templos, las tumbas, los monumentos y los palacios.
Mientras el cristianismo se extendía por Egipto, la escritura jeroglífica iba cayendo en desuso y, por tanto, en el olvido hasta su desaparición definitiva a finales del s. V d. C .
Los grandes conocimientos matemáticos y científicos ayudaron a los egipcios a hacer frente a las necesidades de la vida cotidiana y a las crecientes complejidades del Estado faraónico.
Heródoto contaba que el faraón Sesostris I "repartió el suelo entre todos los egipcios, concediendo a cada habitante un lote cuadrangular de extensión uniforme", para recaudar los impuestos en función de ese reparto.
Si el Nilo se desbordaba, "el monarca enviaba a algunas personas a inspeccionar y medir la disminución que había sufrido el terreno para que, en lo sucesivo, pagara una parte proporcional del tributo impuesto" (Historia, II, 109). Según el historiador y viajero griego, fue por este tipo de necesidades por lo que "se inventó la geometría" en Egipto, de donde luego pasó a Grecia.
En efecto, los egipcios utilizaron la geometría, el álgebra o la aritmética –lo que nosotros llamamos matemáticas– como herramienta para resolver problemas prácticos. Medir las parcelas de cultivo, contabilizar el producto de las cosechas, los impuestos o las ofrendas a los templos, calcular la altura de una pirámide o la inclinación de la rampa necesaria para transportar sus sillares eran labores que requerían todo tipo de operaciones matemáticas, desde las más simples a las más complejas.
Los escribas que trabajaban en la administración del Estado se enfrentaban diariamente a estas tareas, y por ello desarrollaron una notable capacidad matemática, como evidencian los numerosos manuscritos con ejercicios de cálculo que se han conservado.
A finales del IV milenio a.C., los egipcios disponían ya de un sistema de numeración: en muchos casos, las más antiguas muestras de escritura jeroglífica están asociadas a series numéricas anotadas en etiquetas que antaño estaban unidas a un recipiente, y que probablemente expresan las cantidades de un determinado producto contenido en el envase.
El sistema de numeración que desarrollaron los egipcios es el decimal, de modo que en la escritura jeroglífica hay un signo diferente para representar cada uno de los múltiplos de diez. De hecho, escribir un número en egipcio jeroglífico es muy sencillo, pues solo hay que ordenar los signos de mayor a menor (sistema de numeración aditiva de primera especie). Por tanto, si queremos escribir un 11 debemos poner primero el signo de la decena seguido por el de la unidad. Para un número más alto, como el 321.412, debemos seguir el mismo principio: primero las centenas de millar, después las decenas de millar, etcétera.
Pero aunque los egipcios solo emplearan siete signos jeroglíficos distintos para plasmar cualquier número por escrito (el trazo, grillete, cuerda enrollada, flor de loto, dedo, renacuajo y el dios Heh), esta aparente simplicidad esconde un problema evidente: cada signo puede repetirse hasta nueve veces. Así, si querían escribir un 9 debían repetir nueve veces el signo de la unidad, y si querían escribir un 90 debían escribir 9 veces el signo de la decena.
Sin embargo la representación de un número como, por ejemplo, el 9869 requería el uso de 32 símbolos. Con el objetivo de dar solución a este problema, a mediados del tercer milenio la civilización egipcia empezó a desarrollar un sistema alternativo de escritura numérica llamado sistema hierático.
Los dos sistemas se usaron simultáneamente durante un largo período de tiempo. Habitualmente la escritura hierática se utilizaba en papiros mientras que la escritura jeroglífica era más utilizada en las inscripciones en piedra.
Documental:
Cine:
La rica tierra de Egipto se convirtió en propiedad romana tras la muerte de Cleopatra VII en 30 a.C., lo que supuso el fin de la dinastía Ptolemaica que había gobernado Egipto desde la muerte de Alejandro Magno en 323 a.C.
Tras el asesinato de Cayo Julio César en 44 a.C., la república romana quedó sumida en la confusión. Temiendo por su vida y su trono, la joven reina unió fuerzas con el comandante romano Marco Antonio, pero su resonada derrota en la batalla de Accio en 31 a.C. llevó al hijo adoptivo y heredero natural de César, Cayo Julio Octavio (Octaviano) a las costas de Egipto. Desesperada, Cleopatra decidió suicidarse antes que enfrentarse a la humillación de la captura. Según un historiador, sencillamente se encontraba en el bando perdedor de una lucha por el poder.
