Texto preparado por Ruvalcaba* para el Micrófono abierto del Museo Universitario del Chopo (25 de mayo del 2016)
Santa María la Ribera es espejo franco de México. Porque en Santa María hallarás toda la belleza, fealdad, desigualdad, riqueza, decadencia, pasado, presente y todo el futuro que tiene nuestro país. Porque aquí es igual de probable que alguien te invite a pasar a conocer su casa o que te quiten el celular en la misma cuadra. Porque hay narco y rentas de diez mil pesos. Casonas invadidas por la Asamblea de Barrios y nuevos departamentos de lujo desde cuatro millones de pesos. Porque en todas sus calles te encontrarás indigentes o verás pegados los letreros de Casa Gallina financiados por multimillonarios de San Diego y de la Bimbo, que paternalmente te sugerirán como “hacer barrio”. Santa María es una de las diez colonias más inseguras de la ciudad en este siglo pero también es histórica y centenaria. Humilde pero soberbia. Más que barrio mágico es un pueblo posmoderno. Un pueblo no tan chico con infierno y cielo muy grandes.
Por sus vetustas calles han desfilado personajes tan variopintos como Amado Nervo, Lázaro Cárdenas, José Alfredo Jiménez, Thalía, La Maldita vecindad y los hijos del quinto patio, Leon Toral, Tamara de Anda, el Doctor Átl, Chamín Correa, Hector de Mauleón, Jesús Silva Herzog, la Tariacuri, la banda del automóvil gris, Cantinflas, Cri-Cri, Rafael Acosta de Los Locos del Ritmo, Chava Flores, Alfonso Reyes, Horacio Casarín, Miguel Alemán Valdés, la Madre Conchita, José Ángel Silva “Melón”, Héctor Suárez, la China Mendoza, Alejandro Suárez, Ana Bertha Lepe, Agustín Aragón, Emilio Portes Gil, Lupe Vélez, el Padre Pro y José López Portillo.
Alzate era Mosqueta, López Velarde era Hortensia, María Enriqueta Camarillo era la Dalia, Díaz Mirón fue Camelia y las Flores, Sor Juana era Magnolia, Flores Magón era Heliotropo, Eligio Ancona era la Rosa, Carpio era Jazmín, Mariano Azuela era Álamo, Nogal era Olmo, Algunos mapas dicen que Cedro fue Olivo y Cervantes, Torres Bodet era Ciprés, González Martínez era Chopo. Fresno, Sabino y Naranjo se han llamado igual durante 157 años.
Hoy, en pleno 2016, la colonia Santa María la Ribera es un gran botín. Todo el mundo quiere un pedacito de ella: Patinetos, ciegos, inmobiliarias, grafiteros, pseudo organizaciones vecinales con intereses partidistas, universidades, becarios del FONCA, turistas profesionales, señoras del zumba, danzantes prehispánicos, vendedores ambulantes, mormones, testigos de Jehová, futbolistas, taxistas, motonetos, reggeatoneros, foodtrucks, la SNTE, la CNC, todos los partidos políticos, la porra del América, los viene viene, el INVI, hipsters, estudiantes de arquitectura, urbanistas, extranjeros. Pero la Santa María la Ribera aún tiene cabida para cada uno de sus cuarenta mil novecientos sesenta habitantes y todos sus visitantes diarios.
Sus focos fundidos por las noches, baches, basura en cada esquina, cacas de perro en todas sus banquetas, ratas de dos y cuatro patas, rieles del tranvía que ya no existe, árboles frondosos, deliciosas garnachas en cada cuadra, gastronomía proveniente de todas partes del país y del mundo, vecindades hermosas, Art Decó, Art Noveau, casonas porfirianas, cohetones, ladridos de perros, campanadas de las iglesias y del reloj del museo de Geología, la falta de agua, sus apagones, sus balcones, sus fantasmas, sus leyendas, su Cantina París, su Museo del Chopo, Museo de Aragón, el asilo “Matías Romero”, la Pulquería la Xóchitl, el Sergio Magaña, Kiosco Morisco, la Estatua de Hidalgo, El Mural de Gilberto Aceves Navarro, la Casa de los mascarones, lo que queda de la Chocolatería “la Cubana”, El Restaurant Pachuca, El Café Moka, el Microteatro, el Teatro Lúcido, la Casona de Vicente Segura, lo que queda del teatro Bernardo García y los mercados de la Bugambilia y de la Dalia. Hoy, por las calles de la Santa María te toparás a camoteros, fruteros, eloteros, boleros, herreros, afiladores, panaderos, paseadores de perros y a Wendy Moira, Francesco Orazzini, Gibrán Portela, la familia Aragón, Daniel Mendoza, Uriel López, Sara Raca, Cynthia Franco, Karloz Atl, Avi Michel, Marina Boido, Huidobro, el Brujo Mayor, Anna Elia García, Adán Castillero, Claudia Santiago, Claudia Fernández, Francesca Gargallo, Mauricio Reyes, Paco Pardo y Sebastián Campos.
Que si estamos de moda, que si la nueva Condesa. Lo único que sé, es que mientras más conozco a mi colonia, me doy cuenta que más la quiero y menos la conozco. Lo único que sé es que sólo en alguna noche lluviosa de domingo en la Alameda, cuando todos se han ido ya, puedo entender lo que dijo Ramón López Velarde de ella hace casi 100 años: “Soy aficionado de la Colonia de Santa María. Más de una vez me he defendido del ajetreo del centro en su remanso, que quiere ser inculto. Es cierto; no falta una bocina de automóvil, un timbre de tren eléctrico, un foco de claridad de escarcha. Pero domina, al fin, la indocta apariencia de la colonia, su fatalista descuido, su paz soñolienta. Las estrellas se acercan a nuestra cabeza; la salud del aire se bebe”.