H I S P A L I N K
MODELIZACION REGIONAL INTEGRADA
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MODELIZACION REGIONAL INTEGRADA
Redacción: Ana M. López, Instituto L.R.Klein-UAM, Coordinadora red Hispalink.
Cierre de predicciones: 20 enero 2026
La red de equipos universitarios HISPALINK presenta la actualización semestral de las predicciones de crecimiento económico regional en España. En esta edición se ofrece la revisión del cierre del año 2025, así como las perspectivas de evolución para los años 2026 y 2027, atendiendo el contexto económico actual. El análisis parte de las estimaciones de avance correspondientes al año 2024 publicadas en la Contabilidad Regional de España del Instituto Nacional de Estadística (INE). A finales de 2026 se difundirá el primer avance oficial del crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) por comunidades autónomas (CC.AA.) relativo a 2025, elaborado por el INE. Hasta entonces, las previsiones que se recogen en este informe proporcionan una estimación anticipada de la evolución económica regional.
Un análisis realizado gracias a la contribución desinteresada de una red de equipos investigadores vinculados a diversas universidades españolas, cuya labor se orienta a la generación y difusión de conocimiento económico para la sociedad.
Entorno internacional
El entorno mundial continúa mostrando más incógnitas que certezas, como ya se señalaba en el informe previo. El panorama global atraviesa un periodo de profunda transformación, marcado por un incremento de la incertidumbre y por riesgos geopolíticos persistentemente elevados. Los indicadores de incertidumbre de política económica (Global Economic Policy Uncertainty Index GEPU) se mantienen en cotas altas, lastrados por los cambios arancelarios introducidos en 2025, que siguen afectando negativamente a la inversión y al comercio. Paralelamente, la intensificación de los conflictos y el aumento de la fragmentación geopolítica repercuten, en grados distintos según la exposición de cada economía, en la capacidad para sostener un crecimiento estable. La imposición de aranceles significativos sobre las importaciones estadounidenses ha perturbado los flujos comerciales, debilitando la confianza y generado un efecto dominó a escala global. Todo ello configura un cambio de paradigma, en el que incluso se cuestionan principios fundamentales del Estado de derecho, alimentando una incertidumbre que, previsiblemente, persistirá en los próximos meses.
La incidencia de las tensiones geopolíticas se suma a los problemas logísticos que continúan afectando al comercio mundial, especialmente en los conocidos choke points o rutas marítimas estrechas y estratégicas. Las disrupciones en el mar Rojo prolongadas desde finales de 2023, siguen alterando rutas y costes, interrumpiendo el tráfico marítimo de mercancías (Freightos). Desde entonces, la mayor parte de los buques portacontenedores ha evitado el mar Rojo y el canal de Suez, optando por rodear el cabo de Buena Esperanza, una ruta sensiblemente más larga. Este desvío ha modificado los patrones del transporte marítimo mundial, reduciendo la disponibilidad de capacidad y desempeñando un papel central en la evolución de las tarifas y los plazos de entrega del transporte marítimo de mercancías durante el último año.
En este escenario, la economía mundial inicia el año 2026 con un crecimiento moderado pero resistente, condicionado por una geoeconomía más fragmentada, tensiones comerciales persistentes y un mapa de riesgos dominado por la confrontación geoeconómica. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé un crecimiento del PIB mundial del 3,3% en 2026, y del orden del 3,2% en 2027, impulsado por la inversión tecnológica, especialmente en la Inteligencia Artificial (IA), y por unas condiciones financieras algo más acomodaticias. No obstante, persisten riesgos a la baja si las expectativas de mejoras de productividad asociadas a la IA no se materializan o si se intensifican las tensiones comerciales y la incertidumbre geopolítica.
Por su parte, el Banco Mundial (BM) señala que la economía mundial está demostrando una resiliencia mayor de la esperada, pese a las persistentes tensiones comerciales y la nombrada incertidumbre geopolítica. El BM proyecta un avance más moderado que el del FMI: un 2,6% en 2026 y un 2,7% en 2027. Advierte, además, de que esta década podría registrar el peor crecimiento medio desde los años sesenta, con una cuarta parte de las economías en desarrollo aún por debajo del PIB per cápita de 2019 (prepandemia). Subraya también la persistencia de desigualdad entre economías avanzadas y en desarrollo.
