Por: Ruvalcaba*
Nuestra colonia es atravesada por un eje vial que comunica el poniente con el oriente de la ciudad: El 1 norte, que nace en nuestra vecina colonia Agricultura y termina en el Estado de México. Pasa por los emblemáticos barrios de la Lagunilla, Tepito, Morelos, el aeropuerto, Pantitlán y por supuesto, Santa María la Ribera. Desde el casco de Santo Tomás y hasta Insurgentes, esta avenida toma el nombre de José Antonio Alzate. En el surgimiento de nuestro barrio, hace 164 años, la calle se denominaba Mosqueta, pero cambiaría su nombre actual en los albores del siglo XX.
Fue a mediados del siglo pasado que el gobierno de la Ciudad de México emprendió su proyecto de creación de ejes viales y cercenó la calle de Alzate para ampliarla. Cuentan los vecinos que muchas casas del lado norte de la colonia fueron divididas, partidas en dos, y con ello se perdió para siempre parte de la identidad de nuestra colonia y surgió así la separación conceptual entre Santa María-norte y Santa María-sur que en algunos vecinos prevalece.
¿Pero quién fue José Antonio Alzate?
De entrada hay que decir que no vivió en nuestra colonia. Se le pone el nombre a esta calle como homenaje a uno de los más grandes sabios que dio México. A José Antonio Alzate y Ramírez ni siquiera le tocó ver el siglo XIX, pues nació en Ozumba, Estado de México en 1737 y murió unos meses antes del nuevo siglo, en 1799 (más de cincuenta años antes del surgimiento de Santa María).
Criollo, es decir, hijo de españoles nacido en la Nueva España, desde pequeño fue autodidacta y decidió ser sacerdote. Para entender su vida y legado habría que situarnos en el siglo XVIII en la Nueva España. Aún no existía México como país, pero si había un gran nacionalismo. La corona española comenzaba a dar signos de agotamiento y sus colonias parecían ser más pujantes y desarrolladas que España, y continuamente había pugnas entre criollos y peninsulares de este lado del atlántico. En aquella época, los puestos importantes en el gobierno, cultura y artes, eran asignados a peninsulares. Un cuarto de los alumnos de la Academia de San Carlos la habían abandonado por la ineptitud de los profesores españoles, y las demandas ante la junta de discriminación era constantes. Los americanos querían ser respetados y valorados. Habían demostrado su gran capacidad. Era el principio de una toma de conciencia. ¿Si los novohispanos superamos a los peninsulares y producimos gran parte de su riqueza, por qué seguir bajo su yugo?, se preguntaban.
Mientras tanto, los jesuitas, siempre representando al ala progresista del catolicismo, comenzaron a estudiar a Descartes, Newton, Leibniz, Bacon y Franklin. Los padres Clavigero, Abad y Alegre, destacaron por introducir conocimientos científicos a la Nueva España. Alzate se vería altamente influenciado por ellos.
No exageraré si digo que Alzate fue el “Aristóteles novohispano” ó como algunos lo consideran: el padre de la ilustración mexicana. Durante su vida, estudió las cochinillas, colibríes, golondrinas, el gusano de seda, el añil ó el planeta Venus. Lo mismo descubrió Xochicalco que midió las pirámides de Teotihuacán ó inventó instrumentos para la minería ó para deshuesar el algodón y rescató las técnicas de agricultura prehispánicas, especialmente del Cacao. En una expedición para estudiar la botánica peruana, descubrió una planta que hasta el día de hoy lleva su nombre: La Alzatea.
Pero uno de los inventos más espectaculares de Alzate y el que tendría más repercursión en el mundo moderno, fue su diseño del flotador del inodoro. En sus observaciones en las fuentes de los parques de la Ciudad de México, había visto que podía diseñarse un mecanismo para que cortara el agua de la circulación y no se desperdiciara. ¿Cuánta agua habrá salvado Alzate de ser desperdiciada?
José Antonio Alzate
Diseño del flotador para impedir derrames de agua en retretes y fuentes.
Máquina para procesar algodón diseñada por Alzate
Reconocido por la sociedad científica de París, concentró sus descubrimientos y los de su tiempo en una magna obra: "La gaceta literaria de México". Y desde esa tribuna, José Antonio Alzate protagonizaría uno de los debates intelectuales entre un criollo y un español, más sonados del siglo XVIII, que mantuvo el interés de sus lectores por más de un año. Alzate criticaría el sistema europeo de clasificación botánica y durante un año entero se enfrascaría en cartas con Vicente Cervantes, botánico español. Alzate defendía a muerte el conocimiento prehispánico y sostenía que era el más avanzado del mundo, mientras que Cervantes decía que en “la Nueva España no hay nadie que sepa cuidar una lechuga”. Pero Alzate demostraría mediante sus compendios científicos y culturales, que la Nueva España no tenía nada que envidiarle a la península ibérica, y que muy por el contrario, le superaba en muchos rubros. Este debate epistolar hizo que a Alzate se le considere uno de los precursores de la crítica literaria en nuestro país. Además, fue uno de los primeros grandes nacionalistas, Alzate decía:
“Quiero servir del mejor modo posible a mi patria, para restituir a su esplendor la verdad ofuscada por una turba increíble de escritores modernos…me he valido de todos los medios que me ha sugerido el amor a mi nación, procurando vindicarla de las falsedades con que la insultan varios extranjeros".
Ya en tiempos de Don Porfirio Díaz, y a manera de homenaje póstumo se crea en 1884 la Sociedad Científica Alzate y en 1935 cambiaría su nombre para convertirse en la Academia Mexicana de Ciencias la cual subsiste hasta el día de hoy, y que junto al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) y la Fundación alemana Alexander Von Humboldt, lanzan cada año, el premio de investigación José Antonio Alzate.
Como dato curioso, José Antonio Alzate era sobrino-nieto de una de las más grandes novohispanas de todos los tiempos. Poeta inmortal, y que también tiene una calle en nuestra colonia: Sor Juana Inés de la Cruz. ¡Definitivamente la lucidez intelectual venía de familia!
A Alzate ya no le tocó ver el siglo XIX ni el inicio de la independencia en 1810, pero sin dudarlo fue un gran impulsor del nacionalismo mexicano, de la idea de que no le debíamos nada a nadie, de las ideas de ciencia, progreso, investigación, reflexión y amor por la patria. Sin dudarlo, el legado de Alzate inspiraría a otros criollos a luchar por su nación y a terminar con la discriminación y el sometimiento español. No nos cuesta trabajo pensar, que en las tertulias organizadas por el cura Miguel Hidalgo, se leían animosamente, en voz alta, los descubrimientos y reflexiones de José Antonio Alzate.
* Ruvalcaba es vecino de la colonia Santa María la Ribera desde hace más de 35 años. Maestro en Comunicación por la UNAM con estancia de investigación en Sociología por la Universidad de Breslavia en Polonia. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Fundador de Radio Santa María la Ribera y Cineclub Santa María. Nominado a los premios Ciudad 2016 por su activismo en la colonia.
Contacto: diegoruvalcaba@gmail.com