La cubana y María Ribera: Pasado, presente y futuro de Santa María la Ribera
Por: Ruvalcaba*
La fábrica de chocolates “La cubana” y la Fundación Merced son un excelente ejemplo de lo que sucedía en la Santa María la Ribera de la primera mitad del siglo XX. Ambas se desarrollaron dentro de una colonia pujante, llena de gente talentosa y visionaria. En 1925, cuando “La cubana” se traslada desde el barrio de la Merced a la calle de Cedro, la nuestra, era la colonia de moda. La historia se vuelve a repetir, casi cien años después: hoy también somos la colonia de moda.
Para entender la historia de la chocolatera, nos tenemos que remontar a 1872, el año en que el presidente Benito Juárez moriría. En ese entonces, la próspera familia Munguía, guanajuatense, dedicada al tabaco, se muda a la Ciudad de México y se establece en la Merced, cambiando de giro (de tabacos a chocolates), fundando la Chocolatería “La cubana” el 5 de mayo de ese año.
La cubana fabricaba chocolate en barra, redondo, de figuras y sus famosos cigarros de chocolate; y tal sería su prestigio y calidad, que “La cubana” se presentó en diversas exposiciones y concursos a nivel internacional. Incluso se dice que proveían chocolate a la mismísima esposa de Don Porfirio Díaz. Se rumora que el nombre del negocio vendría de los múltiples viajes de don Pedro Munguía a la isla de Cuba y al recuerdo nostálgico que le provocaba una pintura con una mujer morena en el mar (pintura que aún existe y puede ser apreciada en la casa de Cedro 214).
El gran éxito y la visión de la familia Munguía, les hizo expandirse y en febrero de 1890 invierten en un “…lote de terreno de siete mil doscientos ochenta y tres varas cuadradas, situado en la Calle de Cervantes [hoy Cedro] de la novel Colonia Santa María de la Ribera en precio de tres mil setecientos ochenta y tres pesos…”. Cabe recordar que la colonia Santa María la Ribera, para aquella época, ya había sido fraccionada, pero contaba con muy pocas construcciones y habitantes, pues en su primera etapa carecía de servicios básicos, por lo que su crecimiento y esplendor llegaría hasta a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
En 1911, la familia Munguía compra otro terreno en Naranjo 248, donde construirían su nuevo hogar y a donde se mudarían definitivamente desde la Merced. La historiadora María García Flores-Chapa, nos cuenta que era una propiedad tan grande que hasta tenía una cancha de tenis y grandes jardines con pinos. Hoy ya no existe, y en su lugar se encuentra la Editorial Progreso, a unos cuantos pasos de Flores Magón. La familia Munguía había elegido comprar terrenos y construir en Santa María la Ribera, debido a que era una colonia predilecta entre pequeños burgueses, políticos y escritores; además, para la familia Munguía, operar en esta zona, era de importancia estratégica, pues estaba muy cerca de la estación de ferrocarriles, lo cual favorecería el comercio de sus chocolates al interior de la república y eventualmente, al extranjero.
Será hasta 1925 cuando en los terrenos adquiridos, treinta y cinco años atrás, en la calle de Cedro, la familia solicita al ingeniero Ulrich Townley la construcción de una nueva casa, y entonces ”se levanta un amplio conjunto que incluye la fábrica, la imprenta, las oficinas, una bellísima casa habitación en el número 214 —actualmente oficinas de Fundación Merced— y otro expendio de chocolates en el predio contiguo. Se aprovecha una construcción anterior en la que hay un pozo de agua dulce, se plantan árboles frutales, se hacen un pequeño huerto y corrales para los patos”. Al visitar hoy en día la casona, nos damos cuenta de lo tanto que ha cambiado la colonia, el abolengo, el buen gusto, la estética en cada detalle, del Santa María que ya se nos fue. Pero en la casa de Cedro 214, el tiempo se detuvo. Existen muebles, vitrales y decoraciones originales, que llevan ahí casi un siglo. Un verdadero museo de barrio.
Durante más de dos décadas, en la casa de la familia Munguía se respiró un gran espíritu cultural y de alto bienestar. Se cuenta que Amado Nervo frecuentaba la casa, y se desarrollaban tertulias, bailes, recitales de poesía y teatro. Inclusive se conserva una foto donde los niños cantores de Viena se presentaron en la casa y una marquesina que comprueba que se realizaban funciones de teatro para los empleados y visitantes de la chocolatería.
Hacia 1950, los más jóvenes de la familia: Flaviano, Sixto, Lucía y Catalina, deciden crear la Fundación Merced, una organización caritativa que apoyara obras sociales. Después de la muerte de los fundadores, y con la necesidad de repartir herencias, se establece que los ingresos de la inmobiliaria Hermun (fundada en 1951) fueran destinados a mantener la Fundación.
En 1996, ante la intensa competencia de marcas chocolateras internacionales, el consejo directivo de la chocolatera resuelve vender la imprenta, la litográfica y rentar a otras empresas dedicadas al chocolate, sus instalaciones. Es celebre el conflicto que tuvieron con sus inquilinos en el 2004 y dicha situación, aunada a sus intereses crecientes en el ramo inmobiliario, los llevó a tomar la decisión de vender definitivamente las instalaciones de la chocolatera, ya en pleno siglo XXI, no sin antes conseguir la protección total por el INBA y el INAH, para que cualquier proyecto arquitectónico nuevo, respetara absolutamente las viejas instalaciones de la chocolatera. Así mismo, por deseos del consejo directivo de la inmobiliaria, se conserva una pequeña parte del local, que data de los años 20’s y que aún podemos apreciar en el número 208 de Cedro.
En 2013, la inmobiliaria Marnhos, adquiere las instalaciones de la chocolatera, e inicia el desarrollo del complejo habitacional de lujo llamado “María Ribera”, el cual consta de 250 departamentos, con una superficie de entre 47 a 84 m2, estacionamiento, roof garden, gimnasio, ludoteca y sala de usos múltiples. Se estima que en un inicio los departamentos costaron alrededor de dos millones de pesos y hoy, en pleno 2016, han duplicado su valor comercial.
Confieso que tenía mucha reticencia cuando entré a María Ribera desde la calle de Nogal, pero lo que encontré ahí fue verdaderamente extraordinario. Las instalaciones de la chocolatera, remodeladas, más brillantes que nunca, en una perfecta armonía con la modernidad de los edificios. Una verdadera ciudad, estilo inglés, adentro de Santa María la Ribera. Platicando con sus habitantes, me refirieron estar muy a gusto viviendo ahí, y por supuesto, estaban disfrutando la colonia. Uno de los perfiles de los nuevos vecinos de la colonia: Matrimonios jóvenes, con un perro, con buen poder adquisitivo y altos grados de escolaridad.
Creo que por ahí viene el futuro -o al menos uno de los futuros- de la colonia. Cada vez más proyectos como Maria Ribera, pero también cada vez más casonas perdidas y derrumbadas para construir multifamiliares. La hermosa nave de ladrillos rojos de la Chocolatería la Cubana tuvo “suerte” y será preservada al menos otros cien años más. ¿Pero cuántas joyas, fachadas, decorados, casonas de la colonia no corrieron la misma suerte y fueron derrumbadas? ¿Si no se hubiera protegido la nave de la chocolatera, cuál hubiese sido su destino? ¿El mismo destino que el teatro Bernardo García de la calle de Díaz Mirón? ¿Cuántas casonas intactas del siglo XIX y XX aún nos quedan en Santa María?
Sostengo que en Santa María la Ribera se está reescribiendo el concepto de “gentrificación”. Existen inmobiliarias que sólo desean hacer negocios a costa de nuestro patrimonio, mientras que hay otras inmobiliarias, -las menos, tristemente- que tienen proyectos que logran la convivencia de la nueva arquitectura con la antigua, y que está haciendo sostenible la llegada de nuevos habitantes a la colonia; pero lamentablemente hay otros proyectos, como los impulsados por el INVI y Asamblea de barrios, que no toman en cuenta la estética y la historia de nuestra colonia, y que sin duda, ello afectará el tejido social en el futuro.
Nos podrá gustar o no, pero es una realidad latente: El paisaje de Santa María la Ribera se está modificando a pasos agigantados: Nuevas empresas, nuevos vecinos de toda las clases socioeconómicas, nuevos edificios, perdida o modificación de patrimonios, costumbres y parajes. El futuro de Santa María la Ribera, se está escribiendo hoy. Ya veremos si, como casi siempre, la historia se vuelve a repetir. Ya averiguaremos en unos años, si nuestra colonia está en auge o en plena decadencia.
* Ruvalcaba es vecino de la colonia Santa María la Ribera desde hace más de 35 años. Maestro en Comunicación por la UNAM con estancia de investigación en Sociología por la Universidad de Breslavia en Polonia. Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM y fue el fundador de Radio Santa María la Ribera y Cineclub Santa María. Nominado a los premios Ciudad 2016 por su activismo en la colonia.
Contacto: diegoruvalcaba@gmail.com