En otro orden, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se refiere a un crecimiento resiliente, pero con fragilidades crecientes. Mantiene un escenario intermedio con un aumento del PIB mundial del 2,9% en 2026 y un proceso de desinflación gradual que permitiría alcanzar los objetivos en 2027, año en el que el crecimiento del PIB mundial podría repuntar hasta el 3,1% de crecimiento. No obstante, alerta sobre riesgos financieros y la proliferación de nuevas barreras comerciales.
De forma similar, el informe The World Economic Situation and Prospects 2026 de Naciones Unidas y UNCTAD proyecta un crecimiento global del 2,7% para 2026, por debajo del promedio pre‑pandemia (3,2%). Señala mejoras de condiciones financieras, pero enfatiza el elevado endeudamiento y la debilidad de la inversión, particularmente en las economías más vulnerables. Muchas de ellas continúan afrontando cargas elevadas de deuda, un estrecho margen fiscal y un crecimiento modesto, agravado por la intensificación de las crisis climáticas. Como resultado, el progreso hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) sigue siendo distante para gran parte del mundo. El informe pone el foco en la combinación de tensiones económicas, geopolíticas y tecnológicas que está reconfigurando el panorama mundial, generando nueva incertidumbre económica y ampliando las vulnerabilidades sociales.
Finalmente, el informe Global Risks Report 2026 del World Economic Forum (WEF) sintetiza este escenario al describir un entorno global crecientemente incierto y fragmentado. El informe identifica la confrontación geoeconómica, materializada en aranceles, sanciones, controles de exportación y subsidios estratégicos, como el principal riesgo a dos años vista, por delante del conflicto interestatal, la polarización social y los eventos climáticos extremos. Según la encuesta realizada a más de 1.300 líderes, la mitad anticipa un mundo “turbulento o tormentoso” en los próximos dos años. Para el WEF está emergiendo un panorama multipolar conflictivo, donde la confrontación está sustituyendo a la cooperación, erosionando la confianza. Con riesgos globales cada vez más amplios, interconectados y acelerados, el año 2026 parece marcar el inicio de una era dominada por la competencia, con una estabilidad internacional crecientemente amenazada.
Entorno europeo
En Europa, las previsiones económicas más recientes dibujan un panorama heterogéneo, condicionado por la debilidad del comercio global, la persistencia de la incertidumbre geopolítica y las tensiones arancelarias. El incremento de las fricciones comerciales entre EE. UU. y China, acrecentadas desde 2025, continúa afectando a la industria europea a través de dos canales principales: el encarecimiento de los insumos de producción y del transporte, y el debilitamiento de la demanda externa en sectores manufactureros estratégicos.
A pesar de ello, distintos organismos (FMI, Comisión Europea y bancos centrales nacionales) coinciden en que el impacto agregado sobre el PIB europeo será moderado si no se produce una nueva escalada arancelaria. Este comportamiento relativamente resistente se explica por la creciente diversificación comercial, la fortaleza del sector servicios y la estabilidad del consumo privado. El Banco Central Europeo (BCE) destaca que, pese al entorno de incertidumbre global, la economía de la zona del euro ha mostrado una capacidad de resistencia mayor de la prevista, apoyada en un crecimiento revisado al alza y en un proceso de desinflación más firme hacia 2026.
Las previsiones económicas de otoño de 2025 de la Comisión Europea (CE) apuntan a un crecimiento continuado, aunque supeditadas a un entorno complejo. La CE proyecta que el PIB real de la UE habría crecido un 1,4% en 2025, superando las expectativas iniciales, impulsado por un aumento de las exportaciones antes de la implementación de nuevos aranceles, y por una mayor inversión en equipos y activos intangibles. La previsión de la CE es de un crecimiento europeo del 1,4% para 2026 y del 1,5% en 2027.
En cuanto a la zona del euro, el avance estimado es del 1,3% de crecimiento del PIB en 2025, con previsiones de aumento del 1,2% en 2026 y del 1,4% en 2027. Estas cifras muestran una mejora leve, aunque siguen por debajo del potencial previo a la pandemia debido a un entorno global más incierto. No obstante, el crecimiento se ve respaldado por un mercado laboral sólido, una inflación en descenso y unas condiciones de financiación algo más favorables. A ello se suma el apoyo político del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia y otras fuentes de financiación europeas que continúan amortiguando los efectos de una política fiscal más restrictiva en varios Estados miembros.
