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Evidencia Que Exige Un Veredicto
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INTRODUCCIÓN
En su ensayo titulado "Por qué no soy cristiano", el filósofo Bertrand Russell afirma: "Es históricamente bastante dudoso si Cristo realmente existió; si es que existió no sabemos nada acerca de él" (1056/16).
Sería difícil encontrar hoy mucha gente estudiosa que estuviera de acuerdo con la radical afirmación de Russell. Hay mucha gente que ha cuestionado la existencia de Jesucristo, y algunos han dudado que sea cierto lo que la Biblia dice en cuanto a él; pero el círculo de aquellos que dicen que él nunca vivió, o de que si vivió no sabemos nada en cuanto a él es muy pequeño.
Hasta el revolucionario estadounidense Thomas Paine, que estaba totalmente en contra del cristianismo, no cuestionó la historicidad de Jesús de Nazaret. Aunque Paine creía que las declaraciones bíblicas en cuanto a la deidad de Jesús eran mitológicas, él sin embargo sostenía que Jesús realmente vivió.
Paine dijo: "Él [Jesucristo] era un hombre virtuoso y amable. La moralidad que predicó y practicó era de la clase más caritativa; y aunque Confucio y los filósofos griegos habían predicado un sistema semejante de moralidad muchos años antes, lo mismo que los cuáqueros después de él, y por muchas personas buenas en todos los tiempos, su moralidad no ha sido superada por ninguno" (938/9).
A pesar de ello, de vez en cuando, yo me encuentro con alguien que, como Russell, a pesar de la evidencia, insiste en negar que Jesús haya existido.
Una de esas ocasiones ocurrió durante un debate auspiciado por la Asociación de Estudiantes de una universidad en el medio oeste de los Estados Unidos de América. Mi adversario, una candidata al Congreso por el Partido Laborista Progresista (marxista) en Nueva York, dijo en sus comentarios iniciales: "Los historiadores de la actualidad han desechado a Jesús como un ser histórico". Yo no podía creer lo que estaba escuchando.
Pero estaba contento de que ella lo dijera, porque me daba la oportunidad de mostrar a 2.500 estudiantes que ella no había completado sus deberes escolares de historia.
Si ella lo hubiera hecho, habría descubierto que F. F. Bruce, profesor de crítica y exégesis bíblica en la Universidad Rylands de Manchester, ha dicho: ''Algunos escritores pueden jugar con la moda de un 'Cristo mítico', pero no lo pueden hacer sobre la base de la evidencia histórica. La historicidad de Cristo es tan axiomática para el historiador desprejuiciado como la historicidad de Julio César. No son los historiadores los que divulgan las teorías de un 'Cristo mítico' " (J79fl 19).
Otto Betz está en lo cierto: "Ningún erudito serio se ha arriesgado a postular la no historicidad de Jesús" (125/9).
La historicidad de Jesús no es simplemente un tema de interés curioso para el creyente. La fe cristiana está afirmada en la historia.
El erudito del Nuevo Testamento Donald Hagner dice: “El cristianismo verdadero, el cristianismo de los documentos neo testamentarios, depende absolutamente de la historia. En el corazón del Nuevo Testamento está la afirmación de que "Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo" (2Cor. 5:19). Los fundamentos indispensables de la fe cristiana son la encarnación, la muerte y la resurrección de Jesucristo como eventos reales en el tiempo y en el espacio, como realidades históricas. En mi modo de pensar, entonces, el cristianismo se define mejor como la recitación, la celebración y la participación de los hechos de Dios en la historia; estos, como lo enfatizan los escritos del Nuevo Testamento, han llegado a su culminación en Jesucristo” (511173, 74).
Este capítulo contiene evidencia de fuentes cristianas, autoridades seculares y referencias judías en cuanto a la vida de Cristo.
AUTORIDADES SECULARES SOBRE LA HISTORICIDAD DE JESÚS
Con el término secular quiero decir "pagano", o sea no cristiano, no judío y generalmente anticristiano. Hay muchos escritores seculares de la antigüedad que mencionan a Jesús y el movimiento que él inició. El hecho de que ellos comúnmente son antagónicos al cristianismo los convierte especialmente en buenos testigos; ellos no tienen nada que ganar por admitir la historicidad de los eventos que rodean a un líder religioso y a sus seguidores, pues ellos lo desprecian.
CORNELIO TÁCITO
Habermas dice: "Cornelio Tácito (aprox. 55-120 d. de J.C.) fue un historiador romano que vivió durante los reinados de más de media docena de emperadores romanos. Él fue llamado el 'historiador más grande' de la Roma antigua; era un individuo generalmente reconocido entre los eruditos por su 'bondad e integridad esenciales' " (509/87).
Las obras más renombradas de Tácito son los Anales y las Historias. "Los Anales cubren el período desde la muerte de Augusto en el 14 d. de J.C. hasta la de Nerón en el 68; las Historias comienzan después de la muerte de Nerón y van hasta la de Domiciano en el 96" (509/87).
Tácito, escribiendo en cuanto al reinado de Nerón, alude a la muerte de Cristo y a la existencia de cristianos en Roma. El deletreo incorrecto de Cristo -"Cristos"- era un error común de los escritores paganos.
Tácito dice: “Pero no toda la ayuda que pudiera venir del hombre, no toda la generosidad que pudiera traer el príncipe, ni todas las expiaciones que pudieran presentarse a los dioses, ayudaron a liberar a Nerón de la infamia de que se creyera que él había ordenado la conflagración, el incendio de Roma. Por lo tanto, para suprimir el rumor, él falsamente hizo que cargaran con la culpa, y castigó con las torturas más elaboradas a las personas llamadas comúnmente cristianos, las cuales eran odiadas por sus atrocidades. Cristos, el que originó el nombre, fue sentenciado a muerte por Poncio Pilato, procurador de Judea durante el reinado de Tiberio. Pero la superstición perniciosa, reprimida durante un tiempo, surgió de nuevo, no sólo en Judea, donde se originó el engaño, sino también en la ciudad de Roma” (Anales XV, 44).
Norman Anderson nota una posible alusión a la resurrección de Jesús en este relato: "Es posible que, cuando él agrega que 'la superstición perniciosa, reprimida durante un tiempo, surgió de nuevo', esté dando un testimonio indirecto e inconsciente a la convicción de la iglesia primitiva de que Cristo había sido crucificado y que había resucitado de la tumba” (47/20).
F. F. Bruce brinda otra luz acerca de este pasaje de Tácito: "Pilato no es mencionado en ningún otro documento pagano que ha llegado hasta nosotros... Esto puede ser considerado como un ejemplo de la ironía de la historia, que la única evidencia que sobrevive de él por medio de un escritor pagano sea por la sentencia de muerte que ejecutó sobre Cristo. Por un momento Tácito se une con el credo cristiano de la antigüedad: '...sufrió bajo Poncio Pilato'" (177/23).
Markus Bockmuehl, conferencista en Cambridge, nota que los comentarios de Tácito nos brindan un testimonio del historiador romano más importante de aquella época, como una "confirmación independiente de que Jesús vivió y fue ejecutado en Judea durante el reinado de Tiberio, y bajo el oficio de Poncio Pilato como procurador (técnicamente aún un prefecto, 26-36 d. de J.C.). Esto puede parecer que no es mucho, pero ciertamente es sorprendentemente útil para descartar dos teorías diferentes que se presentan hasta ahora: primera, que Jesús de Nazaret nunca existió; segunda, que él no murió por la pena de muerte administrada por Roma” (140/ 10, 11).
LUCIANO DE SAMOSATA
Luciano era un sátiro griego de la segunda mitad del siglo II. Él se burló de Cristo y de los cristianos, pero nunca asumió o argumentó que no fueran reales.
