H I S P A L I N K
MODELIZACION REGIONAL INTEGRADA
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MODELIZACION REGIONAL INTEGRADA
Redacción: Ana M. López, Instituto L.R.Klein-UAM, Coordinadora red Hispalink.
Cierre de predicciones: 1 octubre 2026
La red de equipos universitarios HISPALINK presenta la actualización semestral de sus predicciones de crecimiento económico regional en España. En esta edición se revisan las estimaciones correspondientes a 2026 y se amplía el horizonte de predicción a los años 2027 y 2028, incorporando la información económica disponible y los principales cambios registrados en el entorno nacional e internacional. Como punto de partida para el análisis regional se utilizan los resultados de 2025 estimados por la propia red, dado que la estimación de avance de la Contabilidad Regional de España (CRE) del Instituto Nacional de Estadística (INE) no se publicó hasta el 30 de septiembre de 2026, cuando el proceso de elaboración de estas predicciones se encontraba ya en curso.
Un análisis posible gracias a la contribución desinteresada y al trabajo conjunto de una red de equipos de investigación vinculados a diversas universidades españolas, comprometidos con la generación y difusión de conocimiento económico riguroso y útil para la sociedad.
Entorno internacional
El entorno mundial continúa caracterizado por una elevada incertidumbre y por la sucesión de perturbaciones geopolíticas, comerciales y energéticas que condicionan las perspectivas de crecimiento y dificultan el ejercicio de la predicción económica. A las tensiones comerciales y al aumento de las barreras al comercio internacional se ha añadido durante 2026 un nuevo deterioro del escenario geopolítico, con particular incidencia sobre los mercados energéticos y las cadenas globales de suministro. Pese a estos condicionantes, la actividad económica mundial viene mostrando una capacidad de resistencia superior a la inicialmente prevista, aunque con diferencias significativas entre economías y con riesgos todavía elevados. En este contexto, la fragmentación geoeconómica, la evolución de los conflictos internacionales, las tensiones comerciales y la volatilidad de los precios energéticos continúan constituyendo importantes factores de incertidumbre para las decisiones de consumo e inversión.
Las tensiones geopolíticas continúan teniendo una incidencia directa sobre el comercio internacional y los mercados de materias primas, especialmente a través de los principales corredores marítimos y energéticos. A los problemas logísticos que vienen afectando al mar Rojo y al canal de Suez se han añadido durante 2026 nuevas perturbaciones en Oriente Medio, con efectos particularmente significativos sobre los mercados energéticos. El encarecimiento de la energía y la alteración de determinadas rutas comerciales vuelven así a constituir factores de presión sobre los costes de producción y transporte y sobre las cadenas globales de suministro. La intensidad y duración de estas perturbaciones constituyen uno de los principales elementos de riesgo para la evolución de la inflación y añaden más incertidumbre acerca del desempeño del crecimiento mundial en los próximos meses.
En este escenario, la economía mundial mantiene en 2026 un crecimiento moderado pero resistente, aunque condicionado por una geoeconomía más fragmentada y por la coexistencia de perturbaciones comerciales, geopolíticas y energéticas. En su actualización de julio, el Fondo Monetario Internacional (FMI) sitúa el crecimiento del PIB mundial en el 3,0% en 2026 y anticipa una posible aceleración hasta el 3,4% en 2027 (International Monetary Fund, World Economic Outlook Update, julio 2026). El comportamiento resulta, no obstante, desigual entre economías: mientras el shock derivado de los conflictos internacionales está afectando especialmente a los países importadores de energía y a las economías más vulnerables, la expansión de la inversión y la demanda relacionadas con la Inteligencia Artificial (IA) está favoreciendo a las economías más integradas en las cadenas globales de valor tecnológicas. Asimismo, el FMI advierte de que el proceso de desinflación global se ha frenado y de que persisten riesgos asociados a una eventual intensificación de los conflictos y a posibles correcciones en los mercados financieros.