La presencia de Roma en Egipto en realidad databa de antes de Julio César y Octaviano. Los romanos habían estado involucrados periódicamente en la política de Egipto desde la época de Ptolomeo VI en el siglo II a.C. La historia de Egipto, desde que Alejandro expulsara a los persas hasta el reinado de los Ptolomeos y la llegada de Julio César, vio a la nación sufrir la conquista, el caos y los problemas internos. El país había sobrevivido durante décadas bajo la protección de la familia gobernante de habla griega. A pesar de ser un centro cultural e intelectual, Alejandría seguía siendo una ciudad griega rodeada de gente no griega. Los Ptolomeos, a excepción de Cleopatra VII, nunca salían de la ciudad, y mucho menos aprendían la lengua nativa. Durante generaciones se casaron con miembros de la misma familia, hermano con hermana o sobrinas con tíos.
Ptolomeo VI gobernó junto a su madre, Cleopatra I, hasta su inesperada muerte en 176 a.C. A pesar de tener serios problemas con un hermano que cuestionó su derecho al trono, empezó un caótico reinado por derecho propio. Durante este reinado, Egipto fue invadido dos veces en 169 y 164 a.C. por el rey seléucida Antíoco IV. El ejército invasor incluso llegó hasta las afueras de la capital, en Alejandría. Sin embargo, con la ayuda de Roma Ptolomeo VI consiguió mantener el control, al menos aparentemente. Mientras que los siguientes faraones no tuvieron gran impacto en la historia de Egipto, en 88 a.C. el joven Ptolomeo XI sucedió a su padre exiliado, Ptolomeo X.
Tras entregar tanto Egipto como Chipre a Roma, Ptolomeo XI fue instaurado en el trono por el general romano Cornelio Sila, y gobernó junto a su madrastra Cleopatra Berenice hasta que la mató. La desafortunada relación de Ptolomeo XI con Roma hizo que muchos en Alejandría lo despreciaran, por lo que lo acabaron echando en 58 a.C. Sin embargo, volvió a recuperar el trono, aunque solo pudo conservarlo gracias a sus lazos con Roma.
Cuando el comandante romano Pompeyo fue totalmente derrotado por César en 48 a.C. en la batalla de Farsalia, buscó refugiarse en Egipto. Sin embargo, para ganarse el favor de César, Ptolomeo VIII lo mandó matar y decapitar. Cuando César llegó, el joven faraón le presentó la cabeza de Pompeyo. Se dice que César lloró, no por la pena de la muerte de Pompeyo sino porque supuestamente había perdido la oportunidad de matar él mismo al comandante caído. Además, según algunas fuentes, le pareció una manera deshonrosa de morir. César se quedó en Egipto para conseguirle el trono a Cleopatra, ya que las acciones de Ptolomeo le habían obligado a ponerse de parte de su hermana. Una vez derrotado el joven Ptolomeo, el reino Ptolemaico pasó a ser un estado vasallo de Roma, pero inmune a cualquier interferencia política del senado romano. Los romanos que lo visitaban eran bien tratados, hasta "mimados y entretenidos" con un crucero por el Nilo. Por desgracia, no hubo manera de salvar a un romano que mató por accidente a un gato, un animal tradicionalmente sagrado para los egipcios: la muchedumbre de Alejandría lo ejecutó.
La historia y Shakespeare han contado una y otra vez hasta la náusea la sórdida historia de amor entre César y Cleopatra; sin embargo, su inesperado asesinato la obligó a buscar ayuda para mantener el trono. Pero Cleopatra eligió mal: Antonio no la ayudaría. Su arrogancia se ganó la ira de Roma. Antonio creía que Alejandría era otra Roma, e incluso eligió que lo enterraran junto a Cleopatra. Octavio predispuso a los ciudadanos y al senado contra Antonio, y cuando llegó a Egipto el joven comandante se convirtió en el señor de toda la armada romana. Su victoria sobre Antonio y Cleopatra le otorgaron a Roma el reino más rico del Mediterráneo. Su futuro estaba garantizado. Los graneros desbordantes del país ahora eran propiedad de Roma; se convirtió en el "granero" del imperio, en "la joya de la corona". Sin embargo, según un historiador, Octavio creía que Egipto era su propio reino particular, que era el heredero de la dinastía Ptolemaica, un faraón. Incluso se prohibió a los senadores visitar el país sin su permiso.