Luciano dijo: "Los cristianos, sabes, adoran a un hombre hasta el día de hoy; él es el personaje distinguido que introdujo sus nuevos ritos, y que fue crucificado por ello... Como puedes ver, estas criaturas erradas comienzan con la convicción general de que ellos son inmortales para siempre; eso explica el menosprecio de la muerte y la dedicación voluntaria que son tan comunes entre ellos. Les fue indicado por su legislador que ellos son todos hermanos, desde el momento en que se convierten; niegan los dioses de Grecia, adoran al crucificado y viven de acuerdo con sus propias leyes. Todo esto lo hacen por la fe, con el resultado de que desprecian todos los bienes terrenales por igual, considerándolos como propiedad común" (Luciano, La muerte del peregrino, 11-13).
SUETONIO
Suetonio, otro historiador romano, un oficial de la corte bajo Adriano, era un cronista de la Casa Imperial. Él declara en su Vida de Claudio 25.4: "Cuando los judíos estaban continuamente en disturbio a instigación de Crestas (otro deletreo para Cristo), él (Claudio) los expulsó de Roma".
Lucas se refiere a este evento en Hechos 18:2, lo cual sucedió en el 49 d. de J.C.
En otra obra, Suetonio escribió en cuanto al incendio que ocurrió en Roma en el 64 d. de J.C., bajo el reinado de Nerón. Suetonio cuenta que "Nerón castigó a los cristianos, una clase de personas entregadas a una superstición nueva y engañosa” (Vidas de los Césares, 26.2).
Si asumimos que Jesús fue crucificado a principios de la década de 30 d. de J.C., Suteonio -quién no era amigo de los cristianos- ubica a los cristianos en la ciudad imperial menos de 20 años más tarde. Nos informa que ellos estaban sufriendo y muriendo por su convicción de que Jesucristo realmente había vivido, había muerto y había resucitado de entre los muertos.
PLINIO EL JOVEN
Plinio fue gobernador de Bitinia, en el Asia Menor (112 d. de J.C.). Él escribió al emperador Trajano buscando consejo en cuanto a cómo tratar a los cristianos. Dijo que él había estado matando a hombres y mujeres, niños y niñas. Había tantos que eran llevados a la muerte que Plinio se preguntaba si debía continuar matando a cualquiera que descubriera que era un cristiano, o si solamente debía matar a algunos de ellos. Explicó que había hecho que los cristianos se inclinaran ante las estatuas de Trajano. Plinio continúa diciendo que los había hecho "maldecir a Cristo, lo cual un cristiano auténtico no hace".
En la misma carta él escribe acerca de la gente llevada a juicio: "Ellos afirman, sin embargo, que toda su culpa, o su error, era que ellos tenían la costumbre de reunirse en un día determinado, antes del amanecer, y que cantaban en estrofas alternadas un himno a Cristo como a un dios; se unían en un juramento solemne de no hacer nada malo, nunca cometer fraude, robo, adulterio, nunca falsear su palabra ni a negar algo que se les hubiera confiado cuando fueran llamados a entregarlo" (Epístolas X, 96) .
TALOS
Uno de los primeros escritores seculares que mencionan a Cristo es Talos. La fecha es de alrededor del 52 d. de J.C. Talos "escribió una historia del mundo del Mediterráneo oriental, desde la guerra de Troya hasta su propia época" (509/93).
Es lamentable que sus escritos ahora sólo existen en fragmentos que han sido citados por otros escritores.
Uno de éstos es Julio Africano, un cristiano que escribió alrededor del 221 d. de J.C. Hay un comentario muy interesante que se refiere al comentario que hizo Talos en cuanto a la oscuridad que cubrió la tierra durante las horas de la tarde, cuando Jesús murió en la cruz. Africano reporta: “Talos, en el tercer libro de sus historias, explica la oscuridad como un eclipse de Sol, lo cual me parece irrazonable (es irrazonable, por supuesto, porque un eclipse de Sol no ocurre durante la época de la Luna llena, y cuando Cristo murió fue durante la Luna llena de la Pascua)" (Julio Africano, Cronografía, 18.1).
Esta referencia muestra que el relato de los Evangelios acerca de la oscuridad que cayó sobre la tierra durante la crucifixión de Cristo era bien conocido; los no cristianos le dieron una explicación naturalista. Talos no dudó de que Jesús había sido crucificado ni de que un hecho inusual había ocurrido en la naturaleza que requería una explicación. Lo que le preocupaba era la tarea de encontrar una explicación diferente del evento. Los hechos básicos no encontraron objeción (179/ 11 3).
FLEGÓN
Flegón era otra autoridad secular. Él escribió una historia titulada Crónicas. Aunque esta obra se perdió, Julio Africano conservó un pequeño fragmento en sus propios escritos. Así como Talos, Flegón confirma que hubo oscuridad sobre la tierra durante la crucifixión de Jesús, y él la explica también como el resultado de un eclipse solar: "Durante la época de Tiberio César ocurrió un eclipse de Sol durante la Luna llena" (Africano, Cronografía, 18.1).
Además de la mención por Africano, la referencia de Flegón a este evento está mencionada por Orígenes, el apologista del siglo III (Contra Celso, 2. 14, 33, 59) y por Filopon, un escritor del siglo VI (De. opif. mundo II 21) (8 13/36).
MARA BAR-SERAPIO
Mara Bar-Serapio, un filósofo sirio y probablemente estoico, poco después del 70 d. de J.C. escribió una carta a su hijo desde la cárcel. Lo animaba a buscar la sabiduría. En su carta compara a Jesús con los filósofos Sócrates y Pitágoras.
Él escribe así: “¿Cuál es la ventaja que obtuvieron los atenienses por matar a Sócrates? Hambruna y plaga les llegaron como juicio por su crimen. ¿Cuál es la ventaja que obtuvieron los de Samos por quemar a Pitágoras? En un momento su tierra fue cubierta con arena. ¿Cuál es la ventaja que obtuvieron los judíos por ejecutar a su Rey sabio? Fue justo después de eso que su reino fue abolido. Dios vengó con justicia a estos tres sabios: los atenienses murieron de hambre; los samianos fueron abrumados por el mar; los judíos, arruinados y echados de su tierra, viven en una completa dispersión. Pero Sócrates no murió para siempre; continuó viviendo en la estatua de Hera. Ni el Rey sabio murió para siempre; continuó viviendo en la enseñanza que había entregado” (179/ 114).
Este escritor ciertamente no era cristiano, puesto que pone a Jesús en igualdad de condiciones con Sócrates y Pitágoras; el Jesús que presenta vivía por medio de sus enseñanzas más bien que por su resurrección; en otra parte este autor indica que creía en el politeísmo. A pesar de todo ello, su referencia a Cristo indica que no cuestionaba si Jesús había realmente vivido o no.
REFERENCIAS JUDÍAS A LA HISTORICIDAD DE JESÚS
Los eruditos han encontrado muchas referencias confiables acerca de Jesús, tanto como otras que no son confiables, u otras que ellos pensaban que se referían a Jesús pero no era así (813/55-70).
He seleccionado algunas pocas de las referencias confiables que son más importantes para citarlas aquí. El lector puede encontrar más citas en el capítulo 3 de mi libro Él anduvo entre nosotros (Editorial Unilit, 1995).
En una manera similar a las referencias seculares, las que se encuentran en las fuentes judías antiguas no son favorables al fundador del cristianismo, a sus seguidores o a sus creencias. Por esa razón, su testimonio a los hechos que rodearon la vida de Jesús es muy valioso en favor de la historicidad de esos eventos.
LA CRUCIFIXIÓN
En el Talmud babilónico leemos: "En la víspera de la Pascua Yeshu fue colgado. Durante 40 días previos a su ejecución, un heraldo salía y gritaba: 'Él va a ser apedreado porque ha practicado la brujería y ha seducido a Israel a caer en la apostasía. Si alguien tiene algo que decir en su favor que se presente y ruegue en su favor'. Puesto que nadie se presentó, él fue colgado en la víspera de la Pascua" (Sanedrín, 43a; cf T. San. 10:11; y. San. 7:1 2; Tg. Ester 7:
Otra versión de este texto dice "Yeshu el nazareno". "Yeshu" llega por medio del griego al español "Jesús"; la referencia a él como nazareno hace que la asociación con Jesucristo sea mucho más fuerte. Además, "colgado" es otra manera de referirse a la crucifixión (vea Luc. 23:39; Gál. 3:13).
El erudito judío Joseph Klausner escribe: "El Talmud habla de colgamiento en lugar de crucifixión; la razón es que esta horrible forma de muerte romana sólo era conocida por los eruditos judíos por medio de los juicios romanos, y no era parte del sistema legal judío. Aún el apóstol Pablo (Gál. 3:13) aplica el pasaje de Deuteronomio 21:23 como siendo aplicable a Jesús: 'Maldito todo el que es colgado en un madero' " (676/28).
Otro aspecto es que la referencia a la crucifixión tomando lugar "la víspera de la Pascua" está de acuerdo con Juan 19:14 (la frase se encuentra también en b. San. 67a: y. San. 7:16).
Por lo tanto, este texto afirma claramente la historicidad de Jesús y su muerte. Afirma que las autoridades judías estuvieron involucradas en la sentencia, pero trata de justificar las acciones de ellos. En una manera irónica da testimonio también de los milagros de Jesús (ver también b. San. 107b; t. Sab. 11:15; b. Sab. 104b.; b. Sota 47a), pero intenta explicarlos como la obra de un brujo o mago, una respuesta mencionada por los autores de los Evangelios (Mar. 3:22; Mat. 9:34; 12:24) (676/23).
Luego de este texto judío aparece un comentario de El Amora "Ulla", que dice: "¿Creerían ustedes que se buscaría celosamente alguna defensa para él? Era un engañador y el Todo Misericordioso dice: 'No lo pasarás por alto ni lo ocultarás'. Con Jesús fue diferente, porque él estaba cerca del reino". La última frase -"cerca del reino"- puede referirse a la descendencia genealógica de Jesús del rey David de Israel; o puede indicar el hecho de que Pilato se lavó las manos antes de entregar a Jesús para que lo azotaran y lo crucificaran.
JESÚS Y SUS DISCÍPULOS
En un pasaje posterior del Talmud sobre la crucifixión de Jesús hay una porción que afirma que "Yeshu tenía cinco discípulos -Mattai, Nakkai, Netzer, Buni y Todah" (b. San. 107b)-. Mientras "Mattai" puede ser una referencia a Mateo, nadie está seguro en cuanto a que los otros nombres puedan ser identificados con algunos de los otros discípulos mencionados en los Evangelios.
La afirmación de que Jesús tenía cinco discípulos "puede explicarse por el hecho de que se dice que otros maestros en el Talmud -como Yohanan ben Zakkai y Akiba- tenían cinco discípulos o estudiantes" (813/65).
De cualquier manera, una cosa es cierta: este texto afirma que la tradición judía acepta el hecho de que el rabino Jesús tenía seguidores.
¿NACIMIENTO VIRGINAL?
En el Talmud se usan para Jesús los títulos "Ben Pandera (o 'Ben Pantere)" y "Jeshu ben Pandera". Muchos eruditos dicen que pandera es un juego de palabras, un disfraz de la palabra griega para "virgen" (parthenos).
El erudito judío Joseph Klausner dice: "Los judíos escuchaban constantemente que los cristianos (la mayoría de los cuales hablaban el griego desde los primeros tiempos) llamaban a Jesús por el nombre 'Hijo de la Virgen'... y por ello, como burla, los judíos lo llamaban Ben ha-Pantera, 'hijo del leopardo' " (676/23).
En otro pasaje, el Talmud babilónico dice: "R. Simeón ben Azzai dijo [refiriéndose a Jesús]: 'He hallado en Jerusalén un rollo genealógico donde dice que Fulano es un bastardo de una adúltera' " (b. Yebamoth 49a; m. Yebam. 4:13).
En otro pasaje dice: "Su madre era Miriam, una peluquera de mujeres. Como se acostumbra decir... 'se apartó de su marido' " (b. Sab. 104b).
En otro pasaje se dice que María "la cual era descendiente de príncipes y gobernadores, actuó como prostituta con los carpinteros" (b. San. 106a). Este pasaje, por supuesto, es un intento de explicar lo que confesaban los cristianos en cuanto al nacimiento virginal de Jesús (ver también b. Sab. 104b). "Príncipes y gobernadores" puede ser una referencia a algunos de los nombres en la genealogía de Jesús; algunos de los Padres de la iglesia alineaban los antepasados de María hasta el rey David (cf. "Jesús... estaba cerca del reino" en b. San. 43a.). La alusión a los "carpinteros" es una referencia obvia a José (ver también b. Sab. 104b).
El argumento se presenta así: Si José no era el padre de Jesús, entonces María había quedado embarazada con otro hombre; por lo tanto ella es una adúltera y Jesús fue un hijo ilegítimo. El Nuevo Testamento registra que los escribas y fariseos indirectamente presentaron esa acusación ante Jesús (Juan 8:41).
Aunque el Nuevo Testamento afirma que esa acusación no tiene bases, la acusación confirma que el relato de los cristianos en cuanto al nacimiento milagroso de Jesús era una afirmación antigua de la iglesia, la cual requería algún tipo de respuesta. Note que la respuesta no incluye una negación de la existencia de Jesús, sino sólo una interpretación diferente en cuanto a su concepción.
Como observa Klausner: "Las ediciones actuales de la Mishna agregan: 'Para apoyar las palabras de R. Yehoshua (quien, en la misma Mishna dice: ¿Qué es un bastardo? Cualquiera cuyos padres son culpables de muerte por el Beth Din). Parece más allá de duda que esto se refiere a Jesús" (676/35).
EL TESTIMONIO DE JOSEFO
El profesor John P. Meier dice que Josefo ben Matatías (nació en el 37/38 y murió después del 100 d. de J.C.) fue, en diferentes etapas, un aristócrata judío, un político sacerdotal, un renuente comandante de tropas rebeldes en Galilea durante la primera revuelta judía contra Roma (66-73), un desertor engañoso, un historiador judío a sueldo por los emperadores Flavianos, y un supuesto fariseo. Fue capturado por Vespasiano en el 67 y luego sirvió a los emperadores romanos como mediador e intérprete durante el resto de la revuelta. Lo llevaron a Roma y allí escribió sus dos grandes obras: Las guerras judías, en la década del 70, y el mucho más extenso Antigüedades judías, que terminó en el 93 o el 94 (823/20, 22).
Flavio Josefo se convirtió en un participante del círculo íntimo del emperador. De hecho, recibió el nombre del emperador, Flavio, como su nombre romano. Josefo es su nombre judío.
En Antigüedades judías hay un pasaje que ha creado un debate entre los eruditos.
Dice así: “Fue alrededor de esta época que Jesús, un hombre sabio, si es correcto llamarlo un hombre porque era un hacedor de obras maravillosas, un maestro de aquellos que reciben la verdad con placer, él atrajo a sí a muchos de los judíos tanto como de los gentiles. Él era el Cristo. Cuando Pilato, a sugerencia de los hombres principales entre nosotros, le hubo condenado a la cruz, aquellos que le amaban al principio no le abandonaron. Porque él les apareció vivo otra vez al tercer día, como los profetas divinos habían anticipado, estas y diez mil otras cosas maravillosas en cuanto a él; y la tribu de los cristianos, nombrados según él, no ha sido extinguida hasta el día de hoy” (Antigüedades. XVIII, 33, cursivas agregadas).
No voy a examinar las diferentes posiciones que los eruditos han tomado en cuanto a este pasaje, el cual se ha llegado a conocer como el Testimonio. Para una discusión más detallada puede ver mi libro He Walked Among Us, páginas 37-45. (Traducción al español: Él anduvo entre nosotros, Editorial Unilit).
Permítame decirle que este pasaje ha causado furor porque Josefo, un judío que no era cristiano, afirma cosas en cuanto a Jesús que un judío ortodoxo no haría. Por ejemplo, se refiere a Jesús como el Cristo (Mesías), y dice que él resucitó de entre los muertos como habían anticipado los profetas hebreos.
Después de evaluar por mí mismo la evidencia, estoy de acuerdo con aquellos eruditos que pueden ver que, aunque se han hecho algunos agregados cristianos al texto -como las frases puestas en cursiva- que son claramente ajenos al mismo, el Testimonio contiene bastantes verdades que Josefo sí podría haber afirmado.
Como dice Meier: “Lea el Testimonio sin los pasajes en cursiva y podrá ver que el fluir del pensamiento es claro. Josefo designa a Jesús con el título genérico "sabio" (sofos an'r, quizá el hebreo khakham). Luego Josefo pasa a "desempacar" la designación genérica (sabio) con dos de sus componentes principales en el mundo grecorromano: realización de milagros y enseñanza efectiva. Esta doble demostración de "sabiduría" hace que Jesús gane muchos seguidores, tanto entre judíos como gentiles. Es presumible, aunque no se menciona una razón explícita, que este gran éxito es el que mueve a los principales a la acusación contra Jesús que presentan a Pilato. A pesar de la vergonzosa muerte en la cruz, sus primeros seguidores no dejan la lealtad que tienen a Jesús. De esa manera (note que la transición es mucho mejor sin la referencia a la resurrección si borramos ese pasaje) la tribu de los cristianos aún no ha muerto” (823/23).
Luego del Testimonio, dos secciones más adelante, Josefo se refiere a Jacobo, el hermano de Jesús. En Antigüedades XX, 9.1 él describe las acciones del sumo sacerdote Anano: “Pero el más joven Anano quien, como dijimos, recibió el sumo sacerdocio, tenía una disposición audaz y muy arriesgada; siguió al partido de los saduceos, los cuales eran muy severos en su juicio sobre todos los judíos, como ya hemos demostrado. Teniendo Anano esa disposición, pensó que había llegado una buena oportunidad, habiendo muerto Festo, y Albino estaba aún de viaje. De modo que reunió a un concilio de jueces y presentó delante de ellos al hermano de Jesús, al que llamaban Cristo, cuyo nombre era Jacobo, junto con algunos otros. Luego de haberlos acusado como transgresores de la ley, los entregó para ser apedreados” (179/107).
Louis Feldman, profesor de estudios clásicos en la Universidad Yeshiva y traductor de la edición Loeb de las Antigüedades, afirma: "Pocos han dudado de la autenticidad de este pasaje" (630/496).
La referencia al pasar a Jesús como "al que llamaban Cristo" no tendría sentido si Josefo no hubiera provisto un tratamiento más extenso acerca de Jesús antes en sus Antigüedades. Esta es otra indicación de que el tratamiento anterior y más extenso en las Antigüedades es genuino, con la exclusión de las obvias interpolaciones cristianas. De modo que aun el gran historiador judío del siglo 1, Josefo, quien escribió sol0 medio siglo después de la vida y crucifixión de Jesús, atestigua la verdad de que Jesús no era una ficción de la imaginación de la iglesia, sino una figura histórica real.
FUENTES CRISTIANAS PARA LA HISTORICIDAD DE JESÚS
LAS CONFESIONES DE FE ANTES DEL NUEVO TESTAMENTO
Los cristianos primitivos a menudo pagaron con sus vidas o sufrieron gran persecución por la afirmación que hacían de que Jesús había vivido, muerto y resucitado de entre los muertos, y que había aparecido a muchos después de su resurrección.
Estos creyentes no tenían nada que ganar y todo que perder al dar testimonio de que estas cosas habían realmente ocurrido. Por esta razón, sus relatos son fuentes históricas de mucha importancia. Los eruditos bíblicos han identificado en las páginas del Nuevo Testamento lo que creen que son por lo menos porciones de confesiones de fe de los cristianos primitivos.
Las mismas fueron formuladas y transmitidas verbalmente algunos años antes de que fueran registradas en los libros del Nuevo Testamento.
El apologista Gary Habermas explica que estas afirmaciones "preservan algunos de los reportes más antiguos en cuanto a Jesús, de alrededor de 30 a 50 d. de J. C. Por ello, en un sentido real, estos credos preservan material anterior al Nuevo Testamento, y son nuestras fuentes más antiguas en cuanto a la vida de Jesús" (509/119).
En su libro The Verdict 0f History (El veredicto de la historia), Habermas trata varios de los credos que están entretejidos en el Nuevo Testamento:
Lucas 24:34: "¡Verdaderamente el Señor ha resucitado y ha aparecido a Simón!". Refiriéndose a Joachim Jeremias y su ensayo: "La Pascua: la tradición más antigua y la interpretación más antigua”, Habermas escribe: “Jeremias sostiene que la breve mención de Lucas a la aparición de Jesús a Pedro después de la resurrección en Lucas 24:34 es aún más antigua que 1 Corintios 15:5; esto la convertiría en uno de los primerísimos testigos para las apariciones después de la resurrección" (509/122).
Romanos 1:3,4: "Su Hijo -quien, según la carne, era de la descendencia de David; y quien fue declarado Hijo de Dios con poder según el Espíritu de santidad por su resurrección de entre los muertos-".
Dice Habermas: “El hecho de que Romanos 1:3 y 4 sea un credo antiguo y prepaulino se muestra por el paralelismo de las cláusulas, lo cual se ve especialmente en el contraste entre Jesús tanto como hijo de David como Hijo de Dios. El mismo Jesús, quien nació en el espacio y el tiempo, fue resucitado de entre los muertos. Este credo proclama que se mostró que Jesús es el Hijo de Dios, Cristo (o Mesías) y Señor, y que fue vindicado como tal por su resurrección de entre los muertos. (Oscar) Cullman agrega que la redención y la exaltación final de Jesús estaban incluidas también en esta importante afirmación de credo. Una declaración tan abarcadora, que incluye tres títulos cristológicos principales e implica algunos de los hechos de Jesús, revela no sólo que es una de las formulaciones más antiguas de la naturaleza de Cristo, sino que también conlleva un motivo apologético; relaciona toda esta teología con la vindicación provista por la resurrección de Jesús (cf. Hech. 2:22 s.)" (509/123).
Romanos 4:24, 25: "El que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, quien fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación". Hasta el crítico bíblico Rudolf Bultmann cree que esta declaración "existió evidentemente antes de Pablo y le fue entregada a él", como parte de la tradición apostólica más antigua (190/82).
Romanos 10:9, 10: "Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y si crees en tu corazón que Dios le levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se hace confesión para salvación".
En la iglesia primitiva, esta confesión de fe probablemente era repetida por los creyentes en el momento de su bautismo.
La confesión conecta la creencia en la realidad histórica de la resurrección de Jesús con confesarlo como Señor y asegurarse la salvación (509/123).
1Corintios 11:23-26: "Porque yo recibí del Señor la enseñanza que también os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: 'Tomad, comed. Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido. Haced esto en memoria de mí'. Asimismo, tomó también la copa después de haber cenado, y dijo: 'Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre. Haced esto todas las veces que la bebáis en memoria de mí'. Todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, anunciáis la muerte del Señor, hasta que él venga".
Habermas dice:
“El relato de Pablo en 1 Corintios 11:23 ss. presenta una tradición fija; probablemente está basada en un material independiente de las fuentes para los Evangelios sinópticos. Jeremias destaca que las palabras "recibí" y "he transmitido" no son términos típicos de Pablo. Representan los términos técnicos rabínicos para transmitir una tradición. Además, hay otras frases no paulinas tales como "fue entregado", "habiendo dado gracias" y "mi cuerpo" (11:23, 24); esto es una indicación adicional de la naturaleza antigua del reporte. De hecho, Jeremias afirma que este material fue formulado "en el período más temprano; como sea fue antes de Pablo... una fórmula prepaulina". Lo que Pablo está indicando con certeza es "que la cadena de tradición va sin romperse hasta Jesús mismo" (50911 21).
1Corintios 15:3-5: "Porque en primer lugar os he enseñado lo que también recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; que apareció a Pedro y después a los doce".
El erudito bíblico Ralph Martin cita varias "marcas indicadoras" que "sellan" este pasaje como una fórmula de credo que es anterior a los escritos de Pablo:
“Hay cuatro "que" que introducen cada parte del credo (vv. 3, 4 y 5). El vocabulario no es el acostumbrado; contiene algunos términos raros y expresiones que Pablo nunca emplea otra vez. El prefacio de la sección nos dice que Pablo "recibió" lo que sigue en las oraciones siguientes como parte de la instrucción, sin duda, que él había llegado a conocer en los primeros días de su discipulado; posiblemente esto ocurrió a través de sus contactos con la iglesia en Jerusalén, Antioquía y Damasco. Ahora, a su vez, él transmite (usa la misma expresión técnica que en 1Corintios 11:23) a la iglesia corintia lo que había recibido como una tradición sagrada. El asunto del trasfondo sugerido de este pasaje y su origen como credo y antes de Pablo está unido por el versículo 11 del capítulo. Allí Pablo comenta que él ha declarado lo que era una proclamación común de los apóstoles: "Porque ya sea yo o sean ellos, así predicamos, y así habéis creído". En el texto mismo hay ciertas indicaciones de que 1 Corintios 15:3 ss. es una traducción al griego de una pieza en arameo. Los aspectos más obvios son que se menciona el nombre de Pedro en su forma semita como Cefas, y que hay una referencia doble a las Escrituras del Antiguo Testamento. El profesor Jeremias argumenta, con alguna lógica, que estos versículos surgieron en un ambiente judeocristiano. Más recientemente aun un erudito escandinavo ha dicho que esta pieza de credo cristiano se originó en una iglesia palestina temprana. Él dice que representa "un lagos (es decir, una declaración de fe) fijado por el colegio de los apóstoles en Jerusalén"... Si este es un argumento sano, es claro que el pasaje pertenece a los primeros tiempos de la iglesia; como lo dice E. Meyer, "el documento más antiguo de la iglesia cristiana que tenemos en existencia". Se remonta al compañerismo cristiano poco después de la muerte de Cristo. Puede muy bien corporizar el fruto de la instrucción después de la resurrección y de la reflexión contenida en Lucas 24:25-27, 44-47".
Filipenses 2:6-11: "Existiendo en forma de Dios, él no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse; sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y hallándose en condición de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz! Por lo cual también Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese para gloria de Dios Padre que Jesucristo es Señor".
Los eruditos han identificado este texto como un himno prepaulino que profesa la creencia en un Jesús real, quien era tanto humano como divino (509/120).
1Timoteo 3:16: "Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Él fue manifestado en la carne, justificado por el Espíritu, visto por los ángeles, proclamado entre las naciones, creído en el mundo, y recibido arriba en gloria".
Este es otro himno cristológico que antecede a los escritos de Pablo; probablemente se cantaba en los tiempos de adoración.
1Timoteo 6:13: "Cristo Jesús, quien dio testimonio de la buena confesión delante de Poncio Pilato". De acuerdo con Habermas, este pasaje es "también una tradición antigua, y quizá aun una parte de una confesión de fe oral cristiana más extensa". Habermas nota también que el erudito Vernon Neufeld "señala que el testimonio de Jesús era probablemente la respuesta afirmativa que dio a Pilato en cuanto a si él era el rey de los judíos (ver Mat. 15:2)" (509/ 122).
2Timoteo 2:8: "Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, de la descendencia de David, conforme a mi evangelio". "Aquí el nacimiento de Jesús en la descendencia de David es contrastado con la resurrección de entre los muertos; muestra una vez más el interés de los cristianos primitivos en relacionar a Jesús con la historia" (509/120).
1Pedro 3:18: "Porque Cristo también padeció una vez para siempre por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu". Este trozo antiguo de tradición conecta la muerte histórica de Jesús en la cruz como el Mesías impecable con su resurrección histórica de entre los muertos, como los medios para llevar a los pecadores a Dios (509/122).
1Juan 4:2: "Jesucristo ha venido en carne". Esta es una afirmación prejuanina, concisa y clara, de que Jesús el Cristo era una persona histórica de carne y hueso (509/120).
Al reflexionar sobre estas confesiones antiguas, Habermas nota que con ellas se pueden hacer por lo menos diecisiete afirmaciones históricas acerca de Jesús, desde su nacimiento terrenal hasta su ascensión y glorificación celestial:
“Aunque estos credos antiguos están interesados en elementos teológicos de la cristología, ellos son también reportes antiguos de eventos en la vida de Jesús. Se nos dice:
(1) que Jesús nació realmente en carne humana (Fil. 2,6; 1Tim. 3,16; 1Jn. 4.2); (2) que era de la descendencia y familia de David (Rom. 1:3, 4; 2Tim. 2:8). Encontramos (3) una implicación de su bautismo (Rom. 10:9) y (4) que su palabra fue predicada, (5) resultando en personas que creyeron en su mensaje (1Tim. 3,16). Además de los eventos de su vida, aparte se nos informa que (6) Jesús asistió a una cena (7) en la noche de la traición. (8) Él dio gracias antes de la comida y (9) compartió el pan y la bebida, (10) lo cual, dijo, representaba su inminente sacrificio expiatorio por el pecado (1Cor. 11:23ss.). (11) Más tarde, Jesús compareció ante Pilato e hizo una buena confesión, (12) la cual muy posiblemente tenía que ver con su identidad como el rey de los judíos (1Tim. 6:13). (13) Luego Jesús fue muerto por los pecados de la humanidad (1Pedro 3,18; Rom. 4,25; 1Tim. 2,6), (14) a pesar de su vida justa (1Ped. 3:18). (15) Después de su muerte él fue resucitado (Luc. 24:34; 2Tim. 2:8). (16) Se afirmó que este evento validaba la persona y el mensaje de Jesús (Rom. 1:3,4; 10:9, 10). (17) Después de su resurrección Jesús ascendió a los cielos y fue glorificado y exaltado (1Tim. 3,16; Fil. 2,6 ss.)” (509/121, 123. 124).
Es claro que estos credos anteriores al Nuevo Testamento brindan el testimonio más antiguo para la convicción de la iglesia de que Jesús, el impecable Dios-hombre, realmente vivió, murió, resucitó de entre los muertos y ascendió a los cielos, para la salvación de todos los que le confiesen como Señor y crean realmente que Dios lo resucitó.
Además, como hemos dicho anteriormente, por lo menos algunos de estos credos pueden ser llevados hacia atrás hasta las mismas palabras de Jesús y el testimonio de los mismos apóstoles. De modo que estos credos no solamente son antiguos si no que también están basados en relatos de los testigos oculares de la vida terrenal de Jesús.
LOS DOCUMENTOS DEL NUEVO TESTAMENTO
Los 27 libros del Nuevo Testamento proclaman, verifican y a menudo asumen la historicidad de Jesucristo. Puesto que ya he mostrado que estos libros son históricamente confiables, podemos ver que el testimonio que dan acerca de Jesús brinda una evidencia importante e irrefutable de que él realmente vivió y que, de hecho, aún vive.
No es de extrañar que el historiador y erudito legal John Montgomery declara, en forma inequívoca, que el historiador puede conocer "primero y más importante, que puede confiarse en los documentos del Nuevo Testamento para darnos un retrato preciso de él (Jesús). Y él sabe que ese retrato no puede ser racionalizado por el pensamiento ávido, el presuposicionalismo filosófico o la manipulación literaria” (853/40).
LOS ESCRITORES POSAPOSTÓLICOS
Luego de los apóstoles, la fuente cristiana más amplia para la naturaleza histórica de Jesús se halla en los escritos de aquellas personas que siguieron estrechamente a los apóstoles.
Algunos de estos escritores eran líderes de la iglesia; otros eran maestros y apologistas. Todos ellos creían que Jesús era el Hijo encarnado de Dios, así como había sido revelado en las Escrituras y enseñado por los apóstoles. Lo que sigue es una buena muestra de los escritos de ellos con las referencias más importantes a la historicidad de Jesucristo.
CLEMENTE DE ROMA
Clemente era obispo de la iglesia en Roma hacia el fin del siglo 1. Escribió una carta llamada Corintios; con ella quería ayudar a solucionar un conflicto en la iglesia en Corinto entre los líderes de la iglesia y los laicos.
Clemente dice en esa obra: “Los apóstoles nos entregaron el evangelio que recibieron del Señor Jesucristo, quien fue enviado de Dios. De modo que Cristo es de Dios y los apóstoles son de Cristo. Ambos, por lo tanto, vinieron de la voluntad de Dios en el orden apropiado. Habiendo recibido un encargo, y estando plenamente seguros -a través de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo y confirmado en la palabra de Dios con seguridad plena del Espíritu Santo- ellos salieron con las buenas nuevas de que el reino de Dios vendría. De modo que predicaron por todas partes, en el campo y en la ciudad. De entre sus primeros frutos, cuando los hubieron probado por el Espíritu, ellos nombraron obispos y diáconos para los que debían creer” (Corintios, 42).
Entre otras cosas, este pasaje afirma que el mensaje del evangelio venía del Jesús histórico que había sido enviado por Dios, y que el mensaje estaba autenticado por su verdadera resurrección de entre los muertos.
IGNACIO
Ignacio fue obispo en Antioquía. Mientras estaba en viaje hacia Roma para ser ejecutado escribió siete cartas - seis a diferentes iglesias y una a su amigo Policarpo-. Hay tres referencias que hace Ignacio al Jesús histórico que son muy pertinentes, y que son características de sus otras afirmaciones:
"Jesucristo, quien pertenecía a la descendencia de David y era hijo de María, ciertamente nació, comió y bebió; fue perseguido bajo Poncio Pilato, fue verdaderamente crucificado y murió a la vista de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra. Luego él fue resucitado de entre los muertos por su Padre, quien en la misma forma resucitará a quienes creen en él" (Tralianos, 9).
"Él ciertamente es de la descendencia de David según la carne, pero es el Hijo de Dios por la voluntad y el poder divinos. Él nació de una virgen, fue bautizado por Juan para que se cumpliera toda justicia, fue ciertamente clavado en la cruz por amor de nosotros bajo Poncio Pilato y Herodes el tetrarca (de lo cual somos fruto, es decir, el objeto de su más bendecido amor); para que él pueda levantar una bandera para todas las edades por medio de su resurrección" (Esmirneanos, 1).
"Estén plenamente convencidos en cuanto al nacimiento, la pasión y la resurrección, la que ocurrió durante el período del gobernador Poncio Pilato; porque estas cosas fueron ciertas y realmente hechas por Jesucristo, nuestra esperanza" (Magnesios, 11).
Ignacio, a quien la tradición cristiana identifica como un discípulo de Pedro, Pablo y Juan, estaba obviamente convencido de que Jesús ciertamente había vivido y que él era todo aquello que los apóstoles habían afirmado que era (813/79).
QUADRATO
Quadrato era discípulo de los apóstoles, obispo de la iglesia en Atenas y uno de los primeros apologistas. El historiador Eusebio ha conservado las únicas palabras que existen de Quadrato de la defensa de su fe ante el emperador Adriano (aprox. 125): "Los hechos de nuestro Salvador estaban siempre delante de ustedes, porque eran verdaderos milagros. Los que fueron sanados, los que resucitaron de entre los muertos, ellos fueron vistos no sólo cuando fueron sanados o resucitados, sino que estaban siempre presentes. Ellos vivieron por mucho tiempo, no sólo mientras nuestro Señor estaba en la tierra, sino asimismo cuando él dejó esta tierra. Algunos de ellos han vivido hasta nuestra propia época" (Eusebio, IV:III).
Habermas señala que Quadrato afirma la existencia real de Jesús por medio de la historicidad de los milagros:
"(1) El hecho de los milagros de Jesús podía ser verificado por las personas que tuvieran interés, puesto que habían sido realizados en forma pública. En cuanto a las clases de milagros, (2) algunos fueron curados y (3) algunos fueron resucitados de entre los muertos. (4) Había testigos oculares de esos milagros en la época en que ocurrieron. (5) Muchos de los que fueron curados o resucitados estaban aún vivos cuando Jesús "dejó esta tierra"; se reportaba que otros estaban aún vivos en la época de Quadrato" (50911 44).
LA EPÍSTOLA DE BERNABÉ
No se sabe quién es el autor de esta carta. El nombre “Bernabé" no aparece en la epístola; los eruditos niegan que el Bernabé del Nuevo Testamento la haya escrito.
Habermas comenta: "Hay varias alternativas de fechas que se han sugerido para este escrito, entre finales del siglo 1 y mediados del siglo II. Una fecha aceptada comúnmente es 130-138" (5091144).
Esta epístola confirma muchos de los eventos que se afirma que ocurrieron en las fuentes ya citadas. En la sección 5 de la carta leemos: “...él, para aniquilar la muerte y mostrar la resurrección de entre los muertos, soportó la pasión, pues convenía que se manifestara su condición carnal. Así cumplió la promesa hecha a los padres, y se preparó para sí un pueblo nuevo, mostrando, mientras vivía sobre la tierra, que él había de juzgar una vez que haya realizado la resurrección. En fin, predicó enseñando a Israel y haciendo grandes prodigios y señales, con lo que mostró su extraordinario amor. Se escogió a sus propios apóstoles, que tenían que predicar el Evangelio, los cuales eran pecadores con toda suerte de pecados, mostrando así que "no vino para llamar a los justos, sino a los pecadores" (Mat 9:13): y entonces les manifestó que era Hijo de Dios” (8 13/82. 83).
En la sección 7, el autor agrega: "Pero cuando fue crucificado le dieron [a Jesús] hiel y vinagre para beber" (81 3/83).
ARÍSTIDES
Arístides fue un apologista cristiano del siglo II y un filósofo en Atenas. Su obra estuvo perdida hasta finales del siglo XIX, cuando se la descubrió en tres versiones diferentes: en armenio, siriaco y griego. Arístides dirigió su defensa del cristianismo al emperador romano Antonino Pío, quien gobernó entre el 138 y el 161.
En parte de su tratado, Arístides describe a Jesucristo como:
“el Hijo del Dios Altísimo, revelado por el Espíritu Santo, quien descendió del cielo y nació de una virgen hebrea. Recibió de la virgen su carne y se reveló en la naturaleza humana como el Hijo de Dios. En su bondad él trajo las buenas nuevas; él ha ganado a todo el mundo por medio de su predicación que da vida... Seleccionó a 12 apóstoles y enseñó a todo el mundo por medio de su verdad mediadora y que da luz. Él fue crucificado, siendo atravesado con clavos por los judíos; resucitó de entre los muertos y ascendió a los cielos. Él envió a los apóstoles a todo el mundo y les enseñó todo por medio de milagros divinos llenos de sabiduría. La predicación de Jesús florece y fructifica hasta este día, y llama a todo el mundo a la luz" (2 14/68).
JUSTINO MÁRTIR
"El consenso de opinión entre los eruditos es que Justino [Mártir] es uno de los más grandes apologistas cristianos de los primeros tiempos" (199/1).
Justino nació alrededor del 100; fue azotado y decapitado por su fe alrededor del 167. Era una persona instruida, bien preparada en las filosofías principales de su época, incluyendo el estoicismo, el aristotelismo, el pitagorismo y el platonismo (2 14/558).
Después de convertirse a Cristo (aprox. 132) "Justino llegó a ser profesor de cristianismo filosófico en su propia escuela privada en Roma. Puesto que era un laico él probablemente tenía la escuela en su propia casa. También parece que viajó bastante por todo el Imperio romano; su tiempo fue dedicado a los ministerios de enseñanza y evangelización" (199/3).
En sus numerosos escritos, Justino construye su defensa de la fe con base en los escritos del Nuevo Testamento y en su propia verificación independiente de muchos de los hechos que registra. Presentamos aquí algunas citas de sus obras en cuanto a la certeza de los relatos acerca de Jesucristo:
"Hay una aldea en la tierra de los judíos, a unos 35 estadios de Jerusalén, en la cual nació Jesucristo; es posible que usted verifique esto por medio de los registros de impuestos que se hicieron bajo Cirenio, su primer procurador en Judea" (Primera apología, 34).
“Hacia la época de su nacimiento, llegaron magos de Arabia para adorarlo; ellos fueron primeramente a Herodes, quien era en ese entonces el soberano en esa tierra" (Diálogo con Trifón, 77).
"Porque cuando lo crucificaron, martillándolo con clavos, atravesaron sus manos y sus pies. Los que lo crucificaron repartieron las vestimentas de él entre ellos; echaron suerte para lo que querían tener, y recibieron de acuerdo con la suerte" (Diálogo con Trifón, 97).
"Luego, después de que fue crucificado, sus mismos amigos lo abandonaron, habiéndolo negado. Luego, cuando hubo resucitado de entre los muertos y se les apareció, les enseñó a leer las profecías en las cuales se anticipaban las cosas que habrían de suceder. Cuando ellos le vieron ascender a los cielos y, habiendo creído y recibido el poder que se envió sobre ellos, fueron a todas las naciones, les enseñaron acerca de estas cosas y fueron llamados apóstoles" (Primera apología, 50).
"Cristo dijo entre ustedes [es decir, los judíos] que él daría la señal de Jonás, exhortándolos a arrepentirse de sus malas acciones, por lo menos después de que él resucitara de entre los muertos... Pero ustedes no sólo no se han arrepentido después de que supieron que él resucitó de entre los muertos sino que, como dije antes, enviaron hombres elegidos y ordenados a todo el mundo para proclamar que una herejía licenciosa ha surgido de un tal Jesús, un engañador galileo, a quien crucificamos. Que sus discípulos robaron durante la noche el cuerpo de la tumba, en la cual lo habían puesto al quitarlo de la cruz, y ahora engañan a los hombres afirmando que él fue resucitado de entre los muertos y ascendió a los cielos" (Diálogo con Trifón, 108).
HEGESIPO
"Jerónimo... dice que Hegesipo vivió cerca del tiempo de los apóstoles. Eusebio llega a la conclusión de que Hegesipo era judío; dice que su obra comprendía cinco libros de 'Memorias"'.
Hay sólo unos fragmentos de estas Memorias en la obra de Eusebio. Lo que muestran estos fragmentos es que Hegesipo viajó mucho con "la intención de determinar si los apóstoles habían transmitido la verdadera historia [acerca de Jesús] a sus sucesores".
Hegesipo encontró que sí lo habían hecho, aun en la iglesia problemática en Corinto.
Así lo cita Eusebio: "La iglesia en Corinto permaneció en la sana doctrina hasta que Primo se convirtió en obispo. Yo estuve con ellos en mi viaje a Roma; estuve varios días con los corintios y durante ellos fuimos refrescados con la sana doctrina. Al llegar a Roma yo reuní la sucesión hasta Aniceto, cuyo diácono era Eleuterio. Aniceto fue seguido por Soter y este por Eleuterio. En cada línea de obispos y en cada ciudad todo estaba de acuerdo con la predicación de la Ley, los Profetas y el Señor" (Eusebio, Historia eclesiástica, 9.22.2).
Los hechos esenciales en cuanto a Jesús y a su enseñanza fueron transmitidos por los apóstoles; fueron preservados en forma cuidadosa y transmitidos fielmente de allí en adelante por las iglesias generación tras generación, de una parte a la otra.
El veredicto es: "Los escritores de la iglesia primitiva, tanto con sus vidas como con sus palabras, certificaron que los detalles históricos de la vida de Jesús, así como se los presenta en los Evangelios, son correctos y se puede confiar en ellos” (8 13/87).
FUENTES HISTÓRICAS ADICIONALES
Hay fuentes adicionales que se refieren a Cristo y al cristianismo. Las que siguen son algunas fuentes seculares adicionales que garantizan otros estudios:
TRAJANO
Emperador romano (Plinio el joven, Epístolas 10:97). Esta es una carta del emperador a Plinio. Le dice que no castigue a aquellos creyentes que eran forzados por los romanos a retractarse de sus creencias. También le dice a Plinio que los oficiales romanos no deben aceptar información anónima acerca de los cristianos.
MACROBIO
Saturnalia, lib. 2, cap. 4. Pascal (Pensamientos) menciona esta cita de Augusto César como un testimonio de la matanza de los infantes en Belén.
ADRIANO
Emperador romano (Justino Mártir, Primera apología, caps. 68 y 69). Justino cita la carta de Adriano a Minicio Fundano, procónsul de Asia Menor. La carta trata con las acusaciones de los paganos contra los cristianos.
ANTONINO PÍO
Emperador romano (Justino Mártir, Primera apología, cap. 70). Justino (o uno de sus discípulos) cita la carta de Antonino a la asamblea general de Asia Menor.
La carta dice básicamente que los oficiales en Asia Menor estaban llegando a estar frustrados con los cristianos en esa provincia, y que no se harían cambios en el método de Antonino para tratar a los cristianos allí.
MARCO AURELIO
Emperador romano (Justino Mártir, Primera apología, cap. 71). Esta carta del emperador al Senado romano fue agregada al manuscrito por uno de los discípulos de Justino. El emperador describe a los cristianos que participan en acciones de lucha en el ejército romano.
JUVENAL
Sátiras, 1, líneas 147-157. Juvenal hace una referencia velada a las torturas de los cristianos en Roma bajo Nerón.
SÉNECA
Epístolas morales, Epístola 14, "Sobre las razones para apartarse del mundo", parte 2. Séneca, como Juvenal, describe las crueldades de Nerón contra los cristianos.
HIÉROCLES
Eusebio, Tratado de Eusebio, cap. 2. Esta cita de Eusebio preserva algo del texto del libro perdido por Hiérocles, Filaletes, o El amante de la verdad. En esta cita, Hiérocles condena a Pedro y a Pablo como brujos.
COLLECCIÓN DE C. R. HAINES
Al considerar a Cristo como un hombre de la historia, una de las colecciones más importantes de material es un libro publicado en Cambridge en 1923 por C. R. Haines, Heathen Contact with Christianity During Its First Century and a Half (Contacto de los paganos con el cristianismo durante su primer siglo y medio). El subtítulo es el siguiente: "Todas las referencias al cristianismo que se registran en los escritos de los paganos durante ese período".
CONCLUSIÓN
Howard Clark Kee, profesor emérito en la Universidad de Boston, saca las siguientes conclusiones de las fuentes fuera del Nuevo Testamento: "El resultado del examen de las fuentes fuera del Nuevo Testamento que llevan, directa o indirectamente, a nuestro conocimiento de Jesús es confirmar su existencia histórica, sus poderes fuera de lo común, la devoción de sus seguidores, la existencia continuada del movimiento después de su muerte a manos del gobernador romano en Jerusalén, y la penetración del cristianismo en los estratos altos de la sociedad en Roma misma hacia fines del siglo 1" (647/ 19).
Agrega Kee: "A pesar de esta variedad de maneras en las cuales se ha transmitido la tradición en cuanto a Jesús, tenemos a disposición una cantidad de evidencia clara y muy consistente acerca de esta figura cuya vida, enseñanzas y muerte han continuado teniendo un impacto tan profundo en la historia subsecuente de la raza humana" (6471114).
En la edición de 1974 de la Enciclopedia Británica, el escritor del artículo acerca de Jesucristo emplea 20.000 palabras para describirlo. Es más espacio que el que se otorga a Aristóteles, Cicerón, Alejandro, Julio César, Buda, Confucio, Mahoma o Napoleón Bonaparte. En cuanto al testimonio de los numerosos relatos seculares independientes de Jesús de Nazaret, el autor concluye: "Estos relatos independientes prueban que en la antigüedad aun los adversarios del cristianismo nunca dudaron de la historicidad de Jesús. Ésta fue disputada por primera vez, y con bases inadecuadas, por varios autores hacia fines del siglo XVIII, durante el siglo XIX y a comienzos del siglo XX" (3391145).
A quienes negarían la existencia histórica de Jesús, les comenta el afamado erudito británico del Nuevo Testamento, I. Howard Marshall: "No es posible explicar el surgimiento de la iglesia cristiana, o la escritura de los Evangelios y la corriente de tradición que está detrás de ellos, sin aceptar el hecho de que el fundador del cristianismo realmente existió" (785/24).
Aunque las fuentes no cristianas no brindan tantos detalles en cuanto a Jesús como el Nuevo Testamento, sí proveen corroboración para algunos de los hechos básicos del retrato bíblico de Jesús.
Roben Stein, un profesor de Nuevo Testamento, afirma: "Las fuentes no cristianas establecen, más allá de duda razonable, los siguientes hechos mínimos:
Ø Jesús fue ciertamente una persona de la historia. Puede parecer tonto enfatizar esto, pero a través de los años algunos han negado que Jesús existiera. Las fuentes no bíblicas anulan ese absurdo.
Ø Jesús vivió en Palestina en el siglo 1 de nuestra era.
Ø El liderazgo judío estuvo involucrado en la muerte de Jesús.
Ø Jesús fue crucificado por los romanos durante el gobierno de Poncio Pilato.
Ø El ministerio de Jesús fue asociado con maravillas/brujería" (1146/49).
R. T. France escribe: "La evidencia no cristiana, por lo tanto, sustenta el hecho de la existencia de Jesús, su popularidad entre el pueblo, su ejecución y la fecha aproximada" (393/564).
Edwin Yamauchi, profesor de historia en la Universidad de Miami, afirma que tenemos más y mejor documentación histórica para Jesús que para cualquier otro fundador de religiones (p. ej., Zoroastro, Buda o Mahoma).
En cuanto a las fuentes no bíblicas que testifican acerca de Cristo, Yamauchi concluye: “Aunque no tuviéramos el Nuevo Testamento, de los escritos cristianos, seríamos capaces de concluir, a partir de los escritos no cristianos de Josefo, el Talmud, Tácito y Plinio el joven que:
Ø Jesús fue un maestro judío;
Ø mucha gente creyó que él realizó curaciones y exorcismos;
Ø fue rechazado por los líderes judíos;
Ø fue crucificado bajo Poncio Pilato, en el reinado del emperador Tiberio;
Ø a pesar de esta muerte vergonzosa, sus seguidores -quienes creían que él estaba vivo todavía- se esparcieron más allá de Palestina, de modo que había multitudes de ellos en Roma hacia el 64 d. de J.C.;
Ø toda clase de personas de las ciudades y del campo -hombres y mujeres, esclavos y libres- lo adoraron como Dios hacia el comienzo del siglo II” (1332122 1,222).
La vida profunda y poderosa de Jesús como una figura histórica ha hecho un impacto dramático en el resto de la historia.
Jaroslav Pelikan, el destacado historiador de la Universidad Yale, escribe: "Sin tener en cuenta lo que cualquiera pueda pensar o creer acerca de él, Jesús de Nazaret ha sido la figura dominante en la historia de la cultura occidental por casi veinte siglos (escrito en 1985). Si por medio de algún superimán fuera posible extraer de esa historia cada trozo de metal que por lo menos lleva un rastro de su nombre, ¿cuánto quedaría?" (963/1).
El impacto de Jesús en el curso de la historia es algo que no tiene paralelos. Un escritor de la revista Newsweek observa:
"Medido por cualquier estándar secular, Jesús es también la figura dominante de la cultura occidental. Como el mismo milenio, mucho de lo que ahora pensamos que son ideas, innovaciones y valores occidentales encuentra su fuente o inspiración en la adoración que adora a Dios en su nombre (de Jesús). Todo ha sido tocado y a menudo radicalmente transformado por la influencia cristiana: el arte y la ciencia, el ego y la sociedad, la política y la economía, el matrimonio y la familia, lo bueno y lo malo, el cuerpo y el alma" (1313/54).
Gary Habermas, después de revisar la evidencia histórica para la existencia de Cristo, señala: "Es sorprendente que unos pocos eruditos han afirmado que Jesús nunca existió, o han hecho el intento de levantar una duda casi total sobre su vida y ministerio. Cuando han ocurrido esos esfuerzos, ha habido pocos en la comunidad de eruditos que hayan respondido. Hemos visto que esos intentos son refutados en casi cada aspecto por el testimonio ocular temprano presentado por Pablo y otros, tanto como por la fecha temprana de los Evangelios" (508/46).
La evidencia es concluyente. Jesús vivió realmente entre nosotros y realizó obras poderosas, de modo que hasta las fuentes hostiles y no cristianas lo confirman. Los escépticos en cuanto a la historicidad de Jesús simplemente están equivocados.
Capítulo 5 del libro
Nueva Evidencia Que Demanda Un Veredicto
Por Josh McDowell
Editorial Mundo Hispano, 2004