Por su parte, el Banco Mundial (Global Economic Prospects, World Bank Group, junio 2026) dibuja un escenario algo menos favorable y sitúa el crecimiento mundial en el 2,5% en 2026, condicionado de manera significativa por las perturbaciones geopolíticas y el encarecimiento de la energía. La institución prevé una recuperación posterior de la actividad a medida que se normalice el suministro energético y se fortalezca el comercio internacional. No obstante, considera que los riesgos continúan sesgados a la baja. Entre ellos, destacan una posible intensificación de los conflictos, nuevas alteraciones en los mercados de materias primas y la persistencia de la incertidumbre económica. El elevado endeudamiento y el consiguiente aumento de los costes de financiación constituyen, además, importantes restricciones para numerosas economías emergentes y en desarrollo
Atendiendo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en su informe intermedio de septiembre de 2026, presenta igualmente un escenario de crecimiento resistente frente a la sucesión de perturbaciones recientes (OECD, OECD Economic Outlook, Interim Report September 2026). La OCDE sitúa el crecimiento del PIB mundial en el 2,9% en 2026 y prevé una ligera aceleración hasta el 3,0% en 2027. Sin embargo, el escenario continúa condicionado por las tensiones en los mercados energéticos, las presiones inflacionistas y unas condiciones financieras que pueden limitar el dinamismo de la demanda. En consecuencia, la relativa estabilidad del crecimiento mundial no elimina unos riesgos que continúan vinculados a la evolución de los precios energéticos, la inflación y la incertidumbre internacional.
Desde una perspectiva más estructural, Naciones Unidas sigue poniendo el foco en las limitaciones que condicionan el crecimiento mundial a medio plazo: el elevado endeudamiento, la debilidad de la inversión y el reducido margen fiscal de numerosas economías vulnerables. Estos factores se combinan con las tensiones económicas, geopolíticas, tecnológicas y climáticas, configurando un escenario especialmente complejo para las economías con menor capacidad de respuesta ante una eventual intensificación de las perturbaciones existentes. Por tanto, más allá de la relativa resiliencia mostrada por la actividad mundial, persisten importantes vulnerabilidades que dificultan la convergencia económica y el avance hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Finalmente, el Global Risks Report 2026 del World Economic Forum (WEF) refuerza la caracterización de un entorno internacional crecientemente fragmentado, en el que la confrontación geoeconómica, las tensiones entre Estados y la proliferación de medidas comerciales y estratégicas están alterando las relaciones económicas internacionales. En conjunto, las perspectivas para 2026-2027 muestran una economía mundial más resistente de lo que cabría esperar ante la sucesión de perturbaciones, pero también más vulnerable a nuevos shocks. El crecimiento continúa apoyándose en la capacidad de adaptación de las economías y en el impulso de la inversión tecnológica, mientras que los conflictos geopolíticos, las tensiones comerciales, el encarecimiento de la energía y unas condiciones financieras más exigentes constituyen los principales factores de riesgo para el horizonte de predicción.
Entorno europeo
En Europa, las perspectivas económicas continúan condicionadas por un entorno internacional complejo, marcado por la incertidumbre geopolítica, las tensiones comerciales y, más recientemente, por el nuevo shock energético derivado del conflicto en Oriente Medio. El aumento de los precios de la energía ha introducido nuevas presiones sobre los costes de producción y la inflación, afectando especialmente a las economías y ramas productivas más intensivas en energía. A ello se suman la persistencia de las tensiones comerciales internacionales y los problemas de competitividad que afectan a determinados sectores de la industria europea, en un contexto de moderado crecimiento de la demanda exterior. Precisamente, la Comisión Europea identifica el conflicto de Oriente Medio y el nuevo shock energético como factores fundamentales que han debilitado la actividad y reavivado la inflación (European Economic Forecast, European Commission, Spring 2026).
Pese a estos condicionantes, la economía europea ha mostrado una capacidad de resistencia superior a la inicialmente prevista. Los datos del segundo trimestre de 2026 reflejan una recuperación de la actividad, mientras que los indicadores más recientes apuntan a que el crecimiento puede mantener cierto dinamismo a corto plazo. El BCE destaca que la economía de la zona del euro ha resistido mejor de lo esperado los efectos del conflicto en Oriente Medio, apoyada en la fortaleza de la demanda interna y del mercado laboral. No obstante, el repunte de los precios energéticos ha interrumpido temporalmente el proceso de desinflación y mantiene elevada la incertidumbre acerca de la intensidad y duración del impacto sobre la actividad y los precios. En el segundo trimestre de 2026 el PIB aumentó un 0,6% trimestral en la zona euro y un 0,7% en la UE, frente al estancamiento de la zona euro en el primer trimestre (Eurostatistics, Eurostat, septiembre 2026).