Por su parte, el BCE, según sus proyecciones de diciembre de 2025, anticipa que el PIB de la zona del euro crecerá un 1,2% en 2026 y un 1,4% en 2027, con una tasa del 1,4% para el PIB de 2025. Unas previsiones que se sustentan en el impulso de la demanda interna, en la mejora de las condiciones de financiación y en una cierta estabilización de los flujos comerciales globales. En comparación con las previsiones previas, el crecimiento del PIB se ha revisado al alza en todo el horizonte de análisis predictivo, lo que refleja unos datos mejores de lo esperado, una menor incertidumbre en materia de política comercial, una mayor demanda exterior y unos precios más bajos de las materias primas energéticas.
De hecho, la economía de la zona del euro está demostrando su resistencia a pesar del difícil entorno mundial y de la volatilidad derivada de los efectos de la anticipación de medidas frente al aumento de los aranceles comerciales estadounidenses y a la incertidumbre conexa. La demanda interna debería seguir siendo el principal motor del crecimiento de la zona del euro, respaldada por el aumento de los salarios reales y un empleo resistente, en un contexto de mercados laborales con tasas de desempleo en niveles históricamente bajos. La OCDE describe un escenario similar, estimando un crecimiento del 1,2% en 2026, sostenido por una recuperación gradual de las rentas reales y la fortaleza del empleo.
En conjunto, esta evolución positiva convive con una marcada heterogeneidad regional. Una casuística que está siendo acentuada por los efectos de los aranceles estadounidenses, la competencia china en sectores industriales estratégicos y la persistencia de cuellos de botella estructurales (energía, regulación, costes logísticos), que afecta de forma desigual a los Estados miembros No obstante, la incidencia puede ser más acusada en regiones con mayor dependencia de cadenas globales de valor o con especialización en sectores industriales intensivos en exportación (automoción, bienes de equipo, química). El incremento de medidas proteccionistas afecta tanto al volumen exportado como a la inversión, generando retrasos en decisiones empresariales y ampliación de los niveles de ahorro preventivo de los hogares. Estos hechos afectan con especial intensidad a economías como la alemana que continúa mostrando un crecimiento limitado tras varios años de debilidad industrial.
Por último, el deterioro del comercio global y la ralentización de la actividad podrían tensionar las cuentas públicas europeas. Un crecimiento más débil implicaría menores ingresos fiscales y podría dificultar el cumplimiento de las reglas fiscales reformadas del Pacto de Estabilidad. Sin embargo, el aumento del gasto en ámbitos estratégicos, como la defensa, autonomía energética e infraestructuras, previsto en numerosos estados miembros, podría actuar como una palanca de crecimiento a medio plazo.
Entorno nacional
En un contexto internacional marcado por elevada incertidumbre geoeconómica, tensiones comerciales y crecimiento moderado en la Unión Europea (UE), la economía española continúa mostrando un dinamismo superior al promedio europeo. Este comportamiento se apoya en la resiliencia del mercado laboral, la fortaleza del consumo privado y el notable desempeño del sector servicios. Según la Comisión Europea, España habría crecido un 2,9% en 2025 y moderará su ritmo de avance al 2,3% en 2026 y 2,0% en 2027, manteniéndose así entre las economías más dinámicas de la UE.
De este modo, España ha consolidado un perfil de crecimiento basado, principalmente, en la demanda interna, sostén que continuará en 2026. El consumo privado continúa respaldado por la creación de empleo, la mejora de las rentas reales y la entrada neta de inmigración, factores que impulsan tanto el gasto como la oferta laboral. Las proyecciones europeas señalan que el consumo seguirá siendo el principal motor del PIB español. La inversión se ha visto favorecida por la ejecución del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) y por unas condiciones financieras más favorables tras el giro de política monetaria del BCE. El dinamismo del sector servicios, especialmente del turismo, continúa situando a España como el segundo país más visitado del mundo según la Organización Mundial del Turismo (OMT).
La OCDE prevé que la inversión mantenga un crecimiento positivo en 2026, aunque a un ritmo más moderado. Según sus estimaciones, la economía española pasará de crecer un 2,9% en 2025 a un 2,2 % en 2026 y un 1,8 % en 2027. La fuerte creación de empleo y el crecimiento de los salarios reales seguirán sosteniendo el consumo privado, mientras que el crecimiento de las exportaciones se moderará como consecuencia de la menor demanda de los principales socios comerciales y de la normalización gradual del turismo.