Al final de una larga guerra civil, Octavio contaba con la lealtad del ejército, y en 29 a.C. regresó a Roma y a la admiración de sus gentes. La república había muerto con César. Con Octavio, a quien pronto nombrarían Augusto, acababa de nacer el IMPERIO. Era un imperio que lograría sobreponerse a un liderazgo pobre e innumerables obstáculos y que gobernaría durante casi cinco siglos. Octavio volvería a restablecer el orden en la ciudad, convirtiéndose en su "primer ciudadano" y, con el beneplácito del senado, gobernaría sin ninguna oposición. Tras su marcha triunfal a la ciudad, el emperador alardeó de su botín de guerra. El héroe conquistador, adornado con una toga bordada de oro y una túnica de flores cabalgó por las calles de la ciudad en un carro tirado por cuatro caballos. Aunque Cleopatra estaba muerta (él hubiera preferido exhibirla y humillarla públicamente), se puso una efigie de la difunta reina, tumbada en un sofá, para que todos la vieran. Los hijos que habían sobrevivido a la reina, Alejandro Helios, Cleopatra Selene y Ptolomeo Filadelfos (Cesarión había sido ejecutado), fueron caminando en la procesión. Poco después, Augusto mandó construir inmediatamente un templo que deificara a César (construido en el lugar donde lo habían incinerado) y un nuevo senado, la Curia Julia: el anterior había ardido tras el funeral de César.
El emperador Augusto se hizo con el control absoluto de Egipto. Aunque la ley romana sustituyó todas las tradiciones y formas legales egipcias, muchas de las instituciones de la dinastía Ptolemaica siguieron adelante con algunos cambios fundamentales en la estructura social y administrativa. El emperador no tardó en ocupar las filas de la administración con miembros de la clase ecuestre. Con una flotilla en el Nilo y una guarnición de tres legiones, o 27.000 tropas (más auxiliares), la provincia estaba gobernada por un gobernador o prefecto, alguien elegido (al igual que el resto de los funcionarios importantes) por el emperador. Con el tiempo, dado que la región no sufrió demasiadas amenazas externas, se redujo el número de legiones. Extrañamente, el primer gobernador, Cornelio Galo, "alardeó grandiosamente" de su victoriosa campaña en la vecina Sudán. Augusto no estaba contento y el gobernador se suicidó misteriosamente. Después de eso, la frontera con esa zona quedó fijada.
Los templos y el sacerdocio egipcio mantuvieron la mayoría de sus privilegios, aunque también apareció el culto imperial. Mientras que la ciudad nodriza de cada región tenía permitida cierta autolegislación, el estatus de muchas de las ciudades grandes de las provincias cambió bajo la ocupación romana, y Alejandría, cuya población llegó al millón de personas, disfrutó de las mayores concesiones. Augusto llevaba un registro de los residentes "helenizados" de cada ciudad. A los no alejandrinos simplemente se los llamaba egipcios. Roma también introdujo una jerarquía social nueva, con serias connotaciones culturales. Los residentes helenos, de ascendencia griega, conformaban la élite sociopolítica. Los ciudadanos de Alejandría, Ptolemaida y Naucratis estaban exentos de un nuevo impuesto al sufragio, mientras que los "ciudadanos originales" de las ciudades nodriza tenían un impuesto al sufragio reducido.
La principal separación cultural era, como siempre, entre la vida helénica de las ciudades y los pueblos de habla egipcia. Por lo tanto, la mayor parte de la población seguían siendo, como lo había sido hasta entonces, los campesinos que trabajaban como granjeros alquilados. Gran parte de la comida que se producía de esta manera se exportaba a Roma para alimentar a su población, siempre en aumento. Tal y como había ocurrido durante décadas, la ciudad tenía que importar comida de las provincias para sobrevivir, principalmente de Egipto, Siria y Cartago. La comida junto con objetos de lujo y especias de oriente, bajaban por el Nilo hasta Alejandría y de ahí a Roma. Para los siglos II y III d.C. habían surgido fincas grandes regidas por la aristocracia griega terrateniente.
Con el tiempo, esta rígida estructura social se acabaría cuestionando porque Egipto, y en especial Alejandría, vivió un gran cambio de población. A medida que más judíos y griegos se mudaban a la ciudad, empezaron a surgir problemas que agotaron la paciencia de los emperadores de Roma. El reinado del emperador Claudio (41 al 54 d.C.) fue testigo de disturbios entre los judíos y los residentes de habla griega de Alejandría. Su predecesor, Calígula, dijo que había que sentir lástima, no odio, por los judíos. Más tarde, bajo el mandato de Nerón (54-68 d.C.), 50.000 fueron asesinados cuando los judíos intentaron quemar el anfiteatro de Alejandría. Hicieron falta dos legiones para acabar con los disturbios.
En un principio, Egipto aceptó el control romano. La capital de Alejandría tendría incluso un papel central en la ascensión de uno de los emperadores más famosos del imperio. Tras el suicidio de Nerón en 68 d.C., cuatro hombres se disputarían el trono: Galba, Otón, Vitelio y Vespasiano. Esta época se conoció como el Año de los cuatro emperadores. Al final, la batalla acabó enfrentando a Vitelio y Vespasiano. Con la esperanza de retrasar unos cargamentos importantes de grano para Roma, Vespasiano viajó a Alejandría. Al mismo tiempo, Muciano, un comandante romano y aliado de Vespasiano, marchó a Roma. Vitelio, derrotado, fue capturado y mientras pedía por su vida, fue arrastrado por las calles, torturado y asesinado. Su cuerpo fue arrojado al Tíber. Todavía en Alejandría, los ejércitos de Vespasiano lo declararon unánimemente emperador.
Sin embargo, en 115 d.C. hubo varios disturbios judíos en Cirenaica, Chipre y Egipto, en los que protestaban por el gobierno romano y arrasaron con los santuarios paganos. Las tropas romanas consiguieron finalmente acabar con los disturbios, sin embargo, murieron miles de romanos y griegos en lo que más tarde se conocería como la Revuelta babilónica o la guerra de Kitos. La insatisfacción con el control romano se convirtió en parte del a psique egipcia. Hasta la caída de Roma en occidente, los prefectos egipcios se verían asediados por revueltas y caos. A principios de la década de 150 d.C. el emperador Antonio Pio acabó con las rebeliones en Mauritania, Dacia y Egipto. Más de un siglo más tarde, en 273 d.C., el emperador Aureliano acabó con otra revuelta egipcia. Tras la división del imperio bajo Diocleciano, surgieron más revueltas en 295 y 296 d.C.
Dos grandes desastres golpearon a Egipto, poniendo en peligro el control de Roma. El primero fue la plaga antonina del siglo II d.C., pero el más serio de los dos ocurrió en 270 d.C. con la llegada de la invasora más inesperada, la reina Zenobia de Palmira, una ciudad independiente de la frontera de Siria. Cuando el rey Septimio Odenato murió en extrañas circunstancias, su esposa se hizo cargo como regente, liderando a un ejército para la conquista de Egipto (echó y decapitó al prefecto), Palestina, Siria y Mesopotamia, y proclamó emperador a su joven hijo Septimio Vabalato. Esta acción desataría la ira de Roma al cortar el suministro de grano de la ciudad. El nuevo emperador de Roma, Aureliano, acabaría derrotándola en 271 d.C. Sin embargo, su muerte está rodeada de misterio. En una historia se dice que el emperador la llevó a Roma como prisionera (y recibió una finca privada) mientras que en otra se dice que murió de camino a la ciudad.
Cuando el emperador Diocleciano subió al poder a finales del siglo III d.C. se dio cuenta de que el imperio era demasiado grande como para gobernarlo de manera efectiva, así que lo dividió en una tetrarquía con una capital, Roma, en occidente y otra, Nicomedia, en oriente. Aunque seguía proporcionando grano a Roma (la mayor parte de recursos se empezaron a llevar entonces a Siria), Egipto se situó en la mitad oriental del imperio. Por desgracia, una nueva capital en oriente, Constantinopla, se convirtió en el centro cultural y económico del Mediterráneo. Con el tiempo, la ciudad de Roma caería en el caos y sería susceptible a las invasiones, y acabaría cayendo en 476 d.C. La provincia de Egipto siguió siendo parte del imperio romano/bizantino hasta el siglo VII, cuando cayó bajo el control árabe.