Las previsiones económicas de primavera de 2026 de la Comisión Europea, publicadas en mayo, ya incorporaron este cambio del escenario internacional y revisaron a la baja las perspectivas de crecimiento de la economía europea (European Commission, European Economic Forecast, Spring 2026). La Comisión atribuye este debilitamiento fundamentalmente al nuevo shock energético provocado por el conflicto en Oriente Medio, que ha elevado nuevamente las presiones inflacionistas y deteriorado la confianza económica. De este modo, el escenario europeo combina un menor dinamismo de la actividad con la reaparición de presiones sobre los precios, aunque el impacto presenta diferencias significativas entre los Estados miembros según su estructura productiva, dependencia energética y exposición al comercio internacional.
En cuanto a la zona del euro, las proyecciones más recientes del BCE, publicadas en septiembre, sitúan el crecimiento del PIB real en el 0,9% en 2026, con una aceleración posterior hasta el 1,4% en 2027 y el 1,5% en 2028. Estas previsiones suponen una ligera revisión al alza respecto a las presentadas en junio y reflejan unos resultados de actividad mejores de lo esperado y una evolución favorable de los indicadores de corto plazo. El crecimiento continuará respaldado, principalmente, por la demanda interna, la recuperación de las rentas reales y la resistencia del mercado laboral, mientras que el fortalecimiento progresivo de la demanda exterior favorecería una recuperación de las exportaciones. No obstante, persisten problemas de competitividad que podrían limitar el dinamismo del sector exterior europeo (ECB staff macroeconomic projections for the euro area, European Central Bank, septiembre 2026).
A medio plazo, el BCE anticipa una progresiva normalización del crecimiento conforme disminuya el impacto del shock energético. La demanda interna debería continuar desempeñando un papel fundamental, respaldada por la recuperación de las rentas reales y por un mercado laboral que mantiene una notable resistencia. A estos factores se añadiría el aumento del gasto público en infraestructuras y defensa, especialmente significativo en Alemania, así como la inversión relacionada con la Inteligencia Artificial. Por el contrario, la persistencia de problemas de competitividad y la menor especialización europea en las actividades más directamente vinculadas a la actual expansión tecnológica podrían limitar la contribución del sector exterior al crecimiento.
La OCDE presenta una valoración algo más prudente. En su informe intermedio de septiembre de 2026 prevé que la zona del euro crezca un 1,0% tanto en 2026 como en 2027. Según este escenario, el reciente aumento de los precios energéticos y unas condiciones financieras más restrictivas continuarán pesando sobre la actividad a corto plazo, aunque estos efectos deberían moderarse conforme se normalicen los mercados energéticos y adquieran mayor impulso las nuevas iniciativas de gasto en defensa. En todo caso, las previsiones de los diferentes organismos coinciden en señalar un crecimiento europeo reducido en comparación con otras grandes áreas económicas, condicionado por la evolución de la energía, la competitividad y la incertidumbre internacional.
Un factor adicional de presión sobre la industria europea procede de la profunda transformación que atraviesa el sector del automóvil, sometido a una creciente competencia internacional y a una rápida transición tecnológica hacia el vehículo eléctrico, conectado y automatizado. La creciente presencia de fabricantes chinos, especialmente en los segmentos asociados a la movilidad eléctrica, está intensificando la competencia y poniendo de manifiesto algunas debilidades de la industria europea en ámbitos estratégicos como las baterías, el software y determinadas tecnologías vinculadas al vehículo eléctrico. Este escenario está obligando a acelerar los procesos de innovación, reducir las dependencias exteriores y reforzar las cadenas de suministro europeas, al tiempo que se afrontan los costes derivados de la transición tecnológica y energética. La respuesta europea se orienta precisamente a recuperar competitividad, desarrollar una cadena de valor propia de baterías y reforzar la capacidad tecnológica e industrial del sector (European Commission, Action plan on the future of the automotive sector).
En paralelo, el aumento del gasto europeo en defensa está abriendo nuevas posibilidades de diversificación para una parte de la capacidad productiva y tecnológica vinculada a la automoción. La elevada cualificación de su capital humano, su experiencia en fabricación a gran escala y la existencia de tecnologías susceptibles de aplicaciones duales facilitan posibles sinergias entre ambas industrias, especialmente en ámbitos relacionados con vehículos, logística, electrónica, software y sistemas avanzados de producción. Más que una reconversión generalizada de la industria automovilística hacia la defensa, cabe contemplar un proceso selectivo de diversificación y aprovechamiento de capacidades productivas, que podría contribuir a absorber parte de la capacidad disponible y favorecer nuevas inversiones industriales. Esta posibilidad adquiere especial relevancia en un momento en el que la Unión Europea trata de reforzar simultáneamente su autonomía estratégica, su capacidad de defensa y la competitividad de su base industrial (European Commission, EU Defence Industry Transformation Roadmap, agosto 2026).