Para la OCDE, los principales riesgos a la baja se relacionan con el impacto indirecto de una actividad económica más débil de lo previsto en los principales países socios comerciales de España. Esto podría afectar negativamente a la evolución de la actividad turística y provocar un prolongado periodo de comportamiento más cauteloso por parte del sector de hogares y empresas. Ello podría retrasar decisiones de inversión empresarial o mantener la tasa de ahorro de los hogares por encima de su promedio histórico. A nivel interno, una desaceleración mayor de la prevista en los flujos migratorios podría reducir el dinamismo del mercado laboral, generando, en consecuencia, unas perspectivas menos favorables para el consumo privado y la inversión.
En este contexto, el Banco de España ha elevado su proyección de crecimiento para 2026 hasta el 2,2%, cuatro décimas más que hace tres meses, apoyado en la fortaleza del consumo, el dinamismo del crédito al consumo y el mejor comportamiento del sector exterior en un contexto de menor incertidumbre comercial. Pronostica un escenario con un ritmo de crecimiento sólido, aunque contempla una desaceleración gradual hacia tasas próximas al crecimiento potencial de la economía española, estimado en torno al 2%. El consumo y la inversión continúan identificándose como los principales soportes del crecimiento.
En definitiva, la combinación de un mercado laboral dinámico, un sector servicios robusto, la persistencia de un consumo fuerte y el impulso de los fondos europeos permiten anticipar que la economía española se mantendrá entre las más expansivas de la UE en 2026. De este modo, la economía española inicia el año 2026 con una inercia de crecimiento favorable y sólido, aunque acompañado de ciertas vulnerabilidades que exigen un seguimiento, como son la evolución de los precios energéticos, las tensiones comerciales, la desaceleración europea o la necesidad de ejecutar plenamente los fondos de recuperación.
Finalmente, como resultado de la agregación de las predicciones regionales de HISPALINK, las perspectivas de la economía española se traducen en crecimientos del PIB del 2,9% en 2025, una revisión al alza respecto a la previsión realizada hace seis meses, y del orden del 2,3% en 2026, con un avance moderado del 2,1% en 2027. Este patrón de crecimiento ha permitido que España continúe superando holgadamente la media de la zona euro, cuyo avance previsto para 2026 se sitúa en torno al 1,2-1,4%.
Perspectivas de crecimiento regional
En el plano regional, el INE publicó en diciembre de 2025 la primera estimación oficial del PIB por CC.AA. correspondiente a 2024. Lideraron el crecimiento la Región de Murcia (4,4%), Canarias (4,4%) y Baleares (4,2%), mientras que las tasas más moderadas se registraron en Cantabria (2,5%) y en las ciudades autónomas. Todas las regiones crecieron por encima de la UE‑27.
El punto de partida para analizar el desempeño regional, recogido en la Tabla 1, es el escenario de cierre del ejercicio de 2025, con un crecimiento del PIB de España del 2,9% respecto a 2024, reflejando un notable dinamismo. Las revisiones al alza se explican, por un lado, por la publicación de los últimos datos de la contabilidad nacional, que han elevado la estimación del ritmo de actividad de los trimestres recientes, y, por otro lado, por la fortaleza del consumo privado, que ha superado las expectativas, junto con una valoración más favorable del sector exterior, gracias al avance significativo de las exportaciones de servicios no turísticos (Gráfico 1).
El crecimiento por CC.AA. muestra una evolución heterogénea, desde el crecimiento máximo del 3,4% de la Comunidad de Madrid al ritmo del 2,4% de Castilla La Mancha para el cierre de 2025. En conjunto, todas las CC.AA. mantienen un dinamismo superior al europeo. Se prolonga, así, el patrón observado en 2024, con los servicios y el turismo impulsando a las regiones mediterráneas, Madrid y los archipiélagos, mientras que varias regiones del norte y la cornisa cantábrica avanzan en línea o ligeramente por debajo de la media nacional debido a la menor fortaleza del comercio de bienes (Tabla 2).
