Investigación: Ruvalcaba*
La Alameda de Santa María la Ribera fue concebida al mismo tiempo que los primeros planos de la Colonia, siguiendo el modelo francés urbanístico, con una plaza central a la mitad de los barrios. Pensada originalmente como una "Plaza del mercado" con una iglesia adyacente, su trazado fue considerado un aspecto fundamental en el desarrollo planificado de la naciente colonia. Se dice que el Ingeniero Agustín de Aragón (quien vivía en su casona en la calle de Pino) consciente de un solar abandonado, solicitó al gobierno de la Ciudad, su activación como parque y también se le atribuye personalmente el trazado de sus avenidas internas.
Desde sus inicios, la Alameda de Santa María la Ribera fue un espacio dedicado a la recreación y el esparcimiento de los habitantes de la colonia y sus alrededores. En su diseño original, se instaló un kiosco al centro, se plantaron árboles y se colocaron bancas y faroles, elementos que contribuyeron a su encanto y funcionalidad. Pronto, la Alameda se convirtió en un punto de encuentro y convivencia social, donde los residentes y visitantes se congregaban para disfrutar de paseos, fiestas, bailes, conciertos y una variedad de actividades culturales y políticas.
Antiguamente conocida como "Jardín Hidalgo", en honor a la estatua de Miguel Hidalgo que daba la bienvenida sobre la la calle de Santa María, la Alameda pasó por etapas de gloria y abandono hasta llegar a su forma actual. En dirección a la calle de Carpio (exactamente donde hoy en día hay un pozo de agua), existía el famoso redondel, es decir una pequeña plaza circular, donde los niños y jóvenes patinaban y jugaban el fútbol "soccer" y americano.
Primera aparición del jardín Hidalgo (hoy Alameda) en el proyecto original de la Colonia (1858).
Fotografía de la Alameda sin el Kiosco Morisco 1905.
Kiosco original de la Alameda de Santa María, al fondo el Museo del Geología (1905).
A lo largo de los años, la vegetación de la Alameda ha experimentado cambios significativos, al igual que las áreas verdes que han sido cercadas y despejadas en distintas ocasiones. Las fuentes, en su momento, exhibían la elegancia de la talavera, mientras que los faroles seguían el estilo francés del Art Nouveau. Las bancas originales de 1910 también formaban parte del encanto del lugar. Sin embargo, en diversas remodelaciones fallidas, como la más reciente realizada por la Autoridad del Espacio Público durante la gestión de Marcelo Ebrard (2006-2012) el gobierno eliminó, robó, alteró y vandalizó elementos originales que le otorgaban su distintiva identidad. Hoy cuenta con cuatro pasillos centrales y ocho diagonales, cuatro fuentes, un pozo de agua, un espacio reservado para perros, y por supuesto el Kiosco Morisco en el centro.
Alrededor de la Alameda de Santa María la Ribera, se encuentran diversos puntos emblemáticos que resumen la rica historia de la colonia. Sobre la calle de Ciprés, hoy conocida como Jaime Torres Bodet, destacan lugares como la casa de María Enriqueta Camarillo, que en la actualidad alberga la Casa de Cultura. También se encuentra el Colegio Grassetau, la pozolería "El Corral de Chivo" y la antigua residencia del crítico de toros Luis Tellez, que previamente fue sede del PRI local. En la calle Carpio, se encontraba el cine Majestic, hoy conocido como Plaza Morisko, así como las famosas Quesadillas gigantes de la esquina con Pino.
Vecinos en el famoso Redondel.
Antigua vista con la estatua del Miguel Hidalgo y dos jarrones coronando la entrada a la Alameda desde la calle de Santa María la Ribera
En la calle Pino (hoy Dr. Átl), se hallan la Casa Imelda, la Casona de Aragón, el Colegio Hispano Americano, la Iglesia Luterana San Pablo y el restaurante ruso Kolobok. Sobre Díaz Mirón, se encuentran la cafetería Alameda, la famosa heladería La Michoacana, la tlapalería "El Girasol" y la Papelería El Ancla. Desde hace más de una década el sonido Sincelejo ha hecho cada domingo una gran pista de baile donde los mejores bailadores de la CDMX y área metropolitana se congregan para sacar sus pasos.
A pesar de los cambios a lo largo del tiempo, la Alameda de Santa María la Ribera sigue siendo un testigo tangible de la historia de la colonia y de la Ciudad de México en general. Es un espacio que evoca la planificación urbana de antaño, la convivencia comunitaria y el valor patrimonial de la ciudad. Su conservación y protección son fundamentales para preservar este legado histórico y asegurar que las generaciones futuras puedan apreciar y disfrutar de su belleza y significado en el tejido urbano de la ciudad