En conjunto, esta evolución continúa mostrando una marcada heterogeneidad entre las economías europeas, que responden de forma desigual a los shocks comerciales y energéticos en función de su especialización productiva, dependencia energética y exposición a las cadenas globales de valor. Las economías y regiones con una mayor presencia de sectores industriales intensivos en energía o especialmente orientados a la exportación siguen siendo más vulnerables a las perturbaciones externas y a los problemas de competitividad. No obstante, comienzan a aparecer algunas señales de recuperación de la actividad industrial, al tiempo que el aumento previsto de la inversión pública en infraestructuras y defensa puede proporcionar un impulso adicional a determinadas economías. En este contexto, las diferencias en la estructura productiva seguirán siendo determinantes para explicar la intensidad y composición del crecimiento económico europeo.
Por último, el escenario europeo plantea un difícil equilibrio para la política fiscal. Por una parte, los elevados niveles de deuda y la necesidad de garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas limitan el margen de actuación en numerosos Estados miembros. Por otra, el aumento de las necesidades de inversión en defensa, infraestructuras, seguridad energética y transformación tecnológica exige movilizar un volumen creciente de recursos públicos y privados. Esta mayor inversión puede actuar como soporte del crecimiento a medio plazo, pero deberá compatibilizarse con los compromisos de consolidación fiscal. La capacidad para combinar ambas exigencias será especialmente relevante para reforzar la competitividad, la autonomía estratégica y el potencial de crecimiento de la economía europea.
Entorno nacional
En un contexto internacional marcado por una elevada incertidumbre geoeconómica, las tensiones comerciales y energéticas y un crecimiento moderado en la Unión Europea (UE), la economía española continúa mostrando un dinamismo significativamente superior al promedio europeo. Este comportamiento se apoya, fundamentalmente, en la fortaleza de la demanda interna, la resiliencia del mercado laboral y el comportamiento favorable de la inversión. Según las previsiones de primavera de la Comisión Europea, publicadas antes de conocerse la estimación avance de la Contabilidad Nacional para 2025, la economía española avanzaría un 2,4% en 2026 y un 1,9% en 2027, manteniéndose así entre las economías europeas con mayor dinamismo, pese al impacto adverso del conflicto en Oriente Medio (Economic Forecast for Spain, European Commission, mayo 2026)
De este modo, España ha consolidado un patrón de crecimiento sustentado, principalmente, en la demanda interna, que seguirá actuando como principal soporte de la actividad en 2026. El consumo privado se mantiene respaldado por la creación de empleo y el aumento de la población activa en un contexto de persistencia de los flujos migratorios. A su vez, la inversión continúa favorecida por la ejecución del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), por la favorable situación financiera de las empresas y por el dinamismo de la formación de capital, particularmente en construcción y activos intangibles. Frente a este comportamiento de la demanda interna, la contribución del sector exterior será previsiblemente más limitada, condicionada por el moderado crecimiento europeo y la incertidumbre que afecta al comercio internacional. Precisamente, estas circunstancias explican por qué pueden existir diferencias regionales dependiendo de la especialización productiva y exportadora.
Las previsiones más recientes de la OCDE confirman esta fortaleza relativa de la economía española. En su actualización de septiembre, el organismo ha revisado al alza su estimación de crecimiento para España en 2026, hasta el 2,6%, mientras que para 2027 prevé una moderación hasta el 1,8%. Esta revisión responde al sólido comportamiento de la demanda interna observado durante el segundo trimestre y sitúa a España en una posición claramente más favorable que la eurozona. No obstante, el escenario contempla una progresiva desaceleración de la actividad y unas mayores presiones inflacionistas asociadas, principalmente, al deterioro del contexto energético internacional
Los principales riesgos para el escenario descrito continúan procediendo, fundamentalmente, del entorno exterior. La persistencia o intensificación de las tensiones geopolíticas podría prolongar las perturbaciones en los mercados energéticos, presionando sobre la inflación y los costes de producción y reduciendo el poder adquisitivo de los hogares. A ello se añaden el reducido crecimiento previsto para los principales socios europeos, las tensiones comerciales internacionales y el riesgo de un debilitamiento de la actividad turística, especialmente si el aumento de los costes de transporte o nuevas perturbaciones afectan a los desplazamientos internacionales. En el ámbito interno, un deterioro de la confianza podría traducirse en decisiones más cautelosas de consumo e inversión, debilitando, precisamente, los componentes de la demanda que actualmente sostienen el crecimiento.
Por su parte, el Banco de España mantiene en sus últimas proyecciones un escenario de crecimiento sólido, aunque gradualmente más moderado. Sus estimaciones de junio sitúan el avance del PIB en el 2,3% en 2026 y en el 1,7% en 2027. La institución destaca la notable resiliencia de la economía española en un contexto internacional adverso, apoyada en el dinamismo del empleo y de los flujos migratorios. No obstante, persisten factores de signo contrapuesto: el deterioro del entorno internacional limita el crecimiento, mientras que una evolución de la actividad mejor de la esperada y, posteriormente, el mayor crecimiento de la población contribuyen a sostenerlo (Macroeconomic projections and quarterly report on the Spanish economy, Banco de España, junio 2026).
En esta misma línea, las últimas estimaciones de CEPREDE confirman la notable resistencia de la economía española durante 2026, pese al deterioro del entorno internacional y a la incidencia de las tensiones geopolíticas y energéticas sobre la actividad y los precios. En su informe de septiembre, CEPREDE sitúa el crecimiento del PIB español en el 2,7% en 2026 y anticipa una moderación hasta el 2,1% en 2027. La evolución reciente respalda este escenario, tras registrar la economía española un avance del 0,7% en el segundo trimestre, apoyado en la fortaleza de la demanda interna y en el favorable comportamiento de los servicios y la construcción, mientras que la actividad industrial mantiene un crecimiento más contenido. En este escenario, la fortaleza del empleo y del consumo, junto con el comportamiento de la inversión, continúan actuando como soportes de la actividad. Para 2027 se prevé, por tanto, una desaceleración gradual del ritmo de crecimiento, en un contexto condicionado por el repunte de la inflación asociado al encarecimiento energético, unas condiciones monetarias más restrictivas y la debilidad de las principales economías europeas.
En definitiva, la evolución de la economía española a lo largo de 2026 está confirmando una capacidad de resistencia notable frente al deterioro del contexto internacional. La fortaleza de la demanda interna, el dinamismo del mercado laboral, el crecimiento de la inversión y el impulso todavía asociado a los fondos europeos permiten mantener unas perspectivas de crecimiento significativamente superiores a las de la zona del euro. No obstante, el escenario continúa sujeto a importantes riesgos derivados de la evolución de los precios energéticos, las tensiones geopolíticas y comerciales, el reducido crecimiento de las principales economías europeas y las presiones inflacionistas. Todo ello apunta hacia una moderación gradual del crecimiento en los próximos años, aunque manteniendo un diferencial favorable respecto al entorno europeo.
Finalmente, sobre la base del escenario nacional de referencia y como resultado de la agregación de las predicciones regionales de HISPALINK, se estima que la economía española crecerá un 2,7% en 2026, revisándose al alza la previsión realizada a comienzos de año. Para los próximos ejercicios se anticipa una moderación gradual del ritmo de avance, hasta el 2,1% en 2027 y el 1,6% en 2028. La nueva estimación para 2026 confirma, por tanto, una resistencia de la economía española superior a la inicialmente contemplada y mantiene un amplio diferencial positivo respecto a la eurozona. Sin embargo, a medio plazo, las previsiones apuntan hacia una progresiva normalización del crecimiento, en un contexto caracterizado por la desaceleración de algunos de los impulsos que han sustentado la expansión reciente y por la persistencia de importantes riesgos internacionales.
De acuerdo con estas estimaciones, el crecimiento previsto por HISPALINK para España en 2026 supera en 1,8 puntos porcentuales la previsión del BCE para la zona del euro, situada en el 0,9%, confirmando el notable diferencial de crecimiento de la economía española respecto a su entorno europeo.
Perspectivas de crecimiento regional
El crecimiento por comunidades autónomas en 2025 confirma una evolución favorable, aunque con una apreciable heterogeneidad territorial. Según la estimación avance de la Contabilidad Regional de España publicada por el INE el 30 de septiembre de 2026, frente a un crecimiento del PIB nacional del 2,6%, la Región de Murcia se situó a la cabeza del crecimiento regional, con un avance del 3,8%, seguida de Extremadura (3,2%) y de La Rioja y Castilla y León (3,0% en ambos casos). También por encima del promedio nacional se situaron Galicia (2,9%), Andalucía y Castilla-La Mancha (2,8% ambas), y la Comunidad de Madrid y Aragón (2,7% ambas). En el extremo contrario, Cantabria registró el crecimiento más moderado (1,7%), seguida del Principado de Asturias y el País Vasco (1,9% en ambos casos) y Canarias (2,1%). Pese a estas diferencias, todas las comunidades autónomas crecieron por encima del 1,4% registrado por la UE-27.
Esta diversidad en los ritmos de crecimiento responde a la heterogeneidad de las estructuras productivas regionales y a la diferente evolución de sus principales componentes de actividad. Los resultados de 2025 constituyen, por tanto, un punto de partida relevante para interpretar tanto las diferencias previstas para 2026 como su evolución a lo largo del horizonte de predicción (Tablas 1 y 2).
Para 2026, las nuevas predicciones de HISPALINK mantienen un crecimiento generalizado de las economías regionales, aunque con diferencias apreciables en su intensidad (Gráficos 1 y 2). La horquilla de crecimiento se sitúa entre el 3,0% previsto para la Comunidad de Madrid y la Región de Murcia y el 2,0% de Asturias, frente a un crecimiento del 2,7% para el conjunto de España. Andalucía, con un 2,9%, se sitúa igualmente entre las comunidades más dinámicas, mientras que Canarias y Cataluña registrarían un avance del 2,7%, en línea con el promedio nacional. En conjunto, las previsiones reflejan la fortaleza de la demanda interna y del empleo, junto con una contribución positiva de los servicios y de la inversión, aunque con una incidencia desigual según la estructura productiva de cada territorio.
La composición del crecimiento regional en 2026 presenta, además, algunos cambios respecto a los últimos ejercicios. El turismo continúa proporcionando un soporte relevante a la actividad en los archipiélagos y en numerosas regiones del arco mediterráneo, aunque comienzan a apreciarse señales de moderación tras la intensa expansión de los últimos años. Junto a las actividades turísticas, adquieren especial relevancia las exportaciones de servicios no turísticos, que favorecen particularmente a las economías con mayor especialización en servicios avanzados, entre ellas Madrid y Cataluña. Por otra parte, el dinamismo del consumo y del empleo continúa sosteniendo la actividad en buena parte de las comunidades, mientras que la construcción residencial gana protagonismo como factor de crecimiento en determinados territorios.
Tabla 1. Crecimiento regional 2026-2028
Fuente: Hispalink, octubre 2026
Gráfico 1. Revisión de las predicciones de crecimiento económico regional para 2026, tasa variación anual del PIB real
(comparativa predicción actual octubre 2026 vs enero 2026
Tabla 2. Crecimiento regional y detalle sectorial en 2026
Fuente: Hispalink, octubre 2026
En sentido contrario, el debilitamiento del entorno exterior y el encarecimiento de la energía introducen un factor de diferenciación relevante entre las economías regionales. Su incidencia resulta potencialmente mayor en aquellas comunidades con mayor especialización industrial, intensidad energética y exposición a los mercados exteriores. Las dificultades en las cadenas de suministro y el moderado crecimiento de la demanda europea pueden limitar especialmente la actividad de determinadas ramas manufactureras y exportadoras. Estos factores contribuyen a explicar el menor dinamismo previsto en algunas economías con mayor especialización industrial y exposición exterior, varias de ellas situadas en el norte peninsular, aunque su evolución dependerá también de la recuperación de las exportaciones de bienes y del comportamiento de la inversión industrial.
Las perspectivas económicas regionales para el periodo 2026-2028 apuntan, en términos generales, hacia una desaceleración gradual de los ritmos de crecimiento, aunque con diferencias tanto en su intensidad como en su composición sectorial. En 2026, los principales soportes comunes continúan siendo el consumo privado y el empleo, el dinamismo de determinadas actividades de servicios y la inversión, con un protagonismo creciente de la construcción en algunas comunidades. A medida que avance el horizonte de predicción, la finalización de los proyectos asociados al PRTR, la moderación prevista de algunos segmentos de la demanda y el debilitamiento del impulso turístico pueden reducir su contribución al crecimiento. Al mismo tiempo, una eventual recuperación de la demanda europea y de las exportaciones de bienes podría favorecer relativamente más a las economías con mayor especialización industrial y exportadora (Tablas 3 y 4).
Un factor adicional que puede contribuir a explicar la moderación prevista a partir de 2027 es la finalización del periodo de ejecución de los proyectos asociados a los fondos Next Generation EU (NGEU). Durante los últimos años, estos recursos han proporcionado un importante soporte a la inversión y han favorecido el desarrollo de proyectos vinculados a la transformación digital, la transición energética y la modernización del tejido productivo. El agotamiento de este impulso plantea el reto de dar continuidad a partir de 2027 a las inversiones y actuaciones ya iniciadas, evitando que la finalización de los fondos europeos se traduzca en una pérdida de dinamismo de los procesos de transformación digital y verde. Este efecto puede presentar, además, una incidencia territorial desigual, en función tanto del peso que los proyectos financiados con estos fondos hayan adquirido en cada economía regional como de la capacidad de movilizar nuevas fuentes de inversión pública y privada que permitan dar continuidad a las actuaciones en marcha.
Los factores de riesgo presentan, igualmente, una incidencia territorial desigual. La finalización del impulso asociado a los fondos europeos puede afectar en mayor medida a las comunidades en las que estos recursos han tenido un mayor peso sobre la inversión, mientras que la evolución de los precios energéticos y de las cadenas de suministro resulta especialmente relevante para las regiones de mayor especialización industrial. A ello se añaden las tensiones existentes en el mercado de la vivienda en las áreas de fuerte crecimiento demográfico, así como la persistente incertidumbre comercial y geopolítica.
Frente a estos riesgos, la inversión residencial, las exportaciones de servicios no turísticos y, en determinadas regiones, las nuevas inversiones vinculadas a actividades estratégicas pueden actuar como factores compensadores. Por otro lado, el aumento de la inversión en defensa puede introducir un factor compensador para algunas regiones de elevada especialización industrial. Así, algunas regiones del norte como Asturias, Galicia, Navarra y País Vasco junto con Madrid podrían encontrarse entre las comunidades más beneficiadas por un aumento del gasto en defensa debido al peso de actividades directa o indirectamente vinculadas a esta industria.
Gráfico 2. Previsión de ranking de crecimiento económico regional para 2026 (tasa variación anual del PIB real)
Desde la perspectiva de la convergencia regional, el crecimiento del PIB no debe interpretarse de forma aislada de la evolución demográfica y de la productividad. Las comunidades con mayor crecimiento de la población y del empleo pueden registrar avances elevados de la actividad agregada sin que ello se traduzca con la misma intensidad en ganancias de PIB por habitante. Al mismo tiempo, el envejecimiento de la población y las dificultades para garantizar una oferta laboral suficiente continúan condicionando las perspectivas de determinadas regiones, especialmente en los territorios con una dinámica demográfica menos favorable. Los flujos migratorios están contribuyendo a ampliar la oferta de trabajo y a sostener la actividad en buena parte del territorio, mientras que las diferencias regionales de productividad, capital humano, capacidad innovadora e inversión continúan constituyendo factores determinantes para la convergencia real a medio plazo.
En todo caso, debe subrayarse que, dado el elevado grado de incertidumbre que continúa caracterizando el entorno económico internacional, las predicciones para el periodo 2027-2028 deben interpretarse con la cautela necesaria y como una estimación de la tendencia subyacente de las distintas ramas productivas regionales, elaborada a partir del escenario previsto para el conjunto de la economía española proporcionado por CEPREDE y el Instituto L.R.Klein-UAM. La evolución de los conflictos geopolíticos, los precios energéticos, las relaciones comerciales internacionales y la demanda europea constituye una fuente de riesgo para este escenario, cuya incidencia puede diferir significativamente entre comunidades autónomas en función de su estructura productiva, apertura exterior, intensidad energética y especialización sectorial.
Tabla 3. Crecimiento regional y detalle sectorial en 2027
Fuente: Hispalink, octubre 2026
Tabla 4. Crecimiento regional y detalle sectorial en 2028
Fuente: Hispalink, octubre 2026
Redacción: Ana M. López, Instituto L.R.Klein-UAM, Coordinadora red Hispalink.
Cierre de predicciones: 20 enero 2026
Situación actual y Perspectivas de las regiones de España
octubre 2026
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