Tabla 1. Crecimiento regional 2025-2027
Fuente: Hispalink, enero 2026
Gráfico 1. Revisión de las predicciones de crecimiento económico regional para 2026, tasa variación anual del PIB real
(comparativa predicción actual enero 2026 vs junio 2025
Tabla 2. Crecimiento regional y detalle sectorial en 2025
Fuente: Hispalink, enero 2026
Para 2026, se observa un avance similar en la intensidad del crecimiento regional (Gráfico 2). De hecho, la horquilla de tasas se sitúa entre el 2,6% de Baleares a la tasa del 1,7% de Asturias, marcando un diferencial de 0,9 puntos porcentuales, con quince regiones que crecen por encima del 2,0%, una referencia importante considerando que la zona euro crecerá en el entorno del 1,2% en 2026. De este modo, se confirma, igual que hace seis meses, un impulso que proviene de la demanda interna (consumo e inversión) y de unas exportaciones de servicios resilientes, mientras que la contribución exterior neta de bienes seguiría contenida.
El dinamismo turístico continúa beneficiando a determinadas regiones, especialmente archipiélagos y arco mediterráneo, por las dificultades que afrontan otros destinos acuciados por tensiones y conflictos geopolíticos. No obstante, comienzan a apreciarse señales de cierto agotamiento de determinados factores que sustentaron la fase reciente del auge turístico. La inflación contenida pero persistente, la incertidumbre geopolítica y la mayor competencia de destinos emergentes generan una actitud más prudente entre los consumidores europeos. Asimismo, la industria automotriz y de bienes intermedios explica parte del menor dinamismo observado en varias CC.AA. del norte de España. Aun así, se prevé una mejora progresiva conforme repunte la demanda europea y avance la inversión, especialmente en vivienda e industria vinculada a la defensa.
Gráfico 2. Previsión de ranking de crecimiento económico regional para 2026 (tasa variación anual del PIB real)
Las perspectivas económicas regionales para 2026 y 2027 apuntan, en términos generales, el inicio de un proceso de desaceleración de los ritmos de crecimiento respecto al año 2025 (Tablas 3 y 4). Para ambos años, los motores comunes que sostienen el crecimiento económico regional son el turismo, el consumo privado -apoyado en el empleo y la desinflación parcial- y los servicios avanzados (consultoría, banca, TIC) y la ejecución final de los fondos derivados del PRTR. Entre los factores de freno al crecimiento y posibles asimetrías, estos vendrán de la mano de la exposición industrial a bienes duraderos y automoción en buena parte del norte, las tensiones en los mercados de vivienda en áreas con demanda intensa, la moderación de la productividad, los retos asociados a la consolidación fiscal y la persistente incertidumbre comercial global.
Desde la perspectiva de la convergencia regional, persisten brechas de infraestructuras y capital humano que limitan la capacidad de atraer inversión extranjera directa e impulsar la innovación, especialmente fuera de las grandes áreas urbanas. La estabilidad regulatoria y la reputación marca‑país siguen siendo dimensiones críticas que vigilar para reforzar la inversión y la cohesión territorial. Un factor adicional por considerar es el reto demográfico: el progresivo envejecimiento de la población tensiona los sistemas de protección social y acentúa las dificultades para garantizar una oferta laboral suficiente y cualificada en sectores productivos estratégicos. De hecho, varias comunidades autónomas que avanzan por debajo de la media nacional encaran el periodo 2026‑2027 inmersas en una fase de moderación, condicionada tanto por la incertidumbre geopolítica internacional como por la persistencia de brechas estructurales que siguen limitando su capacidad de converger con el conjunto del país.
En todo caso, debe subrayarse que, dado el entorno global de incertidumbre, las predicciones para 2026-2027 deben interpretarse con la cautela precisa y siempre considerarse como una extrapolación de la tendencia subyacente de la evolución de las diferentes ramas productivas, determinadas en función del escenario de partida previsto para el entorno nacional y que proporcionan CEPREDE e Instituto L.R.Klein-UAM. Además, aún es pronto para delimitar con precisión la estructura de ritmos de crecimiento y la identificación clara de los motores regionales en España, así como para evaluar las necesidades de inversión y reestructuración productiva que podrían derivarse de los acontecimientos recientes.
Tabla 3. Crecimiento regional y detalle sectorial en 2026
Fuente: Hispalink, enero 2026
Tabla 4. Crecimiento regional y detalle sectorial en 2027
Fuente: Hispalink, enero 2026
Redacción: Ana M. López, Instituto L.R.Klein-UAM, Coordinadora red Hispalink.
Cierre de predicciones: 20 enero 2026
Situación actual y Perspectivas de las regiones de España
enero 2026
Para ampliar información sobre una CC.AA. en concreto contactar con el equipo Hispalink correspondiente: